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"exhala" poems
si, yo se como se siente, vivir sin vivir, morir sin morir, estar sin ser, y ser sin estar es como verse en un espejo sin reflejo, como pensar sin decir o como hablar sin pensar se muere uno lentamente cuando deja de querer, cuando deja de desear, cuando exhala lentamente y no inhala mas... Se pierde el coraje dia con dia, se pierde la vida con cada caida, hasta el minimo esfuerzo parece lejano, y cualquier solucion, ajena cerrar los ojos y dejarse morir, cerrar la boca y dejar de decir, cerrar la mente y dejar de pensar, hasta el minimo esfuerzo es agotador
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Mar 3, 2013
Mar 3, 2013 at 10:51 PM UTC
Yo se como se siente
the calm synth exhales. i close my eyes as the rumble of the wheels turn. palms face up on my lap, i pray. señor, cuídame en este viaje. estás conmigo. inhala; exhala. my stomach dips with the beat, the bass picks up & so do we, right on cue in perfect harmony. i’m not scared of flying. i found a peace in that moment where the song, the sky & my soul snapped into sync so smoothly that i sighed in serenity. i’m not scared of flying, but sometimes of where i’m going, & of what lies ahead. but let me have this moment, where daniel & kali soar through the clouds with me, where everything seems to click. let me breathe, despite the lack of oxygen outside. & save a seat for Him. ~ pilot of life, perfect attendant & guiding wind.
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Jul 10, 2019
Jul 10, 2019 at 1:58 PM UTC
untitled.
Acabe de recordar l'última vegada que em vas mirar, vas tancar ràpidament els ulls i vas baixar el cap.. Sabies que en aquell moment vas canviar la meua percepció del daurat clar apagat per una de completa felicitat? Que la teua veu exclamant baixet "Quins ulls!" encara evoca partícules també daurades que resplandeixen i giren suaument? Que per primera vegada els colors no intenten amuntegar-se dins i davant meua quan m'atrapen els teus ulls? Que quedant-me ahí no hi ha una sola tonalitat que gose immiscuir-se o privar-me d’ells? Que no sé com es pinta perdre's a la teua mirada? Que no em perd a propòsit, però que cada vegada més em trobe desfent-me de brúixoles i mapes? Que desitjaria no saber llegir altres estrelles que em pogueren guiar? Que tu ets el meu únic sol i que d'on s'exhala la teua llum és on vull estar..
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Jul 5, 2013
Jul 5, 2013 at 7:25 PM UTC
Em mirares tot somrient
Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo? Hundiendo va este odio reinante todo cuanto quisiera remontarse directamente vivo. Amar... Pero ¿quién ama? Volar... Pero ¿quién vuela? Conquistaré el azul ávido de plumaje, pero el amor, abajo siempre, se desconsuela de no encontrar las alas que da cierto coraje. Un ser ardiente, claro de deseos, alado, quiso ascender, tener la libertad por nido. Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado. Donde faltaban plumas puso valor y olvido. Iba tan alto a veces, que le resplandecía sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave. Ser que te confundiste con una alondra un día, te desplomaste otros como el granizo grave. Ya sabes que las vidas de los demás son losas con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya. Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas. A través de las rejas, libre la sangre afluya. Triste instrumento alegre de vestir: apremiante tubo de apetecer y respirar el fuego. Espada devorada por el uso constante. Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego. No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas por estas galerías donde el aire es mi nudo. Por más que te debatas en ascender, naufragas. No clamarás.  El campo sigue desierto y mudo. Los brazos no aletean. Son acaso una cola que el corazón quisiera lanzar al firmamento. La sangre se entristece de batirse sola. Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento. Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve como un élitro ronco de no poder ser ala. El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.
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Vuelo
Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo? Hundiendo va este odio reinante todo cuanto quisiera remontarse directamente vivo. Amar... Pero ¿quién ama? Volar... Pero ¿quién vuela? Conquistaré el azul ávido de plumaje, pero el amor, abajo siempre, se desconsuela de no encontrar las alas que da cierto coraje. Un ser ardiente, claro de deseos, alado, quiso ascender, tener la libertad por nido. Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado. Donde faltaban plumas puso valor y olvido. Iba tan alto a veces, que le resplandecía sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave. Ser que te confundiste con una alondra un día, te desplomaste otros como el granizo grave. Ya sabes que las vidas de los demás son losas con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya. Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas. A través de las rejas, libre la sangre afluya. Triste instrumento alegre de vestir: apremiante tubo de apetecer y respirar el fuego. Espada devorada por el uso constante. Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego. No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas por estas galerías donde el aire es mi nudo. Por más que te debatas en ascender, naufragas. No clamarás.  El campo sigue desierto y mudo. Los brazos no aletean. Son acaso una cola que el corazón quisiera lanzar al firmamento. La sangre se entristece de batirse sola. Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento. Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve como un élitro ronco de no poder ser ala. El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.
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Negra pupila, abierta y fulgurante, Ancha y tersa la frente pensadora, Reposado el andar, dulce el semblante, La mano diminuta y tembladora; Todo extrañando el peso del turbante, Del blanco jaique y de la guzla mora: Así le conocí, cuando sentía Amor y juventud el alma mía. Era... ya lo sabéis, el inspirado, El egregio cantor de los amores; El que hablaba el idioma delicado De las brisas, las fuentes y las flores. Semejaba, en el siglo, un desterrado De las rondas de antiguos trovadores, Que en alta noche el mandolín tañía Al pie de la callada celosía. Él cantaba el más tierno de los seres, ¡Encarnación de la belleza humana! Hablaba de ilusiones y placeres, De una dicha inmortal y soberana; Del amor que derrama en las mujeres Más luz que el sol brillando en la mañana, Y cuyo beso, en alas de su anhelo, Basta a juntar la tierra con el cielo. Después... su frente pálida, abatida, Una sonrisa lúgubre en su boca; Su voluntad heroica ya vencida, Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca Gastada por las olas de la vida; En el vaivén de la fortuna loca... El alma llena de esplendor y fuego, Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego! Ya sentada a sus puertas la pobreza, Conociendo del mundo los rigores, Hirió su altiva frenta la tristeza; Cantó libre sus íntimos dolores, Y halló en premio a sus sueños de grandeza Tardes nubladas y marchitas flores; Horas lentas, amargas, intranquilas, Y la noche en el alma y las pupilas. ¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta Pretendes ir así? ¿No te imaginas Que si mirara tu pupila inquieta, Vieras el jaramago en las rüinas? Ya ciñes la corona del poeta, Ya conoces su peso y sus espinas, Ya del rebelde mundo en el proscenio, Como un errante sol, brilló tu genio. Mirad... el genio cruza este desierto, Entre penas y lágrimas cautivo... En la tierra es un vivo que está muerto, Y en la tumba es un muerto que está vivo. Amar, soñar, creer, mirar abierto Un templo más allá, luchar altivo, Y consumirse al fuego que lo abrasa, Tras un aplauso que resuena y pasa. Tu patria sabe honrarte, enaltecerte, Para ser inmortal tienes derecho; Nadie en tu derredor culpa a la suerte, Ni sollozos exhala de su pecho; En las nupcias del genio con la muerte, La Historia es un hogar, la tumba un lecho, Y ambas fulguran con eterna llama Hoy que engendran un hijo de la Fama.
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En memoria del poeta manuel m. flores
Negra pupila, abierta y fulgurante, Ancha y tersa la frente pensadora, Reposado el andar, dulce el semblante, La mano diminuta y tembladora; Todo extrañando el peso del turbante, Del blanco jaique y de la guzla mora: Así le conocí, cuando sentía Amor y juventud el alma mía. Era... ya lo sabéis, el inspirado, El egregio cantor de los amores; El que hablaba el idioma delicado De las brisas, las fuentes y las flores. Semejaba, en el siglo, un desterrado De las rondas de antiguos trovadores, Que en alta noche el mandolín tañía Al pie de la callada celosía. Él cantaba el más tierno de los seres, ¡Encarnación de la belleza humana! Hablaba de ilusiones y placeres, De una dicha inmortal y soberana; Del amor que derrama en las mujeres Más luz que el sol brillando en la mañana, Y cuyo beso, en alas de su anhelo, Basta a juntar la tierra con el cielo. Después... su frente pálida, abatida, Una sonrisa lúgubre en su boca; Su voluntad heroica ya vencida, Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca Gastada por las olas de la vida; En el vaivén de la fortuna loca... El alma llena de esplendor y fuego, Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego! Ya sentada a sus puertas la pobreza, Conociendo del mundo los rigores, Hirió su altiva frenta la tristeza; Cantó libre sus íntimos dolores, Y halló en premio a sus sueños de grandeza Tardes nubladas y marchitas flores; Horas lentas, amargas, intranquilas, Y la noche en el alma y las pupilas. ¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta Pretendes ir así? ¿No te imaginas Que si mirara tu pupila inquieta, Vieras el jaramago en las rüinas? Ya ciñes la corona del poeta, Ya conoces su peso y sus espinas, Ya del rebelde mundo en el proscenio, Como un errante sol, brilló tu genio. Mirad... el genio cruza este desierto, Entre penas y lágrimas cautivo... En la tierra es un vivo que está muerto, Y en la tumba es un muerto que está vivo. Amar, soñar, creer, mirar abierto Un templo más allá, luchar altivo, Y consumirse al fuego que lo abrasa, Tras un aplauso que resuena y pasa. Tu patria sabe honrarte, enaltecerte, Para ser inmortal tienes derecho; Nadie en tu derredor culpa a la suerte, Ni sollozos exhala de su pecho; En las nupcias del genio con la muerte, La Historia es un hogar, la tumba un lecho, Y ambas fulguran con eterna llama Hoy que engendran un hijo de la Fama.
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Para mi canto quiero verso alado, Verso como un aroma que se exhala Cual de flor irreal, en un callado Jardín de otoño, y con temblor de ala. Verso con suavidad de terciopelo, Ritmo que me conoce entre la sombra, Que ondula en calma, en armonioso vuelo, Y que cantando en el azul me nombra. Un verso como arrullo en confidencia, Luz muy lejana que vivaz no arde, Dulce canto en la noche de la ausencia, Gris del alba y tristeza de la tarde. ¡Pero imposible y vanidoso anhelo Del alma del poeta soñadora!.... ¡Desde la tierra, resplandor de cielo La Musa mira, y en silencio llora!
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Para mi canto quiero....
Te he visto, por el parque ceniciento que los poetas aman para llorar, como una noble sombra vagar, envuelto en tu levita larga.       El talante cortés, ha tantos años compuesto de una fiesta en la antesala,  -¡qué bien tus pobres huesos   ceremoniosos guardan!-       Yo te he visto, aspirando distraído, con el aliento que la tierra exhala -hoy, tibia tarde en que las mustias hojas húmedo viento arranca-, del eucalipto verde el frescor de las hojas perfumadas. Y te he visto llevar la seca mano a la perla que brilla en tu corbata.
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A un viejo y distinguido señor
Primer amor, tú vences la distancia. Fuensanta, tu recuerdo me es propicio. Me deleita de lejos la fragancia que de noche se exhala de tus tiestos, y en pago de tan grande beneficio te canonizo en estos endecasílabos sentimentales. A tu virtud mi devoción es tanta que te miro en el altar, como la santa Patrona que veneran tus zagales, y así es como mis versos se han tornado endecasílabos pontificales. Como risueña advocación te he dado la que ha de subyugar los corazones: permíteme rezarte, novia ausente, Nuestra Señora de las Ilusiones. ¡Quién le otorgara al corazón doliente cristalizar el infantil anhelo, que en su fuego romántico me abrasa, de venerarte en diáfano capelo en un rincón de la nativa casa! Tanto se contagió mi vida toda del grave encanto de tus ojos místicos, que en vano espero para nuestra boda alguna de las horas de pureza en que se confortó mi gran tristeza con los primeros panes eucarísticos.
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Canonización
Fatigada ya, su mano Sobre las teclas *** Y soñolienta arrancó El último acorde al piano. Y como aroma que exhala Una flor, y al viento flota, Aquella postrera nota Queda vagando en la sala. Y va la niña a su alcoba, Y se alzan visiones puras De las blancas colgaduras De su lecho de caoba. Por el alto mirador Entran a la tibia estancia El rumor y la fragancia De los naranjos en flor. Se ve al través del boscaje Un astro que parpadea, Y la brisa cuchichea En las cortinas de encaje. Y de un amor ideal, Memorias quizá adoradas, Hay flores secas, regadas En las mesas de nogal. Entre esos ramos dispersos, De festines olvidados, Muestra sus cortes dorados Abierto un libro de versos. Al fulgor azul y escaso Que la lámpara derrama Brillan cerca de la cama Sus zapatillas de raso. Y finge la luz visiones, Visiones que sonrientes Se reclinan indolentes En los tallados sillones. Y en la penumbra se ve, Bañado en tenue fulgor, Afuera del cobertor Su breve y rosado pie. Todo yace en calma. Hermosa La luna su lumbre riega, Y a besar el lecho llega Donde la virgen reposa. ¡Cómo su pecho se ensancha Ante esa luz de consuelo! Es la bendición del cielo Sobre esa frente sin mancha.
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Su alcoba