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"expulsado" poems
Que voluntad tiene el humano De cambiar su alrededor Como se puede crear algo Que ayude a cambiar al mundo Algún mensaje que difundo Que se trate de lo que sea Basado en lo que esta afuera O lo que pasa por mis venas Porque no todos sienten No todos son honestos Ignoran al pasado Y no corrigen sus errores El pasado no perdona Los sentimientos agobian Y las cosas que pasan Las convierto en historias Es mi hobbie favorito Me desahogo sin piedad Escribir es la única opción Para calmar esta ansiedad Que en oportunidades surge Y honestamente no la espero Pero me da creatividad Para hacer con las palabras lo que quiero Plasmar en un lienzo De una manera u otra Todo lo que pienso Y nadie puede estar en mi contra Después de este proceso Entro en neutralidad Todo el amor u odio a algo Fue expulsado con inteligencia Y en cuenta se debe tomar Porque es mucho mejor Hacer rimas sin parar Que dañar algo por rabia temporal La importancia de la palabra Es mayor que el de las balas Menor que los hechos Pero están relacionadas Te pueden asustar Enojar Destruir Humillar Alegrar Hacer recordar Y sobre todo, enamorar Porque es tal el poder de la palabra Que cambia a la gente Pueden quedarse en la historia Y duran para siempre Asi que si el propósito del humano Es cambiar al mundo Dale uso poético a tu vida Y crea un efecto único y clásico La reflexión.
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Apr 16, 2015
Apr 16, 2015 at 8:54 PM UTC
El poder de la palabra.
Gracias a los que entiende, miró a ambos lados, nunca juzgado mal por el propio bien. los que sabían, que se quedaron en el interior, sin un precio, sin ningún argumento amistad. Para los verdaderos amigos no entienden, se mantendrá en contacto, y nunca, hablar mal de boca. se levanta la moral, contra las fuerzas que resisten, pero, una falsa voluntad de que usted se hunde en el fondo de arenas movedizas. Ahora, todavía estoy esperando, la positividad es lo que estoy deseando, que son para siempre, desde hace años que estamos haciendo. por todos los recuerdos, hemos construido un muro, cuatro de nosotros, lo hizo todo. A pesar de todo, lo que el mundo nos importa? porque yo sentía la comodidad, en la sabiduría a todos desnudos, que ha compartido,e deseo la felicidad, incluso todo lo que ha cambiado, aún estoy expulsado, cuando nos encontremos, en algún momento,en algún lugar, lo que puedo decir, que ha sido un parte, y mi pasado nunca fue un llorar, que siempre recordará, he definido, que es la amistad.
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May 27, 2011
May 27, 2011 at 1:26 AM UTC
Este es de cuatro ti
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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Más de una vez me siento expulsado y con ganas de volver al exilio que me expulsa y entonces me parece que ya no pertenezco a ningún sitio a nadie ¿será en indicio de que nunca más podré no ser un exiliado? ¿qué aquí o allá o en cualquier parte siempre habrá alguien que vigile y piense éste a qué viene? y vengo sin embargo tal vez a compartir cansancio y vértigo desamparo y querencia también a recibir mi cuota de rencores mi reflexiva comisión de amor en verdad a qué vengo no lo sé con certeza pero vengo
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Pero vengo