"fatigas" poems
LAS MANOS
Ellas son las que saben
las que conocen el tamaño de la vida
las que palpan el origen y la tierra
las que conocen la textura de la verdad
Ellas jamas miran de lejos
la bondad del mundo
Sopesan la ternura
como quien da forma al sueño
abiertas mecen las fatigas
Moldean la esperanza y hacen los días
desde la mañana a la noche
Cerradas guardan la rabia
o como animales heridos se doblan
y golpean derrotadas, y salvajes
adoran la piel de los besos
se posan como si todas las aves
y adoran el pan el vaso los alimentos
que ellas tallan, anónimas
renuncian al alboroto de los ojos
y siempre echan una mano
a veces matan y golpean y cuentan
con los dedos para las perdidas
los adioses escavados por ellas
en la tierra o en el aire si regresan
Son furtivas y se adelantan a la lengua
en las incursiones húmedas
en las tupidas oquedades del deseo
y retozan con sus cinco sentidos
cuando alcanzan las charquitas y sus vocales
jamas olvidan el camino que las lleva
a las fuentes de tu nilo escondido
Este poema los escribo sin manos
y soy funambulista por un momento
para que descansen leyendo este poema
y disfruten de su sagrado insomnio.
Y vosotros no olvidéis que como dioses
tenemos la vida en nuestras manos.
Jan 6, 2014
Jan 6, 2014 at 6:31 PM UTC
La canción que ardiente me sale del alma
no es nunca sólo canción desesperada,
es más bien una canción enamorada
que al cantar, Maluriposa, busca calma.
Las palabras que surgen a raudales
por el cerco de mis dientes y mi boca
son unas formas que parecen muy locas
y buscan, Primavera, exorcizar males.
Las reflexivas expresiones que tengo
y que salen, Preciosa, pensando en ti,
intentan, de algún modo, ponerle fin
a toda esta enorme invasión de lamentos.
Los términos que dicta la fantasía,
traídos de imaginación o conciencia
son vocablos que llaman a la paciencia
y no al enojo, querida Luz del Día.
Mas las voces también son ecos de ausencias
en las que sin sosiego alma y cuerpo esperan
tener un encuentro a la luz de las velas
para que alejen fatigas e impaciencias.
Voces formadas por amor y deseos
para que cuando la linda Mariposa
sea atrapada en la prisa de las cosas
no olvide que abrazar su cintura quiero.
(Jorge Gómez Arias)
Jul 9, 2012
Jul 9, 2012 at 10:07 AM UTC
Me consumes
Me fatigas
Me desarmas
Me aniquilas
Me matas
Me encantas
Te deseo
Un deseo
Mi deseo
Deseando té
Té en la montaña
Té al medio día
Léeme. Embriagame. Destrozame.
Quiereme, suicida, loco.
Maniático, perverso.
Quitame el frío.
Agitame.
Llename la noche.
Llename la vida, mi vida.
Dec 24, 2014
Dec 24, 2014 at 2:02 PM UTC
*¿Porqué me confundes tanto?
No puedo contigo,
pero al mismo tiempo te quiero.
Eres demasiado,
pero vales la pena.
Me fatigas.
Mental y emocionalmente.
Me rompes el corazón.
Y,
al mismo tiempo,
me alegras el alma.
¿Qué hacer con el primer amor?*
Apr 15, 2014
Apr 15, 2014 at 10:15 AM UTC
En mitad de la noche sombría y tempestuosa,
cuando la raza humana sus fatigas reposa,
alguien toca a mi puerta con tímido reclamo.
-«¿Quién me busca a estas horas? - sobresaltado exclamo-,
Quién perturba el silencio de mis dichas supremas?»
Y una voz me responde: -«Soy un niño; no temas:
Me he extraviado en la noche, y ando errante y hambriento,
bajo el gélido azote de la lluvia y del viento…»
Y yo, compadecido por la súplica incierta,
prendo fuego a mi lámpara y entreabro la puerta.
Y al instante entra un niño de dorados cabellos,
grandes ojos azules de adorables destellos,
frescos labios purpúreos y mejillas de rosa.
Y entra alegre, ágil, frívolo, como una mariposa…
Bajo el brazo derecho trae un arco potente,
y un gajo de amaranto le enguirnalda la frente;
un haz de agudas flechas en su carcaj asoma,
y en su espalda palpitan dos alas de paloma.
Y al ver su desamparo sentí tal pesadumbre,
que sequé sus cabellos al amor de la lumbre,
entibié sus manitas entre mis manos rudas,
y alisé el terciopelo de sus plantas desnudas.
Poco después, el niño de rosadas mejillas
se sintió confortado, y huyó de mis rodillas.
Curioseó por la estancia con pueril regocijo,
escogió una saeta, tendió el arco, y me dijo:
-«Quiero ver si la lluvia me ha dejado inservible mi juguete…»
Y al punto lancé un grito terrible,
pues la rígida flecha se me clavó en el pecho!
El falaz diosecillo palmoteó satisfecho,
se echó al hombro la aljaba, me miró sonriente,
clavó en tierra un extremo de su arco inclemente,
y crispando sus manos en la cuerda tirante,
le arrancó cuatro veces un zumbido vibrante.
-Extranjero: Sonríe… -dijo el niño-. En efecto,
la tensión de mi arco no sufrió desperfecto.
Y en pago a tus bondades, como el más alto don,
perpetuamente herido te dejo el corazón!
898
Qué esperanza considerar, qué presagio puro,
qué definitivo beso enterrar en el corazón,
someter en los orígenes del desamparo y la inteligencia,
suave y seguro sobre las aguas eternamente turbadas?
Qué vitales, rápidas alas de un nuevo ángel de sueños
instalar en mis hombros desnudos para seguridad perpetua,
de tal manera que el camino entre las estrellas de la muerte
sea un violento vuelo comenzado desde hace muchos días y meses y siglos?
Tal vez la debilidad natural de los seres recelosos y ansiosos
busca de súbito permanencia en el tiempo y límites en la tierra,
tal vez las fatigas y las edades acumuladas implacablemente
se extienden como la ola lunar de un océano recién creado
sobre litorales y tierras angustiosamente desiertas.
Ay, que lo que yo soy siga existiendo y cesando de existir,
y que mi obediencia se ordene con tales condiciones de hierro
que el temblor de las muertes y de los nacimientos no conmueva
el profundo sitio que quiero reservar para mí eternamente.
Sea, pues, lo que soy, en alguna parte y en todo tiempo,
establecido y asegurado y ardiente testigo,
cuidadosamente destruyéndose y preservándose incesantemente,
evidentemente empeñado en su deber original.
841
Si yo jamás hubiera salido de mi villa,
con una santa esposa tendría el refrigerio
de conocer el mundo por un solo hemisferio.
Tendría, entre corceles y aperos de labranza,
a Ella, como octava bienaventuranza.
Quizá tuviera dos hijos, y los tendría
sin un remordimiento ni una cobardía.
Quizá serían huérfanos, y cuidándolos yo,
el niño iría de luto, pero la niña no.
¿No me hubieras vivido, tú, que fuiste una aurora,
una granada roja de virginales gajos,
una devota de María Auxiliadora
y un misterio exquisito con los párpados bajos?
Hacia tu pie, hermosura y alimento del día,
recién nacidos, piando y piando de hambre
rodaran los pollitos, como esferas de estambre.
Quiero otra vez mis campos, mi villa y mi caballo
que en el sol y en la lluvia lanza a mitad del viaje
su relincho, penacho gozoso del paisaje.
Corazón que en fatigas de vivir vas a nado
y que estás florecido, como está la cadera
de Venus, y ceniciento cual la madera
en que grabó su puño de ánima el condenado:
tu tarde será simple, de ejemplar feligrés
absorto en el perfume de hogareños panqués
y que en la resolana se santigua a las tres.
Corazón; te reservo el mullido descanso
de la coqueta villa en que el señor mi abuelo
contaba las cosechas con su pluma de ganso.
La moza me dirá con su voz de alfeñique
marchándose al rosario, que le abrace la falda
ampulosa, al sonar el último repique.
Luego resbalaré por las frutales tapias
en recuerdo fanático de mis yertas prosapias.
Y si la villa, enfrente de la jocosa luna,
me reclama la pérdida de aquel bien que me dio,
sólo podré jurarle que con otra fortuna
el niño iría de luto, pero la niña no.
758
¿Imaginas acaso la amargura
que hay en no convivir
los episodios de tu vida pura?
Me está vedado conseguir que el viento
y la llovizna sean comedidos
con tu pelo castaño.
Me está vedado oír en los latidos
de tu paciente corazón (sagrario
de dolor y clemencia),
la fórmula escondida
de mi propia existencia.
Me está vedado, cuando te fatigas
y se fatiga hasta tu mismo traje,
tomarte en brazos, como quien levanta
a su propia ilusión incorruptible
hecha fantasma que renuncia al viaje.
Despertarás una mañana gris
y verás, en la luna de tu armario,
desdibujarse un puño
esquelético, y ante el funerario
aviso, gritarás las cinco letras
de mi nombre, con voz pávida y floja,
¡Y yo me hallaré ausente
de tu final congoja!
¿Imaginas acaso
mi amargura impotente?
Me estás vedada tú... Soy un fracaso
de confesor y médico que siente
perder a la mejor de sus enfermas
y a su más efusiva penitente.
694
Nunca me ha sido fácil
encontrar la almohada
adecuada a mis sueños
a su medida exacta
en la cabeza noche
se cruzan las fatigas
se ahondan las arrugas
de la pobre vigilia
en la cabeza noche
huyen despavoridos
los árboles los muros
los cuerpos de aluminio
yo no elijo mis sueños
es la almohada / es ella
la que los incorpora
en desorden de feria
mucho menos elijo
las pesadillas locas
esos libros del viento
sin letras y sin hojas
pero al cabo de tantas
almohadas sin cuento
sin historia y sin alas
como siempre prefiero
la de tu vientre tibio
cerca cerca cerquita
del refugio imantado
de tus pechos de vida.
500
A mi paso y al azar te desprendiste
como el fruto más profano
que pudiera concederme la benévola
actitud de este verano.
(Blonda Sara, uva en sazón: mi apego franco
a tu persona, hoy me incita
a burlarme de mi ayer, por la inaudita
buena fe con que creí mi sospechosa
vocación, la de un levita).
Sara, Sara: eres flexible cual la honda
de David y contundente
como el lírico guijarro del mancebo;
y das, paralelamente,
una tortura de hielo y una combustión de pira;
y si en vértigo de abismo tu pelo se desmadeja,
todavía, con brazo heroico
y en caída acelerada, sostienes a tu pareja.
Sara, Sara, golosina de horas muelles;
racimo copioso y magno de promisión, que fatigas.
el dorso de dos hebreos:
siempre te sean amigas
la llamarada del sol y del clavel; si tu brava
arquitectura se rompe como un hilo inconsistente,
que bajo la tierra lóbrega
esté incólume tu frente;
y que refulja tu blonda melena, como tesoro
escondido; y que se guarden indemnes como real sello
tus brazos y la columna
de tu cuello.
439
Bien sé que no puedes,
pobrecita mía,
venir a buscarme.
¡si pudieras, vendrías!
Acaso te causan
dolor mis fatigas,
mis ansias de verte,
mis quejas baldías,
mi tedio implacable,
mi horror por la vida.
¡No puedes traerme consuelo!
¡Si pudieras, vendrías!
¿Qué honda, qué honda
debe ser la sima
donde caen los muertos,
pobrecita mía!
¡Qué mares sin playas
qué noche infinita
qué pozos danaideos,
qué fieras estigias
deben separarnos de los que se mueren
desgajando en dos
almas una misma,
para que no puedas venir a buscarme!
Si pudieras, vendrías...
408
A los Fuertes admiro, que en las frentes besados
Por boca sobrehumana,
Soñaron horizontes bellos y dilatados
En cumbre soberana;
Que el resplandor del genio radiar fulgente vieron
En sus noches sombrías;
Que supieron de lágrimas, pero también oyeron
Todas las armonías;
Que en las almas nacidas para el dolor y el llanto
Dejaron sacras huellas,
Y cayeron vencidos, entre un sueño y un canto,
Circundados de estrellas.
A los Rebeldes amo, por el dolor mordidos,
más que piedad no imploran,
y que con fuerte lazo de amor están unidos
a todos los que lloran.
Amo a aquellos malditos que redimió el Calvario,
y en senda de dolores
su lábaro llevaron, radiante y solitario,
Del pueblo redentores;
Y dijeron el himno del porvenir del mundo
en glorioso delirio,
y marcharon serenos al calabozo inmundo,
y firmes al martirio.
Pero mi llanto es todo para aquellos vencidos
Por la social sevicia,
Los Grandes de las Sombras, hambrientos y oprimidos,
por la ciega Injusticia;
Que encorvados pasaron bajo rudas fatigas,
Pero que nunca odiaron;
que vieron para otros florecer las espigas,
y que nunca robaron;
Que del dolor esclavos, en su vivir errante,
Hiel y llanto apuraron;
que sintieron el látigo cruzarles el semblante,
pero que no mataron;
Que fueron por la vida sin consuelo, y de rudos
trabajos siempre en pos,
sin sol, sin pan, sin aire, famélicos, desnudos...
y creyeron en Dios;
Que un jergón en sus noches para dormir tuvieron
infecto y miserando,
y en el rincón oscuro de un hospital murieron...
¡Y murieron amando!
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