"limpias" poems
Se habla de amor a medianoche
Se hacen limpias y amarres
Se llena el sol de miel
Soy un collar de cuentas de coral
Pegado al cuello de una sacerdotisa
Hija de Yemaya
Se llenan papeles de inmigración
Se hacen reembolsos de impuestos
Se distribuyen palabras románticas en las paradas de autobús
Yo soy el hilo que mantiene las cuentas
Pequeñas perlas de jabón, sangre y miel
Tu nombre escrito en pedazos de papel
Jan 21, 2014
Jan 21, 2014 at 11:54 AM UTC
Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.
Sin placer y sin fortuna,
pasó como una quimera
mi juventud, la primera...
la sola, no hay más que una:
la de dentro es la de fuera.
Pasó como un torbellino,
bohemia y aborrascada,
harta de coplas y vino,
mi juventud bien amada.
Y hoy miro a las galerías
del recuerdo, para hacer
aleluyas de elegías
desconsoladas de ayer.
¡Adiós, lágrimas cantoras,
lágrimas que alegremente
brotabais, como en la fuente
las limpias aguas sonoras!
¡Buenas lágrimas vertidas
por un amor juvenil,
cual frescas lluvias caídas
sobre los campos de abril!
No canta ya el ruiseñor
de cierta noche serena;
sanamos del mal de amor
que sabe llorar sin pena.
Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.
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En el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma
-ciertamente.
Trae una sed de siglos en los belfos,
una sed fría, en ***** que ara cauces
en el sueño moroso de la tierra,
que perfora sus miembros florecidos,
como una sangre cáustica,
incendiándolos, ay, abriendo en ellos
desapacibles úlceras de insomnio.
Más amor que sed; más que amor, idolatría,
dispersión de criatura estupefacta
ante el fulgor que blande
-germen del trueno olímpico- la forma
en sus netos contornos fascinados.
¡Idolatría, sí idolatría!
Mas no le basta el ser un puro salmo,
un ardoroso incienso de sonido;
quiere, además, oírse.
Ni le basta tener sólo reflejos
-briznas de espuma
para el ala de luz que en ella anida;
quiere, además, un tálamo de sombra,
un ojo,
para mirar el ojo que la mira.
En el lago, en la charca, en el estanque,
en la entumida cuenca de la mano,
se consuma este rito de eslabones,
este enlace diabólico
que encadena el amor a su pecado.
En el nítido rostro sin facciones
el agua, poseída,
siente cuajar la máscara de espejos
que el dibujo del vaso le procura.
Ha encontrado, por fin,
en su correr sonámbulo,
una bella, puntual fisonomía.
Ya puede estar de pie frente a las cosas.
Ya es ella también, aunque por arte
de estas limpias metáforas cruzadas,
un encendido vaso de figuras.
El camino, la barda, los castaños,
para durar el tiempo de una muerte
gratuita y prematura, pero bella,
ingresan por su impulso
en el suplicio de la imagen propia
y en medio del jardín, bajo las nubes,
descarnada lección de poesía,
instalan un infierno alucinante.
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¿Y cuando existe esa persona? Ese chico que te hace sentir que el mundo gira alrededor tuyo. Quien te observa tan detalladamente que se da cuenta como arrugas tu nariz al hablar, como frunces el ceño sin darte cuenta, como hablas demasiado rápido y en este proceso, limpias las comisuras de tus labios como si tuvieras saliva, como tocas tu nariz con tus dedos y haces como si te sonaras, pero no, solo avientas aire por la misma; el como no dejas de mover los pies ni un segundo. Que se fija tan espectacularmente en ti, tanto que te llega a conocer el alma, todo tu ser. Existe esa persona, pero ¿qué sucede cuando no eres tú quien no decide si se queda, sino él?, ¿qué sucede cuando se va de tu vida?
Jan 7, 2016
Jan 7, 2016 at 4:17 AM UTC
Silencio, ¿dónde llevas
tu cristal empañado
de risas, de palabras
y sollozos del árbol?
¿Cómo limpias, silencio,
el rocío del canto
y las manchas sonoras
que los mares lejanos
dejan sobre la albura
serena de tu manto?
¿Quién cierra tus heridas
cuando sobre los campos
alguna vieja noria
clava su lento dardo
en tu cristal inmenso?
¿Dónde vas si al ocaso
te hieren las campanas
y quiebran tu remanso
las bandadas de coplas
y el gran rumor dorado
que cae sobre los montes
azules sollozando?
El aire del invierno
hace tu azul pedazos,
y troncha tus florestas
el lamentar callado
de alguna fuente fría.
Donde posas tus manos,
la espina de la risa
o el caluroso hachazo
de la pasión encuentras.
Si te vas a los astros,
el zumbido solemne
de los azules pájaros
quiebra el gran equilibrio
de tu escondido cráneo.
Huyendo del sonido
eres sonido mismo,
espectro de armonía,
humo de grito y canto.
Vienes para decirnos
en las noches oscuras
la palabra infinita
sin aliento y sin labios.
Taladrado de estrellas
y maduro de música,
¿donde llevas, silencio,
tu dolor extrahumano,
dolor de estar cautivo
en la araña melódica,
ciego ya para siempre
tu, manantial sagrado?
Hoy arrastran tus ondas
turbias de pensamiento
la ceniza sonora
y el dolor del antaño.
Los ecos de los gritos
que por siempre se fueron.
El estruendo remoto
del mar, momificado.
Si Jehová se ha dormido,
sube al trono brillante,
quiébrale en su cabeza
un lucero apagado,
y acaba seriamente
con la música eterna,
la armonía sonora
de luz, y mientras tanto,
vuelve a tu manantial,
donde en la noche eterna,
antes que Dios y el tiempo,
manabas sosegado.
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Hemos tenido tantas cosas
que decir, y no se dijeron!
Prodigiosas palabras jóvenes
para herir los oídos viejos.
Maravillosas melodías,
cantos inéditos.
Hemos cantado todos juntos
y hemos llorado en el silencio.
Aprendimos muy dura ciencia
a costa de los propios sueños.
¡Hemos tenido tantas cosas
que decir, y no se dijeron!
¡Hemos salvado tan alegres
los sombríos presentimientos!
Hemos amado cada tallo,
cada frío harapo de invierno,
cada gota de madrugada
con tan loca avidez, sabiendo
que éramos carne de una fábula
que alguien vivía en el misterio!
Tan hermosas canciones! Ráfagas
tan ardientes que nos hirieron.
Música de astros interiores
que nacían en nuestro reino.
Flautas tañidas, en la tarde,
por las manos vagas del sueño.
¡Y tantas limpias hermosuras
como cayeron!
Y girar sin fin en el alba
con la oscura palabra dentro,
con el cantar a flor de vida
ignorando el remoto término.
¡Hemos tenido tantas cosas
que decir, y no se dijeron!
Y miramos cómo en el aire
vuela la música sin dueño,
sin que podamos apresaría
con nuestros torpes instrumentos.
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Sí, recibí tu solicitud.
Sí, la vi… sí, te veo.
Aunque duela esta distancia,
sé que es lo mejor,
para ti,
para mí,
para los dos.
Pero no puedo evitar pensar,
Porqué sigues buscándome?
Es que me extrañas?
Extrañas nuestra amistad?
Lo que nunca fuimos, pero casi?
¿Quieres disculparte
por cómo acabó todo aquella vez?
Porque, bebé,
yo no me fui sin razón.
Tu forma de quedarte en silencio
fue lo que me empujó.
O será que extrañas
la atención que te daba?
Me buscas solo para no soltarme
mientras decides qué quieres?
O tienes curiosidad
por la vida que llevo sin ti?
Vienes con intenciones limpias,
o solo por costumbre?
Quieres comenzar de nuevo,
o simplemente no sabes dejar ir?
El problema es que nunca lo sabré,
porque esto…
esto ya lo viví contigo.
Un ciclo sin final,
una historia que repites
sin aprender, sin crecer.
Y tu inmadurez
no te deja ver
que lo que se rompe con descuido,
no siempre vuelve a armarse bien.
May 8, 2025
May 8, 2025 at 2:19 AM UTC