"horrendo" poems
O Vento que passa por mim leva todo o ar que existe nos meus pulmões. Faz o meu coração parar de tanta tristeza e amargura que carrega, faz com que o meu emocional seja triste e seco.
Sem razão nenhuma para me torturar, o Vento continua a fazê-lo, isto fá-lo feliz. Não lhe dói, mas como me dói a mim, é uma alegria. Acho que já estou habituada a esta dor. Fui destinada a tê-la, e agora, mereço-a.
Oh meu amor, porque me fazes sofrer tanto, meu querido Vento? Que dor infernal sinto eu por culpa tua, seu bicho horrendo que tanto amo.
Por favor, faz com que eu pare de te amar, por favor, por favor. O ar que levas contigo não te chega? Tens que tirar de mim o pouco que falta para me sentir viva e sem remorsos?
Oh meu amor, oh meu querido Vento, meu feio e horrendo bicho que mais odeio por te amar.
Faz com que pare, por favor, por favor.
Jul 30, 2013
Jul 30, 2013 at 7:21 PM UTC
O Vento que passa por mim leva todo o ar que existe nos meus pulmões. Faz o meu coração parar de tanta tristeza e amargura que carrega, faz com que o meu emocional seja triste e seco.
Sem razão nenhuma para me torturar, o Vento continua a fazê-lo, isto fá-lo feliz. Não lhe dói, mas como me dói a mim, é uma alegria. Acho que já estou habituada a esta dor. Fui destinada a tê-la, e agora, mereço-a.
Oh meu amor, porque me fazes sofrer tanto, meu querido Vento? Que dor infernal sinto eu por culpa tua, seu bicho horrendo que tanto amo.
Por favor, faz com que eu pare de te amar, por favor, por favor. O ar que levas contigo não te chega? Tens que tirar de mim o pouco que falta para me sentir viva e sem remorsos?
Oh meu amor, oh meu querido Vento, meu feio e horrendo bicho que mais odeio por te amar.
Faz com que pare, por favor, por favor.
Jul 1, 2014
Jul 1, 2014 at 10:50 PM UTC
¿Oís?, es el cañón. Mi pecho hirviendo
el cántico de guerra entonará,
y al eco ronco del cañón venciendo,
la lira del poeta sonará.
El pueblo ved que la orgullosa frente
levanta ya del polvo en que yacía,
arrogante en valor, omnipotente,
terror de la insolente tiranía.
Rumor de voces siento,
y al aire miro deslumbrar espadas,
y desplegar banderas;
y retumban al son las escarpadas
rocas del Pirineo;
y retiemblan los muros
de la opulenta Cádiz, y el deseo
crece en los pechos de vencer lidiando;
brilla en los rostros* el marcial contento,
y dondequiera generoso acento
se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.
Al grito de la patria
volemos, compañeros,
blandamos los aceros
que intrépida nos da.
A par en nuestros brazos
ufanos la ensalcemos
y al mundo proclamemos:
"España
es libre ya".
¡Mirad, mirad en sangre,
y lágrimas teñidos
reír los forajidos,
gozar en su dolor!
¡Oh!, fin tan sólo ponga
su muerte a la contienda,
y cada golpe encienda
aún más nuestro rencor.
¡Oh siempre dulce patria
al alma generosa!
¡Oh siempre portentosa
magia de libertad!
Tus ínclitos pendones
que el español tremola,
un rayo tornasola
del iris de la paz.
En medio del estruendo
del bronce pavoroso,
tu grito prodigioso
se escucha resonar.
Tu grito que las almas
inunda de alegría,
tu nombre que a esa impía
caterva hace temblar.
¿Quién hay ¡oh compañeros!,
que al bélico redoble
no sienta el pecho noble
con júbilo latir?
Mirad centelleantes
cual nuncios ya de gloria,
reflejos de victoria
las armas despedir.
¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas!
Y al mar se lancen con bramido horrendo
de la infiel sangre caudalosos ríos,
y atónito contemple el océano
sus olas combatidas
con la traidora sangre enrojecidas.
Truene el cañón: el cántico de guerra,
pueblos ya libres, con placer alzad:
ved, ya desciende a la oprimida tierra,
los hierros a romper, la libertad.
892
¿Podrías besarme el rostro a pesar
de ser horrendo y tener
la cara llena de espinillas y granos?
Oh, mi pequeña puta, ésta
noche manché las sábanas sin querer,
de nuevo -lo lamento-, con mi sangrado nasal
descontrolado
y mi ***** desgraciado.
Ya no me molesto en limpiarme,
creo que hace tiempo dejó de importarme.
No tiene caso, nada lo tiene,
nada lo tuvo.
¿O sí?
Siento desapego, si te soy sincero, creo que
tengo un poco de miedo.
Quisiera que estuvieses aquí, tal vez así,
podría dormir.
Realmente, no quisiera morir.
A veces me pides que te cuente cosas
y la verdad, a veces sólo quisiera contarte
tus lunares.
Desencantado de estar
desencantado.
Ya no veo la hora
de ver la hora.
Jul 11, 2017
Jul 11, 2017 at 4:41 PM UTC
Por entre mis propios dientes salgo humeando,
dando voces, pujando,
bajándome los pantalones...
Váca mi estómago, váca mi yeyuno,
la miseria me saca por entre mis propios dientes,
cogido con un palito por el puño de la camisa.
Una piedra en que sentarme
¿no habrá ahora para mí?
Aún aquella piedra en que tropieza la mujer que ha dado a luz,
la madre del cordero, la causa, la raíz,
¿ésa no habrá ahora para mí?
¡Siquiera aquella otra,
que ha pasado agachándose por mi alma!
Siquiera
la calcárida o la mala (humilde océano)
o la que ya no sirve ni para ser tirada contra el hombre
ésa dádmela ahora para mí!
Siquiera la que hallaren atravesada y sola en un insulto,
ésa dádmela ahora para mí!
Siquiera la torcida y coronada, en que resuena
solamente una vez el andar de las rectas conciencias,
o, al menos, esa otra, que arrojada en digna curva,
va a caer por sí misma,
en profesión de entraña verdadera,
¡ésa dádmela ahora para mí!
Un pedazo de pan, ¿tampoco habrá para mí?
Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,
pero dadme
una piedra en que sentarme,
pero dadme,
por favor, un pedazo de pan en que sentarme,
pero dadme
en español
algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse
y después me iré...
Halló una extraña forma, está muy rota
y sucia mi camisa
y ya no tengo nada, esto es horrendo.
427
Torne en mi boca el verso castellano
a decir lo que siempre está diciendo
desde el latín de Séneca: el horrendo
dictamen de que todo es del gusano.
Torne a cantar la pálida ceniza,
los fastos de la muerte y la victoria
de esa reina retórica que pisa
los estandartes de la vanagloria.
No así. Lo que mi barro ha bendecido
no lo voy a negar como un cobarde.
Sé que una cosa no hay. Es el olvido;
sé que en la eternidad perdura y arde
lo mucho y lo precioso que he perdido:
esa fragua, esa luna y esa tarde.
339
Después de que hubo al bosque el Domador entrado,
Las formidables huellas entre árboles siguiendo,
Anunció el rudo choque, de un rugido el estruendo.
Hundiese el sol, y entonces todo quedó callado.
Por entre matorrales y zarzas, aterrado,
Un pastor de esos valles, que a Tirinto iba huyendo,
Se vuelve, y ve con ojos de espanto, que el horrendo
Monstruo surge, de frente, sobre áspero collado.
Y un grito lanza. Ha visto al terror de Nemea
Sobre el cielo rojizo, con mirar que chispea,
Con siniestros colmillos y repugnante traza;
Pues la sombra que invade el espacio anchuroso,
Bajo la piel horrible que a Hércules disfraza,
Al mezclar hombre y fiera, finge un Héroe monstruoso.
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