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"empezamos" poems
Es chistosa la forma en que suceden las cosas. Así cuándo te imaginas que algo pasará de cierta forma porque normalmente es el ritmo que lleva, es cuando pasa lo contrario. Así me pasó contigo. Creí que no te conocería y serías algún desconocido más en esa fiesta; pero empezamos a hablar. Creí que hablaríamos pero después de 5 minutos terminarían los temas de conversación; pero hablamos durante horas. Creí que nuestro encuentro simplemente se quedaría en la fiesta; pero me invitaste a un café. Creí que no me perdería en tus ojos; pero lo hice, y la verdad me encanta.
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Jul 28, 2013
Jul 28, 2013 at 6:51 AM UTC
Así suceden las cosas.
Regularmente en los últimos años se ha notado que, nosotros, sólo hemos aprendido a mantener un "horario de lamentos". Esto me preocupa ¿En qué momento todos nos perdimos a nosotros mismos? ¿Cuándo empezamos a depender de los demás? ¿Cuándo las notas de una canción marcan el momento definitivo de la noche?. ¿Cuándo nos volvimos tan vacíos al estar tan llenos?.
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Sep 9, 2017
Sep 9, 2017 at 1:40 PM UTC
Antes pt.2
Empezamos este camino pensando que iba a ser sencillo, soñando con llegar a la luna, creyendo en la infinidad de nuestros años, aún siendo conscientes de que todo tiene un inicio y un final, pensábamos que el fin quedaría distante, tan lejano como la luna misma. Pero yo siempre miré al cielo sabiendo que todo lo puedo en Cristo que me fortalece, y así fue, partimos en ese viaje. El camino no fue recto, sino un entramado de senderos desviados y bifurcaciones inciertas, donde cada paso cargaba el peso de decisiones y cada tropiezo era una lección que ardía en la piel. El futuro se volvió un abismo de incertidumbre que se hacía cada vez más grande con cada paso que dábamos. En medio de todo, llegamos a un hermoso lago, pero pronto descubrimos que no era agua tranquila, sino un río impredecible, un huracán que giraba sobre sí mismo. Mezclaba pasado y presente, arrastraba sueños rotos y esperanzas nacientes. Entendimos que el camino era la prueba y el tiempo, el juicio. Pero no uno imparcial, sino un reflejo de nuestras propias luchas y silencios. Porque en cada caída, en cada cicatriz, en cada decisión que tomamos, le arrancamos un fragmento al tiempo para hacerlo nuestro. Empezábamos a encontrar ese final ya cercano, como si fueran las últimas páginas de un libro, y recordábamos todo lo que escribimos con tinta sobre el papel de nuestras vidas. Finalmente, llegamos a ese punto inevitable, donde el polvo del camino se asentó y el eco de nuestros pasos se desvaneció. Dios, contento al ver nuestra valentía, sonreía desde el cielo. La luna, llena de alegría, brillaba como nunca. Y ya en el final del camino, nos miramos a los ojos para darnos cuenta de lo que el tiempo hizo con nosotros y de lo que nosotros hicimos con el tiempo.
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Mar 18, 2025
Mar 18, 2025 at 11:33 AM UTC
Viaje de ida
Empezamos este camino pensando que iba a ser sencillo, soñando con llegar a la luna, creyendo en la infinidad de nuestros años, aún siendo conscientes de que todo tiene un inicio y un final, pensábamos que el fin quedaría distante, tan lejano como la luna misma. Pero yo siempre miré al cielo sabiendo que todo lo puedo en Cristo que me fortalece, y así fue, partimos en ese viaje. El camino no fue recto, sino un entramado de senderos desviados y bifurcaciones inciertas, donde cada paso cargaba el peso de decisiones y cada tropiezo era una lección que ardía en la piel. El futuro se volvió un abismo de incertidumbre que se hacía cada vez más grande con cada paso que dábamos. En medio de todo, llegamos a un hermoso lago, pero pronto descubrimos que no era agua tranquila, sino un río impredecible, un huracán que giraba sobre sí mismo. Mezclaba pasado y presente, arrastraba sueños rotos y esperanzas nacientes. Entendimos que el camino era la prueba y el tiempo, el juicio. Pero no uno imparcial, sino un reflejo de nuestras propias luchas y silencios. Porque en cada caída, en cada cicatriz, en cada decisión que tomamos, le arrancamos un fragmento al tiempo para hacerlo nuestro. Empezábamos a encontrar ese final ya cercano, como si fueran las últimas páginas de un libro, y recordábamos todo lo que escribimos con tinta sobre el papel de nuestras vidas. Finalmente, llegamos a ese punto inevitable, donde el polvo del camino se asentó y el eco de nuestros pasos se desvaneció. Dios, contento al ver nuestra valentía, sonreía desde el cielo. La luna, llena de alegría, brillaba como nunca. Y ya en el final del camino, nos miramos a los ojos para darnos cuenta de lo que el tiempo hizo con nosotros y de lo que nosotros hicimos con el tiempo.
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