"florece" poems
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
Apr 3, 2013
Apr 3, 2013 at 9:55 PM UTC
Llamarada de ayer, ceniza ahora,
ya todo será en vano,
como fijar el tiempo en una hora
o retener el agua en una mano.
Ah, pobre amor tardío,
es tu sombra no más lo que regresa,
porque si el vaso se quedó vacío
nada importa que esté sobre la mesa.
Pero quizás mañana,
como este gran olvido es tan pequeño,
pensaré en ti, cerrando una ventana,
abriendo un libro o recordando un sueño...
Tu amor ya está en mi olvido,
pues, como un árbol en la primavera,
si florece después de haber caído,
no retoña después de ser hoguera;
pero el alma vacía
se complace evocando horas felices,
porque el árbol da sombra todavía,
después que se han secado sus raíces;
y una ternura nueva
me irá naciendo, como el pan del trigo:
Pensar en ti una tarde, cuando llueva,
o hacer un gesto que aprendí contigo.
Y un día indiferente,
ya en olvido total sobre mi vida,
recordaré tus ojos de repente,
viendo pasar a una desconocida...
1.4k
me gustas cuando me miras así,
con esas ganas que no se saben disimular;
eres un rey,
eres mi rey.
tus besos de cafe,
tus pestañas largas de niño,
Tus ojos entre-cerrados;
Eres un rey,
Eres mi rey.
Eres un rey,
Los modales de una nobleza extinta,
Tu nariz aristócrata,
Tu piel de emperador Azteca;
Eres mi rey.
Este cuerpo,
Esclavo tuyo,
Mi rey,
Te espera,
Te cumple,
Te quiere.
Eres un rey,
Eres mi rey.
Ordenas con tus dedos,
Mandas con los labios,
Dictas con tu lengua....
Comandas cada guerra,
Mi rey,
Que empieza en mi corazón,
Y eres el general
Que solo sabe ganar..
Presides de las pequeñas montañas
Que son mis pechos así,
De el río de deseo que sabes empezar en mi,
Reinas en mi alma,
Que florece con tus besos,
Eres un rey,
Eres mi rey.
Feb 19, 2013
Feb 19, 2013 at 1:17 AM UTC
*No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.*
― Pablo Neruda
May 22, 2014
May 22, 2014 at 9:32 PM UTC
Y te di el olor
De todas mis dalias y nardos en flor.
Y te di el tesoro,
De las ondas minas de mis sueños de oro.
Y te di la miel,
Del panal moreno que finge mi piel.
¡Y todo te di!
Y como una fuente generosa y viva para tu alma fui.
Y tú, dios de piedra
Entre cuyas manos ni la yedra medra;
Y tú, dios de hierro,
Ante cuyas plantas velé como un perro,
Desdeñaste el oro, la miel y el olor.
¡Y ahora retornas, mendigo de amor,
A buscar las dalias, a implorar el oro,
A pedir de nuevo todo aquel tesoro!
Oye, pordiosero:
Ahora que tú quieres es que yo no quiero.
Si el rosal florece,
Es ya para otro que en capullos crece.
Vete, dios de piedra,
Sin fuentes, sin dalias, sin mieles, sin yedra.
Igual que una estatua,
A quien Dios bajara del plinto, por fatua.
¡Vete, dios de hierro,
Que junto a otras plantas se ha tendido el perro!
1.1k
¿Qué te digo, que te escribo?
¿Cómo poner en verso este sentimiento que por ti siento?
¿Qué poeta invoco para que me ayude a componerte las más bellas letras?
Una poesía que contenga consonantes que te lleguen al alma!
¿Cómo se describe lo indescriptible?
¿Lo que no tiene historia, lo que nunca ha existido?
¿Cómo describo tus besos si nunca en ellos me he perdido?
¿Cómo describo que el toque de tus manos incinera las partes más frías de mí?
¿Cómo hablo de la libertad de tu amor si estoy presa en él?
¿Cómo dirijo la pluma, con que tinta la escribo?
¡Te he conjugado verbos con más letras que el alfabeto chino!
Como decirte que los dioses de la antigua Grecia
se han unido en Santorini, solo para demandarle al Mar Egeo,
que te detengas a escuchar las olas de mi mar que anhelan atarse a tu destino.
Que así como ese maremoto provoco la erupción de su caldera,
tú por ende, uses mis caderas para que fluya esta erupción ardiente en tu entrega.
¿Qué serenata te ofrezco si donde vivo no habitan ruiseñores?
Más tengo una inmensa necesidad de cantarte, de decirte con la melodía de mis besos;
que te quiero,
que me enterneces,
que me apeteces,
que este amor por ti cada vez más crece.
Que eres el agua que hidrata mi ser.
La pasión realizada en hombre.
El hombre que florece mi esperanza en el amor.
Que tu sonrisa es igual a la sensación del ciego que ve por primera vez-irreal.
Que el sonido de tu voz, es entender por qué Dios creo el mundo.
Que el brillo de tus ojos, traspaso las venas de mis miedos y por siempre las neutralizo.
¿Dime, que te digo?
¿Dime, como te lo escribo?
¿Dime, como te conquisto?
¿Dime, como te miro?
¿Cuál poeta invoco para que me ayude a escribirte la mejor poesía?
¡Si tú eres la mejor poesía!!!!!
LeydisProse
5/22/2017
https://m.facebook.com/LeydisProse/
Image may contain: one or more people
Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 11:30 AM UTC
¡A mí vais a decirme
a qué suenan las escolleras
pulsadas por las olas;
qué es lo que canta el cielo
tras su concertación de transparencias;
qué aromas llevan las embarcaciones
a donde no florece el limonero!
¡A mí vais a decírmelo!
¡A mí vais a decirme
que no es la luz que emana de los cuerpos
el origen del mediodía!
Y aquellos nombres -Carolina,
Azucena, Jacinta-,
¡a mí vais a decirme
si fueron nombres de mujeres, barcas
flores! ¡Como si yo no lo supiera,
como si hubiese yo olvidado
qué, quiénes fueron esas sombras
que daban vida a estos espacios mágicos!
¡A mí vais a decírmelo!
978
Tu ausencia en mi tibia cama, se hace más presente
No por no querer buscar lugar, sino por no tenerte,
Y estos labios, cada vez más tuyos,
Y esos ojos, cada vez menos míos.
Sólo queda por correr, dónde nunca corre el río,
No me pidas que te deje
Que aquí sólo hace frío
Dame una señal de esos labios,
Sosténme la mano en hastío
Que si muero hoy, triste y timorato, no habrá de mí que llorar.
Son sólo besos, que se pierden vano
Y al tiempo se los voy a cobrar.
Sobre tu vientre morir, sobre tu boca resucitar
Sobre tu voz escribir, y sobre tus besos cantar.
Y no me pidas perdón, cuándo no exista la culpa,
Que si de amor se trata, no habría forma oculta,
De besarte una vez más; a ojos cerrados.
De tocarte noches enteras; con estrellas de tu lado.
Tu amor, a mí sólo me resplandece,
Culpable no eres de existir, y que de ti todo florece, ay pobre de mí.
Son sólo besos, que se pierden vano
Pero que al tiempo, se los voy a exigir.
Lluvia de otoño, fútil amanece,
Lluvia de verano, quién te viera nacer
Sobre las costras en el mar abierto, como una venus llorar,
La virgen María se pregunta, con quién tiene que hablar
Porque de ti hay poesía, llena de verdad,
Y los rezo a ti, ninguno te va.
Quién fuera canción a tocar, versos dulces a tu oído,
Quién fuera la muerte comandada, por emisarios perdidos,
No te lloro, por correspondencia,
Te lloro sensato.
Que si de amor nos tenemos,
Nos tenemos de a ratos.
Jul 18, 2017
Jul 18, 2017 at 5:35 AM UTC
Hay noches en las que me pregunto algo,
hay una duda que no deja de asediar mi mente en ciertas madrugadas:
¿mis palabras son capaces de moldear tu corazón
con la forma de mi amor?
Sé que me dijiste que no estás segura
de sentir ese romanticismo que yo siento por ti,
pero si mis palabras no se marchitan para ti,
te pido que me digas
si soy capaz de hacer florecer el romance entre nosotros.
Si esta semilla que planto
en cada palabra que escribí para ti florece
y las noches no son marchitas,
¿aún mis letras tienen un peso significativo
en la balanza de tu corazón?
En esas noches la duda es implacable:
¿sientes algo dentro de ti cuando te digo
que te quiero,
que te adoro,
que te aprecio,
que te extraño,
que te amo?
¿Existe esa ventisca que sacude con fuerza
las ramas de tu corazón?
Por favor, te imploro que me digas
si nuestras almas siguen hablando
el idioma del amor que creamos.
Dame a entender que para ti
mi poesía no son solo palabras vacías,
dime que mis letras son tu pensamiento nocturno,
corazón ardiente…
Siempre serás mi rosa de fuego,
la que deja en cenizas el mío,
cenizas de amor eterno.
Sep 23, 2025
Sep 23, 2025 at 2:01 AM UTC
Surge mi voz, y el invierno
se convierte en primavera:
florece la enredadera
y brota el narciso tierno.
Baja mi voz al averno
y el fuego se torna frío.
Al Dios del Cielo le envío
unas décimas de amor
y dice Nuestro Señor:
-¿Quién es aquel pajarillo...?
Ilumina el horizonte
el fuego de mi palabra
y piensa el pastor de cabras
que se está incendiando el monte:
Trunca su vuelo el sisonte,
quiebra su nota el gorrión;
enardecido el halcón
grazna con ruido agorero
y queda mudo el jilguero
que canta sobre el limón.
Luego, mi canto sonoro
bajo la tierra se interna
perforando una caverna
que termina en un tesoro:
Queda descubierto el oro,
el platino y el diamante.
Ruge Júpiter tonante,
luchan Neptuno y Eolo
y Orfeo le dice a Apolo:
-¡Anda y dile que no cante...!
Entonces calla mi voz
y hay un silencio profundo
como si no hubiera mundo
o ya no existiera Dios.
Nadie cosecha el arroz,
nadie apaña el algodón.
Y tirado en un rincón
cuando termina mi canto,
derramo tan triste canto
que me duele el corazón...
827
Ya el sol esconde sus rayos,
el mundo en sombras se vela,
el ave a su nido vuela.
Busca asilo el trovador.
Todo calla: en pobre cama
duerme el pastor venturoso:
en su lecho suntüoso
se agita insomme el señor.
Se agita; mas ¡ay! reposa
al fin en su patrio suelo;
no llora en mísero duelo
la libertad que perdió.
Los campos ve que a su infancia
horas dieron de contento,
su oído halaga el acento
del país donde nació.
No gime ilustre cautivo
entre doradas cadenas,
que si bien de encanto llenas,
al cabo cadenas son.
Si acaso, triste lamenta,
en torno ve a sus amigos,
que, de su pena testigos,
consuelan su corazón.
La arrogante erguida palma
que en el desierto florece,
al viajero sombra ofrece,
descanso y grato manjar.
Y, aunque sola, allí es querida
del árabe errante y fiero,
que siempre va placentero
a su sombra a reposar.
Mas ¡ay triste! yo cautiva,
huérfana y sola suspiro,
el clima extraño respiro,
y amo a un extraño también.
No hallan mis ojos mi patria;
humo han sido mis amores;
nadie calma mis dolores
y en celos me siento arder.
¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo
ni ceder a mi tristura,
ni consuelo en mi amargura
podré jamás encontrar.
Supe amar como ninguna,
supe amar correspondida;
despreciada, aborrecida,
¿no sabré también odiar?
¡Adiós, patria! ¡adiós, amores!
La infeliz Zoraida ahora
sólo venganzas implora,
ya condenada a morir.
No soy ya del castellano
la sumisa enamorada:
soy la cautiva cansada
ya de dejarse oprimir.
845
De vosotros,
los jóvenes,
espero
no menos cosas grandes que las que realizaron
vuestros antepasados.
Os entrego
una herencia grandiosa:
sostenedla.
Amparad ese río
de sangre,
sujetad con segura
mano
el tronco de caballos
viejísimos,
pero aún poderosos,
que arrastran con pujanza
el fardo de los siglos
pasados.
Nosotros somos estos
que aquí estamos reunidos,
y los demás no importan.
Tú, Piedra,
hijo de Pedro, nieto
de Piedra
y biznieto de Pedro,
esfuérzate
para ser siempre piedra mientras vivas,
para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca,
para no tolerar el movimiento
para asfixiar en moldes apretados
todo lo que respira o que palpita.
A ti,
mi leal amigo,
compañero de armas,
escudero,
sostén de nuestra gloria,
joven alférez de mis escuadrones
de arcángeles vestidos de aceituna,
sé que no es necesario amonestarte:
con seguir siendo fuego y hierro,
basta.
Fuego para quemar lo que florece.
Hierro para aplastar lo que se alza.
Y finalmente,
tú, dueño
del oro y de la tierra
poderoso impulsor de nuestra vida,
no nos faltes jamás.
Sé generoso
con aquéllos a los que necesitas,
pero guarda,
expulsa de tu reino,
mantenlos más allá de tus fronteras,
déjalos que se mueran,
si es preciso,
a los que sueñan,
a los que no buscan
más que luz y verdad,
a los que deberían ser humildes
y a veces no lo son, así es la vida.
Si alguno de vosotros
pensase
yo le diría: no pienses.
Pero no es necesario.
Seguid así,
hijos míos,
y yo os prometo
paz y patria feliz,
orden,
silencio.
849
Al golpe de la ola contra la piedra indócil
la claridad estalla y establece su rosa
y el círculo del mar se reduce a un racimo,
a una sola gota de sal azul que cae.
Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
magnética viajera cuya muerte florece
y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
sal rota, deslumbrante movimiento marino.
Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
mientras destruye el mar sus constantes estatuas
y derrumba sus torres de arrebato y blancura,
porque en la trama de estos tejidos invisibles
del agua desbocada, de la incesante arena,
sostenemos la única y acosada ternura.
741
En mi gran soledad florece el canto.
Girasol de una luz recién creada,
porque teniendo rota la mirada,
fluía sólo la fuente de mi llanto.
Pero venciendo al ogro del espanto
llegaste tú, tan tierno en la jornada,
que un girasol de luz recién creada
me convirtió la sombra en amaranto.
¡Ah!, secreta dulzura de este verso
en que yo puedo darte el universo
como se da una flor, un pez de oro,
una fugaz centella, un sicomoro,
una lágrima azul, o un esplendente
ruiseñor de cristal resplandeciente.
733
Viejo lobo de mar, de sed sorda y violenta:
El humo de tu pipa tiene olor a tormenta.
Si relatas tus viajes ya nadie te hace caso,
porque siempre naufragas en el fondo de un vaso,
y cada travesía concluye como empieza:
en espuma de mar o espuma de cerveza.
Viejo lobo de mar: quédate en tu navío,
y escupe hacia la noche tu rencor y tu hastío.
La tierra te rechaza, viejo lobo sediento,
pues ya, como las velas, perteneces al viento;
y la mujer desnuda que adorna tu tatuaje
hoy duerme con un hombre que no se va de viaje.
El amor es un surco que florece o se cierra,
y tú, al vencer el mar, naufragaste en la tierra.
No, viejo navegante: quédate en tu navío,
y llena de humo amargo tu corazón vacío,
y esconde, en una risa de dientes incompletos,
la pesadumbre inmensa de tu vejez sin nietos.
Vuélvete a tu guarida, lobo de pelo cano,
para morir la muerte del que ha vivido en vano;
¡y córtate esa mano que no supo sembrar,
porque ya, para siempre, perteneces al mar!
766
Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.
La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.
La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.
Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.
Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!
Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
747
Baja del cielo la endiablada *****
Con que carne mortal hieres y engañas.
Untada viene de divinas mañas
y cielo y tierra su veneno junta.
La sangre de hombre que en la herida apunta
florece en selvas: sus crecidas cañas
de sombras de oro, hienden las entrañas
del cielo prieto, y su ascender pregunta.
En su vano aguardar de la respuesta
las cañas doblan la empinada testa.
Flamea el cielo sus azules gasas.
Vientos negros, detrás de los cristales
de las estrellas, mueven grandes masas
de mundos muertos, por sus arrabales.Rosas y lirios ves en el espino;
juegas a ser: te cabe en una mano,
esmeralda pequeña, el océano;
hablas sin lengua, enredas el destino.
Plantas la testa en el azul divino
y antípodas, tus pies, en el lejano
revés del mundo; y te haces soberano,
y desatas al sol de tu camino.
Miras el horizonte y tu mirada
hace nacer en noche la alborada;
sueñas y crean hueso tus ficciones.
Muda la mano que te alzaba en vuelo,
y a tus pies cae, cristal roto, el cielo,
y polvo y sombra levan sus talones.Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran
de llamaradas por morir; ya cae
mi corazón desenhebrado, y trae,
la noche, filos que en el viento lloran.
Ya en opacas orillas se avizoran
manadas negras; ya mi lengua atrae
betún de muerte; y ya no se distrae
de mí, la espina; y sombras me devoran.
Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo
Como un perro girando sobre el rabo,
la tierra se echa a descansar, cansada.
Mano huesosa apaga los luceros:
Chirrían, pedregosos sus senderos,
con la pupila negra y descarnada.
723
Retorno de tal sueño hacia la playa,
realizado mi afán. La tierra invoca
su ley que mis empeños desvirtúa.
Oigo el grito del mar que me penetra,
y ansia de paz perenne me extenúa.
¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y
fuerte!
Su espuma brinda a mi ruindad su imperio
en astillas de mástiles fallidos.
Ráfagas de misterio...
Monstruos inconocidos...
¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima?
¿No se oye limpia, trémula canción
que pueda, en el aliento desvaído,
sonar, aletargar el corazón
y pasar?
No se oye nada.
Silencio y bruma, soplos de lo arcano.
La luz mentira, la canción mentira.
Solo el rumor de un vago viento vano
volando en los velámenes expira.
La noche adviene, de mortuorio emblema.
Retumba en mi recuerdo mi alarido,
mi estéril tiempo en mi inquietud suprema.
El trágico dolor ha concluido.
Yo soy Maín, el héroe del poema.
Florece el cielo en gajos de luceros,
y querubes de vuelos melodiosos
revuelan de luceros a luceros.
Y no decir, y no tener palabras
tan llenas de tu goce vespertino
y tu sueño nupcial, ¡oh campesino
que cruzas con tus carros rechinantes!
En tu ilusión un hálito divino
te ha poblado de niños los instantes.
Y ver, desde esta cima de ternura
y valeroso amor, en toda cosa
el Enigma, el Enigma Invïolado.
¡Oh carne!, y tú destilas el pecado,
y... y...
¡El enigma por siempre invïolado!
Y por toda verdad, saber ahora
que brilla el mar, que el monte se estremece,
que fulge Sirio en el confín lejano;
y que, al frustrarse el giro de mi vida,
al giro de la suya grana el grano.
La luz mentira. La canción mentira.
Que fui por los instintos inmolado
ante el ara de un dios; que un soplo frío
de lóbrego misterio he suscitado:
que un dolor nuevo está en el plectro mío
y el plectro en el dolor purificado.
Lúgubre viento sopla entre los juncos;
los juncos gimen bajo el viento rudo.
Cantan en el crepúsculo.
734
Eres hija del mar y prima del orégano,
nadadora, tu cuerpo es de agua pura,
cocinera, tu sangre es tierra viva
y tus costumbres son floridas y terrestres.
Al agua van tus ojos y levantan las olas,
a la tierra tus manos y saltan las semillas,
en agua y tierra tienes propiedades profundas
que en ti se juntan como las leyes de la greda.
Náyade, corta tu cuerpo la turquesa
y luego resurrecto florece en la cocina
de tal modo que asumes cuanto existe
y al fin duermes rodeada por mis brazos que apartan
de la sormbra sombría, para que tú descanses,
legumbres, algas, hierbas: la espuma de tus sueños.
639
Fue mía una noche. Llegó de repente,
y huyó como el viento, repentinamente.
Alumna curiosa que aprendió el placer,
fue mía una noche. No la he vuelto a ver.
Fue la noche sola de una sola estrella.
Si miro las nubes, después pienso en ella.
Mi amor no la busca; mi amor no la llama:
La flor desprendida no vuelve a la rama,
y las ilusiones son como un espejo
que cuando se empaña pierde su reflejo.
Fue mía una noche, locamente mía:
Me quema los labios su sed todavía.
Bella como pocas, nunca fue más bella
que soñando el sueño de la noche aquella.
Su amor de una noche sigue siendo mío:
La corriente pasa, pero queda el río;
y si ella es la estrella de una noche sola,
yo he sido en su playa la primera ola.
Amor de una noche que ignoró el hastío:
Somos las distantes orillas de un río,
entre las que cruza la corriente clara,
y el agua las une, pero las separa.
Amor de una noche: si vuelves un día,
ya no he de sentirte tan loca y tan mía.
Más que la tortura de una herida abierta,
mi amor ama el viento que cierra una puerta.
El amor florece tierra movediza, 1
y es ley de la llama trocarse en ceniza. 1
El amor que vuelve, siempre vuelve en vano,
así como un ciego que extiende la mano.
Amor de una noche sin amanecer:
¡Acaso prefiero no volverte a ver!
592
No hace falta que llueva como llueve este día,
y, sin embargo, llueve desde el amanecer.
Si hay rosas y retoños, ¿para qué llovería?
Si ya todo florece, ¿qué más va a florecer?
Llueve obstinadamente y en la calle vacía
las gotas de la lluvia son pasos de mujer.
Pero cierro los ojos y llueve todavía,
y al abrirlos de nuevo no deja de llover.
Yo sé que no hace falta que llueva, pero llueve.
Y recuerdo una tarde maravillosa y breve,
que fue maravillosa porque llovía así...
Y es tan triste, tan triste, la lluvia en mi ventana,
que casi me pregunto, dulce amiga lejana,
si no estará lloviendo para que piense en ti.
496
Un dominico pasa bajo la luz radiante
Del sol, negros los ojos y pálido el semblante;
Atmósfera de claustro circundarlo parece,
Pero en él una llama de juventud florece;
Sobre el labio, áureo vello, y en la austera mirada,
De todo lo terreno por siempre desligada.
Un resplandor extraño que fulge y que se aleja.
El fraile solitario sigue por la calleja,
En tanto que en los huertos cercanos, los rosales,
Movidos por el soplo de auras primaverales,
Van llenando el ambiente de aromas y rumores,
Porque estamos en Roma y en el mes de las flores.
El asceta, de súbito, siente un extraño asombro
y tiembla, cuando el viento deshójale en el hombro
Una rosa. Dirige después honda mirada.
Casi humana, a los pétalos de la flor deshojada.
Que al soplo de la brisa bajan con raudo giro
Por el hábito blanco; lanza luego un suspiro;
Enjúgase la frente con mano temblorosa.
y sacude hacia el suelo los pétalos de rosa.
472
En Cluny, Siglo XV.
Bajo álamos de plata
sus aguas el Saona, rumoroso dilata
por el lento deshielo. La mole ennegrecida
de piedra, corta el llanto que despierta a la vida.
En el parque, vagando, y humilde la mirada,
las manos sobre el pecho y en la oración callada,
pasan monjes, tendida hacia atrás la cogulla
y como una armonía celeste al campo arrulla.
Cielo tranquilo y diáfano.
La quietud del convento
a la plegaria incita y a hondo recogimiento.
Las ventajas abiertas dan al jardin. Las rosas
sonríen bajo errante vuelo de mariposas;
y en las frondas, de nidos y de aves la algazara
es saludo a la aurora, que surge azul y clara.
En la amplia biblioteca, monje benedictino
tiene abierto en la mesa borroso pergamino,
donde paciente artista de tiempo muy lejano,
al principiar capítulos, pintó con hábil mano,
en grandes iniciales y con vivos colores,
dragones, ninfas, grifos y ultraterrenas flores.
Con sus rubios cabellos sobre la frente vasta,
su palidez y el brillo de su pupila casta,
y con su hábito blanco, parece el monje, efebo,
del jardín ante el tibio primaveral renuevo
Copia un códice antiguo; «Dafnis y Cloe».
Aromas
de los rosales suben y arrullos de palomas.
Absorto escribe.
Y Cloe se yergue ante sus ojos,
Púber, blanca, sin velos y con sus labios rojos,
Así cual Longo un día radiante de verano
La soñó junto a Dafnis, bajo el azul lesbiano.
Aromas, más aromas, va trayendo la brisa.
Cloe sonríe; a Dafnis abraza, y su sonrisa
Es rosa entre sus labios en flor. Y más fragancia,
Arrullos y rumores llenan la quieta estancia.
Cloe pasa, se borra, mas de nuevo aparece.
En su naciente seno ya la vida florece;
Se pierde entre los árboles, vuelve nerviosa y bella,
Y muestra en el boscaje su desnudez de estrella.
Sobre la mesa el monje pensativo se curva;
Inquietud hasta entonces no sentida lo turba;
Se alza rápido y torna a sentarse impaciente;·
Se pone en pie; se inclina, las manos en la frente,
Y aromas... y un deseo el corazón le roe...
Y más vivaz irradia la pubertad de Cloe.
De pronto aparta el códice, y ante la azul mañana
Tiende inquieto las manos, y cierra la ventana;
Y sentado en la silla, pálido y sonreído,
Se queda lentamente y en éxtasis dormido.
En el silencio entonces, bajo el azul y el oro
Del cielo, las campanas se oían; y en el coro
Los monjes, en anhelo que del mal los liberte,
Cantaban de rodillas el Salmo de la Muerte.
600
Tu amor arde en la sombra como una llama lenta,
como la luz de un faro, que oscila en la tormenta.
Perdida como el aire de la tarde en el trigo,
todo lo que me dejas también se va contigo.
Perdida como el agua que salta de la fuente,
porque siempre es la misma y siempre es diferente;
y quizás tú te vas sin saber que te has ido,
como un golpe de viento, con un rumbo de olvido.
Yo he visto como el árbol recobra lo que pierde,
pues por cada hoja seca le brota una hoja verde;
pero también el árbol verdemente feliz
se seca hasta la copa si muere la raíz.
Tu amor se va en la sombra como el agua de un río,
pero si el agua es tuya quizás el cauce es mío.
Tu amor es una alegre fugacidad de espuma
que se nutre del viento y en el viento se esfuma.
Pero es como una rama que florece, querida,
ver crecer en tus ojos una desconocida:
Ésa, recién llegada de tu ensueño o tu hastío,
nace en tu corazón, pero viene hacia el mío;
y si tú, como el agua que se va de una fuente,
siendo siempre la misma, puedes ser diferente,
yo, embriagado en tu vino con distinta embriaguez,
pensaré que eres otra, ¡para amarte otra vez!
457
En la isla donde el viento
canta al mar.
Vive un hombre de ojos que
al sol saben brillar.
Marrones como la tierra
cálidos como el sol.
Sus miradas son refugio, su
alma es un farol.
Es un hombre de belleza que
toca el corazón,
Su voz es una balada, mi
más dulce canción.
Con una bondad infinita que
en su ser florece.
Un alma pura que al amor
enciende y enriquece.
Cada gesto,
cada palabra,
cada dulce sonrisa,
Es la paz que mi alma
por fin eterniza.
Y aunque él da amor sin
pedir nada a cambio.
Sé que su alma necesita lo
mismo, en su mágico encanto.
En sus ojos veo el cielo, la
luna y el mar.
Y en su alma encuentro todo
lo que quiero amar.
Hombre de la isla con tu
amor me elevo.
Porque en tu dulzura, mi
mundo yo hallo,
y lo llevo.
Te amo con la fuerza del
viento al mar,
Con la pasión del sol que
nunca deja de brillar.
Y en este amor que juntos
construimos,
Te doy mi corazón.
Porque en ti vivimos.
Feb 18, 2025
Feb 18, 2025 at 9:04 PM UTC