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"enemiga" poems
Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir. Voces antiguas que cercan voz de clavel varonil. Les clavó sobre las botas mordiscos de jabalí. En la lucha daba saltos jabonados de delfín. Bañó con sangre enemiga su corbata carmesí, pero eran cuatro puñales y tuvo que sucumbir. Cuando las estrellas clavan rejones al agua gris, cuando los erales sueñan verónicas de alhelí, voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir.   Antonio Torres Heredia, Camborio de dura crin, moreno de verde luna, voz de clavel varonil: ¿Quién te ha quitado la vida cerca del Guadalquivir? Mis cuatro primos Heredias hijos de Benamejí. Lo que en otros no envidiaban, ya lo envidiaban en mí. Zapatos color corinto, medallones de marfil, y este cutis amasado con aceituna y jazmín. ¡Ay Antoñito el Camborio digno de una Emperatriz! Acuérdate de la Virgen porque te vas a morir. ¡Ay Federico García, llama a la Guardia Civil! Ya mi talle se ha quebrado como caña de maíz.   Tres golpes de sangre tuvo y se murió de perfil. Viva moneda que nunca se volverá a repetir. Un ángel marchoso pone su cabeza en un cojín. Otros de rubor cansado, encendieron un candil. Y cuando los cuatro primos llegan a Benamejí, voces de muerte cesaron cerca del Guadalquivir.
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Muerte de antoñito el camborio
Poeta, no temas caer en audacia o que versos anteriores limiten tu poesia, esta no es un fragmento para comparación, y al nacer una obra, ten dado que su resolución es inaudita; ya que un sueño profundo nunca cesa. Solo rie en el pudor que bajo la luna palpita, recitandole a un sueño un mercurio de risas. No tomes a Melancolia como tu enemiga, endulza el alma con un breve remordimiento. No necesitas cambiar al mundo ni tu vida en una palabra; solo sentir la brisa que respira cada grano y cada gota que incita. No necesitas ni lápiz, ni papel, ni harmonia, solo una rima cambiante que en su intangible ardor rescata tu sonrisa. No te niegues a preservarla en el valiente rumbo de la neblina, ya que las palabras sinceras nunca han de ser escritas.
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Aug 13, 2013
Aug 13, 2013 at 1:21 AM UTC
Poeta
enemiga mía, hace cuatro años nos conocimos y hasta este día todavía no hablamos ¿recuerdas cuando éramos amistades? todas las noches en la hierba, la nieve, revolcandonos sobre el piso y a veces en el cielo. ¿qué le pasó a nuestra unidad? estos días me temes, estos días quiero perdonar. te echo de menos. deseo que seas bendecida que se jodan los ex novios, quiero ser otra vez tu amiga.
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Sep 26, 2013
Sep 26, 2013 at 3:44 AM UTC
esperanza
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Acuarimántima ii
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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El cadalso y carlota corday los alinearon en la habitual arruga de la historia pero danton robespierre marat no se miran ni se dirigen la palabra la muerte esa inasible que fuera su cofrade y su enemiga los recorre con dulce escalofrío en tanto que la fama los satura de himnos desafueros y retórica matarifes o mártires pródigos o inclementes jacobinos o nada entrañables o impíos bonne nouvelle o fetiches patronos de la luz o del terror blandieron la justicia como fiebre el amor cual relámpago la excepción como regla y la revolución ese eterno entrevero como última acrobacia inevitable no obstante hace dos siglos bregaron deliraron murieron con urgencia no sin antes mostrar al resto de los tiempos lo frágiles que eran la cerviz los poderes y sin embargo esos huéspedes o anfitriones del peligro marat danton y robespierre no se hablaban ni se miraban o al menos no se hablaron ni se miraron hasta que de las nuevas arrugas de la historia emergieron artigas y martí y sandino y el che y otros abuelos y bisabuelos cándidos y al abrazarlos sin hacer distingos de a poquito los fueron persuadiendo de que todos lucharon por el hombre el pobrecito duende de este mundo
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Los tres
Yo te escogí entre todas las mujeres para que repitieras sobre la tierra mi corazón que baila con espigas o lucha sin cuartel cuando hace falta. Yo te pregunto, dónde está mi hijo? No me esperaba en ti, reconociéndome, y diciéndome: «Llámame para salir sobre la tierra a continuar tus luchas y tus cantos»? Devuélveme a mi hijo! Lo has olvidado en las puertas del placer, oh pródiga enemiga, has olvidado que viniste a esta cita, la más profunda, aquella en que los dos, unidos, seguiremos hablando por tu boca, amor mío, ay todo aquello que no alcanzamos a decirnos? Cuando yo te levanto en una ola de fuego y sangre, y se duplica la vida entre nosotros, acuérdate que alguien nos llama como nadie jamás nos ha llamado, y que no respondemos y nos quedamos solos y cobardes ante la vida que negamos. Pródiga, abre las puertas, y que en tu corazón el nudo ciego se desenlace y vuele con tu sangre y la mía por el mundo!
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La pródiga