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"juramos" poems
Hoja En Blanco Monchy y Alexandra Fue imposible sacar tu recuerdo de mi mente Fue imposible olvidar que algun dia yo te quise Tanto tiempo pasó desde el dia que te fuiste Ahi yo supe que las despedidas son muy tristes Nunca me imagine que un tren se llevara en su viaje Aquellas ilusiones que de niños nos juramos Todos tus sentimientos los guardaste en tu equipaje Quiciste consolarme y me dijiste yo te amo Desde entonces no supe que seria de tu vida Desde entonces no supe si algun dia regresabas Los amigos del pueblo preguntabas si volvias Llorando di la espalda no les pude decir nada Ayer que regresé a mi pueblo Aguien me dijo que ya te casaste Mirame y dime si ya me olvidaste Me marcharé con los ojos aguados Despues le pregunté a la luna Me dio la espalda e intento ocultarse Hasta la luna sabe que me amaste Hasta la luna sabe que aun me amas Y vuela vuela por otro rumbo Ve y sueña sueña que el mundo es tuyo Tu ya no puedes soñar conmigo Aunque mis sueños se iran contigo Es tan triste tener que decirte que me olvides Otro amor ha llegado a mi vida y no te quiero Es muy tarde no puedo negarte que me muero Pero no callaran mis palabras pa' decirte Que soñaré contigo siempre que cierre mis ojos Que entonaré por ti mis cantos tristes noche a noche Que lloraré sin ti cuando recuerde que estoy solo Y al recordar que duermes en los brazos de otro hombre Me pregunto si aun reflejas algo de mi vida Si en tu memoria vive aquel amor de tantos años Aquel hombre que siempre te ha querido desde niña Que llora porque el amor de su vida se ha casado Es triste ver que un tren se aleja Y en el se va lo mejor de tu vida Dime el motivo de tu despedida ¿Por que te fuiste dejando mil penas? Un dia recibi tu carta Quice leerla y era una hoja en blanco Pues de tu vida nunca supe nada Como preguntas que si aun te amo
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Nov 4, 2015
Nov 4, 2015 at 3:57 PM UTC
Monchy y Alexandra - H♡oja En B♡lanco
Hoja En Blanco Monchy y Alexandra Fue imposible sacar tu recuerdo de mi mente Fue imposible olvidar que algun dia yo te quise Tanto tiempo pasó desde el dia que te fuiste Ahi yo supe que las despedidas son muy tristes Nunca me imagine que un tren se llevara en su viaje Aquellas ilusiones que de niños nos juramos Todos tus sentimientos los guardaste en tu equipaje Quiciste consolarme y me dijiste yo te amo Desde entonces no supe que seria de tu vida Desde entonces no supe si algun dia regresabas Los amigos del pueblo preguntabas si volvias Llorando di la espalda no les pude decir nada Ayer que regresé a mi pueblo Aguien me dijo que ya te casaste Mirame y dime si ya me olvidaste Me marcharé con los ojos aguados Despues le pregunté a la luna Me dio la espalda e intento ocultarse Hasta la luna sabe que me amaste Hasta la luna sabe que aun me amas Y vuela vuela por otro rumbo Ve y sueña sueña que el mundo es tuyo Tu ya no puedes soñar conmigo Aunque mis sueños se iran contigo Es tan triste tener que decirte que me olvides Otro amor ha llegado a mi vida y no te quiero Es muy tarde no puedo negarte que me muero Pero no callaran mis palabras pa' decirte Que soñaré contigo siempre que cierre mis ojos Que entonaré por ti mis cantos tristes noche a noche Que lloraré sin ti cuando recuerde que estoy solo Y al recordar que duermes en los brazos de otro hombre Me pregunto si aun reflejas algo de mi vida Si en tu memoria vive aquel amor de tantos años Aquel hombre que siempre te ha querido desde niña Que llora porque el amor de su vida se ha casado Es triste ver que un tren se aleja Y en el se va lo mejor de tu vida Dime el motivo de tu despedida ¿Por que te fuiste dejando mil penas? Un dia recibi tu carta Quice leerla y era una hoja en blanco Pues de tu vida nunca supe nada Como preguntas que si aun te amo
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Melancolía del «ayer»... Sorpresa Triste del corazón que fue cobarde... Un adiós sin motivo, y que nos pesa Cuando volver a la ilusión ya es tarde. Y el alma dice, al recordar un día: «La culpa no fue suya, sino mía». Tal vez, a solas, en el mismo instante, Ya sin que llanto a las pupilas fluya, Dirá en las sombras otra voz distante: «La culpa no fue mía, sino suya». Y las dos voces, en callado giro, Se unirán, en la noche, en un suspiro. Y queda en un azul de lontananza, Sola, una reja, que un rosal enflora, Y lo que fue de dos una esperanza, Ya, para siempre, en el dolor se llora. Y un gemido, que en llanto se disuelve, ¿Diciendo va: «La juventud no vuelve». Y enjugándonos lágrima furtiva, O en las manos oculta la cabeza Vemos que, como sombra pensativa, Se sienta a nuestro lado la Tristeza. Y el alma llora, ante esperanza trunca, Lo que ya al corazón no vuelve nunca. Entonces es el recordar... La ronda De lo pasado: la primera riña, Su dulce voz, su cabellera blonda, Y su adorable ingenuidad de niña; Y triste siente el corazón herido El dolor que nos deja un bien perdido. «¿Dónde estarás?», nos preguntamos. «¿Dónde?» «¿Pasas entre los hombres sonreída, O callado pesar en ti se esconde Si eres mitad acaso de otra vida?». Lejana voz de lo que ya no existe: ¡Cómo nos llegas desolada y triste! «¡Siempre!» decimos, y es la voz sincera; Juramos: «¡Siempre!» y el jurar no es vano; Y no es que el corazón cumplir no quiera Es porque el corazón es barro humano. El corazón ser fiel siempre ambiciona, Mas sin quererlo, siempre nos traiciona. ¿Y para qué culparnos? ¿Y en la vida Para qué disculpar promesa vana? Se dice adiós, y el corazón olvida, Pero también lo olvidarán mañana. El amor al olvido se eslabona, Y en amor, sólo es grande el que perdona.
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La romanza del recuerdo
Melancolía del «ayer»... Sorpresa Triste del corazón que fue cobarde... Un adiós sin motivo, y que nos pesa Cuando volver a la ilusión ya es tarde. Y el alma dice, al recordar un día: «La culpa no fue suya, sino mía». Tal vez, a solas, en el mismo instante, Ya sin que llanto a las pupilas fluya, Dirá en las sombras otra voz distante: «La culpa no fue mía, sino suya». Y las dos voces, en callado giro, Se unirán, en la noche, en un suspiro. Y queda en un azul de lontananza, Sola, una reja, que un rosal enflora, Y lo que fue de dos una esperanza, Ya, para siempre, en el dolor se llora. Y un gemido, que en llanto se disuelve, ¿Diciendo va: «La juventud no vuelve». Y enjugándonos lágrima furtiva, O en las manos oculta la cabeza Vemos que, como sombra pensativa, Se sienta a nuestro lado la Tristeza. Y el alma llora, ante esperanza trunca, Lo que ya al corazón no vuelve nunca. Entonces es el recordar... La ronda De lo pasado: la primera riña, Su dulce voz, su cabellera blonda, Y su adorable ingenuidad de niña; Y triste siente el corazón herido El dolor que nos deja un bien perdido. «¿Dónde estarás?», nos preguntamos. «¿Dónde?» «¿Pasas entre los hombres sonreída, O callado pesar en ti se esconde Si eres mitad acaso de otra vida?». Lejana voz de lo que ya no existe: ¡Cómo nos llegas desolada y triste! «¡Siempre!» decimos, y es la voz sincera; Juramos: «¡Siempre!» y el jurar no es vano; Y no es que el corazón cumplir no quiera Es porque el corazón es barro humano. El corazón ser fiel siempre ambiciona, Mas sin quererlo, siempre nos traiciona. ¿Y para qué culparnos? ¿Y en la vida Para qué disculpar promesa vana? Se dice adiós, y el corazón olvida, Pero también lo olvidarán mañana. El amor al olvido se eslabona, Y en amor, sólo es grande el que perdona.
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No vales la pena, ya no eres mi estrella mi luna Ya no soy tu sol, quien te calienta Ahora sólo somos polvo y tal vez un recuerdo Aunque ninguna otra estrella me entienda Como lo hicieron tus ojos aquel febrero. No vales la pena, ya no eres vida mi muerte Ya no soy tu muerte mi vida Ahora sólo somos polvo y arena Aunque alguna vez juramos Brillar para el otro como lo hacen las estrellas.
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Sep 17, 2017
Sep 17, 2017 at 3:08 AM UTC
No la vales
Han pasado muchos años Desde aquella dulce vez En que trémulos y a solas Juramos amor y fe. Has faltado a tus promesas, Y yo he faltado también; Y tú dices: ¡al fin hombre! Y yo digo: ¡al fin mujer! Y ninguno es el culpable: ¡La humanidad así es! Eras muy rubia y muy blanca Tus labios manaban miel: Yo era niño, con el alma Sin engaño ni doblez. Nos encontramos ¿te acuerdas? Al fúlgido amanecer De un domingo: tú rezabas, Y yo rezaba también; Estábamos en el templo; Me miraste, te miré, Y palidecí, y tu rostro Cubrió mortal palidez; Y ya ni oímos la misa, Ni nos dejamos de ver. Después... recuérdalo, niña Recuérdalo, sí, después Pudimos hablar a solas. ¿Qué dijimos? no lo sé; Juramos constancia eterna, Mutua dicha, mutuo bien, Ser en dos cuerpos un alma, En dos almas una fe, Amarnos hasta la muerte, Y tras la muerte también. Has faltado a tus promesas; A mis promesas falté; A otro ser le diste el alma; Yo le di el alma a otro ser; Fuimos los dos inconstantes; Me olvidaste, te olvidé; Y tú dices «al fin hombre», Y yo digo «al fin mujer», Y ninguno es el culpable: ¡La humanidad asi es!
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Promesas vanas