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"escolta" poems
Tu transmigración será ir de cama en cama, durmiendo raros sueños parejos al segundo ocaso, de las fábricas del tiempo verás el eterno paso y serás como una vana sombra urdida por el karma. El misterio de la identidad es sostenido por las divinas piezas que forman la memoria. el cerebro, único amanuense de la historia rapsodia el ser que miente lo que has sido. En el vino que es nepente y en el delirio del mezcal buscaste el rostro que tenías antes de crearse el mundo, y aunque la fiera enferma te convoque a lo profundo no evitarás esa sustancia doble como lago de sal: La voluntad.  Su potencia sugiere el arte o la copulación y su tremendo motor vuelca decadencia en apogeo, no escapan de su orbe las horas diseñadas por Morfeo y su caravana te escolta de la abulia a la revelación. Todos los días sos otro. Sin embargo, hay algo que te pertenece: la idea de la luna, el amor y la amistad, la música, los dones y la fantasía.                                                                      a Pascal Quignard
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May 11, 2015
May 11, 2015 at 1:15 AM UTC
Las sombras errantes
The squalid honey of this urban hive that sways and quivers in Escolta's arms assaulting viscous currents, I've survived to witness time dissolve in waters warm.      When monsoon whispers calmed the fev'rish night, hyacinths surren'dring to kundíman songs seduced I was to words meant to ignite another's lust. But still 'tis I that long      In time, desire has rotten into liquor and putrid nectar spoiled in unloved lips-- this rancor that I spit into this river to curse the farewell of your westward ship      and centuries have passed, yet here I bathe Manila's vein that bursts with restless hate
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Mar 31, 2020
Mar 31, 2020 at 2:56 PM UTC
Sonnet I: los días ultimos del rio Pasig
Había una vez un poeta portugués tenía cuatro poetas adentro y vivía muy preocupado trabajaba en la administración pública y dónde se vio que un empleado público de portugal gane para alimentar cuatro bocas Cada noche pasaba lista a sus poetas incluyéndose a sí mismo uno estiraba la mano por la ventana y le caían astros allí otro escribía cartas al sur qué están haciendo del sur decía De mi uruguay decía el otro se convirtió en un barco que amó a los marineros esto es bello porque no todos los barcos hacen así hay barcos que prefieren mirar por el ojo de buey Hay barcos que se hunden Dios camina afligido por el fenómeno ése es que no todos los barcos se parecen a los poetas del portugués salían del mar y se secaban los huesitos al sol Cantando la canción de tus pechos amada cantaban que tus pechos llegaron una tarde con una escolta de horizontes eso cantaban los poetas del portugués para decir que te amo antes de separarse tender la mano al cielo escribir cartas al uruguay Que mañana van a llegar mañana van a llegar las cartas del portugués y barrerán la tristeza mañana va a llegar el barco del portugués al puerto de montevideo siempre supo que entraba en ese puerto y se volvía más hermoso Como los cuatro poetas del portugués cuando se preocupaban todos juntos por el hombre de la tabaquería de enfrente el animal de sueños del hombre de la tabaquería de enfrente galopando con como josé gervasio de artigas por el hambre mundial El portugués tenía cuatro poetas mirando al sur al norte al muro al cielo les daba a todos de comer con el sueldo del alma él se ganaba el sueldo en la administración del país público y también mirando el mar que va de lisboa al uruguay Yo siempre estoy olvidando cosas una vez me olvidé un ojo en la mitad de una mujer otra vez me olvidé una mujer en la mitad de portugués me olvidé el nombre del poeta portugués De lo que no me olvido es de su barco navegando hacia el sur de su manita llena de astros golpeando contra la furia del mundo con el hombre de enfrente en la mano
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Yo también escribo cuentos
Había una vez un poeta portugués tenía cuatro poetas adentro y vivía muy preocupado trabajaba en la administración pública y dónde se vio que un empleado público de portugal gane para alimentar cuatro bocas Cada noche pasaba lista a sus poetas incluyéndose a sí mismo uno estiraba la mano por la ventana y le caían astros allí otro escribía cartas al sur qué están haciendo del sur decía De mi uruguay decía el otro se convirtió en un barco que amó a los marineros esto es bello porque no todos los barcos hacen así hay barcos que prefieren mirar por el ojo de buey Hay barcos que se hunden Dios camina afligido por el fenómeno ése es que no todos los barcos se parecen a los poetas del portugués salían del mar y se secaban los huesitos al sol Cantando la canción de tus pechos amada cantaban que tus pechos llegaron una tarde con una escolta de horizontes eso cantaban los poetas del portugués para decir que te amo antes de separarse tender la mano al cielo escribir cartas al uruguay Que mañana van a llegar mañana van a llegar las cartas del portugués y barrerán la tristeza mañana va a llegar el barco del portugués al puerto de montevideo siempre supo que entraba en ese puerto y se volvía más hermoso Como los cuatro poetas del portugués cuando se preocupaban todos juntos por el hombre de la tabaquería de enfrente el animal de sueños del hombre de la tabaquería de enfrente galopando con como josé gervasio de artigas por el hambre mundial El portugués tenía cuatro poetas mirando al sur al norte al muro al cielo les daba a todos de comer con el sueldo del alma él se ganaba el sueldo en la administración del país público y también mirando el mar que va de lisboa al uruguay Yo siempre estoy olvidando cosas una vez me olvidé un ojo en la mitad de una mujer otra vez me olvidé una mujer en la mitad de portugués me olvidé el nombre del poeta portugués De lo que no me olvido es de su barco navegando hacia el sur de su manita llena de astros golpeando contra la furia del mundo con el hombre de enfrente en la mano
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Carlos avanza entre su pueblo. Mira a la izquierda y a la derecha. Ha rechazado los brazos de la escolta. Liberado de la necesidad de la mentira, sabe que hoy va a la muerte, no al olvido, y que es un rey. La ejecución lo espera; la mañana es atroz y verdadera. No hay temor en su carne. Siempre ha sido, a fuer de buen tahúr, indiferente. Ha apurado la vida hasta las heces; ahora está solo entre la armada gente. No lo infama el patíbulo. Los jueces no son el Juez. Saluda levemente y sonríe. Lo ha hecho tantas veces.
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Una mañana de 1649