"hueles" poems
Hueles a playa, a lo familiar.
Hueles a casa, pero hueles a ti.
Hueles a que me gustas, a que me quiero acercar.
Dos mundos en tu rostro, cada uno con una historia
Y cada una me habla de ti.
Llenas la habitación con belleza, y al viento le das una infusión de deseo.
Vivir tu sonrisa cuando me miras es ganar.
Quedar sin otra alternativa mas que sonreír sin saber que me pasa es perder.
Pierdo lo mundano, me vuelve a gustar la vida.
No eres lo que busco, fuiste lo que ya encontré.
Hueles a estar bien, a estar completo.
Hueles cuando estás, y hoy no hueles.
Hoy los mundos en tu rostro no me cuentan nada,
Pues no están aquí.
El viento sólo es aire, sin perfume ni emoción.
Y esta habitación muere insípida, sola, gris.
Hasta que vuelva a mirarte mañana.
Y huelas a playa, a lo familiar, a ti.
Hasta que vuelva a mirarte de lejos,
Y viva en mi la esperanza de conquistarte con mis versos.
Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:06 PM UTC
No puedo parar pensando en ti
Ni tus pestañas
Ni el olor de tu piel
No logro olvidar tus manos
Como me acariciaban
Y como movían por mi cuerpo con debilidad y oportunidad
Tus ojos están quemados en mi mente con la candela de mis sueños
Hueles a cigarrillo y aventura
Hueles a hablando nariz contra nariz
Eres electricidad y yo una lámpara sin luz ( te necesito)
Haces que todo los pelos en mis brazos se levanten al cielo.
Eres celestial.
Y yo terrestre.
La lejura entre nuestros cuerpos me enferma.
Aug 28, 2012
Aug 28, 2012 at 3:07 PM UTC
Tengo tu mismo color
Y tu misma procedencia.
Somos aroma y esencia
Y amargo es nuestro sabor.
Tú viajaste a Nueva York
Con visa en Bab-el-Mandeb,
Yo mi Trópico crucé
De Abisinia a las Antillas.
Soy como ustedes semillas.
Son un grano de café.
En los tiempos coloniales
Tú me viste en la espesura
Con mi liana a la cintura
Y mis abóreos timbales.
Compañero de mis males,
Yo mismo te trasplanté.
Surgiste y yo progresé:
En los mejores hoteles
Te dijeron ¡qué bien hueles!
Y yo asentí "¡uí, mesié!".
Tú: de porcelana fina,
Cigarro puro y cognac.
Yo de smoking, yo de frac,
Yo recibiendo propina.
Tú a la Bolsa, yo a la ruina;
Tú subiste, yo bajé...
En los muelles te encontré,
Vi que te echaban al mar
Y ni lo pude evitar
Ni a las aguas me arrojé.
Y conocimos al Peón
Con su "café carretero",
Y hablando con el Obrero
Recorrimos la nación.
Se habló de revolución
Entre sorbos de café:
Cogí el machete... dudé,
¡Tú me infundiste valor
Y a sangre y fuego y sudor
Mi libertad conquisté...!
Después vimos al Poeta:
Lejano, meditabundo,
Queriendo arreglar el mundo
Con una sola cuarteta.
Yo, convertido en peseta,
Hasta sus plantas rodé:
¡Qué ojos los que iluminé,
Que trilogía formamos
Los pobres que limosneamos
El Poeta y su café...!
Tengo tu mismo color
Y tu misma procedencia,
Somos aroma y esencia
Y amargo es nuestro sabor...
¡Vamos hermanos, valor,
El café nos pide fe;
Y Changó y Ochún y Agué
Piden un grito que vibre
Por nuestra América Libre,
Libre como su café!
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Busco el amor que me robó la ciudad.
La neblina flota en el espacio de noche,
Y la luz la atraviesa mi alma como un ventanal que se rompe.
Tus pasos sobre la calle me hacían sentir en casa.
Hueles a primavera venciendo al invierno,
Por eso te escribo estos versos en pleno febrero.
No te pierdas, mi niña que creció en mujer.
No me busques, mujer que secuestró mi paz.
Pues si te encuentro, no hay duda de que volveré a enloquecer.
Y si me encuentras, sabré que ya no hay vuelta atrás.
Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 3:56 PM UTC
Eres un Angel
de cabellos de madera
hueles a flores
puedo mirarte
noche y día
una obra de arte
con vida.
Me hacen falta
palabras dignas,
para decirte
desde adentro
tu silencio
me calma.
Te soñe...
que....
me... alumbras...
Te soñe...
como...
sombra...
Feb 3, 2019
Feb 3, 2019 at 11:25 PM UTC
En las alas oscuras de la racha cortante
me das, al mismo tiempo, una pena y un goce:
algo como la helada virtud de un seno blando,
algo en que se confunden el cordial refrigerio
y el glacial desamparo de un lecho de doncella.
He aquí que en la impensada tiniebla de la muda
ciudad, eres un lampo ante las fauces lóbregas
de mi apetito: he aquí que en la húmeda tiniebla
de la lluvia, trasciendes a candor como un lino
recién lavado, y hueles, como él, a cosa casa;
he aquí que entre las sombras regando estás la esencia
del pañolín de lágrimas de alguna buena novia.
Me embozo en la tupida oscuridad, y pienso
para ti estos renglones, cuya rima recóndita
has de advertir en una pronta adivinación
porque son como pétalos nocturnos, que te llevan
un mensaje de un singular clarosfrío;
y en las tinieblas húmedas me recojo, y te mando
estas sílabas frágiles, en tropel, como ráfaga
de misterio, al umbral de tu espíritu en vela.
Toda tú te deshaces sobre mí como una
escarcha, y el traslúcido meteoro prolóngase
fuera del tiempo; y suenan tus palabras remotas
dentro de mí, con esa intensidad quimérica
de un reloj descompuesto que da horas y horas
en una cámara destartalada...
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¡Cae agua de revólveres lavados!
Precisamente,
es la gracia metálica del agua,
en la tarde nocturna en Aragón,
no obstante las construidas yerbas,
las legumbres ardientes, las plantas industriales.
Precisamente,
es la rama serena de la química,
la rama de explosivos en un pelo,
la rama de automóviles en frecuencias y adioses.
Así responde el hombre, así, a la muerte,
así mira de frente y escucha de costado,
así el agua, al contrario de la sangre, es de agua,
así el fuego, al revés de la ceniza, alisa sus rumiantes
ateridos.
¿Quién va, bajo la nieve? ¿Están matando?
No.
Precisamente,
va la vida coleando, con su segunda soga.
¡Y horrísima es la guerra, solivianta,
lo pone a uno largo, ojoso;
da tumba la guerra, da caer,
da dar un salto extraño de antropoide!
Tú lo hueles, compañero, perfectamente,
al pisar
por distracción tu brazo entre cadáveres;
tú lo ves, pues, tocaste tus testículos,
poniéndote rojísimo;
tú lo oyes en tu boca de soldado natural.
Vamos, pues, compañero;
nos espera tu sombra apercibida,
nos espera tu sombra acuartelada,
mediodía capitán, noche soldado raso...
Por eso, al referirme a esta agonía,
aléjome de mí gritando fuerte:
¡Abajo mi cadáver! ... Y sollozo.
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Como un ala negra tendí mis cabellos
sobre tus rodillas.
Cerrando los ojos su olor aspiraste
diciéndome luego:
-¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?
¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?
¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras
porque acaso en ellas exprimiste un zumo
retinto y espeso de moras silvestres?
¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve!
Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.
¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:
-¡Ninguno, ninguno!
Te amo y soy joven, huelo a primavera.
Este olor que sientes es de carne firme,
de mejillas claras y de sangre nueva.
¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
las mismas fragancias de la primavera!
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Tú que hueles la flor de la bella palabra
acaso no comprendas las mías sin aroma.
Tú que buscas el agua que corre transparente
no has de beber mis aguas rojas.Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
ni cómo vida y muerte -agua y fuego- hermanadas
van socavando nuestra roca.Perfección de la vida que nos talla y dispone
para la perfección de la muerte remota.
Y lo demás, palabras, palabras y palabras,
¡ay, palabras maravillosas!Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura
con tus dos manos como copa.Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
Y olvidas las raíces («Mi Obra», dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
Y hechos un solo río os vertéis en el mar,
«que es el morir», dicen las coplas.No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer moler la muela con tu agua transitoria.
Tu fin no está en ti mismo («Mi Obra», dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
por la música de otras olas.
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El grafófono,
A tarde y mañana,
En el puente del barco
Sonaba y sonaba.
Era un barco muy viejo,
Un barco de carga
(Ron, azúcar y negros).
Que todos los meses salía
El día 19,
De Martinica
Para Burdeos.
Negros y negras
(Café tinto con gotas de leche)
Bailaban a tarde y mañana
Shimmy, jaba y fox-trot en el puente;
Charleston no se bailaba
Que es mal de San Vito reciente;
Corbatas muy rojas, los hombres,
De rojo y azul las mujeres,
Zarcillos de oro, muy largos,
De carey, brazaletes,
Y Houbigant y sudor confundidos....
Houbigant en sudor.... ¡qué mal hueles!
«Adieu! Fort de France!»
Decían riendo.
¡Qué blancos sus dientes lucían
En los labios carnudos y anémicos!
Y seguía el grafófono,
Y seguían bailando los martiniqueños.
De pronto
El cielo se puso muy *****
Y estrellóse en el barco una ola,
Una ola muy grande, rugiendo,
Y la ola inundó todo el puente
...Era el mar, que colérico
Acababa con música y baile
Y escupía en la cara a los negros.
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