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"forastero" poems
Que se desliza tu pelo del viento forastero ya lo saca y con él al abedul cercano ata a nosotros a lo largo de un beso. Pero hacia nuestras articulaciones nuestra propia voluntad no andará. Causas de, en las ramas, agitaciones, y , que son de los bosques, reflexiones arriba y abajo nos soplarán. Y más cerca de la impensada cosa nos anhelamos – dos humanos seres; déjanos que aprendamos de la rosa lo que soy yo y lo que tú eres.
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Jul 18, 2012
Jul 18, 2012 at 10:05 AM UTC
Nuestra rosa
Madre, yo al oro me humillo, Él es mi amante y mi amado, Pues de puro enamorado De contino anda amarillo. Que pues doblón o sencillo Hace todo cuanto quiero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Nace en las Indias honrado, Donde el Mundo le acompaña; Viene a morir en España, Y es en Génova enterrado. Y pues quien le trae al lado Es hermoso, aunque sea fiero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Es galán, y es como un oro, Tiene quebrado el color, Persona de gran valor, Tan Cristiano como Moro. Pues que da y quita el decoro Y quebranta cualquier fuero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Son sus padres principales, Y es de nobles descendiente, Porque en las venas de Oriente Todas las sangres son Reales. Y pues es quien hace iguales Al duque y al ganadero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Mas ¿a quién no maravilla Ver en su gloria, sin tasa, Que es lo menos de su casa Doña Blanca de Castilla? Pero pues da al bajo silla Y al cobarde hace guerrero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Sus escudos de Armas nobles Son siempre tan principales, Que sin sus Escudos Reales No hay Escudos de armas dobles. Y pues a los mismos robles Da codicia su minero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Por importar en los tratos Y dar tan buenos consejos, En las Casas de los viejos Gatos le guardan de gatos. Y pues él rompe recatos Y ablanda al juez más severo, Poderoso Caballero Es don Dinero.Y es tanta su majestad (Aunque son sus duelos hartos), Que con haberle hecho cuartos, No pierde su autoridad. Pero pues da calidad Al noble y al pordiosero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Nunca vi Damas ingratas A su gusto y afición, Que a las caras de un doblón Hacen sus caras baratas. Y pues las hace bravatas Desde una bolsa de cuero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Más valen en cualquier tierra, (Mirad si es harto sagaz) Sus escudos en la paz Que rodelas en la guerra. Y pues al pobre le entierra Y hace proprio al forastero, Poderoso Caballero Es don Dinero.
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Letrilla satírica:
Madre, yo al oro me humillo, Él es mi amante y mi amado, Pues de puro enamorado De contino anda amarillo. Que pues doblón o sencillo Hace todo cuanto quiero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Nace en las Indias honrado, Donde el Mundo le acompaña; Viene a morir en España, Y es en Génova enterrado. Y pues quien le trae al lado Es hermoso, aunque sea fiero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Es galán, y es como un oro, Tiene quebrado el color, Persona de gran valor, Tan Cristiano como Moro. Pues que da y quita el decoro Y quebranta cualquier fuero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Son sus padres principales, Y es de nobles descendiente, Porque en las venas de Oriente Todas las sangres son Reales. Y pues es quien hace iguales Al duque y al ganadero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Mas ¿a quién no maravilla Ver en su gloria, sin tasa, Que es lo menos de su casa Doña Blanca de Castilla? Pero pues da al bajo silla Y al cobarde hace guerrero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Sus escudos de Armas nobles Son siempre tan principales, Que sin sus Escudos Reales No hay Escudos de armas dobles. Y pues a los mismos robles Da codicia su minero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Por importar en los tratos Y dar tan buenos consejos, En las Casas de los viejos Gatos le guardan de gatos. Y pues él rompe recatos Y ablanda al juez más severo, Poderoso Caballero Es don Dinero.Y es tanta su majestad (Aunque son sus duelos hartos), Que con haberle hecho cuartos, No pierde su autoridad. Pero pues da calidad Al noble y al pordiosero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Nunca vi Damas ingratas A su gusto y afición, Que a las caras de un doblón Hacen sus caras baratas. Y pues las hace bravatas Desde una bolsa de cuero, Poderoso Caballero Es don Dinero.Más valen en cualquier tierra, (Mirad si es harto sagaz) Sus escudos en la paz Que rodelas en la guerra. Y pues al pobre le entierra Y hace proprio al forastero, Poderoso Caballero Es don Dinero.
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Madre, yo al oro me humillo, Él es mi amante y mi amado, Pues de puro enamorado Anda continuo amarillo. Que pues doblón o sencillo Hace todo cuanto quiero, Poderoso caballero Es don Dinero.Nace en las Indias honrado, Donde el mundo le acompaña; Viene a morir en España, Y es en Génova enterrado. Y pues quien le trae al lado Es hermoso, aunque sea fiero, Poderoso caballero Es don Dinero.Son sus padres principales, Y es de nobles descendiente, Porque en las venas de Oriente Todas las sangres son Reales. Y pues es quien hace iguales Al rico y al pordiosero, Poderoso caballero Es don Dinero.¿A quién no le maravilla Ver en su gloria, sin tasa, Que es lo más ruin de su casa Doña Blanca de Castilla? Mas pues que su fuerza humilla Al cobarde y al guerrero, Poderoso caballero Es don Dinero.Es tanta su majestad, Aunque son sus duelos hartos, Que aun con estar hecho cuartos No pierde su calidad. Pero pues da autoridad Al gañán y al jornalero, Poderoso caballero Es don Dinero.Más valen en cualquier tierra (Mirad si es harto sagaz) Sus escudos en la paz Que rodelas en la guerra. Pues al natural destierra Y hace propio al forastero, Poderoso caballero Es don Dinero.
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Poderoso caballero es don dinero
Despachadas las cartas y el telegrama, camina por las calles indefinidas y advierte leves diferencias que no le importan y piensa en Aberdeen o en Leyden, más vívidas para él que este laberinto de líneas rectas, no de complejidad, donde lo lleva el tiempo de un hombre cuya verdadera vida está lejos. En una habitación numerada se afeitará después ante un espejo que no volverá a reflejarlo y le parecerá que ese rostro es más inescrutable y más firme que el alma que lo habita y que a lo largo de los años lo labra. Se cruzará contigo en una calle y acaso notarás que es alto y gris y que mira las cosas. Una mujer indiferente le ofrecerá la tarde y lo que pasa del otro lado de unas puertas. El hombre piensa que olvidará su cara y recordará, años después, cerca del Mar del Norte, la persiana o la lámpara. Esa noche, sus ojos contemplarán en un rectángulo de formas que fueron, al jinete y su épica llanura, porque el Far West abarca el planeta y se espeja en los sueños de los hombres que nunca lo han pisado. En la numerosa penumbra, el desconocido se creerá en su ciudad y lo sorprenderá salir a otra, de otro lenguaje y otro cielo. Antes de la agonía, el infierno y la gloria nos están dados; andan ahora por esta ciudad, Buenos Aires, que para el forastero de mi sueño (el forastero que yo he sido bajo otros astros) es una serie de imprecisas imágenes hechas para el olvido.
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El forastero
Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre: ojos inusitados de sulfato de cobre. Llamábase María; vivía en un suburbio, y no hubo entre nosotros ni sombra ni disturbio. Acabamos de golpe: su domicilio estaba contiguo a la estación de los ferrocarriles, y ¿qué noviazgo puede ser duradero entre campanadas centrífugas y silbatos febriles? El reloj de su sala desgajaba las ocho; era diciembre, y yo departía con ella bajo la limpidez glacial de cada estrella. El gendarme, remiso a mi intriga inocente, hubo de ser, al fin, forzoso confidente. María se mostraba incrédula y tristona: yo no tenía traza de una buena persona. ¿Olvidarás acaso, corazón forastero, el acierto nativo de aquella señorita que oía y desoía tu pregón embustero? Su desconfiar ingénito era ratificado por los perros noctívagos, en cuya algarabía reforzábase el duro presagio de María. ¡Perdón, María! Novia triste, no me condenes; cuando oscile el quinqué y se abatan las ocho, cuando el sillón te mezca, cuando ululen los trenes, cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca, no me juzgues más pérfido que uno de los silbatos que turban tu faena y tus recatos.
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No me condenes
He buscado en mi corazón el instinto de la simiente, en la última profundidad del deseo y de la vida y ahora extiendo los brazos en la sombra desorientadamente igual que un forastero en una ciudad desconocida. Nada sé de mi espanto, ni de mi dolor, ni de mi esperanza. Nadie logra saber nunca su propio secreto. Y siempre esta ansiedad de lo que no existe o no se alcanza, y esta miserable verdad que hace crujir el esqueleto. No. Os digo que nadie sabe nada de su propia alegría Pero el ensueño es el acercamiento de lo lejano; y si es triste el ademán de una mano vacía aún es más triste no atreverse a extender la mano.
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He buscado en mi corazón