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"habitaciones" poems
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer un agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
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Agua ******
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer un agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
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Los animales fueron imperfectos, largos de cola, tristes de cabeza. Poco a poco se fueron componiendo, haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo. El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere. El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un *** desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro. No hay unidad como él, no tienen la luna ni la flor tal contextura: es una sola cosa como el sol o el topacio, y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave. Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche. Oh pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo de las tejas eróticas, el viento del amor en la intemperie reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo, oliendo, desconfiando de todo lo terrestre, porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato. Oh fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche, perezoso, gimnástico y ajeno, profundísimo gato, policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo, seguramente no hay enigma en tu manera, tal vez no eres misterio, todo el mundo te sabe y perteneces al habitante menos misterioso, tal vez todos lo creen, todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas, discípulos o amigos de su gato. Yo no. Yo no suscribo. Yo no conozco al gato. Todo lo sé, la vida y su archipiélago el mar y la ciudad incalculable, la botánica, el gineceo con sus extravíos, el por y el menos de la matemática, los embudos volcánicos del mundo, la cáscara irreal del cocodrilo, la bondad ignorada del bombero, el atavismo azul del sacerdote, pero no puedo descifrar un gato. Mi razón resbaló en su indiferencia, sus ojos tienen números de oro.
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Oda al gato
Los animales fueron imperfectos, largos de cola, tristes de cabeza. Poco a poco se fueron componiendo, haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo. El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere. El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un *** desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro. No hay unidad como él, no tienen la luna ni la flor tal contextura: es una sola cosa como el sol o el topacio, y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave. Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche. Oh pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo de las tejas eróticas, el viento del amor en la intemperie reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo, oliendo, desconfiando de todo lo terrestre, porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato. Oh fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche, perezoso, gimnástico y ajeno, profundísimo gato, policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo, seguramente no hay enigma en tu manera, tal vez no eres misterio, todo el mundo te sabe y perteneces al habitante menos misterioso, tal vez todos lo creen, todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas, discípulos o amigos de su gato. Yo no. Yo no suscribo. Yo no conozco al gato. Todo lo sé, la vida y su archipiélago el mar y la ciudad incalculable, la botánica, el gineceo con sus extravíos, el por y el menos de la matemática, los embudos volcánicos del mundo, la cáscara irreal del cocodrilo, la bondad ignorada del bombero, el atavismo azul del sacerdote, pero no puedo descifrar un gato. Mi razón resbaló en su indiferencia, sus ojos tienen números de oro.
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Del centro puro que los ruidos nunca atravesaron, de la intacta cera, salen claros relámpagos lineales, palomas con destino de volutas, hacia tardías calles con olor a sombra y a pescado. Son las venas del apio! Son la espuma, la risa, los sombreros del apio! Son los signos del apio, su sabor de luciérnaga, sus mapas de color inundado, y cae su cabeza de ángel verde, y sus delgados rizos se acongojan, y entran los pies del apio en los mercados de la mañana herida, entre sollozos, y se cierran las puertas a su paso. y los dulces caballos se arrodillan. Sus pies cortados van, sus ojos verdes van derramados, para siempre hundidos en ellos los secretos y las gotas: los túneles del mar de donde emergen, las escaleras que el apio aconseja, las desdichadas sombras sumergidas, las determinaciones en el centro del aire, los besos en el fondo de las piedras. A medianoche, con manos mojadas, alguien golpea mi puerta en la niebla, y oigo la voz del apio, voz profunda, áspera voz de viento encarcelado, se queja herido de aguas y raíces, hunde en mi cama sus amargos rayos, y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho buscándome la boca del corazón ahogado. Qué quieres, huésped de corsé quebradizo, en mis habitaciones funerales? Qué ámbito destrozado te rodea? Fibras de oscuridad y luz llorando, ribetes ciegos, energías crespas, río de vida y hebras esenciales, verdes ramas de sol acariciado, aquí estoy, en la noche, escuchando secretos, desvelos, soledades, y entráis, en medio de la niebla hundida, hasta crecer en mí, hasta comunicarme la luz oscura y la rosa de la tierra.
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Apogeo del apio
Del centro puro que los ruidos nunca atravesaron, de la intacta cera, salen claros relámpagos lineales, palomas con destino de volutas, hacia tardías calles con olor a sombra y a pescado. Son las venas del apio! Son la espuma, la risa, los sombreros del apio! Son los signos del apio, su sabor de luciérnaga, sus mapas de color inundado, y cae su cabeza de ángel verde, y sus delgados rizos se acongojan, y entran los pies del apio en los mercados de la mañana herida, entre sollozos, y se cierran las puertas a su paso. y los dulces caballos se arrodillan. Sus pies cortados van, sus ojos verdes van derramados, para siempre hundidos en ellos los secretos y las gotas: los túneles del mar de donde emergen, las escaleras que el apio aconseja, las desdichadas sombras sumergidas, las determinaciones en el centro del aire, los besos en el fondo de las piedras. A medianoche, con manos mojadas, alguien golpea mi puerta en la niebla, y oigo la voz del apio, voz profunda, áspera voz de viento encarcelado, se queja herido de aguas y raíces, hunde en mi cama sus amargos rayos, y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho buscándome la boca del corazón ahogado. Qué quieres, huésped de corsé quebradizo, en mis habitaciones funerales? Qué ámbito destrozado te rodea? Fibras de oscuridad y luz llorando, ribetes ciegos, energías crespas, río de vida y hebras esenciales, verdes ramas de sol acariciado, aquí estoy, en la noche, escuchando secretos, desvelos, soledades, y entráis, en medio de la niebla hundida, hasta crecer en mí, hasta comunicarme la luz oscura y la rosa de la tierra.
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Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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Enfermedades en mi casa
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Un racimo de flores le da vida a la mesa en la que reposa. El silencio es un fantasma que posee la casa. Y han tocado le puerta. Me sonríe. Se invita a pasar. Se invita a quedar. Los colores de las flores bailan alrededor de mí. El silencio se ha marchado. El sol es más brillante. El sol entra por todos lados. El sol es más alegre. El sol ha llegado. Se invita a marchar. Los cristales se quiebran. El viento destruye. La casa se inunda. El sol se ha ido. Los colores están exhaustos. Se han detenido a descansar. Y yo. Yo tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Y han tocado la puerta. O tal vez yo he tocado la puerta. Me sonríe. Le invito a pasar. Habla el idioma de una tierra lejana. Los colores han aprendido una nueva coreografía. Les he dicho que se detengan, pero están entusiasmados. Corren. Juegan. Bailan. Es primavera. El sol brilla. El sol sonríe. El sol ha regresado. El verde olivo se une a la danza de los colores. Se invita a marchar. O tal vez yo lo hice. La luz prepara su discurso de despedida. La brisa se vuelve huracán. Las ventanas colapsan. Las cortinas se sacuden. La casa se inunda. Tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. El silencio regresa como si hubiese sido invocado. Recorre las habitaciones. Escucho la ausencia del sonido subir las escaleras. No sé qué busca. Le invito a pasar las tardes y las noches conmigo. En la calidez del momento. Y han tocado la puerta. Esta vez sin respuesta.
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Sep 19, 2020
Sep 19, 2020 at 2:16 PM UTC
Han Tocado La Puerta
En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Un racimo de flores le da vida a la mesa en la que reposa. El silencio es un fantasma que posee la casa. Y han tocado le puerta. Me sonríe. Se invita a pasar. Se invita a quedar. Los colores de las flores bailan alrededor de mí. El silencio se ha marchado. El sol es más brillante. El sol entra por todos lados. El sol es más alegre. El sol ha llegado. Se invita a marchar. Los cristales se quiebran. El viento destruye. La casa se inunda. El sol se ha ido. Los colores están exhaustos. Se han detenido a descansar. Y yo. Yo tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Y han tocado la puerta. O tal vez yo he tocado la puerta. Me sonríe. Le invito a pasar. Habla el idioma de una tierra lejana. Los colores han aprendido una nueva coreografía. Les he dicho que se detengan, pero están entusiasmados. Corren. Juegan. Bailan. Es primavera. El sol brilla. El sol sonríe. El sol ha regresado. El verde olivo se une a la danza de los colores. Se invita a marchar. O tal vez yo lo hice. La luz prepara su discurso de despedida. La brisa se vuelve huracán. Las ventanas colapsan. Las cortinas se sacuden. La casa se inunda. Tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. El silencio regresa como si hubiese sido invocado. Recorre las habitaciones. Escucho la ausencia del sonido subir las escaleras. No sé qué busca. Le invito a pasar las tardes y las noches conmigo. En la calidez del momento. Y han tocado la puerta. Esta vez sin respuesta.
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