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"escuches" poems
No se de que manera decirte lo que siento Tal vez no tenga la fuerza, tal vez no pueda Por eso ahora en silencio te escribo Quiero que sepas lo que mi alma piensa Aunque tengo miedo, te escribo En silencio te lo digo Y en silencio dejo que mis Sentimientos te griten al oido, Que mi silencio te suzurre un canto escondido Aunque no te hable sientas que me muero Por estar a tu lado Ser tu fiel confidente cuando necesites Que te escuchen de repente. Quiero que me escuches Que escuches el temblor que vive adentro El temor de mi cordero Quiero que me escuches Que escuches mis pensamientos latientes Los bailarines de mi mente Yo te puedo amar, amar Yo te puedo amar, amar sin hablar Mis sentimientos más profundos En silencio se revelaran.
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Mar 2, 2012
Mar 2, 2012 at 11:08 AM UTC
Silencio
no le des espacio a lo negativo aunque pronostiquen días de mal tiempo se escucha un polluelo que calló del nido expande hoy tus alas y remonta el vuelo tu naciste para ver las cosas desde arriba conquista las alturas piensa positivo renueva hoy tu mente, pues coro La sangre de Cristo es vida hay victoria segura en él estudiando y guardando su palabra lo esperaras y todo te saldrá bien. II Procura no mirar ese panorama que hacen que tus sueños sean como desvelos no escuches voces incierta y extrañas que solo ponen peso sobre tus espaldas Tú naciste para ver las cosas desde arriba conquista las alturas piensa positivo renueva hoy tu mente pues. coro La sangre de Cristo es vida hay victoria segura en él estudiando y guardando su palabra lo esperaras y todo te saldrá bien. La sangre de Cristo es vida hay victoria segura en él estudiando y guardando su palabra lo esperaras y todo te saldrá bien. La sangre de Cristo es vida.
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Nov 7, 2015
Nov 7, 2015 at 2:10 AM UTC
Benjamin Rivera - Días Mejores
Hermano: hay cuatro o cinco nombres obscuros que sangran la poesía. El exterminio asiste a los amantes. Hay quien sin darse cuenta camina en el suicidio como si visitara la muerte de un extraño. El hombre dice polvo y soledad y angustia. La esperanza, asustada, se refugia en los niños y en los tontos y en nosotros, los que todavía, por la gracia del verbo, somos desgraciados. La tierra ignora, el hombre trata de conocer, levanta la cabeza en que los ojos brillan. Hermano: estoy enfermo, estamos bebiendo diariamente vida y muerte mezcladas, en nuestro pan hay piedras, tenemos sucio el llanto, acudimos a nuestro corazón como a una casa limpia, pero tenemos que dormir sobre montones de basura y cuando llega el día no podemos tomar leche al pie de la vaca sino brebajes de perdición en manos de brujas. Amanecer no es hoy darse cuenta del día. La sangre a veces se congela en los ojos que quieren ver el mundo. Tu mano de amor se hará de piedra si tratas de secar el llanto a tu vecino. No hables, no escuches nada, no socorras, no llames en tu auxilio, que cada quien se ahogue bajo sus propios gritos, en sus gestos de espanto para la mímica universal. Hermano: tu desaliento no tiene sentido, óyeme hablar de la primavera. Yo siento a veces que los pulmones se me quiebran, que la carne toda se me quiebra igual que un vidrio golpeado por un martillo; siento que alguien les aprieta el pescuezo a los pájaros dentro de las jaulas, que alguien mete un perro y un gato en un costal, que les dan con un mazo en la nuca a los corderos, que degüellan niñas, juntándoles la cabeza a la espalda, pero óyeme hablar de la primavera. La miel se cosecha todavía en las bodegas y en los libros. La ternura existe. Vamos a morirnos cada quien en su sitio calladamente. No hay que darle importancia.
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Carta a jorge
Hermano: hay cuatro o cinco nombres obscuros que sangran la poesía. El exterminio asiste a los amantes. Hay quien sin darse cuenta camina en el suicidio como si visitara la muerte de un extraño. El hombre dice polvo y soledad y angustia. La esperanza, asustada, se refugia en los niños y en los tontos y en nosotros, los que todavía, por la gracia del verbo, somos desgraciados. La tierra ignora, el hombre trata de conocer, levanta la cabeza en que los ojos brillan. Hermano: estoy enfermo, estamos bebiendo diariamente vida y muerte mezcladas, en nuestro pan hay piedras, tenemos sucio el llanto, acudimos a nuestro corazón como a una casa limpia, pero tenemos que dormir sobre montones de basura y cuando llega el día no podemos tomar leche al pie de la vaca sino brebajes de perdición en manos de brujas. Amanecer no es hoy darse cuenta del día. La sangre a veces se congela en los ojos que quieren ver el mundo. Tu mano de amor se hará de piedra si tratas de secar el llanto a tu vecino. No hables, no escuches nada, no socorras, no llames en tu auxilio, que cada quien se ahogue bajo sus propios gritos, en sus gestos de espanto para la mímica universal. Hermano: tu desaliento no tiene sentido, óyeme hablar de la primavera. Yo siento a veces que los pulmones se me quiebran, que la carne toda se me quiebra igual que un vidrio golpeado por un martillo; siento que alguien les aprieta el pescuezo a los pájaros dentro de las jaulas, que alguien mete un perro y un gato en un costal, que les dan con un mazo en la nuca a los corderos, que degüellan niñas, juntándoles la cabeza a la espalda, pero óyeme hablar de la primavera. La miel se cosecha todavía en las bodegas y en los libros. La ternura existe. Vamos a morirnos cada quien en su sitio calladamente. No hay que darle importancia.
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Derramarás tus lágrimas, desventurado amante, como un único dolor, y en la anchura del mundo siempre habrá, en ese instante, unos ojos más tristes y una pena mayor. Abrirás la ventana cuando se enciende el día, feliz con tu destino, libre de todo mal, y en la anchura del mundo cualquiera encontraría otra ventana abierta y una alegría igual. Maldecirás la noche viendo pasar el viento, o crisparas las manos sin saber contra quién, y en la anchura del mundo y en el mismo momento ha de haber alguien, siempre, descontento también. Y un día, cuando escuches el llamado profundo, la señal para el viaje, la terrible señal, quién sabe cuántos hombres, en la anchura del mundo, te seguirán los pasos de la sombra final…
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Canción compartida
eres un respiro; un claro en medio del bosque. se pide perdón con la lengua sin siquiera decirlo. akí hay aktivismo a golpes, una gotita de sangre calentándote la cara con su caída. en los ríos la calma que da balance a la violencia en la lluvia una oportunidad para empezar de nuevo. se respiran flores amarillas y moras dejándote un gustito dulce en la garganta; con ganas de un día más acá. las hojas bailan como bailé yo la noche de ayer sin ningún esfuerzo dejándose llevar por el ritmo de la brisa. caminar por tus calles una confusión conocida, perderme en tí es lo más lindo. quiero una conversación eterna contigo, ver como das vuelta todo lo que pensé que eras; que escuches mis penas pisando tus caminos, que me limpies el corazón con una botella de vino y los actos amables que se esconden en tus esquinas, detrás de las cortinas de tus casas de hojalata.
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Feb 22, 2018
Feb 22, 2018 at 5:15 PM UTC
divia val
Me miras con perfidia pretendiendo domar mi recinto. Presumes tu sabiduría sin saber que yo soy, ¡guía audaz! Que llevo más de diez vidas perfeccionando mis gritos, cuyo sonidos te llevaran al olimpo de los seres invictos. Gimos con algoritmos que descifran los calóricos revoltillos de una mente esculpida que sabe sumergirse; en insondable pozos, complacerte, hasta que logres tu propósito, hasta que digas ¡eureka! la novena maravilla, la he encontrado, en tu llanto pasional. Me miras y pretendes amedrentarme, pretendes que huya de mi desnudez y yo sencillamente, te reto a que te atiborres de mi ser.., a que te pierdas en mi querer; que no te avergüences de mi placer y que escuches en mis suspiros los quejidos de mi erotismo. Me miras como quien pretende impresionar y yo con la mirada fija.., te reto a que descubras mi castidad; Que te enganches de mi honduras, que te aferres a mi cintura, que te enamores de mi sabrosura, que te deshagas de tu cordura y respondas al clamo de mis deseos que te hacen un llamado visceral. Que apruebes conmigo los sabores del tiempo, con feroces besos, que van componiendo la canción perfecta, hasta que lleguemos a nuestro destino pasional. Te dije alguna vez y te lo diré otra vez, “Yo no gimo, yo gruñó como loba, maulló como perra” brinco hasta afincarme en tus cinco sentidos, y logres entender, que tú serás un lobo maldito, pero, a mi amor !no lo puedes someter!
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May 25, 2018
May 25, 2018 at 1:03 PM UTC
GRITOS
Serenidad, tú para el muerto, que yo estoy vivo y pido lucha. Otros habrá que te deseen: ésos no saben lo que buscan. Si se durmieran nuestras almas, si las tuviéramos maduras para mirar inconmovibles, para aceptar sin amargura, para no ver la vida en torno apasionadamente nunca, duros y fríos, como piedra que sopla el viento y no la muda... Almas claras. Ojos despiertos. Oídos llenos de la música del dolor. Los dedos felices, aunque los hieran las agudas espinas. Todo el sabor agrio de la vida, en la lengua.                               «Nunca podrás mojar tu pie en el río en que ayer lo mojaste. Busca la eternidad, vive en la alta contemplación de su figura». Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Serenidad que se nos vende por librarnos de la tortura, por llenarnos de sueño el alma y rodeárnosla de bruma. Serenidad, tú para el muerto. El hombre es hombre, y no le asusta saber que el viento que hoy le canta no volverá a cantarle nunca. Serenidad, no te me entregues ni te des nunca, aunque te pida de rodillas que me libertes de mi angustia. Será que vivo sin saberlo o que deserto de la lucha. Tú no me escuches, no me eleves hasta tu cumbre de luz única. Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Yo también me hago un poco libro, me duermo el alma... Antología poética                           Luz difusa. La madrugada se desgaja agria y azul, como una fruta. Cantan los pinos a lo lejos. Un niño llora. Las desnudas mujeres y hombres silenciosos salen despacio de las últimas sombras. Los pájaros me esperan. Se alzan las olas. (Me preguntan por qué). Campanas... (Ayer niebla, hoy claro sol y luego lluvia...) ¿Por qué? Las hojas se estremecen... Voy inundándome de música
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Serenidad
Serenidad, tú para el muerto, que yo estoy vivo y pido lucha. Otros habrá que te deseen: ésos no saben lo que buscan. Si se durmieran nuestras almas, si las tuviéramos maduras para mirar inconmovibles, para aceptar sin amargura, para no ver la vida en torno apasionadamente nunca, duros y fríos, como piedra que sopla el viento y no la muda... Almas claras. Ojos despiertos. Oídos llenos de la música del dolor. Los dedos felices, aunque los hieran las agudas espinas. Todo el sabor agrio de la vida, en la lengua.                               «Nunca podrás mojar tu pie en el río en que ayer lo mojaste. Busca la eternidad, vive en la alta contemplación de su figura». Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Serenidad que se nos vende por librarnos de la tortura, por llenarnos de sueño el alma y rodeárnosla de bruma. Serenidad, tú para el muerto. El hombre es hombre, y no le asusta saber que el viento que hoy le canta no volverá a cantarle nunca. Serenidad, no te me entregues ni te des nunca, aunque te pida de rodillas que me libertes de mi angustia. Será que vivo sin saberlo o que deserto de la lucha. Tú no me escuches, no me eleves hasta tu cumbre de luz única. Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Yo también me hago un poco libro, me duermo el alma... Antología poética                           Luz difusa. La madrugada se desgaja agria y azul, como una fruta. Cantan los pinos a lo lejos. Un niño llora. Las desnudas mujeres y hombres silenciosos salen despacio de las últimas sombras. Los pájaros me esperan. Se alzan las olas. (Me preguntan por qué). Campanas... (Ayer niebla, hoy claro sol y luego lluvia...) ¿Por qué? Las hojas se estremecen... Voy inundándome de música
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Penitencia número uno: intenta no pensar en el color de mi piel ni en mi cuerpo. Penitencia número dos: sigue haciendo lo que haces, finge que no quieres mis besos. Penitencia número tres: trata de imaginarme como si fuera la luna de tu marea. Como si no pudieras estar sin mí por la noche. Penitencia número cuatro: intenta orar a Dios por mí cuando ya me haya ido para siempre. Como si pudieras vivir sin mí en este mundo loco. Penitencia número cinco: Déjame ir y regálame el camino de salida si no puedes darme el cielo. Seis, nunca vuelvas a mi país. Siete, nunca cierres los ojos cuando empiezo a salir con alguien. Ocho, nunca apagues las luces e imagínate en tu cuarto. Nueve, no me escuches cuando digo "vuelve". Diez, ni siquiera pienses más en mí.
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Mar 26, 2024
Mar 26, 2024 at 9:06 AM UTC
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