"fibra" poems
Esos besos tocan más que labios
Esos besos tocan más que piel
Esos besos tocan más que la necesidad..,
Ellos emocionan, causan euforia,
castigan cuando no son ofrecidos
- pero eternamente apetecidos.
Aquellos besos suavizan la piel más erguida.
Nuestros besos huelen a manzana
en tiempo navideño en Dominicana.
Esos, aquellos, nuestros besos..,
se van descargando poro a poro,
penetrando más allá del logro
de poder hurgar en los umbrales
físicos y los del alma.
Esos, aquellos, nuestros besos,
se van diluyendo entre pequeñeces,
momentos que a veces parecen
estar estampados en cada fibra
de nuestros cuerpos.
Me besas y te beso,
siento tus labios susurrarle a mi razón;
que el tiempo es nuestro y no en vano
ese beso es sustento, que aboga
constantemente por nuestro amor.
Te beso y me besas
se abren las puertezuelas
se zafaron los anzuelos
somos la misma carne y hueso
yo vivo entre tu sien y labios
tu pueblas dentro de mi ser y templo.
Esos, aquellos, nuestros besos…
A veces corto en nuestro silencio
A veces tan inacabable como nuestra pasión
A veces tan dulce, arruinando cada discusión
Tan llenos de energía, de magia y devoción
Tan llenos de vida son esos, aquellos, nuestros besos..,
penetrando día a día un poco más nuestro corazón.
LeydisProse
11/30/2018
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Nov 30, 2018
Nov 30, 2018 at 3:56 PM UTC
Fulge mi cigarrillo;
su luz se limpia en pólvoras de alerta.
Y a su guiño amarillo
entona un pastorcillo
el tamarindo de su sombra muerta.
Ahoga en una enérgica negrura,
el caserón entero
la mustia distinción de su blancura.
Pena un frágil aroma de aguacero.
Están todas las puertas muy ancianas,
y se hastía en su habano carcomido
una insomne piedad de mil ojeras.
Yo las dejé lozanas;
y hoy las telarañas han zurcido
hasta en el corazón de sus maderas,
coágulos de sombra oliendo a olvido.
La del camino, el día
que me miró llegar, trémula y triste,
mientras que sus dos brazos entreabría,
chilló como en un llanto de alegría.
Que en toda fibra existe
para el ojo que ama, una dormida
novia perla, una lágrima escondida.
Con no sé qué memoria secretea
mi corazón ansioso.
-Señora?... -Sí, señor; murió en la aldea;
aún la veo envueltita en su rebozo
Y la abuela amargura
de un cantar neurasténico de paria
¡oh, derrotada musa legendaria!
afila sus melódicos raudales
bajo la noche oscura:
como si abajo, abajo,
en la turbia pupila de cascajo
de abierta sepultura,
celebrando perpetuos funerales,
se quebrasen fantásticos puñales.
Llueve..., llueve... Sustancia el aguacero,
reduciéndolo a fúnebres olores,
el humor de los viejos alcanfores
que velan tahuashando en el sendero
con sus ponchos de hielo y sin sombrero.
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¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa;
antes que el sentimiento de su alma,
brotará el agua de la estéril roca.
Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada..., pero...
¡es tan hermosa!
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De todos los hermosos paisajes
que he vivido,
transitar en tu alma es el Edén más bello que pueda visitar.
Tu mirada es como el árbol de la vida,
me nutre, me inspira.
Tu boca es la fibra que va enlazandome en completa alegría.
Tus manos, como un dotado carpintero,
van construyéndome,
moldeandome como hábil albañil van.
No se componer versos que inmortalizen lo que por ti siento.
Tampoco se escribir sonetos que devuelvan el aliento.
Los poemas que he leído no captan
la grandiosidad de tu ser.
Y los grandes poetas se ofuscan al entender que son completamente incultos a la hora de inventar palabras transcendentes que relaten lo que es este amor,
que transciende espacios,
intermitente distancias,
pasiones aferradas a un beso que justificó el principio y el fin,
la faz de la tierra,
el universo,
el ying y el yang.
De nada sirve vivir rodeada de paisajes etéreos, sino son tus ojos lo primero que veo al despertar.
De que me sirven las manos,
sino puedo tocar la divinidad de tu tibio cuerpo a mi costado?
Para que necesito mis labios,
sino es para tu nombre pronunciar?
Si no puedo alimentarme de tu cuerpo,
de tus labios saboreando los jugos de mi debilidad!
Es que de todos los hermosos paisajes
que he visitado, transitar en tu alma,
en tu tus labios,
en tu bendito almacén de placer,
en esa esencia que destila tu ser.
Es que nuestro amor es el Edén más bello que he tenido la dicha de conocer!
LeydisProse
8/29/2017
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Sep 18, 2017
Sep 18, 2017 at 11:22 AM UTC
¿Hablando de la leña, callo el fuego?
¿Barriendo el suelo, olvido el fósil?
Razonando,
¿mi trenza, mi corona de carne?
(¡Contesta, amado Hermeregildo, el brusco;
pregunta, Luis, el lento!)
¡Encima, abajo, con tamaña altura!
¡Madera, tras el reino de las fibras!
¡Isabel, con horizonte de entrada!
¡Lejos, al lado, astutos Atanacios!
¡Todo, la parte!
Unto a ciegas en luz mis calcetines,
en riesgo, la gran paz de este peligro,
y mis cometas, en la miel pensada,
el cuerpo, en miel llorada.
¡Pregunta, Luis; responde, Hermenegildo!
¡Abajo, arriba, al lado, lejos!
¡Isabel, fuego, diplomas de los muertos!
¡Horizonte, Atanacio, parte, todo!
¡Miel de miel, llanto de frente!
¡Reino de la madera,
corte oblicuo a la línea del camello,
fibra de mi corona de carne!
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