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"escupiendo" poems
Esta boca es mía nací con ella, me crié con ella aprendí a hablar y a conjugar adjetivos palabras, sujetos y predicados escupiendo cosas que nunca debí decir masticando en ella la vida como menta saboreando cada momento, cada prosa con mi boca la que no procesa lo que de la mente llega mas aun sale al desnudo como un bebe al recién nacer. De mi boca la que muerde siente y se arrepiente la que delira a cada rato la que conoce un vocabulario sin sentido rima frases sin diccionario porque si no existen se las inventa hasta que lleguen a existir casi así como el Latín un idioma al extinguir una lengua sin domesticar diciendo cosas sin sugerir sin ninguna delicadeza que interrumpe sin excusar sea mentira o sea ****** es una boca sin conciencia que deja de ser boca en el momento que empieza hablar. [Mi boca tiene sed, un receso.] [Ahem] [Como decía...] Talvez tengo una fijación oral sea por angustia o ansiedad mi boca no conoce nicotina ni mariscos ni invertebrados que se sacuden en el piso pero si una buena botella de vino y un trago de whisky, mejor ni hablar... Sabes que mi boca se fue de gira y de paso conoció a otras enternecidas, endurecidas por los años secuestradas por amores baratos sin ningún tipo de amnistía mas para mi boca fue un contrabando ladrona de besos prestados que suben de precio en el mercado en los burdeles de los gitanos y de mis fantasías cuando ya no estas. Y es así que me quede sin boca cuando paso hacer tuya porque no hay boca con mas levadura no hay boca con mas fortuna tan pesimista y tan conformista y al final de cuenta tan habladora que se resbala en mi camisa bajando de botón a botón subiendo denuevo se esconde y la encuentro visitando a la mía, la mía misma que después de tantos años dejo de ser boca porque ya no se conforma ni se entiende ni se toca si no te besa a ti.
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Feb 19, 2010
Feb 19, 2010 at 4:09 PM UTC
Esta Boca Es Mía...Y Tuya También.
Esta boca es mía nací con ella, me crié con ella aprendí a hablar y a conjugar adjetivos palabras, sujetos y predicados escupiendo cosas que nunca debí decir masticando en ella la vida como menta saboreando cada momento, cada prosa con mi boca la que no procesa lo que de la mente llega mas aun sale al desnudo como un bebe al recién nacer. De mi boca la que muerde siente y se arrepiente la que delira a cada rato la que conoce un vocabulario sin sentido rima frases sin diccionario porque si no existen se las inventa hasta que lleguen a existir casi así como el Latín un idioma al extinguir una lengua sin domesticar diciendo cosas sin sugerir sin ninguna delicadeza que interrumpe sin excusar sea mentira o sea ****** es una boca sin conciencia que deja de ser boca en el momento que empieza hablar. [Mi boca tiene sed, un receso.] [Ahem] [Como decía...] Talvez tengo una fijación oral sea por angustia o ansiedad mi boca no conoce nicotina ni mariscos ni invertebrados que se sacuden en el piso pero si una buena botella de vino y un trago de whisky, mejor ni hablar... Sabes que mi boca se fue de gira y de paso conoció a otras enternecidas, endurecidas por los años secuestradas por amores baratos sin ningún tipo de amnistía mas para mi boca fue un contrabando ladrona de besos prestados que suben de precio en el mercado en los burdeles de los gitanos y de mis fantasías cuando ya no estas. Y es así que me quede sin boca cuando paso hacer tuya porque no hay boca con mas levadura no hay boca con mas fortuna tan pesimista y tan conformista y al final de cuenta tan habladora que se resbala en mi camisa bajando de botón a botón subiendo denuevo se esconde y la encuentro visitando a la mía, la mía misma que después de tantos años dejo de ser boca porque ya no se conforma ni se entiende ni se toca si no te besa a ti.
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Preguntaréis: Y dónde están las lilas? Y la metafísica cubierta de amapolas? Y la lluvia que a menudo golpeaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros? Os voy a contar todo lo que me pasa. Yo vivía en un barrio de Madrid, con campanas, con relojes, con árboles. Desde allí se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero.                                           Mi casa era llamada la casa de las flores, porque por todas partes estallaban geranios: era una bella casa con perros y chiquillos.                                   Raúl, te acuerdas? Te acuerdas, Rafael?                                 Federico, te acuerdas debajo de la tierra, te acuerdas de mi casa con balcones en donde la luz de junio ahogaba flores en tu boca?                                                                 Hermano, hermano! Todo eran grandes voces, sal de mercaderías, aglomeraciones de pan palpitante, mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua como un tintero pálido entre las merluzas: el aceite llegaba a las cucharas, un profundo latido de pies y manos llenaba las calles, metros, litros, esencia aguda de la vida,                           pescados hacinados, contextura de techos con sol frío en el cual la flecha se fatiga, delirante marfil fino de las patatas, tomates repetidos hasta el mar. Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre. Bandidos con aviones y con moros, bandidos con sortijas y duquesas, bandidos con frailes negros bendiciendo venían por el cielo a matar niños, y por las calles la sangre de los niños corría simplemente, como sangre de niños. Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo seco mordería escupiendo, víboras que las víboras odiaran! Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarse para ahogaros en una sola ola de orgullo y de cuchillos! Generales traidores: mirad mi casa muerta, mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón. Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles venid a ver la sangré por las calles, venid a ver la sangre por las calles!
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Explico algunas cosas
Preguntaréis: Y dónde están las lilas? Y la metafísica cubierta de amapolas? Y la lluvia que a menudo golpeaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros? Os voy a contar todo lo que me pasa. Yo vivía en un barrio de Madrid, con campanas, con relojes, con árboles. Desde allí se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero.                                           Mi casa era llamada la casa de las flores, porque por todas partes estallaban geranios: era una bella casa con perros y chiquillos.                                   Raúl, te acuerdas? Te acuerdas, Rafael?                                 Federico, te acuerdas debajo de la tierra, te acuerdas de mi casa con balcones en donde la luz de junio ahogaba flores en tu boca?                                                                 Hermano, hermano! Todo eran grandes voces, sal de mercaderías, aglomeraciones de pan palpitante, mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua como un tintero pálido entre las merluzas: el aceite llegaba a las cucharas, un profundo latido de pies y manos llenaba las calles, metros, litros, esencia aguda de la vida,                           pescados hacinados, contextura de techos con sol frío en el cual la flecha se fatiga, delirante marfil fino de las patatas, tomates repetidos hasta el mar. Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre. Bandidos con aviones y con moros, bandidos con sortijas y duquesas, bandidos con frailes negros bendiciendo venían por el cielo a matar niños, y por las calles la sangre de los niños corría simplemente, como sangre de niños. Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo seco mordería escupiendo, víboras que las víboras odiaran! Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarse para ahogaros en una sola ola de orgullo y de cuchillos! Generales traidores: mirad mi casa muerta, mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón. Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles venid a ver la sangré por las calles, venid a ver la sangre por las calles!
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Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol -en verano- y se calla. (¿Dije tranquilamente?: falso, falso: uno se sienta inquieto haciendo extraños gestos, pisoteando las hojas abatidas por la furia de un otoño sombrío, destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos, mordiendo injustamente las uñas de esos dedos, escupiendo en los charcos invernales, golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas que permanecen indiferentes al paso de la primavera, una primavera urbana que asoma con timidez los flecos de sus cabellos verdes allá arriba, detrás del zinc oscuro de los canalones, levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a punto de ser polvo.) Eso es cierto, tan cierto como que tengo un nombre con alas celestiales, arcangélico nombre que a nada corresponde: Ángel, me dicen, y yo me levanto disciplinado y recto con las alas mordidas -quiero decir: las uñas- y sonrío y me callo porque, en último extremo, uno tiene conciencia de la inutilidad de todas las palabras.
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Preámbulo a un silencio
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Crucifixión
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Escupiendo mentiras sobre esperanzas de papel, llorando mercurio, quemándome la piel.
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Dec 21, 2019
Dec 21, 2019 at 1:07 PM UTC
Nauseabundo optimismo