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"gonzalo" poems
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Soneto (no tan) arbitrario
En «la cuaderna vía» del maestro Berceo Voy a cantar tus ojos de los míos recreo, Ojos grandes, hermosos, y de áureo centelleo, Y azules cual soñados por místico deseo. Por sus «cuadernas vías» «en román paladino», Y por sus rudas rimas en verso alejandrino, Versos que fueron siempre «versos a lo divino», El Maestro pedía «un vaso de bon vino». Ojos que compasivos son para todo duelo, Ojos donde las almas posan su errante vuelo, Así como el marino dijo: ¡Tierra! en su anhelo, Cuando dulces me miran yo siempre digo: ¡Cielo! «Un vaso de bon vino» don Gonzalo pedía, Poco en verdad. Yo en cambio de mi «cuaderna vía» Demandaré a tus ojos una mirada pía, Y a tu rosada boca que dulce me sonría. «En el nome del Padre que fizo toda cosa» Os bendigo ¡ojos bellos! y a ti, ¡la niña hermosa! Que el fulgor que ya viene ¡sea estrella radiosa! Y el botón que sé abre ¡que se convierta en rosa!
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Madrigal en cuaderna vía
El estandarte ved que en Ceriñola el gran Gonzalo desplegó triunfante, la noble enseña ilustre y española que al indio domeñó y al mar de Atlante; regio pendón que al aire se tremola, don de CRISTINA, enseña relumbrante, verla podremos en la lid reñida rasgada sí, pero jamás vencida.
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Octava real
Ya cabalga Diego Ordóñez,   ya del real había salido, armado de piezas dobles,   sobre un caballo morcillo; va a retar a los zamoranos,   por muerte del rey su primo. Vido estar a Arias Gonzalo   en el muro del castillo; allí detuvo el caballo,   levantóse en los estribos: -¡Yo os reto, los zamoranos,   por traidores fementidos! ¡Reto a mancebos y viejos,   reto a mujeres y niños, reto también a los muertos   y a los que aún no son nacidos; reto la tierra que moran,   reto yerbas, panes, vinos, desde las hojas del monte   hasta las piedras del río, pues fuisteis en la traición   del alevoso Vellido! Respondióle Arias Gonzalo,   como viejo comedido: -Si yo fuera cual tú dices,   no debiera ser nacido. Bien hablas como valiente,   pero no como entendido. ¿Qué culpa tienen los muertos   en lo que hacen los vivos? Y en lo que los hombres hacen,   ¿qué culpa tienen los niños? Dejéis en paz a los muertos,   sacad del reto a los niños, y por todo lo demás   yo habré de lidiar contigo. Más bien sabes que en España   antigua costumbre ha sido que hombre que reta a concejo   haya de lidiar con cinco, y si uno de ellos le vence,   el concejo queda quito.  Don Diego cuando esto oyera   algo fuera arrepentido; mas sin mostrar cobardía,   dijo: -Afírmome a lo dicho.
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Romance xvii con el reto de diego ordóñez
¡Rey don Sancho, rey don Sancho,   ya que te apuntan las barbas, quien te las vido nacer   no te las verá logradas!       Don Fernando apenas muerto,    Sancho a Zamora cercaba, de un cabo la cerca el rey,   del otro el Cid la apremiaba. Del cabo que el rey la cerca   Zamora no se da nada; del cabo que el Cid la aqueja   Zamora ya se tomaba; corren las aguas del Duero   tintas en sangre cristiana. Habló el viejo Arias Gonzalo,   el ayo de doña Urraca: -Vámonos, hija, a los moros   dejad a Zamora salva, pues vuestro hermano y el Cid   tan mal os desheredaban.       Doña Urraca en tanta cuita   se asomaba a la muralla, y desde una torre mocha   el campo del Cid miraba.
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Romance xii de doña urraca, cercada en zamora
Por aquel postigo viejo que nunca fuera cerrado vi venir pendón bermejo con trescientos de caballo, en medio de los trescientos viene un monumento armado, y dentro del monumento viene un cuerpo de un finado Fernán d'Arias ha por nombre, fijo de Arias Gonzalo. Llorábanle cien doncellas, todas ciento hijasdalgo; todas eran sus parientas en tercero y cuarto grado, las unas le dicen primo, otras le llaman hermano, las otras decían tío otras lo llaman cuñado. Sobre todas lo lloraba aquesa Urraca Hernando, ¡y cuán bien que la consuela ese viejo Arias Gonzalo!: -Calledes, hija, calledes, calledes, Urraca Hernando, que si un hijo me han muerto, ahí me quedaban cuatro. No murió por las tabernas ni a las tablas jugando, mas murió sobre Zamora, vuestra honra resguardando.
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Romance de fernán d'arias, hijo de arias gonzalo
A cazar va don Rodrigo,   y aun don Rodrigo de Lara: con la grande siesta que hace   arrimádose ha a una haya, maldiciendo a Mudarrillo,   hijo de la renegada, que si a las manos le hubiese,   que le sacaría el alma. El señor estando en esto,   Mudarrillo que asomaba. -Dios te salve, caballero,   debajo la verde haya. -Así haga a ti, escudero,   buena sea tu llegada. -Dígasme tú, el caballero,   ¿cómo era la tu gracia? -A mí dicen don Rodrigo,   y aun don Rodrigo de Lara, cuñado de Gonzalo Gustos,   hermano de doña Sancha; por sobrinos me los hube   los siete infantes de Salas; espero aquí a Mudarrillo,   hijo de la renegada; si delante lo tuviese,   yo le sacaría el alma. -Si a ti te dicen don Rodrigo,   y aun don Rodrigo de Lara, a mí Mudarra González,   hijo de la renegada; de Gonzalo Gustos hijo   y anado de doña Sancha; por hermanos me los hube   los siete infantes de Salas. -Tú los vendiste, traidor,   en el val de Arabiana, mas si Dios a mí me ayuda,   aquí dejarás el alma. -Espéresme, don Gonzalo,   iré a tomar las mis armas. -El espera que tú diste   a los infantes de Lara, aquí morirás, traidor,   enemigo de doña Sancha.
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La venganza de mudarra
Ya cabalga Diego Ordóñez,   del real se había salido de dobles piezas armado   y un caballo morcillo; va a reptar los zamoranos   por la muerte de su primo, que mató Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido. -Yo os riepto, los zamoranos,   por traidores fementidos, riepto a todos los muertos   y con ellos a los vivos, riepto hombres y mujeres,   los por nacer y nacidos, riepto a todos los grandes,   a los grandes y a los chicos, a las carnes y pescados   y a las aguas de los ríos. Allí habló Arias Gonzalo,   bien oiréis lo que hubo dicho: ¿Qué culpa tienen los viejos?   ¿qué culpa tienen los niños? ¿qué merecen las mujeres   y los que no son nacidos? ¿por qué rieptas a los muertos,   los ganados y los ríos? Bien sabéis vos, Diego Ordóñez,   muy bien lo tenéis sabido, que aquel que riepta a concejo   debe de lidiar con cinco. Ordóñez le respondió:   -Traidores heis todos sido.
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Romance del reto a los zamoranos
Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
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Romance xviii cuenta cómo arias gonzalo se preparaba para lidiar el reto
Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
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The apple is gone. It departed today in the wake of Gonzalo’s sting. The sting in the tail of a hurricane that should never have touched our shores. And so the symbol of tenacious life no longer bears witness to my own tenacity: my own survival in an irresolute world now seeks another yardstick on which to pin a shaky faith.
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Oct 21, 2014
Oct 21, 2014 at 12:16 PM UTC
GONZALO’S TAIL
Por aquel postigo viejo   que nunca fuera cerrado, vi venir pendón bermejo   con trescientos de caballo; en medio de los trescientos   viene un monumento armado, y dentro del monumento   viene un ataúd de palo, y dentro del ataúd   venía un cuerpo finado. Fernán d'Arias ha por nombre,   hijo de Arias Gonzalo. Llorábanle cien doncellas,   todas ciento hijasdalgo; todas eran sus parientas   en tercero y cuarto grado; las unas le dicen primo,   otras lo llaman hermano, las otras decían tío,   otras lo llaman cuñado. Sobre todas lo lloraba    aquesa Urraca Hernando, ¡y cuán bien que la consuela   ese viejo Arias Gonzalo! -¿Por qué lloráis, mis doncellas?   ¿por qué hacéis tan grande llanto? No lloréis así, señoras,   que no es para llorarlo, que si un hijo me han muerto,   ahí me quedaban cuatro. No murió por las tabernas,   ni a las tablas jugando, mas murió sobre Zamora,   vuestra honra resguardando; murió como un caballero   con sus armas peleando.
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Romance de fernán d'arias
Por aquel postigo viejo que nunca fuera cerrado vi venir seña bermeja con trescientos de caballo; un pendón traen sangriento, de ***** muy bien bordado, y en medio de los trescientos traen un cuerpo finado; Fernand Arias ha por nombre, hijo de Arias Gonzalo. A la entrada de Zamora un gran llanto es comenzado. Llorábanle cien doncellas, todas ciento hijasdalgo; sobre todas lo lloraba esa Infanta Urraca Hernando, ¡y cuán triste la consuela el buen viejo Arias Gonzalo!: -¡Callad, mi ahijada, callad, no hagades tan grande llanto; por un hijo que me han muerto, vivos me quedaban cuatro; que no murió entre las damas, ni menos tablas jugando, mas murió sobre Zamora, vuestra honra resguardando! ¡Ay de mí, viejo mezquino! ¡Quién no te hubiera criado, para verte, Fernand Arias, agora muerto en mis brazos! Ya tocaban las campanas, ya llevaban a enterrarlo allá en la iglesia mayor, junto al altar de Santiago, en una tumba muy rica, como requiere su estado.
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Romance xix del entierro de fernand arias