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"galope" poems
Inútiles palabras para la rima. Nunca De contacto supisteis para dar armonía. Cual vírgenes en duelo, vuestra belleza trunca Va triste y solitaria, sin el fulgor del día. Alma tenéis, mas siempre sois como inútil lazo, Ritmos que no se acuerdan con otros, y por eso No habéis sabido nunca lo que es calor de abrazo, Ni habéis sentido espasmos con la fruición del beso. Inútiles palabras para rimar. De oro Podréis ser, mas las otras de alianza son emblema; Y cantáis, pero siempre seréis voz en un coro; Y podréis ser engaste, pero jamás diadema. Y os veo con tristeza cuando avanza el galope Del lírico desfile por el radiante estadio. Sois asta de la lanza, no de la lanza el tope, Y sois empuñadura, pero jamás el gladio. Las otras son las gemas donde la luz tremola Y armonizan cuadrigas o multiformes galas. Vosotras vibráis siempre, mas sois una ala sola, Y el poeta requiere para volar dos alas.
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A las palabras sin rima
Sobre el vasto silencio se proyectó mi grito, sobre el silencio ilímite del firmamento hueco. Ni un eco abrió sus órbitas elásticas... ni un eco rajó sus cien gargantas roncas en lo infinito. contra el silencio incólume se aplastó mi protesta, contra el terco mutismo de la extensión plomiza. Y repetí mi grito: como única respuesta me derribó una cálida ráfaga de ceniza. Y por la estepa muda cruzó un soplo terrible difundiendo acres gérmenes de odios y de epidemias; y en la oquedad montruosa del silencio impasible trepidó un sordo y torpe galope de blasfemias. Y se hundieron de súbito las planicies desiertas barajando en un vértigo todas las perspectivas, y sobre el surco estéril de las edades muertas pasó el ala de fuego de las cóleras vivas. Y otra vez mi estentóreo grito de rebeldía, perforando el silencio, se clavó en lo infinito, y en la paz inmmutable de la tierra vacía rebotó cuatro veces el dolor de mi grito. Así el sésamo défico fulminó su eficacia sobre la oscura y áspera vegetación de obstáculos. Y una fosforecencia de convulsos tentáculos ramificó en las sombras un ademán de audacia. Y como un filo rubio, se destacó en las brumas un rígido propósito de verdades intactas, y entonces la ola inmóvil se perfumó de espumas y la brújula absurda marcó rutas exactas. Y entre las tinieblas turbias vibró un signo incoloro que agolpó en una réplica todo el dolor disperso. El silencio infinito labró un verso de oro, y mi grito rebelde fue el oro de aquel verso.
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Poema del dolor indominado
Sobre el vasto silencio se proyectó mi grito, sobre el silencio ilímite del firmamento hueco. Ni un eco abrió sus órbitas elásticas... ni un eco rajó sus cien gargantas roncas en lo infinito. contra el silencio incólume se aplastó mi protesta, contra el terco mutismo de la extensión plomiza. Y repetí mi grito: como única respuesta me derribó una cálida ráfaga de ceniza. Y por la estepa muda cruzó un soplo terrible difundiendo acres gérmenes de odios y de epidemias; y en la oquedad montruosa del silencio impasible trepidó un sordo y torpe galope de blasfemias. Y se hundieron de súbito las planicies desiertas barajando en un vértigo todas las perspectivas, y sobre el surco estéril de las edades muertas pasó el ala de fuego de las cóleras vivas. Y otra vez mi estentóreo grito de rebeldía, perforando el silencio, se clavó en lo infinito, y en la paz inmmutable de la tierra vacía rebotó cuatro veces el dolor de mi grito. Así el sésamo défico fulminó su eficacia sobre la oscura y áspera vegetación de obstáculos. Y una fosforecencia de convulsos tentáculos ramificó en las sombras un ademán de audacia. Y como un filo rubio, se destacó en las brumas un rígido propósito de verdades intactas, y entonces la ola inmóvil se perfumó de espumas y la brújula absurda marcó rutas exactas. Y entre las tinieblas turbias vibró un signo incoloro que agolpó en una réplica todo el dolor disperso. El silencio infinito labró un verso de oro, y mi grito rebelde fue el oro de aquel verso.
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Las tierras, las tierras, las tierras de España, las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, al sol y a la luna.¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!A corazón suenan, resuenan, resuenan las tierras de España, en las herraduras. Galopa, jinete del pueblo, caballo cuatralbo, caballo de espuma.¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; que es nadie la muerte si va en tu montura. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, que la tierra es tuya.¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!
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Galope
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur de ligeros paisajes dormidos en el aire, con cuerpos a la sombra de ramas como flores o huyendo en un galope de caballos furiosos. El sur es un desierto que llora mientras canta, y esa voz no se extingue como pájaro muerto; hacia el mar encamina sus deseos amargos abriendo un eco débil que vive lentamente. En el sur tan distante quiero estar confundido. La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta; su niebla misma ríe, risa blanca en el viento. Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
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Quisiera estar solo en el sur
A la sombra de los laureles Melisanda se está muriendo. Se morirá su cuerpo leve. Enterrarán su dulce cuerpo. Juntarán sus manos de nieve. Dejarán sus ojos abiertos para que alumbren a Pelleas hasta después que se haya muerto. A la sombra de los laureles Melisanda muere en silencio. Por ella llorará la fuente un llanto trémulo y eterno. Por ella orarán los cipreses arrodillados bajo el viento. Habrá galope de corceles, lunarios ladridos de perros. A la sombra de los laureles Melisanda se está muriendo. Por ella el sol en el castillo se apagará como un enfermo. Por ella morirá Pelleas cuando la lleven al entierro. Por ella vagará de noche, moribundo por los senderos. Por ella pisará las rosas, perseguirá las mariposas y dormirá en los cementerios. Por ella, por ella, por ella Pelleas, el príncipe, ha muerto.
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La muerte de melisanda
Un hijo... ¿Tú sabes, tú sientes qué es eso? Ver nacer la vida del fondo de un beso, por un inefable milagro de amor; un beso que llene la cuna vacía, y que ingenuamente nos mire y sonría, un beso hecho flor... Un hijo... ¡Un fragante, fuerte y dulce lazo! Me parece verlo sobre tu regazo palpitando ya; y miro moverse con pueril empeño las pequeñas manos de nuestro pequeño, como si quisieran sujetar el sueño 1 que llega y se va... En el agua fresca de nuestras ternuras mojará las alas de sus travesuras como una paloma que aprende a volar; y será violento, loco y peregrino, y amará igualmente la mujer y el vino, y el cielo y el mar. Con la sed amarga de la adolescencia beberá en la fuente turbia de la ciencia; y, tierno cantor, irá por el mundo, con su lira al hombro, dejando un reguero de rosas de asombro y un áureo fulgor... Cruzará al galope la árida llanura, pálido de ensueño, loco de aventura y ebrio de ideal; y, en su desvarío de viajes remotos, volverá algún día con los remos rotos, trayendo en los labios un sabor de sal. Caminante absurdo, de caminos muertos pasará su sombra sobre los desiertos, en una infinita peregrinación; y su alucinada pupila inconforme verá en su destino gravada una enorme interrogación. Pero será inútil su tenaz andanza, persiguiendo un sueño que jamás se alcanza... Y ha de ser así, pues no hallará nunca, como yo, la meta de todas sus ansias de hombre y poeta; 2 porque en las mujeres de su vida inquieta no hallará ninguna parecida a ti... Que tú eres la rosa de una sola vida, la rosa que nadie verá repetida, porque al deshojarse secará el rosal; y, como en el mundo ya no habrá esa rosa, él irá en su larga búsqueda infructuosa, en pos de una igual.
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El hijo del sueño
Un hijo... ¿Tú sabes, tú sientes qué es eso? Ver nacer la vida del fondo de un beso, por un inefable milagro de amor; un beso que llene la cuna vacía, y que ingenuamente nos mire y sonría, un beso hecho flor... Un hijo... ¡Un fragante, fuerte y dulce lazo! Me parece verlo sobre tu regazo palpitando ya; y miro moverse con pueril empeño las pequeñas manos de nuestro pequeño, como si quisieran sujetar el sueño 1 que llega y se va... En el agua fresca de nuestras ternuras mojará las alas de sus travesuras como una paloma que aprende a volar; y será violento, loco y peregrino, y amará igualmente la mujer y el vino, y el cielo y el mar. Con la sed amarga de la adolescencia beberá en la fuente turbia de la ciencia; y, tierno cantor, irá por el mundo, con su lira al hombro, dejando un reguero de rosas de asombro y un áureo fulgor... Cruzará al galope la árida llanura, pálido de ensueño, loco de aventura y ebrio de ideal; y, en su desvarío de viajes remotos, volverá algún día con los remos rotos, trayendo en los labios un sabor de sal. Caminante absurdo, de caminos muertos pasará su sombra sobre los desiertos, en una infinita peregrinación; y su alucinada pupila inconforme verá en su destino gravada una enorme interrogación. Pero será inútil su tenaz andanza, persiguiendo un sueño que jamás se alcanza... Y ha de ser así, pues no hallará nunca, como yo, la meta de todas sus ansias de hombre y poeta; 2 porque en las mujeres de su vida inquieta no hallará ninguna parecida a ti... Que tú eres la rosa de una sola vida, la rosa que nadie verá repetida, porque al deshojarse secará el rosal; y, como en el mundo ya no habrá esa rosa, él irá en su larga búsqueda infructuosa, en pos de una igual.
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Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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Galope muerto
Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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He vuelto a media noche a mi casa, y un canto como vena de agua que solloza, me acoge... Es el músico célibe, es el solista dócil y experto, es el zenzontle que mece los cansancios seniles y la incauta ilusión con que sueñan las damitas... No cabe duda que el prisionero sabe cantar. Su lengua es como aquellas otras que el candor de los clásicos llamó lenguas arpadas. No serían los clásicos minuciosos psicólogos, pero atinaban con el mundo elemental y daban a las cosas sus nombres...                                                                   Sigo oyendo la musical tarea del zenzontle, y lo admiro por impávido y fuerte, porque no se amilana en el caos de las lóbregas vigilias, y no teme despertar a los monstruos de la noche. Su pico repasa el cuerpo de la noche, como el de una amante; el valeroso pico de este zenzontle va recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas, y la nuca, y el bozo. Súbitamente, irrumpe el arpegio animoso que reta en su guarida a todas las hostiles reservas de la amante... ¿Hay acaso otro solo poeta que, como éste, desafíe a las incógnitas potestades, y hiera con su venablo lírico el silencio despótico? Respondamos nosotros, los necios y cobardes que en la noche tememos aventurar la mano afuera de las sábanas...                                                 El zenzontle me lleva hasta los corredores del patio solariego en que había canarios, con el buche teñido con un verde inicial de lechuga, y las alas como onzas acabadas de troquelar. También había por aquellos corredores, las roncas palomas que se visten de canela y se ajustan los collares de luto... Corredores propicios en que José Manuel y Berta platicaban y en que la misma Berta, con un gentil descoco, me dijo alguna vez: «Si estos corredores como tumbas, hablaran ¡qué cosas no dirían!» Mas en estos momentos el zenzontle repite un silbo montaraz, como un pastor llamando a una pastora; y caigo en la lúgubre cuenta de que el zenzontle vive castamente, y su limpia virtud no ha de obtener un premio en Josafat. Es seguro que al pobre cantor, que da su música a la erótica letra de las lunas de miel, lo aprisionaron virgen en su monte; y me apena que ignore que la dicha de amar es un galope del corazón sin brida, por el desfiladero de la muerte. Deploro su castidad reclusa y hasta le cedería uno de mis placeres. Mas ya el sueño me vence... El zenzontle prolonga su confesión melódica frente a las potestades enemigas, y corto aquí mi panegírico para el zenzontle impávido, virgen y confesor.
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Para el zenzontle impávido
He vuelto a media noche a mi casa, y un canto como vena de agua que solloza, me acoge... Es el músico célibe, es el solista dócil y experto, es el zenzontle que mece los cansancios seniles y la incauta ilusión con que sueñan las damitas... No cabe duda que el prisionero sabe cantar. Su lengua es como aquellas otras que el candor de los clásicos llamó lenguas arpadas. No serían los clásicos minuciosos psicólogos, pero atinaban con el mundo elemental y daban a las cosas sus nombres...                                                                   Sigo oyendo la musical tarea del zenzontle, y lo admiro por impávido y fuerte, porque no se amilana en el caos de las lóbregas vigilias, y no teme despertar a los monstruos de la noche. Su pico repasa el cuerpo de la noche, como el de una amante; el valeroso pico de este zenzontle va recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas, y la nuca, y el bozo. Súbitamente, irrumpe el arpegio animoso que reta en su guarida a todas las hostiles reservas de la amante... ¿Hay acaso otro solo poeta que, como éste, desafíe a las incógnitas potestades, y hiera con su venablo lírico el silencio despótico? Respondamos nosotros, los necios y cobardes que en la noche tememos aventurar la mano afuera de las sábanas...                                                 El zenzontle me lleva hasta los corredores del patio solariego en que había canarios, con el buche teñido con un verde inicial de lechuga, y las alas como onzas acabadas de troquelar. También había por aquellos corredores, las roncas palomas que se visten de canela y se ajustan los collares de luto... Corredores propicios en que José Manuel y Berta platicaban y en que la misma Berta, con un gentil descoco, me dijo alguna vez: «Si estos corredores como tumbas, hablaran ¡qué cosas no dirían!» Mas en estos momentos el zenzontle repite un silbo montaraz, como un pastor llamando a una pastora; y caigo en la lúgubre cuenta de que el zenzontle vive castamente, y su limpia virtud no ha de obtener un premio en Josafat. Es seguro que al pobre cantor, que da su música a la erótica letra de las lunas de miel, lo aprisionaron virgen en su monte; y me apena que ignore que la dicha de amar es un galope del corazón sin brida, por el desfiladero de la muerte. Deploro su castidad reclusa y hasta le cedería uno de mis placeres. Mas ya el sueño me vence... El zenzontle prolonga su confesión melódica frente a las potestades enemigas, y corto aquí mi panegírico para el zenzontle impávido, virgen y confesor.
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De tu pueblo a tu hacienda te llevabas la cabellera en libertad y el pecho guardado por cien místicas aldabas. Metías en el coche los canarios, la máquina de Singer, la maceta, la canasta del pan... Y en el otoño te ibas rezando leguas de rosarios. René, el gigante perro del pastor, en un galope como si nadara, te escoltaba, buscándote la cara. Y detrás del René blanco y gigante en aquel mapamundi de ilusión cabalgaba sin brida el estudiante. René hacía tres veces el camino yendo y viniendo desde ti hasta mí, ladrando porque no y porque si. René, acróbata de tu portezuela, venía a hacer brincar su corazón escandaloso, arriba de mi arzón. Luego mordía a las mulas; pero ellas, al peligroso paso de tu río, sólo pedían, por sacarte salva, transfigurarse en un tiro de estrellas. A ti la voz confidencial del campo de mañana llamábate la hija mayor de la comarca, y en la tarde de todo lo creado la idea fija. Del mapamundi del amor, no más yo en estas vacaciones sobrevivo; pero fuera del mundo van un coche, un estudiante de Santo Tomás y un perro que les ladra sin motivo.
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Vacaciones
el caballo de Juan Velázquez dio de cenar a muchos aquella noche americana y más piadosa que otras donde los que morían eran hechos tasajo por los demás y el último que murió fue Sotomayor y Esquivel lo hizo tasajo y comiendo de él se mantuvo hasta que lo encontraron los indios destino aciago pero ¿cuál? ¿el de Sotomayor o el de los devorados por Sotomayor? ¿el destino de Sotomayor comido por Esquivel o el de Esquivel? y esos españoles que comían caballo y caballeros ¿qué venían a hacer por aquí? ¿quién los mandó llamar? y Lubchik Nachalnik y demás polacos presos en la celda 13 del Pabellón de la Muerte en Auschwitz muertos de hambre allí como los compañeros de Álvar Núñez y devorados por sus compañeros especialmente el hígado ¿oyeron como en un relámpago el galope del caballo de Juan Velázquez cayendo en el río Suwanee? ¿olieron las tunas bermejas y negras tamañas como huevos de la isla del Mal Hado donde Esquivel comió de Sotomayor y Sotomayor de otros? y Lope de Oviedo Dorantes Castillo Estebanico ¿alcanzaron a divisar apagándose el cuerpo de Lubchik disputado por los presos políticos de Auschwitz bajo la noche europea consumida por los fuegos del año 1943? ¿disputado por Ciranciewicz después Primer Ministro de la República Popular de Polonia muchos años? y el canario de la jaula en la cocina ¿qué vio? hace meses que la compañera se le ha muerto y él come y salta entre los olores y los besos de la tarde y hasta empezó a cantar bajo el otoño ¿canta para Ciranciewicz o Esquivel? ¿canta por Sotomayor o Lubchik? estas y otras cosas me pregunto la gente camina como antes ríe y se preocupa como antes ¿para siempre? ¿o dónde se desgarra por los devorados de Auschwitz Suwanee? el canario empezó a cantar como antes es el otoño caen las hojas como pedazos de sol
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Comidas
el caballo de Juan Velázquez dio de cenar a muchos aquella noche americana y más piadosa que otras donde los que morían eran hechos tasajo por los demás y el último que murió fue Sotomayor y Esquivel lo hizo tasajo y comiendo de él se mantuvo hasta que lo encontraron los indios destino aciago pero ¿cuál? ¿el de Sotomayor o el de los devorados por Sotomayor? ¿el destino de Sotomayor comido por Esquivel o el de Esquivel? y esos españoles que comían caballo y caballeros ¿qué venían a hacer por aquí? ¿quién los mandó llamar? y Lubchik Nachalnik y demás polacos presos en la celda 13 del Pabellón de la Muerte en Auschwitz muertos de hambre allí como los compañeros de Álvar Núñez y devorados por sus compañeros especialmente el hígado ¿oyeron como en un relámpago el galope del caballo de Juan Velázquez cayendo en el río Suwanee? ¿olieron las tunas bermejas y negras tamañas como huevos de la isla del Mal Hado donde Esquivel comió de Sotomayor y Sotomayor de otros? y Lope de Oviedo Dorantes Castillo Estebanico ¿alcanzaron a divisar apagándose el cuerpo de Lubchik disputado por los presos políticos de Auschwitz bajo la noche europea consumida por los fuegos del año 1943? ¿disputado por Ciranciewicz después Primer Ministro de la República Popular de Polonia muchos años? y el canario de la jaula en la cocina ¿qué vio? hace meses que la compañera se le ha muerto y él come y salta entre los olores y los besos de la tarde y hasta empezó a cantar bajo el otoño ¿canta para Ciranciewicz o Esquivel? ¿canta por Sotomayor o Lubchik? estas y otras cosas me pregunto la gente camina como antes ríe y se preocupa como antes ¿para siempre? ¿o dónde se desgarra por los devorados de Auschwitz Suwanee? el canario empezó a cantar como antes es el otoño caen las hojas como pedazos de sol
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