"imponente" poems
Alta sobre la tierra
te pusieron,
dura, hermosa araucaria
de los australes
montes,
torre de Chile, *****
del territorio verde,
pabellón del invierno,
nave
de la fragancia.
Ahora, sin embargo,
no por bella
te canto,
sino por el racimo de tu especie,
por tu fruta cerrada,
por tu piñón abierto.
Antaño,
antaño fue
cuando
sobre los indios
se abrió
como una rosa de madera
el colosal puñado
de tu puño,
y dejó
sobre
la mojada tierra
los piñones:
harina, pan silvestre
del indomable
Arauco.
Ved la guerra:
armados
los guerreros
de Castilla
y sus caballos
de galvánicas
crines
y frente
a ellos
el grito
de los
desnudos
héroes,
voz del fuego, cuchillo
de dura piedra parda,
lanzas enloquecidas
en el bosque,
tambor,
tambor
sagrado,
y adentro
de la selva
el silencio,
la muerte
replegándose,
la guerra.
Entonces, en el último
bastión verde,
dispersas
por la fuga,
las lanzas
de la selva
se reunieron
bajo las araucarias
espinosas.
La cruz,
la espada,
el hambre
iban diezmando
la familia salvaje.
Terror,
terror de un golpe
de herraduras,
latido de una hoja,
viento,
dolor
y lluvia.
De pronto
se estremeció allá arriba
la araucaria
araucana,
sus ilustres
raíces,
las espinas
hirsutas
del poderoso
pabellón
tuvieron
un movimiento
*****
de batalla:
rugió como una ola
de leones
todo el follaje
de la selva
dura
y entonces
cayó
una marejada
de piñones:
los anchos
estuches
se rompieron
contra la tierra, contra
la piedra defendida
y desgranaron
su fruta, el pan postrero
de la patria.
Así la Araucanía
recompuso
sus lanzas de agua y oro,
zozobraron los bosques
bajo el silbido
del valor
resurrecto
y avanzaron
las cinturas
violentas como rachas,
las
plumas
incendiarias del Cacique:
piedra quemada
y flecha voladora
atajaron
al invasor de hierro
en el camino.
Araucaria,
follaje
de bronce con espinas,
gracias
te dio
la ensangrentada estirpe,
gracias
te dio
la tierra defendida,
gracias,
pan de valientes,
alimento
escondido
en la mojada aurora
de la patria:
corona verde,
pura
madre de los espacios,
lámpara
del frío
territorio,
hoy
dame
tu
luz sombría,
la imponente
seguridad
enarbolada
sobre tus raíces
y abandona en mi canto
la herencia
y el silbido
del viento que te toca,
del antiguo
y huracanado viento
de mi patria.
Deja caer
en mi alma
tus granadas
para que las legiones
se alimenten
de tu especie en mi canto.
Árbol nutricio, entrégame
la terrenal argolla que te amarra
a la entraña lluviosa
de la tierra,
entrégame
tu resistencia, el rostro
y las raíces
firmes
contra la envidia,
la invasión, la codicia,
el desacato.
Tus armas deja y vela
sobre mi corazón,
sobre los míos,
sobre los hombros
de los valerosos,
porque a la misma luz de hojas y aurora,
arenas y follajes,
yo voy con las banderas
al llamado
profundo de mi pueblo!
Araucaria araucana,
aquí me tienes!
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Que fuera de una flor si el insesato sueño fuera un libro, escrito en otro lenguaje, no conversado.
Sabiendo que eran sueltas en un volcan sin termino, la voluntad se formo en sus sueños.
Imponente sueño de la insensata a determinacion, que es el programa.
Dec 7, 2014
Dec 7, 2014 at 9:25 PM UTC
Cristo dijo que allí donde nos reuniésemos en su nombre, estaría Él en medio de nosotros. No es, pues, extraño que aquella noche misteriosa en que hablábamos de Él con unción cordial, de su inmensa alma diáfana, de su ternura grande como el universo, de su espíritu de sacrificio incomparable, del sabor místico de su caridad, que nos penetra y nos envuelve, Él se presentara de pronto, suavemente, en el corro.
Lejos de sorprendernos, su aparición divina nos pareció natural. Quizá no se trataba propiamente de una aparición; más bien le sentíamos dentro de nosotros; pero la realidad de su presencia era absoluta, imponente, superior a toda convicción.
En vez de turbarnos, experimentamos todos un bienestar infinito.
Cristo nos bendijo y, sonriéndonos, con aquella indecible sonrisa, nos preguntó:
-¿Qué deseáis que os dé antes de volver al padre?
-Señor -dijo Rafael-, deseo que me perdones mis pecados.
-Perdonados están -respondió Jesús, siempre sonriendo.
-Yo, Señor -dijo Gabriel-, ansío estar contigo...
-Pronto estarás -replicó Cristo amorosamente-. Y tú -me preguntó-, ¿qué quieres, hijo?
Iba a decirte algo de mi muerta; pero no sé por qué, al ver la expresión divina de su rostro, comprendí que no era preciso decirle nada; que los muertos estaban en paz en su seno, junto a su corazón, y que todas las cosas que sucedían eran paternalmente dispuestas o reparadas.
-Qué anhelas, hijo? -repitió Jesús, y yo
respondí:
-Señor, ¿qué puedo anhelar, si todo está bien? Yo sólo deseo que se haga en mí tu voluntad...
Cristo me miró con ternura (¡qué mirada de éxtasis!); pasó su mano translúcida por mis cabellos...
Después se alejó sonriendo, como había venido.
765
Por esta selva tan espesa,
donde nunca el sol penetró,
buscando voy una princesa
que se me perdió.
Entre los árboles copudos,
entre las lianas verdinegras
que trepan por los desnudos
troncos, como culebras;
entre las rocas de hosquedad
hostil y provocativa
y la pavorosa soledad
y la penumbra esquiva,
buscando voy una princesa
rubia como la madrugada
que no ha partido y que no regresa
desta espesura malhadada.
Dicen que al fin de aquella ruta,
que bordan el ciprés y el enebro,
hay una reina muy enjuta
que mora en un castillo muy *****
que guarda en fieros torreones
otras princesas como la mía,
y que es sorda a las rogaciones
del desamparo y la agonía.
Mas, acaso si yo pudiese
ver a la reina, y su huella
seguir astuto, al cabo diese
con el castillo ***** ¡y con Ella!
Pero el más seguro instinto
no se sentiría capaz
de guiarse por el laberinto
desta penumbra pertinaz.
Es que el espíritu presiente
algo fatal que se avecina,
y es que acaso es más imponente
que lo que vemos claramente
lo que tan sólo se adivina.
Heme aquí, pues, con la alma opresa
en medio de obscuridad,
enamorado de una princesa
que se perdió en la selva espesa
tal vez por una eternidad...
727
En la imponente nave
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios.
Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna, del cincel prodigio.
Del cuerpo abandonado,
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera
se plegaba su lecho de granito.
De la sonrisa última
el resplandor divino
guardaba el rostro, como el cielo guarda
del sol que muere el rayo fugitivo.
Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
don ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto.
No parecía muerta;
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra,
y que en sueños veía el paraíso.
Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío
con el callado paso que llegamos
junto a la cuna donde duerme un niño.
La contemplé un momento,
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío,
en el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
para la que un instante son los siglos...
Cansado del combate
en que luchando vivo,
alguna vez me acuerdo con envidia
de aquel rincón oscuro y escondido.
De aquella muda y pálida
mujer me acuerdo y digo:
-¡Oh, qué amor tan callado, el de la muerte!
¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!
639
And!
Yes, I am imposing,
I move accordingly and as I please.
I will change the path, if it persists on imposing itself on me.
And!
Yes, I'm haughty,
Contemptuous at times,
arrogant and unconquerable,
I am a warrior,
I am untamed,
I am fierce,
I am wild flower,
I am ungovernable.
I am the gleam in gold,
I am of earth its smell,
of water and earth, I am its clay,
I belong to my dreams,
and
yes, it is true that,
I belong to no one.
And!
With my hands on the waist,
I enthrall all the power from antiquity.
I do not fold my eyes, I always look ahead.
I will look straight at you, I will read you, unnerving your manhood.
I put back my shoulders and shake the dust of impotence,
and stay in the fight with hunger and cunning.
And!
Yes, I am wholesome although I am missing all of me.
I carry a sword in the hips,
a knife between the legs to expurgated whoever covets..taming me.
And!
Yes, I am more complicated than math,
I am as simple as art,
I like the tongues
I like tongues that serves to communicate.
And!
I love everything and nothing at all without variants.
I am of the world-its insistence,
the energy, the dilapidation,
survival and perseverance.
I am brave,
I am wild flower,
I am Warrior.
And!
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¡Y!
Si soy imponente
me pongo y me quito a mi gusto.
El camino lo cambio si persiste en imponerse.
¡Y!
Sí, soy altiva,
desdeñosa, soberbia,
guerrera indomable,
soy indómita,
soy fiera,
soy flor silvestre,
soy ingobernable.
Soy del oro su brillo,
de la tierra el olor,
del agua y la tierra su barro,
de los pies el trayecto,
y le pertenezco a mis sueños,
y sí, es cierto que no soy de nadie.
¡Y!
Con las manos en la cintura, absorbo todo el poder de la antigüedad.
Miro de frente y no doblego la mirada.
Te miro, te leo, y te espanto la hombría.
Alzo los hombros y me sacudo el polvo de la impotencia,
y sigo en la lucha, con hambre, con astucia y picardía.
¡Y!
Sí, soy entera, aunque todo me falte.
Llevo una espada en las caderas,
un cuchillo entre las piernas, que cortan las ansias de quien pretenda domarme.
¡Y!
Sí, soy más complicada que la matemática,
soy tan simple como el arte,
me gusta la lengua,
me gustan las lenguas y todo lo que sirva para comunicarse.
¡Y!
Amo todo y sin variantes.
Soy del mundo la insistencia,
la energía, y el desgaste,
la sobrevivencia y la perseverancia.
Soy mujer valiente,
soy flor silvestre,
soy guerrera.
¡Y!
LeydisProse
6/22/2017
https://www.facebook.com/LeydisProse/about/
Jun 22, 2017
Jun 22, 2017 at 11:47 AM UTC
En tronco añoso de robusta encina
Que el tiempo respetó,
El bello nombre que mi ser fascina
Mi mano buriló.
Dije: «recuerdo de la historia mia,
Eterno vas a ser».
Retumbó el rayo en la extensión vacía
Y ni el árbol ni el nombre volví a ver.
En el muro macizo e imponente
Que defiende el altar,
Dentro del templo con afán ardiente
Fui ese nombre a grabar.
«De amor emblema, de constancia ejemplo»
Dije: «eterno has de
ser».
La mano de la ley derribó el templo
Y ni el muro ni el nombre volví a ver.
En el tosco peñón que desafia
Las iras de la mar,
Con agudo buril la mano mía
Fue ese nombre a grabar.
Dije: «en página eterna, vendré a solas
Ese nombre a leer».
Creció la mar, hincháronse las olas
Y ni peñón ni nombre volví a ver.
¡Oh nombre augusto que mi amor invoca!
¿Dónde te he de
escribir
Si en la encina, en el muro y en la roca
No has podido vivir?
Es que no debo verte profanada,
Cifra de mi pasión:
¡De hoy para siempre vivirás grabada
Solo en mi corazón!
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Altas encinas de ondulante copa;
Troncos que os inclináis sobre las aguas
De los torrentes; pinos misteriosos
Que sois, al viento, cual silvestres arpas,
¿En vuestro ensueño secular y altivo,
No soñáis con las épocas lejanas,
Cuando el eco fugaz de los desiertos
Del Canadá, tan sólo en la comarca
Conocía las voces de las tribus,
Que en su existencia nómade mezclaban
Sus cánticos guerreros en la selva
Al rumor de las grandes cataratas?
Bajo el cielo, de estrellas tachonado,
Cuando del polo tempestuosas ráfagas
Sacuden vuestros gajos, que parecen,
Bajo la luz lunar, vagos fantasmas,
(Soñáis tal vez con los lejanos días,
Con los días gloriosos de la patria,
Cuando en vuestras guaridas, nuestros padres
La barbarie de siglos dominaban;
Cuando llevando el ideal por guía
y de ensueños heroicos llena el alma,
Se abrían paso entre la selva, al grito
De «Dios lo quiere»; el campo desbrozaban
Para la vida, y en el yermo inculto
Convertían los troncos en pilastras
De futuras metrópolis, y luego,
Pensando en las proezas del mañana,
Al amparo del bosque congregados
En las noches de invierno, como hosannas
Hacían resonar en sus clarines,
Nuncios de redención y de esperanza,
El himno del futuro en el desierto,
Sobre la virgen tierra americana?
Sí, soñáis, de pretéritas edades
Testigos, que os erguís en las montañas,
Mudos sobrevivientes de naufragios
En que fueron hundiéndose las razas...
y resistiendo el golpe de los siglos
Vuestro ramaje que imponente se alza,
A los vientos del cielo canadense
Con voz triunfal nuestra epopeya canta.
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¡Qué confiada duermes
ante mi vela, ausente
de mi alma, en tu débil
hermosura, y presente
a mi cuerpo sin redes,
que el instinto revuelve!
(Te entregas cual la muerte).
Tierna azucena eres,
a tu campo celeste
trasplantada y alegre
por el sueño solemne,
que te hace aquí, imponente,
tendida espada fuerte.
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