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"laureada" poems
Levanten sus copas que hoy la suerte se cierne a la botella Dionisio pagó con sangre el trago amargo de la pérdida. Laureada la seda que envuelve el óbito de tu destino, sobre el tinto que ateza de luto tu pecho atribulan sus enemigos en la cómplice oscuridad de un bar olvidado que arrulla en secreto la muerte bajo un mar de Ginebra Que aguarda entre mentiras al íntimo ritual que sienta el pulso y añeja el vértigo de tus palabras Petaca en mano que enciende tu aliento desgaja tus venas de oporto y ron y pinta de sanguinos matices la náusea ... que apacigua el lamento de tu Ménade solitaria que entre espectros alcoholizados maldice el acre juicio del azar Danza macabra que funde sus lenguas profanas, en la misma apática letanía Maldita esa noche de julio parda como el veneno que rezuman tus vísceras parda como la trama endeble que corrompe tu hígado enfermo Maldita la sed en tus ojos vidriosos negros como el nectar que escancian la Nísiades en la viña de tu cárdena mortaja. Maldito el recuerdo que aún te ve Sentado con beoda inocencia donde van a morir las ratas y un perro viejo sella con vos su pródigo pacto secuaz Que entre pitada y pitada escapan a vos en susurros los versos del turco Jayyam batiendo suspiros al aire flotando en castillos de alquitrán Que pensando en la muerte borracho y con voz cansada solías preguntar ¿Habrá allí una pizca de lima que bese el salitre de sus dedos renegridos?
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Jul 12, 2015
Jul 12, 2015 at 1:31 PM UTC
Elegía a Nefú
Herido y muerto, hermano, criatura veraz, republicana, están andando en tu trono, desde que tu espinazo cayó famosamente; están andando, pálido, en tu edad flaca y anual, laboriosamente absorta ante los vientos. Guerrero en ambos dolores, siéntate a oír, acuéstate al pie del palo súbito, inmediato de tu trono; voltea; están las nuevas sábanas, extrañas; están andando, hermano, están andando. Han dicho: «Cómo! Dónde!...», expresándose en trozos de paloma, y los niños suben sin llorar a tu polvo. Ernesto Zúñiga, duerme con la mano puesta, con el concepto puesto, en descanso tu paz, en paz tu guerra. Herido mortalmente de vida, camarada, camarada jinete, camarada caballo entre hombre y fiera, tus huesecillos de alto y melancólico dibujo forman pompa española, pompa laureada de finísimos andrajos! Siéntate, pues, Ernesto, oye que están andando, aquí, en tu trono, desde que tu tobillo tiene canas. ¿Qué trono? ¡Tu zapato derecho! ¡Tu zapato!
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Vi