Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"helados" poems
Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, Subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares a los que nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada momento de su vida, claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría solamente de tener buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, solo de momentos, no te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas. Si pudiera volver a vivir, comenzaría así hasta concluir el otoño, daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños si tuviera otra vez la vida por delante... Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo...
0
2.7k
Último poema
Esta cabeza, cuando viva, tuvo sobre la arquitectura destos huesos carne y cabellos, por quien fueron presos los ojos que mirándola detuvo. Aquí la rosa de la boca estuvo, marchita ya con tan helados besos, aquí los ojos de esmeralda impresos, color que tantas almas entretuvo. Aquí la estimativa en que tenía el principio de todo el movimiento, aquí de las potencias la armonía. ¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!, ¿dónde tan alta presunción vivía, desprecian los gusanos aposento?
0
1.2k
A una calavera
No el mar, sino esta fuente junto al mar. Y la ciudad, detrás. (Qué importa la ciudad. La ciudad era tiempo: primero, Roma y sus murallas, y sucesivamente, peces de barras rojas en el lomo, rejerías y olivas, el poderío de las naves de la Corona de Aragón. Más tarde, un diálogo de humos). La ciudad era un diálogo de aguas -la fuente, el mar-; la vida, un diálogo de aguas, una chiquillería desnudita y morena. Y un griterío, un amontonamiento en aquel aire cálido. Y olor a hogueras, que no tienen tiempo. Siempre a espaldas del tiempo. Y nada más que ojos oscuros para mirar, mirar, mirar... Esto ocurría en lo que llaman, los que no son de nuestra raza, pasado. De noche me acercaba a las olas. Las olas no ocultaban ruiseñores como el agua del cántaro que yo apoyaba en la cadera. De noche, entre las olas, de cara al tiempo congelado, sonaba el mar a hojas de otoño, pisoteadas por los pájaros. Ceñía mis tobillos de diamantes. Allí era el reino del vaivén, del ritmo, de lo eterno acunado. El mar tampoco, como si fuera de mi raza, se encadenaba al tiempo. Sonaba en mis oídos el ruiseñor del agua de la fuente, oía los rumores del mundo. Mi sangre era el mar mismo. Me contagiaba de su movimiento. Me enseñaban las olas a no morir jamás. Lo sin tiempo es la muerte. Y aquello, el ritmo, el tiempo vivo, pero detenido; algo que no conoce ni principio ni fin, que no parte ni llega. Era el mar y la fuente junto al mar. Y entre los dos estaba yo. Igual que ahora. Nuevamente unidos. Cuántos racimos de años habrá exprimido el mar. Por cuántos sitios -horas y lugares, qué sé yo-, lo que dicen países, he llevado el centelleo de la espuma, el oleaje de la llama... Es posible que yo parezca diferente. También quizás la fuente parezca diferente a los demás. Yo no lo sé. Juntos estamos el mar, la fuente, yo. Vinieron las autoridades, artistas, periodistas, gentes que leen mi nombre en los periódicos. Me dijeron que era mía la fuente (cómo podían darme lo que era mío, mi vida, el mar, las nubes). No pudieron matar mi vida, restituirme al tiempo, cuando hablaban y hablaban del ayer, la gitana de Somorrostro, y otra vez aquello del arte y de la gloria, y más palabras sin sentido que siguen pronunciando mientras me acerco hasta mi fuente, y adorno mis muñecas con sus helados brazaletes, y humedezco mis sienes, mezclo sus aguas con mis lágrimas. Porque ahora pienso que he olvidado el cántaro, y la tarde se queda sin ruiseñor que la ilumine, y tengo miedo de volver sin agua, y no sé dónde está el cántaro y mi madre me va a reñir porque a ver cómo vamos a guisar, a lavar la ropita de los niños... Y yo no sé qué le diré para que pueda comprenderlo.
0
1.1k
La fuente de carmen amaya
No el mar, sino esta fuente junto al mar. Y la ciudad, detrás. (Qué importa la ciudad. La ciudad era tiempo: primero, Roma y sus murallas, y sucesivamente, peces de barras rojas en el lomo, rejerías y olivas, el poderío de las naves de la Corona de Aragón. Más tarde, un diálogo de humos). La ciudad era un diálogo de aguas -la fuente, el mar-; la vida, un diálogo de aguas, una chiquillería desnudita y morena. Y un griterío, un amontonamiento en aquel aire cálido. Y olor a hogueras, que no tienen tiempo. Siempre a espaldas del tiempo. Y nada más que ojos oscuros para mirar, mirar, mirar... Esto ocurría en lo que llaman, los que no son de nuestra raza, pasado. De noche me acercaba a las olas. Las olas no ocultaban ruiseñores como el agua del cántaro que yo apoyaba en la cadera. De noche, entre las olas, de cara al tiempo congelado, sonaba el mar a hojas de otoño, pisoteadas por los pájaros. Ceñía mis tobillos de diamantes. Allí era el reino del vaivén, del ritmo, de lo eterno acunado. El mar tampoco, como si fuera de mi raza, se encadenaba al tiempo. Sonaba en mis oídos el ruiseñor del agua de la fuente, oía los rumores del mundo. Mi sangre era el mar mismo. Me contagiaba de su movimiento. Me enseñaban las olas a no morir jamás. Lo sin tiempo es la muerte. Y aquello, el ritmo, el tiempo vivo, pero detenido; algo que no conoce ni principio ni fin, que no parte ni llega. Era el mar y la fuente junto al mar. Y entre los dos estaba yo. Igual que ahora. Nuevamente unidos. Cuántos racimos de años habrá exprimido el mar. Por cuántos sitios -horas y lugares, qué sé yo-, lo que dicen países, he llevado el centelleo de la espuma, el oleaje de la llama... Es posible que yo parezca diferente. También quizás la fuente parezca diferente a los demás. Yo no lo sé. Juntos estamos el mar, la fuente, yo. Vinieron las autoridades, artistas, periodistas, gentes que leen mi nombre en los periódicos. Me dijeron que era mía la fuente (cómo podían darme lo que era mío, mi vida, el mar, las nubes). No pudieron matar mi vida, restituirme al tiempo, cuando hablaban y hablaban del ayer, la gitana de Somorrostro, y otra vez aquello del arte y de la gloria, y más palabras sin sentido que siguen pronunciando mientras me acerco hasta mi fuente, y adorno mis muñecas con sus helados brazaletes, y humedezco mis sienes, mezclo sus aguas con mis lágrimas. Porque ahora pienso que he olvidado el cántaro, y la tarde se queda sin ruiseñor que la ilumine, y tengo miedo de volver sin agua, y no sé dónde está el cántaro y mi madre me va a reñir porque a ver cómo vamos a guisar, a lavar la ropita de los niños... Y yo no sé qué le diré para que pueda comprenderlo.
Continue reading...
64
Lúbrica polinesia de lunares en la pulida mar de tu cadera. Trópico del tabaco y la madera mecido por las olas de tus mares. En los helados círculos polares toda tu superficie reverbera... Bajo las luces de tu primavera, a punto de deshielo, los glaciares. Los salmones avanzan por tus venas meridianos rompiendo en su locura. Las aves vuelan desde tus colinas. Terreno fértil, huerto de azucenas: tan variada riqueza de hermosura pesa sobre tus hombros, que te inclinas.
0
735
Geografía humana
Yo soy la movediza perenne; nunca dura en mi una forma; pronto mi ser se transfigura, y ya entre guijas de ónix cantando peregrino, ya en témpanos helados detengo mi camino, ya vuelo por los aires trocándome en vapores, ya soy iris en polvo de todos los colores, o rocío que asciende, o aguacero que llueve... Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve, la albura de la nieve enigmática y fría que cae de los cielos como una eucaristía, que por los puntiagudos techos resbala leda y que cuando la pisan cruje como la seda. Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo. Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo; subí gris de los lagos que la quietud estanca, y bajo blanca al mundo... ¡Oh qué bello es ser blanca! ¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío, porque tirito para que nadie tenga frío, porque mi lino todos los fríos almacena ¡y dios me torna blanca por haber sido buena! ¿Verdad que es llevadera la palma del martirio así? Yo caigo como los pétalos de un lirio de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura con murmurios de linfa, la canto con blancura. La blancura es el himno más hermoso y más santo; ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto. Ser luminosa es otro de los cantos mejores: ¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores? Por eso el rey poeta dijo en himno de amor: "El firmamento narra la gloria del Señor". Se tú como la Nieve que inmaculada llueve Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
0
724
La nieve
Yo soy la movediza perenne; nunca dura en mi una forma; pronto mi ser se transfigura, y ya entre guijas de ónix cantando peregrino, ya en témpanos helados detengo mi camino, ya vuelo por los aires trocándome en vapores, ya soy iris en polvo de todos los colores, o rocío que asciende, o aguacero que llueve... Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve, la albura de la nieve enigmática y fría que cae de los cielos como una eucaristía, que por los puntiagudos techos resbala leda y que cuando la pisan cruje como la seda. Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo. Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo; subí gris de los lagos que la quietud estanca, y bajo blanca al mundo... ¡Oh qué bello es ser blanca! ¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío, porque tirito para que nadie tenga frío, porque mi lino todos los fríos almacena ¡y dios me torna blanca por haber sido buena! ¿Verdad que es llevadera la palma del martirio así? Yo caigo como los pétalos de un lirio de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura con murmurios de linfa, la canto con blancura. La blancura es el himno más hermoso y más santo; ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto. Ser luminosa es otro de los cantos mejores: ¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores? Por eso el rey poeta dijo en himno de amor: "El firmamento narra la gloria del Señor". Se tú como la Nieve que inmaculada llueve Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
Continue reading...
32
Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
0
678
Entresuelo
Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
Continue reading...
44
Te extraño. Te extraño muchísimo. Te extraño desde el día en que dejaste de quererme, que no necesariamente fue cuando me terminaste. Te extraño más en las noches, cuando voy a bajar a cenar; a veces sola, a veces con mis papás. Te extraño a ti, a las cervezas que te tomabas, a las películas que veíamos, al espacio del sofá que ocupabas, a las cotufas que quemaba y a las que te quedaban ricas. Extraño los días que nos quedábamos dormidos después de comer y los que no también. Extraño escucharte; escucharte cuando hablabas de todo y cuando hablabas de nada. Escucharte escribiendo, aunque no dijeras ni una palabra. Extraño que me asustes, que me fastidies, que me suenes los dedos, la frente. Extraño que me avises, extraño abrirte la puerta, extraño molestarme porque siempre te ibas temprano y porque nunca me avisabas. Ahora, cómo me hace falta que te quedes aunque sea hasta las 8:30 acá para que me des el poquito de cariño y atención que me dabas. Siempre me sentí importante contigo, aunque capaz dentro de tus tantas cosas nunca fui una prioridad. Aprendí a valorar el poquito tiempo que me regalabas y los momenticos chiquitos que me robaba durante el día. A veces también extraño sentirme culpable por ocuparte tanto, porque sé que siempre tenías algo más importante que hacer. Después de escribir tan poquito creo que te extraño más. Extraño al --- de España. Extraño tus recuerdos. Extraño tus helados sorpresa, los primeros chocolates que me trajiste una noche y las últimas galletas que me bajaste del Ávila sin ganas. Extraño invitarte al cine aunque no te gustara. Extraño tus abrazos, creo que es lo que más extraño. Empecé a extrañarte el día en que empecé a pensar cuándo y cómo tenía que decirte que te quería. Cuando tenía que pensarlo dos veces antes de besarte, abrazarte, escribirte, preguntarte. Desde entonces te extraño tanto, y cada vez más.
0
Jul 3, 2018
Jul 3, 2018 at 7:45 PM UTC
Extrañarte tanto
Te extraño. Te extraño muchísimo. Te extraño desde el día en que dejaste de quererme, que no necesariamente fue cuando me terminaste. Te extraño más en las noches, cuando voy a bajar a cenar; a veces sola, a veces con mis papás. Te extraño a ti, a las cervezas que te tomabas, a las películas que veíamos, al espacio del sofá que ocupabas, a las cotufas que quemaba y a las que te quedaban ricas. Extraño los días que nos quedábamos dormidos después de comer y los que no también. Extraño escucharte; escucharte cuando hablabas de todo y cuando hablabas de nada. Escucharte escribiendo, aunque no dijeras ni una palabra. Extraño que me asustes, que me fastidies, que me suenes los dedos, la frente. Extraño que me avises, extraño abrirte la puerta, extraño molestarme porque siempre te ibas temprano y porque nunca me avisabas. Ahora, cómo me hace falta que te quedes aunque sea hasta las 8:30 acá para que me des el poquito de cariño y atención que me dabas. Siempre me sentí importante contigo, aunque capaz dentro de tus tantas cosas nunca fui una prioridad. Aprendí a valorar el poquito tiempo que me regalabas y los momenticos chiquitos que me robaba durante el día. A veces también extraño sentirme culpable por ocuparte tanto, porque sé que siempre tenías algo más importante que hacer. Después de escribir tan poquito creo que te extraño más. Extraño al --- de España. Extraño tus recuerdos. Extraño tus helados sorpresa, los primeros chocolates que me trajiste una noche y las últimas galletas que me bajaste del Ávila sin ganas. Extraño invitarte al cine aunque no te gustara. Extraño tus abrazos, creo que es lo que más extraño. Empecé a extrañarte el día en que empecé a pensar cuándo y cómo tenía que decirte que te quería. Cuando tenía que pensarlo dos veces antes de besarte, abrazarte, escribirte, preguntarte. Desde entonces te extraño tanto, y cada vez más.
Continue reading...
13
ventorrales helados quiebran mi rostro como si se tratara de navajas ventanales empapados juegan con esconder tu silueta suave brisa, si la aceptas los fuertes vientos se transforman en ideas en gotas que caen pero nunca llegan tormenta
0
Aug 11, 2018
Aug 11, 2018 at 3:14 PM UTC
Registro de pensares #02
29 Nov, 2017 4:18 am Quizá miento si te digo que estaba feliz y no me hacía falta nada. Miento, porque sí quería más tiempo, más atención, más cuidado, más cariño. Aún así, estaba feliz. Estaba feliz todo el tiempo porque tú me hacías feliz. Con tus tonterías, con tus alegrías, con tus amargues, con tu poco tiempo, tus consejos, tus chistes malos (y los buenos también), en fin, con todo. Sinceramente, estaba feliz, o eso pensé. Aunque si era más feliz que ahora. Me gustó saber que nos complementábamos. Me gustaba ser la que te alegrara los días de cualquier manera. Me gustaba comprarte chocolates, helados, platanitos, lo que fuera necesario lo hacia para poder ser la causa de tu sonrisa. Nada me hizo más feliz que saber que podía ayudarte en algo. Siempre quise ayudarte más, aunque no me dejaras.
0
Jul 3, 2018
Jul 3, 2018 at 7:49 PM UTC
Y todavía espero...
La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
0
546
Cuerpo presente
La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
Continue reading...
49
Creímos que todo estaba roto, perdido, manchado... -Pero, dentro, sonreía lo verdadero, esperando-. ¡Lágrimas rojas, calientes, en los cristales helados!... -Pero, dentro, sonreía lo verdadero, esperando-. Se acababa el día ***** revuelto en frío mojado... -Pero, dentro, sonreía lo verdadero, esperando-.
0
455
Lo verdadero
Por la calle brinca y corre caballo de larga cola, mientras juegan o dormitan viejos soldados de Roma. Medio monte de Minervas abre sus brazos sin hojas. Agua en vilo redoraba las aristas de las rocas. Noche de torsos yacentes y estrellas de nariz rota aguarda grietas del alba para derrumbarse toda. De cuando en cuando sonaban blasfemias de cresta roja. Al gemir, la santa niña quiebra el cristal de las copas. La rueda afila cuchillos y garfios de aguda comba. Brama el toro de los yunques, y Mérida se corona de nardos casi despiertos y tallos de zarzamora. Flora desnuda se sube por escalerillas de agua. El Cónsul pide bandeja para los senos de Olalla. Un chorro de venas verdes le brota de la garganta. Su **** tiembla enredado como un pájaro en las zarzas. Por el suelo, ya sin norma, brincan sus manos cortadas que aún pueden cruzarse en tenue oración decapitada. Por los rojos agujeros donde sus pechos estaban se ven cielos diminutos y arroyos de leche blanca. Mil arbolillos de sangre le cubren toda la espalda y oponen húmedos troncos al bisturí de las llamas. Centuriones amarillos de carne gris, desvelada, llegan al cielo sonando sus armaduras de plata. Y mientras vibra confusa pasión de crines y espadas, el Cónsul porta en bandeja senos ahumados de Olalla. Nieve ondulada reposa. Olalla pende del árbol. Su desnudo de carbón tizna los aires helados. Noche tirante reluce. Olalla muerta en el árbol. Tinteros de las ciudades vuelcan la tinta despacio. Negros maniquíes de sastre cubren la nieve del campo en largas filas que gimen su silencio mutilado. Nieve partida comienza. Olalla blanca en el árbol. Escuadras de níquel juntan los picos en su costado. Una Custodia reluce sobre los cielos quemados entre gargantas de arroyo y ruiseñores en ramos. ¡Saltan vidrios de colores! Olalla blanca en lo blanco. Ángeles y serafines dicen: Santo, Santo, Santo.
0
495
Romance histórico i
Por la calle brinca y corre caballo de larga cola, mientras juegan o dormitan viejos soldados de Roma. Medio monte de Minervas abre sus brazos sin hojas. Agua en vilo redoraba las aristas de las rocas. Noche de torsos yacentes y estrellas de nariz rota aguarda grietas del alba para derrumbarse toda. De cuando en cuando sonaban blasfemias de cresta roja. Al gemir, la santa niña quiebra el cristal de las copas. La rueda afila cuchillos y garfios de aguda comba. Brama el toro de los yunques, y Mérida se corona de nardos casi despiertos y tallos de zarzamora. Flora desnuda se sube por escalerillas de agua. El Cónsul pide bandeja para los senos de Olalla. Un chorro de venas verdes le brota de la garganta. Su **** tiembla enredado como un pájaro en las zarzas. Por el suelo, ya sin norma, brincan sus manos cortadas que aún pueden cruzarse en tenue oración decapitada. Por los rojos agujeros donde sus pechos estaban se ven cielos diminutos y arroyos de leche blanca. Mil arbolillos de sangre le cubren toda la espalda y oponen húmedos troncos al bisturí de las llamas. Centuriones amarillos de carne gris, desvelada, llegan al cielo sonando sus armaduras de plata. Y mientras vibra confusa pasión de crines y espadas, el Cónsul porta en bandeja senos ahumados de Olalla. Nieve ondulada reposa. Olalla pende del árbol. Su desnudo de carbón tizna los aires helados. Noche tirante reluce. Olalla muerta en el árbol. Tinteros de las ciudades vuelcan la tinta despacio. Negros maniquíes de sastre cubren la nieve del campo en largas filas que gimen su silencio mutilado. Nieve partida comienza. Olalla blanca en el árbol. Escuadras de níquel juntan los picos en su costado. Una Custodia reluce sobre los cielos quemados entre gargantas de arroyo y ruiseñores en ramos. ¡Saltan vidrios de colores! Olalla blanca en lo blanco. Ángeles y serafines dicen: Santo, Santo, Santo.
Continue reading...
74
Absorto pez, dormida golondrina, mariposa en el aire de la muerte, rosa fallida en la impasible umbría, esmeralda evadiéndose del verde color de su destino. En las heridas la sangre blanca y el dolor ausente, el mundo trastrocado en una orilla en que la luz y el ámbito se pierden. Dentro de la avellana de mi sueño esa hilera de imágenes sin filo, ese jardín de helados asfodelos, esa playa de lápices y vidrios, esa manada afónica de renos, esa luna guiñando sobre el cirio. ¡Gozo de despertar equilibrada, como cualquier mañana de los días! ¡Gozo de sol y éxtasis del agua, exacta magnitud de la alegría, regreso de la imagen dislocada en los espejos de la pesadilla y la casa, mis perros, la mañana, en la gracia y el orden de la vida!
0
393
Despertar
Hoy todo me conduce a su contrario: el olor de la rosa me entierra en sus raíces, el despertar me arroja a un sueño diferente, existo, luego muero. Todo sucede ahora en un orden estricto: los alacranes comen en mis manos, las palomas me muerden las entrañas, los vientos más helados me encienden las mejillas. Hoy es así mi vida. Me alimento del hambre. Odio a quien amo. Cuando me duermo, un sol recién nacido me manche de amarillo los párpados por dentro. Bajo su luz, cogidos de la mano, tú y yo retrocedemos desandando los días hasta que al fin logramos perdernos en la nada.
0
345
Hoy