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"hablaba" poems
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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La casa
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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Romance del rey moro que perdió valencia
Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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Ella era bella y era buena.       ¡Perdonalá, Señor! Él era dulce y era triste       ¡Perdonaló, Señor! Se dormía en sus brazos blancos como una abeja en una flor.       ¡Perdonaló, Señor! Amaba las dulces canciones, ¡ella era una dulce canción!       ¡Perdonalá, Señor! Cuando hablaba era como si alguien hubiera llorado en su voz.       ¡Perdonaló, Señor! Ella decía: -«Tengo miedo. Oigo una voz en lo lejano».       ¡Perdonalá, Señor! Él decía: -«Tu pequeñita mano en mis labios».       ¡Perdonaló, Señor! Miraban juntos las estrellas. No hablaban de amor. Cuando moría una mariposa lloraban los dos.       ¡Perdonalós, Señor! Ella era bella y era buena. Él era dulce y era triste. Murieron del mismo dolor. Perdónalos, Perdónalos,             ¡Perdonalós, Señor!
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Canción de los amantes muertos
Era mi amiga, pero yo la amaba yo la amaba en silencio puramente, y mientras sus amores me contaba yo escuchaba sus frases tristemente. Era mi amiga, pero me gustaba y mi afán era verla a cada instante. Nunca supo el amor que yo albergaba porque siempre me hablaba de su amante. Era mi amiga para todo el mundo porque a nadie mi amor yo confesaba, pero yo la quería muy profundo y forzosamente me callaba. Era mi amiga, y mi cuerpo sentía estremecer si ella me miraba, al oírla junto a mí feliz me hacía mas de este amor ella nunca supo nada y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía, era mi amiga, pero yo la amaba.
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Era mi amiga
Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada. Mataron a Federico cuando la luz asomaba. El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva! Muerto cayó Federico -sangre en la frente y plomo en las entrañas- ... Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada.   Se le vio caminar solo con Ella, sin miedo a su guadaña. -Ya el sol en torre y torre, los martillos en yunque- yunque y yunque de las fraguas. Hablaba Federico, requebrando a la muerte. Ella escuchaba. «Porque ayer en mi verso, compañera, sonaba el golpe de tus secas palmas, y diste el hielo a mi cantar, y el filo a mi tragedia de tu hoz de plata, te cantaré la carne que no tienes, los ojos que te faltan, tus cabellos que el viento sacudía, los rojos labios donde te besaban... Hoy como ayer, gitana, muerte mía, qué bien contigo a solas, por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»   Se le vio caminar...                       Labrad, amigos, de piedra y sueño en el Alhambra, un túmulo al poeta, sobre una fuente donde llore el agua, y eternamente diga: el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
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El crimen fue en granada: a federico garcía lorca
"hop hop alba amo" decía a caballo de Alabama bright morgan había nacido al lado de donde se quedaron los juntadores de pasto indios choctaw que leían las nubes frenadas por el sur los Apalaches tanta desolación dios mío tanta desolación no alcanzó para un buen río "no alcanzaste para un buen río mi Dios" decía bright morgan "ah distraído" decía a caballo entre Sam Dale, William Bankhead (que tenía cabeza de pájaro señor) y aún la Julia Tutwiler (reformadora social consolatriz de presos poetisa) otros notables del lugar sí "¡ah muererío muererío!" decía bright morgan sin dejar de correr pensando en la madre que vio decapitar a siete hijos subida su tejado y después se tiró del tejado bright morgan hablaba también de las culebras y alacranes que se comieron el corazón amargo de 7 hermanos 7 camino de Aragón ola que ola la maripola no pasa nadie nadie no pasa nadie por el cuerpo de bright morgan ya más que el viento la arena volada por el aire porque se va a morir lo dejarán salir y la madre se subirá al tejado y dirá: "quien a este hijo pierde merece ser apedreada le pediría uñas al águila pezuñas a la bestia con pezuñas y no le dejaría a la tierra ese muchacho lindo no" decía la madre de bright morgan "no dejaría que la tierra lo pudra le deshaga la frente hermosa no yo se lo arrancaría a la tierra de trigo sembrada con dolor robaría a la tierra ese hijo tan bueno cara de plata" decía la madre de bright morgan: "que se llevó la tierra con golpe rabioso no ese pequeño novio no alcanzó a criar hijos dejó casa vacía por casa llena de compañeros sin luz" mientras tanto bright morgan murió "no le echen tierra sobre la frente hermosa" pedía la madre pero él crecía a la derecha a la izquierda abajo arriba iba creciendo como una vaca grande cuando el pelo de bright morgan paró toda Alabama se detuvo un instante pero ya no decía "madre madre no me dejes salir" ola que ola maripola no pasa nadie nadie
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Lamento por el pelo de bright morgan
"hop hop alba amo" decía a caballo de Alabama bright morgan había nacido al lado de donde se quedaron los juntadores de pasto indios choctaw que leían las nubes frenadas por el sur los Apalaches tanta desolación dios mío tanta desolación no alcanzó para un buen río "no alcanzaste para un buen río mi Dios" decía bright morgan "ah distraído" decía a caballo entre Sam Dale, William Bankhead (que tenía cabeza de pájaro señor) y aún la Julia Tutwiler (reformadora social consolatriz de presos poetisa) otros notables del lugar sí "¡ah muererío muererío!" decía bright morgan sin dejar de correr pensando en la madre que vio decapitar a siete hijos subida su tejado y después se tiró del tejado bright morgan hablaba también de las culebras y alacranes que se comieron el corazón amargo de 7 hermanos 7 camino de Aragón ola que ola la maripola no pasa nadie nadie no pasa nadie por el cuerpo de bright morgan ya más que el viento la arena volada por el aire porque se va a morir lo dejarán salir y la madre se subirá al tejado y dirá: "quien a este hijo pierde merece ser apedreada le pediría uñas al águila pezuñas a la bestia con pezuñas y no le dejaría a la tierra ese muchacho lindo no" decía la madre de bright morgan "no dejaría que la tierra lo pudra le deshaga la frente hermosa no yo se lo arrancaría a la tierra de trigo sembrada con dolor robaría a la tierra ese hijo tan bueno cara de plata" decía la madre de bright morgan: "que se llevó la tierra con golpe rabioso no ese pequeño novio no alcanzó a criar hijos dejó casa vacía por casa llena de compañeros sin luz" mientras tanto bright morgan murió "no le echen tierra sobre la frente hermosa" pedía la madre pero él crecía a la derecha a la izquierda abajo arriba iba creciendo como una vaca grande cuando el pelo de bright morgan paró toda Alabama se detuvo un instante pero ya no decía "madre madre no me dejes salir" ola que ola maripola no pasa nadie nadie
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Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Enereida
Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Todos estos señores estaban dentro cuando ella entró completamente desnuda ellos habían bebido y comenzaron a escupirla ella no entendía nada recién salía del río era una sirena que se había extraviado los insultos corrían sobre su carne lisa la inmundicia cubrió sus pechos de oro ella no sabía llorar por eso no lloraba no sabía vestirse por eso no se vestía la tatuaron con cigarrillos y con corchos quemados y reían hasta caer al suelo de la taberna ella no hablaba porque no sabía hablar sus ojos eran color de amor distante sus brazos construidos de topacios gemelos sus labios se cortaron en la luz del coral y de pronto salió por esa puerta apenas entró al río quedó limpia relució como una piedra blanca en la lluvia y sin mirar atrás nadó de nuevo nadó hacia nunca más hacia morir.
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Fábula de la sirena y los borrachos
Aquel momento, cuando me recargué en tu hombro, pensé en cómo las personas suelen asustarse, ponerse rígidas e intentan no moverse para no incomodar a quien esté en su hombro. "No te preocupes, si te incomodo dime; si quieres moverte hazlo, yo te seguiré y me acomodaré contigo. Me agrada esto." En ese momento, no sólo hablaba de recargarme en tu hombro. Espero que lo entendieras.
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Apr 20, 2014
Apr 20, 2014 at 7:24 PM UTC
Palabras entre palabras.
Negra pupila, abierta y fulgurante, Ancha y tersa la frente pensadora, Reposado el andar, dulce el semblante, La mano diminuta y tembladora; Todo extrañando el peso del turbante, Del blanco jaique y de la guzla mora: Así le conocí, cuando sentía Amor y juventud el alma mía. Era... ya lo sabéis, el inspirado, El egregio cantor de los amores; El que hablaba el idioma delicado De las brisas, las fuentes y las flores. Semejaba, en el siglo, un desterrado De las rondas de antiguos trovadores, Que en alta noche el mandolín tañía Al pie de la callada celosía. Él cantaba el más tierno de los seres, ¡Encarnación de la belleza humana! Hablaba de ilusiones y placeres, De una dicha inmortal y soberana; Del amor que derrama en las mujeres Más luz que el sol brillando en la mañana, Y cuyo beso, en alas de su anhelo, Basta a juntar la tierra con el cielo. Después... su frente pálida, abatida, Una sonrisa lúgubre en su boca; Su voluntad heroica ya vencida, Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca Gastada por las olas de la vida; En el vaivén de la fortuna loca... El alma llena de esplendor y fuego, Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego! Ya sentada a sus puertas la pobreza, Conociendo del mundo los rigores, Hirió su altiva frenta la tristeza; Cantó libre sus íntimos dolores, Y halló en premio a sus sueños de grandeza Tardes nubladas y marchitas flores; Horas lentas, amargas, intranquilas, Y la noche en el alma y las pupilas. ¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta Pretendes ir así? ¿No te imaginas Que si mirara tu pupila inquieta, Vieras el jaramago en las rüinas? Ya ciñes la corona del poeta, Ya conoces su peso y sus espinas, Ya del rebelde mundo en el proscenio, Como un errante sol, brilló tu genio. Mirad... el genio cruza este desierto, Entre penas y lágrimas cautivo... En la tierra es un vivo que está muerto, Y en la tumba es un muerto que está vivo. Amar, soñar, creer, mirar abierto Un templo más allá, luchar altivo, Y consumirse al fuego que lo abrasa, Tras un aplauso que resuena y pasa. Tu patria sabe honrarte, enaltecerte, Para ser inmortal tienes derecho; Nadie en tu derredor culpa a la suerte, Ni sollozos exhala de su pecho; En las nupcias del genio con la muerte, La Historia es un hogar, la tumba un lecho, Y ambas fulguran con eterna llama Hoy que engendran un hijo de la Fama.
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En memoria del poeta manuel m. flores
Negra pupila, abierta y fulgurante, Ancha y tersa la frente pensadora, Reposado el andar, dulce el semblante, La mano diminuta y tembladora; Todo extrañando el peso del turbante, Del blanco jaique y de la guzla mora: Así le conocí, cuando sentía Amor y juventud el alma mía. Era... ya lo sabéis, el inspirado, El egregio cantor de los amores; El que hablaba el idioma delicado De las brisas, las fuentes y las flores. Semejaba, en el siglo, un desterrado De las rondas de antiguos trovadores, Que en alta noche el mandolín tañía Al pie de la callada celosía. Él cantaba el más tierno de los seres, ¡Encarnación de la belleza humana! Hablaba de ilusiones y placeres, De una dicha inmortal y soberana; Del amor que derrama en las mujeres Más luz que el sol brillando en la mañana, Y cuyo beso, en alas de su anhelo, Basta a juntar la tierra con el cielo. Después... su frente pálida, abatida, Una sonrisa lúgubre en su boca; Su voluntad heroica ya vencida, Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca Gastada por las olas de la vida; En el vaivén de la fortuna loca... El alma llena de esplendor y fuego, Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego! Ya sentada a sus puertas la pobreza, Conociendo del mundo los rigores, Hirió su altiva frenta la tristeza; Cantó libre sus íntimos dolores, Y halló en premio a sus sueños de grandeza Tardes nubladas y marchitas flores; Horas lentas, amargas, intranquilas, Y la noche en el alma y las pupilas. ¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta Pretendes ir así? ¿No te imaginas Que si mirara tu pupila inquieta, Vieras el jaramago en las rüinas? Ya ciñes la corona del poeta, Ya conoces su peso y sus espinas, Ya del rebelde mundo en el proscenio, Como un errante sol, brilló tu genio. Mirad... el genio cruza este desierto, Entre penas y lágrimas cautivo... En la tierra es un vivo que está muerto, Y en la tumba es un muerto que está vivo. Amar, soñar, creer, mirar abierto Un templo más allá, luchar altivo, Y consumirse al fuego que lo abrasa, Tras un aplauso que resuena y pasa. Tu patria sabe honrarte, enaltecerte, Para ser inmortal tienes derecho; Nadie en tu derredor culpa a la suerte, Ni sollozos exhala de su pecho; En las nupcias del genio con la muerte, La Historia es un hogar, la tumba un lecho, Y ambas fulguran con eterna llama Hoy que engendran un hijo de la Fama.
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Conversación, Mi corazón y mi alma, Cuando te vi en primer lugar pude ver que estaba usted, tan bello que apenas podía creer mis ojos, cuando empecé a conocerte, sentí su espíritu, su alma, y me hablaba; Se dijo, ' mira, me mira, yo soy la mujer de sus sueños.' Cuando empecé a conocerte, quiero que amo, tu habla de corazón a mí, dijo suavemente, 'Ámeme.' Y lo hice, y lo hago, y lo haré, siempre...
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Apr 18, 2015
Apr 18, 2015 at 11:43 AM UTC
Conversación, Mi corazón y mi alma,
No fue jamás mejor aquello. Esto de ahora es doloroso; pero el dolor nos hace hombres y ya ninguno estamos solos. Alto fue el precio que pagamos: miseria y llanto de los ojos, nuestros mejores años verdes y nuestros sueños más hermosos. Porque nacimos bajo el signo del cerebro. Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso, y somos ruinas o cimientos, algo inconcreto, algo borroso: tronco cortado a ras de tierra, que nadie sabe que fue tronco. Predestinados para sabios, para teóricos, nos enseñaron muchas cosas conceptualmente. Y como a un pozo de agua estancada y silenciosa, fuimos echando piedras, lodo, trozos inútiles de muerte, mármoles rotos. Ahora no vemos sobre el agua El paisaje que se alza en torno. Predestinados para sabios, para teóricos, conoceríamos la vida sólo a través del microscopio, y nuestro amigo, nuestro hermano, serían entes, microcosmos, nombres velados, sin sentido, abstracciones… Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso. Se desbordó un día la vida, nos tornó locos, y les pusimos a las cosas nuevos nombres. Y el vino rojo de la sangre, y el agua pálida del llanto, el sol majestuoso del mediodía de verano fueron más que simples fenómenos, abstracciones, malabarismos de los teóricos. Éramos hombres, y el de enfrente, aquel que hablaba con nosotros, de su tiempo, de nuestro tiempo, no era un ente ni un microcosmos. El que sufría, el que gritaba o lloraba por estar solo; el que durmió sobre la hierba las noches húmedas de otoño a nuestro lado, alma con alma, hombro con hombro, aquél, cegado por la tierra que nos echaban a los ojos; aquél que anduvo por los campos solitario, pisando odios, era un hombre de carne y hueso como nosotros. … Es extraño. Noches y días se suceden. Seguimos solos como unos árboles raquíticos en la cima de un monte. Pozos semicegados. (Pero el agua, invisible para los ojos, como una remota esperanza suena en el fondo.) Es triste alzarse de uno mismo, poner los ojos en el rostro de los hombres que han de venir tras de nosotros, que no sabrán que entre los árboles, sobre la hierba, en el mar hondo, en las ciudades, en las cumbres, hemos cantado, temblorosos por la alegría de estar vivos. Así pasamos, como un soplo de brisa azul sobre la piedra. Sin dejar rastro, como el oro de las hojas, cuando coronan la frente grave del otoño… Porque no queda ni una sola rosa plantada por nosotros.
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Generación
No fue jamás mejor aquello. Esto de ahora es doloroso; pero el dolor nos hace hombres y ya ninguno estamos solos. Alto fue el precio que pagamos: miseria y llanto de los ojos, nuestros mejores años verdes y nuestros sueños más hermosos. Porque nacimos bajo el signo del cerebro. Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso, y somos ruinas o cimientos, algo inconcreto, algo borroso: tronco cortado a ras de tierra, que nadie sabe que fue tronco. Predestinados para sabios, para teóricos, nos enseñaron muchas cosas conceptualmente. Y como a un pozo de agua estancada y silenciosa, fuimos echando piedras, lodo, trozos inútiles de muerte, mármoles rotos. Ahora no vemos sobre el agua El paisaje que se alza en torno. Predestinados para sabios, para teóricos, conoceríamos la vida sólo a través del microscopio, y nuestro amigo, nuestro hermano, serían entes, microcosmos, nombres velados, sin sentido, abstracciones… Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso. Se desbordó un día la vida, nos tornó locos, y les pusimos a las cosas nuevos nombres. Y el vino rojo de la sangre, y el agua pálida del llanto, el sol majestuoso del mediodía de verano fueron más que simples fenómenos, abstracciones, malabarismos de los teóricos. Éramos hombres, y el de enfrente, aquel que hablaba con nosotros, de su tiempo, de nuestro tiempo, no era un ente ni un microcosmos. El que sufría, el que gritaba o lloraba por estar solo; el que durmió sobre la hierba las noches húmedas de otoño a nuestro lado, alma con alma, hombro con hombro, aquél, cegado por la tierra que nos echaban a los ojos; aquél que anduvo por los campos solitario, pisando odios, era un hombre de carne y hueso como nosotros. … Es extraño. Noches y días se suceden. Seguimos solos como unos árboles raquíticos en la cima de un monte. Pozos semicegados. (Pero el agua, invisible para los ojos, como una remota esperanza suena en el fondo.) Es triste alzarse de uno mismo, poner los ojos en el rostro de los hombres que han de venir tras de nosotros, que no sabrán que entre los árboles, sobre la hierba, en el mar hondo, en las ciudades, en las cumbres, hemos cantado, temblorosos por la alegría de estar vivos. Así pasamos, como un soplo de brisa azul sobre la piedra. Sin dejar rastro, como el oro de las hojas, cuando coronan la frente grave del otoño… Porque no queda ni una sola rosa plantada por nosotros.
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Es que soy tonta, tal vez inculta o seguramente las dos. Es que no se leer! He leído todos los poemas por Nicanor, Galeano y Neruda también. Más nunca imagine, que su poesía comenzaba con la primera letra de mi nombre y terminaba con el beso que nunca me dio! Es que no se leer! No sabía que su poesía era para mí, yo nunca he sido poema, verso o rima. De versos y prosas lo único que sé, es que son inspirados por musas que son virtuosas, las que provocan pasión desmedida y cuyos cuerpos no han sido marcados por la vida! Como me iba imaginar; que mi decolorada naturaleza mi coraza que intimida, mis espinas por la vida, mis ojos nublados y alma fría un poema inspiraría? Es que soy tonta, tal vez inculta, probablemente las dos ……no se leer! Y aunque he leído todos los poemas de Nicanor, Galeano y Neruda también; como suponer que su almohada hablaba con la mía, cuando su tinta poesía escribía? No supe que su poesía terminaba con suspiros en alba y el beso que nunca me dio. Ahora….. él le escribe a la misma soledad, que nos alberga a los dos! LeydisProse 2/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 10:31 AM UTC
Inculta
Cerré los ojos por un instante, los cerré para desconectarme, para centralizarme. Por si un suspiro quisiera invadirme, nutrir mi estancia espiritual, por si pudiese empaparme de conocimiento y como funciona el mundo de las almas. Cerré los ojos para sentir mis olas, esos pleamares de mi vida a veces tan altas, a veces descienden, pero tan parte del esquema de mi piélago. Cerré mis ojos para sentir la tierra, por si todavía podía percibir si ella era húmeda, o si era seca. Cerré los ojos para soñar, para ver un futuro después de esta realidad. por si el horizonte todavía hablaba con el cielo, o, si necesitaban esa línea intermediaria para llegar a un acuerdo. Los cerré, porque quería palpitar la libertad, por si venteaba a la fragancia que tiene la cinco de la mañana, ese olor de opacidad que voluntariamente cede su potestad a la posibilidad de unos rayos que iluminan, o la bruma de un día entre lluvias de amargura. Quería saber si la libertad huele igual a la dependencia, Si huele el silencio al estimulante bullicio, ese olor a sueños, a colofones, o la impúdica resignación que nada cambia. Cerré los ojos porque sentí un diluvio queriéndose desguazar sobre mi cara, porque quería entender todo, mas no entendía nada. LeydisProse 1/26/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jan 26, 2018
Jan 26, 2018 at 8:24 PM UTC
Cerré los ojos
Ya desde Singapur olía a opio. El buen inglés sabía lo que hacía. En Ginebra tronaba contra los mercaderes clandestinos y en las Colonias cada puerto echaba un tufo de humo autorizado con numero oficia! y licencia jugosa. El gentleman oficial de Londres vestido de impecable ruiseñor (con pantalón rayado y almidón de armadura) trinaba contra el vendedor de sombras, pero aquí en el Oriente se desenmascaraba y vendía el letargo en cada esquina. Quise saber. Entré. Cada tarima tenía su yacente, nadie hablaba, nadie reía, creí que fumaban en silencio, Pero chasqueaba junto a mí la pipa al cruzarse la llama con la aguja y en esa aspiración de la tibieza con el humo lechoso entraba al hombre una estática dicha, alguna puerta lejos se abría hacia un vacío suculento: era el opio la flor de la pereza, el goce inmóvil, la pura actividad sin movimiento. Todo era puro o parecía puro, todo en aceite y gozne resbalaba hasta llegar a ser sólo existencia, no ardía nada, ni lloraba nadie, no había espacio para los tormentos y no había carbón para la cólera. Miré: pobres caídos, peones, coolies de ricksha o plantación, desmedrados trotantes, perros de calle, pobres maltratados. Aquí, después de heridos, después de ser no seres sino pies, después de no ser hombres sino brutos de carga, después de andar y andar y sudar y sudar y sudar sangre y ya no tener alma, aquí estaban ahora, solitarios, tendidos, los yacentes por fin, los pata dura: cada uno con hambre había comprado un oscuro derecho a la delicia, y bajo la corola del letargo, sueño o mentira, dicha o muerte, estaban por fin en el reposo que busca toda vida, respetados, por fin, en una estrella.
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El opio en el este
Ya desde Singapur olía a opio. El buen inglés sabía lo que hacía. En Ginebra tronaba contra los mercaderes clandestinos y en las Colonias cada puerto echaba un tufo de humo autorizado con numero oficia! y licencia jugosa. El gentleman oficial de Londres vestido de impecable ruiseñor (con pantalón rayado y almidón de armadura) trinaba contra el vendedor de sombras, pero aquí en el Oriente se desenmascaraba y vendía el letargo en cada esquina. Quise saber. Entré. Cada tarima tenía su yacente, nadie hablaba, nadie reía, creí que fumaban en silencio, Pero chasqueaba junto a mí la pipa al cruzarse la llama con la aguja y en esa aspiración de la tibieza con el humo lechoso entraba al hombre una estática dicha, alguna puerta lejos se abría hacia un vacío suculento: era el opio la flor de la pereza, el goce inmóvil, la pura actividad sin movimiento. Todo era puro o parecía puro, todo en aceite y gozne resbalaba hasta llegar a ser sólo existencia, no ardía nada, ni lloraba nadie, no había espacio para los tormentos y no había carbón para la cólera. Miré: pobres caídos, peones, coolies de ricksha o plantación, desmedrados trotantes, perros de calle, pobres maltratados. Aquí, después de heridos, después de ser no seres sino pies, después de no ser hombres sino brutos de carga, después de andar y andar y sudar y sudar y sudar sangre y ya no tener alma, aquí estaban ahora, solitarios, tendidos, los yacentes por fin, los pata dura: cada uno con hambre había comprado un oscuro derecho a la delicia, y bajo la corola del letargo, sueño o mentira, dicha o muerte, estaban por fin en el reposo que busca toda vida, respetados, por fin, en una estrella.
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Tenía la tristeza del cielo en el otoño, La tristeza de un rayo de luna sobre el mar; Lo raro y misterioso que al corazón ****** Y de un ensueño casto la dulce vaguedad. Su palidez hablaba de anhelos imposibles, -Estrellas apagadas en un lejano azul-, De anhelos imposibles en días de esperanza, Cuando se habría al cielo, cual flor, su juventud. Copo de nieve, copo que cruza las tinieblas, Intacto, así la vida cruzó su corazón. Selló un misterio siempre su alma. Y sólo un beso, El beso del Ensueño, su labio conoció. De sueños de pureza formó su virgen alma, -Enamorada eterna de un místico ideal- De sueños de pureza... cual ramo de albas flores, Cual ramo que debía morir en un altar.
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In memoriam...
mientras el dictador o burócrata de turno hablaba en defensa del desorden constituido del régimen él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro entre una piedra y un fulgor de otoño afuera seguía la lucha de clases/el capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/ la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando la noche/él tomó el endecasílabo y con mano hábil lo abrió en dos cargando de un lado más belleza y más belleza del otro/cerró el endecasílabo/puso el dedo en la palabra inicial/apretó la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió la lucha de clases/el capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando la noche este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta ahora a ningún dictador o burócrata aunque sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata/y también explica que un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor de otoño o del encuentro entre la lluvia y un barco y de otros encuentros que nadie sabría predecir/o sea los nacimientos/ casamientos/ los disparos de la belleza incesante
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Hechos
Francisco encaminábase a Perusa y así le hablaba al compañero:                                               «Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, los nombres de los astros Todos supiera; y la virtud oculta Lograra descubrir, con don arcano, De las piedras, los árboles y el agua; y entendiera el idioma de los pájaros, Lo que hablan los insectos y las fieras y las greyes que pastan en los prados, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, las lenguas que se hablaron y se hablan en el mundo comprendiera; Si la ciencia que guardan los Sagrados Libros su mente atesorar lograra, y pudiera leer lo que los Santos y los ángeles piensan en el Cielo, y pudiera leer todo lo arcano, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, pudiera al solo tacto De las manos curar a los leprosos; y sanara a los cojos y los mancos, y a los ciegos la vista les volviera; y si, la Ley Divina predicando, Ablandara los duros corazones Que viven en la sombra del pecado, y a los infieles convirtiera a Cristo, Que a todos abre los amantes brazos, Sabe que en eso no hay dicha completa». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si turba Hostil surgiera y nos cerrara el paso Cuando a Perusa entremos, y de pronto Hiciera de nosotros vil escarnio; Luego nos arrancara las capuchas, A los sayales nos lanzara fango, Y después, bajo piedras y garrotes En el arroyo exánimes quedáramos, Tan sólo en eso habrá completa dicha». Así decía, y se detuvo el Santo En mitad de la cumbre. Desde el Catria El sol iluminaba el hondo espacio. El rumor del torrente no se oía, Ni de las aves en el bosque el canto. Y para Fray *** aquel silencio Fue una pregunta en la quietud del campo; y tranquilo y humilde, hacia el Maestro Alzó los ojos y le dijo: «¡Vamos!»
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Perfectum gaudium
Francisco encaminábase a Perusa y así le hablaba al compañero:                                               «Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, los nombres de los astros Todos supiera; y la virtud oculta Lograra descubrir, con don arcano, De las piedras, los árboles y el agua; y entendiera el idioma de los pájaros, Lo que hablan los insectos y las fieras y las greyes que pastan en los prados, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, las lenguas que se hablaron y se hablan en el mundo comprendiera; Si la ciencia que guardan los Sagrados Libros su mente atesorar lograra, y pudiera leer lo que los Santos y los ángeles piensan en el Cielo, y pudiera leer todo lo arcano, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, pudiera al solo tacto De las manos curar a los leprosos; y sanara a los cojos y los mancos, y a los ciegos la vista les volviera; y si, la Ley Divina predicando, Ablandara los duros corazones Que viven en la sombra del pecado, y a los infieles convirtiera a Cristo, Que a todos abre los amantes brazos, Sabe que en eso no hay dicha completa». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si turba Hostil surgiera y nos cerrara el paso Cuando a Perusa entremos, y de pronto Hiciera de nosotros vil escarnio; Luego nos arrancara las capuchas, A los sayales nos lanzara fango, Y después, bajo piedras y garrotes En el arroyo exánimes quedáramos, Tan sólo en eso habrá completa dicha». Así decía, y se detuvo el Santo En mitad de la cumbre. Desde el Catria El sol iluminaba el hondo espacio. El rumor del torrente no se oía, Ni de las aves en el bosque el canto. Y para Fray *** aquel silencio Fue una pregunta en la quietud del campo; y tranquilo y humilde, hacia el Maestro Alzó los ojos y le dijo: «¡Vamos!»
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Misterioso y silencioso iba una y otra vez. Su mirada era tan profunda que apenas se podía ver. Cuando hablaba tenía un dejo de timidez y de altivez. Y la luz de sus pensamientos casi siempre se veía arder. Era luminoso y profundo como era hombre de buena fe. Fuera pastor de mil leones y de corderos a la vez. Conduciría tempestades o traería un panal de miel. Las maravillas de la vida y del amor y del placer, cantaba en versos profundos cuyo secreto era de él. Montado en un raro Pegaso, un día al imposible se fue. Ruego por Antonio a mis dioses, ellos le salven siempre. Amén.
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Oración por antonio machado
Al que extraño es al viejo *** del zoo, siempre tomábamos café en el Bois de Boulogne, me contaba sus aventuras en Rhodesia del Sur pero mentía, era evidente que nunca se había movido del Sahara. De todos modos me encantaba su elegancia, su manera de encogerse de hombros ante las pequeñeces de la vida, miraba a los franceses por la ventana del café y decía «los idiotas hacen hijos». Los dos o tres cazadores ingleses que se había comido le provocaban malos recuerdos y aún melancolía, «las cosas que uno hace para vivir» reflexionaba mirándose la melena en el espejo del café. Sí, lo extraño mucho, nunca pagaba la consumición, pero indicaba la propina a dejar y los mozos lo saludaban con especial deferencia. Nos despedíamos a la orilla del crepúsculo, él regresaba a son bureau, como decía, no sin antes advertirme con una pata en mi hombro «ten cuidado, hijo mío, con el París nocturno». Lo extraño mucho verdaderamente, sus ojos se llenaban a veces de desierto pero sabía callar como un hermano cuando emocionado, emocionado, yo le hablaba de Carlitos Gardel.
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Anclao en parís
Cortina de los pilares es la enredadera verde. ¡Cuál se amontonan pesares cuando la ilusión se pierde! ¿Ya olvidaste la canción que decía penas hondas? De un violín el grato son se oía bajo las frondas. Suspendida del alar lucía mata de flores. ¿Ya olvidaste aquel cantar, cantar de viejos amores? De noche en el corredor te hablaba siempre en voz baja. ¡Cómo murió nuestro amor! ¡Qué triste la noche baja! Por el patio van las hojas... en sombras está el salón... ¡Qué tristes son las congojas de un herido corazón!
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En el silencio
Que era la placentera idolizacion de simbolos y escritura, en los años atras, se hablaba menos ferozmente. Y el movimiento se hizo mas adentro y en esa tuvieron que montar un simbolo de sorpresa, ayunando lo hicieron todos los dias.
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Oct 29, 2021
Oct 29, 2021 at 1:08 AM UTC
diaz