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"estrellado" poems
Mahal kong Margaret, Patawad (Higit pa sa Sampong beses ko na tong nagawa Hanggang ngayon di pa maunawa Ang tulad mo sa akin na nag mahal ng kusa Nasaktan ko ng di sinasadya) Alam kong sawa ka na sa paulit ulit na nang yayari, Away bati sa mga bagay na kahit na simple. Walang ibang Iniisip kundi ang puro pansarili, Nagseselos ako bawat sinong makatabi. Marahil pagod ka na, at gusto mo nang umayaw. Ngunit sana ikaw ay magbalik tanaw Humihingi ng tawad, hiling na magbalik ang dating ako at ikaw Maging ako man ang inakalang papawi ng luha sya pa ang unang bumitaw Tanggapin ang alay kong tsokolate at rosas na pula Tikman ang tamis nito, tulad ng pagsisikap kong laging pasobra May taglay na bango ang bulaklak, binabalik ang alaala Ng lumipas, Kalakip ang tula galing sa puso, inukit sa pluma, indinaan ko sa letra. Pakinggan mo sana ang mga daing kong nawalan nang tinig Masdan ng mga mata **** nakapinid,ayaw nang tumititig Muli nating painitin ang samahang unti unti nang lumalamig Bigyang pagkakataong buhayin ang pusong di na pumipintig Alam mo namang lahat ay aking gagawin, Ano mang kaparusahan ay handa ko nang akoin, Sa panong paraan ba ako patatawarin? para lang ANG PANGALAWANG PAGKAKATAON SA AKIN AY IYONG MARAPATIN. *ps. hintayin kita duun lagi 。 1-4pm kada meirkules Makatang humihingi ng tawad, August E. Estrellado
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Oct 6, 2018
Oct 6, 2018 at 1:33 AM UTC
PATAWAD
Con mi gorro y mi pipa, con mi luz tenue, mi cobija blanda y el cielo estrellado, pienso en ti;  y te mezclo con mi entorno, con mis ideas y mis locuras. Me río inocentemente, irónicamente, porque son cosas que solo se me ocurrirían a mí, verte bailando con un traje de ballet o un vestido, verte anunciando un producto en televisión, verte ahí parada justo frente a mí, con cara de alegría, como si me hubieras  esperado. verte así de pronto sin pensarte, como algo nuevo que no termino de explorar, verte disfrazada de rebeldía y de seriedad, verte así, sin verte, sentado sin parpadear, enloqueciendo, suspirando y alardeando como si supiera que decir.   Verte así,  sin verte, pensando en si algún día pasará, pensándote, así por la mitad, sin saber, si ser o no ser contigo, en una playa, en la vereda; con tus brazos en mis hombros, y mi alma en tu boca, verte así, lenta y maravillada, verte sonreír, verte enrojecer; me encanta, encanta que yo sienta esto, porque es raro, porque hay q darle vuelta al mundo para lograrlo,  porque me gustas así, como un helado, así de simple, así de complicado.   Me gustas, así sin verte, entre la alarma del despertador, entre el volumen de la televisión, en el libro a medio leer, en lo frío que está el piso, en mi taza de café y en mi lápiz azul, mientras te pienso, acostado y con los ojos cerrados.
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Oct 10, 2015
Oct 10, 2015 at 3:59 PM UTC
Me gustas
Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada: el menester del hombre, la mujer y la vida: a este sitio corría la paz vertiginosa, por esta luz ardió la común quemadura. Honor a tus dos manos que vuelan preparando los blancos resultados del canto y la cocina, salve! la integridad de tus pies corredores, viva! la bailarina que baila con la escoba. Aquellos bruscos ríos con aguas y amenazas, aquel atormentado pabellón de la espuma, aquellos incendiaron panales y arrecifes son hoy este reposo de tu sangre en la mía, este cauce estrellado y azul como la noche, esta simplicidad sin fin de la ternura.
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Soneto liii
Duermo, para poder sentir tus manos acariciando mis mejillas. Para ver la delicada sonrisa que me da vida, y para ver el cielo estrellado en tus ojos. No duermo, porque el dolor que siento al despertar y saber que te has ido me destruye. No puedo respirar. Me acostumbre a que tu eras el aire que respiraba. Y ya no estas. ¿Cómo puedo decirle a mi cuerpo que no te podrá tocar más? ¿Cómo le digo a mi mente que ya no debo pensarte? ¿Cómo le digo a mi corazón que me amas igual, pero tu estas allí y yo acá?
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May 28, 2015
May 28, 2015 at 4:01 PM UTC
Vacío ruidoso.
Te busco en las esquinas del pueblo Te busco en los ojos de los caballeros Te busco como una niña perdida busca a su madre Con angustia, con miedo Miedo a encontrarte entre otros brazos Miedo de hallarte con otra boca Pero aun asi tengo esperanzas de encontrarte entero porque de poder encontrar pedazos tuyos eso si pude hacer Encontre tus ojos mientras miraba el cielo estrellado una noche oscura en el Beni Halle tu sonrisa por ahi en el mar azul de Brasil Senti el rozo de tus dedos Mientras el viento jugaba con mi pelo en pleno Los Angeles No te he perdido para siempre Eso me sigo diciendo Y sigo viajando porque te sigo buscando con esperanzas de poder juntar todos los pedazos tuyos y que formen el rompe cabezas mas bien rompe corazones y mentes y almas y que finalmente te pueda nuevamente ver Deje mi corazon en tus manos hace mucho tiempo y al irme, me lo quise llevar termino en dos pedazos yo con una mitad y tu con la otra espero que al igual que yo estes buscando la otra mitad
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Oct 27, 2014
Oct 27, 2014 at 4:24 AM UTC
Te busco
Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra, vino, liso como una espada de oro, suave como un desordenado terciopelo, vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre, coral, gregario eres, y cuando menos, mutuo. A veces te nutres de recuerdos mortales, en tu ola vamos de tumba en tumba, picapedrero de sepulcro helado, y lloramos lágrimas transitorias, pero tu hermoso traje de primavera es diferente, el corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma inmóvil. El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría, caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto. Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, dijo el viejo poeta. Que el cántaro de vino al beso del amor sume su beso. Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa, tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera, las uvas tus pezones, tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija, y tu amor la cascada de vino inextinguible, la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida. Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida, sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores. Amo sobre una mesa, cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino. Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura que trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes, a propagar el cántico del fruto.
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Oda al vino
Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra, vino, liso como una espada de oro, suave como un desordenado terciopelo, vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre, coral, gregario eres, y cuando menos, mutuo. A veces te nutres de recuerdos mortales, en tu ola vamos de tumba en tumba, picapedrero de sepulcro helado, y lloramos lágrimas transitorias, pero tu hermoso traje de primavera es diferente, el corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma inmóvil. El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría, caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto. Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, dijo el viejo poeta. Que el cántaro de vino al beso del amor sume su beso. Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa, tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera, las uvas tus pezones, tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija, y tu amor la cascada de vino inextinguible, la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida. Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida, sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores. Amo sobre una mesa, cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino. Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura que trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes, a propagar el cántico del fruto.
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Dijo el Amor:                         (entonces a los lampos                       de un claro sol; en los serenos campos                       sonreía a la luz la primavera;                       en el soto arrullaban las palomas,                       y cada flor en los alcores era                       como un abierto búcaro de aromas). -«Yo seré tu poeta: tendrás flores Para tu frente, y rimas armoniosas Que cual perlas de luz **** fulgores, Y perfumes **** como las rosas. »Seré espacio sin fin para tu anhelo, La ilusión que te encante... Seré el azul de tu estrellado cielo, Seré la estrofa que en tu oído cante. »Y en la onda dormida Donde los astros verterán risueños Su fulgor, en la onda de tu vida Seré la barca en donde irán tus sueños». Dijo la Muerte:                         (entonces a los lampos                       de un sol de invierno, los marchitos campos                       sudarios parecían,                       blancos de nieve y de verdura escuetos,                       y a lo lejos los árboles fingían,                       en la bruma, un desfile de esqueletos). -«Yo soy la Segadora, La eterna Vencedora Que con el Bien y la Virtud en guerra Deja a su paso destrucción y duelo, La que troncha las flores en la tierra, La que apaga los astros en el cielo. Yo soy la Muerte... Ven!»                                                     Cual rosa blanca, Como azucena en el vergel riente Que de su tallo el ventarrón arranca, Así la Virgen doblegó la frente. Amó... Vivió... Pasó...!                                     Fue nube leve Que llevaba benéfico rocío; En la montaña azul, copo de nieve, Y blanca espuma en el cristal del río.                         (Entonces, al radiar eterna aurora                       En las tinieblas de la tumba inerte,                       La Virgen, la vencida por la Muerte,                       Entró en el Paraíso vencedora).
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Fugitiva
Dijo el Amor:                         (entonces a los lampos                       de un claro sol; en los serenos campos                       sonreía a la luz la primavera;                       en el soto arrullaban las palomas,                       y cada flor en los alcores era                       como un abierto búcaro de aromas). -«Yo seré tu poeta: tendrás flores Para tu frente, y rimas armoniosas Que cual perlas de luz **** fulgores, Y perfumes **** como las rosas. »Seré espacio sin fin para tu anhelo, La ilusión que te encante... Seré el azul de tu estrellado cielo, Seré la estrofa que en tu oído cante. »Y en la onda dormida Donde los astros verterán risueños Su fulgor, en la onda de tu vida Seré la barca en donde irán tus sueños». Dijo la Muerte:                         (entonces a los lampos                       de un sol de invierno, los marchitos campos                       sudarios parecían,                       blancos de nieve y de verdura escuetos,                       y a lo lejos los árboles fingían,                       en la bruma, un desfile de esqueletos). -«Yo soy la Segadora, La eterna Vencedora Que con el Bien y la Virtud en guerra Deja a su paso destrucción y duelo, La que troncha las flores en la tierra, La que apaga los astros en el cielo. Yo soy la Muerte... Ven!»                                                     Cual rosa blanca, Como azucena en el vergel riente Que de su tallo el ventarrón arranca, Así la Virgen doblegó la frente. Amó... Vivió... Pasó...!                                     Fue nube leve Que llevaba benéfico rocío; En la montaña azul, copo de nieve, Y blanca espuma en el cristal del río.                         (Entonces, al radiar eterna aurora                       En las tinieblas de la tumba inerte,                       La Virgen, la vencida por la Muerte,                       Entró en el Paraíso vencedora).
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Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
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Romance xviii cuenta cómo arias gonzalo se preparaba para lidiar el reto
Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
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Y entre las piernas destruidas del imperio azul Navegamos negadas gaviotas del sur buscando el sustento Aros de plástico nos traban los picos Y vemos miles de posibilidades más solo nos queda volar, imaginar y morir de hambre Cuántas gaviotas cansadas no venderían sus alas por un bocado Por hallar un puerto en medio del acantilado Por caer al vacío en medio de un cielo oscuro y estrellado Gaviotas pendejas Acostumbradas a los vuelos tan normales No sabiendo que ellas son tan desiguales Y que a su imperio no le hacen falta más que para morir de hambre Gaviotas acomplejadas Que se limpian el plumaje Y se quedan viendo las olas En medio de las corrientes atravesadas
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Jan 29, 2018
Jan 29, 2018 at 3:34 PM UTC
Gaviotas Imperiales
Y entre las piernas destruidas del imperio azul Navegamos negadas gaviotas del sur buscando el sustento Aros de plástico nos traban los picos Y vemos miles de posibilidades más solo nos queda volar, imaginar y morir de hambre Cuántas gaviotas cansadas no venderían sus alas por un bocado Por hallar un puerto en medio del acantilado Por caer al vacío en medio de un cielo oscuro y estrellado Gaviotas pendejas Acostumbradas a los vuelos tan normales No sabiendo que ellas son tan desiguales Y que a su imperio no le hacen falta más que para morir de hambre Gaviotas acomplejadas Que se limpian el plumaje Y se quedan viendo las olas En medio de las corrientes atravesadas
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Aug 6, 2017
Aug 6, 2017 at 4:33 AM UTC
Gaviotas Imperiales
En breve cárcel traigo aprisionado, Con toda su familia de oro ardiente, El cerco de la luz resplandeciente, Y grande imperio del Amor cerrado. Traigo el campo que pacen estrellado Las Fieras altas de la piel luciente; Y a escondidas del Cielo y del Oriente, Día de luz y parto mejorado. Traigo todas las Indias en mi mano, Perlas que en un diamante por rubíes, Pronuncian con desdén sonoro hielo, Y razonan tal vez fuego tirano Relámpagos de risa carmesíes, Auroras, gala y presunción del Cielo.
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Retrato de lisi que traía en una sortija
Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa, el jazmín duplicó su estrellado secreto, y del terrible amor las suaves manos puras dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos. Oh amor, cómo de pronto, de las desgarraduras hiciste el edificio de la dulce firmeza, derrotaste las uñas malignas y celosas y hoy frente al mundo somos como una sola vida. Así fue, así es y así será hasta cuando, salvaje y dulce amor, bienamada Matilde, el tiempo nos señale la flor final del día. Sin ti, sin mí, sin luz ya no seremos: entonces más allá del la tierra y la sombra el resplandor de nuestro amor seguirá vivo.
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Soneto xxiii
De tanto amor mi vida se tiñó de violeta y fui de rumbo en rumbo como las aves ciegas hasta llegar a tu ventana, amiga mía: tú sentiste un rumor de corazón quebrado y allí de la tinieblas me levanté a tu pecho, sin ser y sin saber fui a la torre del trigo, surgí para vivir entre tus manos, me levanté del mar a tu alegría. Nadie puede contar lo que te debo, es lúcido lo que te debo, amor, y es como una raíz natal de Araucanía, lo que te debo, amada. Es sin duda estrellado todo lo que te debo, lo que te debo es como el pozo de una zona silvestre en donde guardó el tiempo relámpagos errantes.
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Soneto lxiv