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"grabados" poems
Lo que siento por ti es algo demente Me mantiene despierta en las noches, no logro encontrarme en mi propia mente Mi sangre es caliente como el motor de los coches Tu beso es mi café del día Admiro tu piel suave y bronceada Dices que mis obras son una maravilla Tus greñas en mi oreja me causan una carcajada Meterme en problemas ya es una costumbre contigo Entiende que todo tiene un significado Piérdete en el sendero conmigo Ya ni sé cuántas veces he pecado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre pedir y conseguir Tus ausencias me han enseñado a llorar Y con los años te he dejado ir Tus recuerdos se quedaron grabados en mi ser Duele ver las fotos Y te he dejado de querer Ahora todo lo veo como uno de mis grandes sucesos tontos Meterme en problemas ya es una costumbre conmigo Entiende que todo ha cambiada Al amor ya no le veo sentido Y no me arrepiento de haberte dejado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre perder y dejar ir Tus ausencias me han enseñado a avanzar Y con los años he vuelto a sonreír Lo mejor que uno puede hacer es ser feliz Probando nuevas bocas Ahora te desvaneces como el anís Con mi presencia ya no te enfocas Las horas me enseñaron a ser fuerte Ya no me hace falta de tu calor He aprendido a detenerte Y ya ni siento ningún dolor Meterme en problemas, eso ya no lo persigo Entiendo que el camino está cerrado El amor ya no le visto Y no me arrepiento de haber progresado Mis pensamientos hacia ti ya no los puedo imaginar He aprendido la diferencia de ser feliz y consumir Tus ausencias me han enseñado a superar Y con los años dejé de sentir En fin, con esto te agradezco por darme una lección Te puede traicionar la persona que más amas Pero es tu decisión si quieres que sea tu nueva adicción No tengas tus expectativas altas - Andrea Serment Ch.
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Feb 20, 2017
Feb 20, 2017 at 8:43 PM UTC
Desvaneces lentamente
Lo que siento por ti es algo demente Me mantiene despierta en las noches, no logro encontrarme en mi propia mente Mi sangre es caliente como el motor de los coches Tu beso es mi café del día Admiro tu piel suave y bronceada Dices que mis obras son una maravilla Tus greñas en mi oreja me causan una carcajada Meterme en problemas ya es una costumbre contigo Entiende que todo tiene un significado Piérdete en el sendero conmigo Ya ni sé cuántas veces he pecado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre pedir y conseguir Tus ausencias me han enseñado a llorar Y con los años te he dejado ir Tus recuerdos se quedaron grabados en mi ser Duele ver las fotos Y te he dejado de querer Ahora todo lo veo como uno de mis grandes sucesos tontos Meterme en problemas ya es una costumbre conmigo Entiende que todo ha cambiada Al amor ya no le veo sentido Y no me arrepiento de haberte dejado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre perder y dejar ir Tus ausencias me han enseñado a avanzar Y con los años he vuelto a sonreír Lo mejor que uno puede hacer es ser feliz Probando nuevas bocas Ahora te desvaneces como el anís Con mi presencia ya no te enfocas Las horas me enseñaron a ser fuerte Ya no me hace falta de tu calor He aprendido a detenerte Y ya ni siento ningún dolor Meterme en problemas, eso ya no lo persigo Entiendo que el camino está cerrado El amor ya no le visto Y no me arrepiento de haber progresado Mis pensamientos hacia ti ya no los puedo imaginar He aprendido la diferencia de ser feliz y consumir Tus ausencias me han enseñado a superar Y con los años dejé de sentir En fin, con esto te agradezco por darme una lección Te puede traicionar la persona que más amas Pero es tu decisión si quieres que sea tu nueva adicción No tengas tus expectativas altas - Andrea Serment Ch.
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¡Ahí pasa! ¡llamadla! ¡es su costado! ¡Ahí pasa la muerte por Irún: sus pasos de acordeón, su palabrota, su metro del tejido que te dije, su gramo de aquel peso que he callado... ¡si son ellos! ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome en los rifles, como que sabe bien dónde la venzo, cuál es mi maña grande, mis leyes especiosas, mis códigos terribles. ¡Llamadla! Ella camina exactamente como un hombre, entre las fieras, se apoya de aquel brazo que se enlaza a nuestros pies cuando dormimos en los parapetos y se pára a las puertas elásticas del sueño. ¡Gritó! ¡Gritó! ¡Gritó su grito nato, sensorial! Gritara de vergüenza, de ver cómo ha caído entre las plantas, de ver cómo se aleja de las bestias, de oír cómo decimos: ¡Es la muerte! ¡De herir nuestros más grandes intereses! (Porque elabora su higado la gota que te dije, camarada; porque se come el alma del vecino). ¡Llamadla! Hay que seguirla hasta el pie de los tanques enemigos, que la muerte es un ser sido a la fuerza, cuyo principio y fin llevo grabados a la cabeza de mis ilusiones, por mucho que ella corra el peligro corriente que tú sabes y que haga como que hace que me ignora. ¡Llamadla! No es un ser, muerte violenta, sino, apenas, lacónico suceso; más bien su modo tira, cuando ataca, tira a tumulto simple, sin órbitas ni cánticos de dicha; más bien tira su tiempo audaz, a céntimo impreciso y sus sordos quilates, a déspotas aplausos. Llamadla, que en llamándola con saña, con figuras, Se la ayuda a arrastrar sus tres rodillas, como,  a veces, a veces, duelen, punzan fracciones enigmáticas, globales, como, a veces, me palpo y no me siento. ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome, con su coñac, su pómulo moral, sus pasos de acordeón, su palabrota. ¡Llamadla! No hay que perderle el hilo en que la lloro. De su olor para arriba, ¡ay de mi polvo, camarada! De su pus para arriba, ¡ay de férula, teniente! De su imán para abajo, ¡ay de mi tumba!
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¡Ahí pasa! ¡llamadla! ¡es su costado! ¡Ahí pasa la muerte por Irún: sus pasos de acordeón, su palabrota, su metro del tejido que te dije, su gramo de aquel peso que he callado... ¡si son ellos! ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome en los rifles, como que sabe bien dónde la venzo, cuál es mi maña grande, mis leyes especiosas, mis códigos terribles. ¡Llamadla! Ella camina exactamente como un hombre, entre las fieras, se apoya de aquel brazo que se enlaza a nuestros pies cuando dormimos en los parapetos y se pára a las puertas elásticas del sueño. ¡Gritó! ¡Gritó! ¡Gritó su grito nato, sensorial! Gritara de vergüenza, de ver cómo ha caído entre las plantas, de ver cómo se aleja de las bestias, de oír cómo decimos: ¡Es la muerte! ¡De herir nuestros más grandes intereses! (Porque elabora su higado la gota que te dije, camarada; porque se come el alma del vecino). ¡Llamadla! Hay que seguirla hasta el pie de los tanques enemigos, que la muerte es un ser sido a la fuerza, cuyo principio y fin llevo grabados a la cabeza de mis ilusiones, por mucho que ella corra el peligro corriente que tú sabes y que haga como que hace que me ignora. ¡Llamadla! No es un ser, muerte violenta, sino, apenas, lacónico suceso; más bien su modo tira, cuando ataca, tira a tumulto simple, sin órbitas ni cánticos de dicha; más bien tira su tiempo audaz, a céntimo impreciso y sus sordos quilates, a déspotas aplausos. Llamadla, que en llamándola con saña, con figuras, Se la ayuda a arrastrar sus tres rodillas, como,  a veces, a veces, duelen, punzan fracciones enigmáticas, globales, como, a veces, me palpo y no me siento. ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome, con su coñac, su pómulo moral, sus pasos de acordeón, su palabrota. ¡Llamadla! No hay que perderle el hilo en que la lloro. De su olor para arriba, ¡ay de mi polvo, camarada! De su pus para arriba, ¡ay de férula, teniente! De su imán para abajo, ¡ay de mi tumba!
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