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"elegido" poems
Un año antes del día, designado era El mancebo sin tacha, cuyo cuerpo, Perfecto igual en proporción que en alma, Mantenían en delicia, y aprendía A tañer flautas, cortar cañas de humo, Recoger flores, aspirando su aroma, Con gracia cortesana a expresarse y moverse. Estaba luego su jornada exenta De otro cuidado, e iba, ocioso y libre, Por la espalda la cabellera oscura, Ornado de guirnaldas y metales El cuerpo, como el de un dios ungido, Y a su paso los otros en honor le tenían Hasta besar la tierra que pisaba. Veinte días antes del día, desnuda ahora La piel de los perfumes, afeites y resinas, El cabello cortado como aquel de un guerrero, Las galas ya trocadas por más simple atavío, Puro en el cuerpo como puro en la mente, Cuatro doncellas bajo nombres de diosas Para acceso carnal destinadas le eran. Cinco días antes del día, las finales Fiestas le aderezaban, en jardines De la ciudad, el campo, la colina y el lago, Por cuyas aguas iba la falúa entoldada, Con él y sus mujeres, para darle consuelo Antes de desertarle, y en la ribera opuesta Quedaba sólo al fin, sin afectos ni bienes. Sobre cada escalón, en la pirámide del llano, Cada una de las flautas tañidas por el gozo, Rotas entre sus dedos, iban cayendo, Hasta alcanzar el templo de la cima, A cuyo umbral estaba el sacerdote: Como una de sus cañas, allí, rota la vida, Quedaba en su hermosura para siempre.
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El elegido
¡De qué poco depende la suerte de un partido!... Era Pradilla el jefe de la plaza ese día; Ordóñez el Congreso Nacional presidía, Y entre ambos el siguiente pacto fue convenido: «Entrarás con la tropa si un pañuelo escondido Saco y te hago una seña».                                         El tumulto crecía, Y Pradilla esperaba. La señal no veía. Arreciaba el desorden. Y López fue elegido. Después cuando Mosquera, con música en la plaza, Da «vivas», a caballo, y a todo el mundo abraza, -Alegría de unos y de otro hondo duelo- Pradilla a Ordóñez díjole, con voz adolorida: «Esperé por tres horas la señal convenida». Y Ordóñez le repuso: «Se me olvidó el pañuelo».
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Siete de marzo de 1849
Anyone can say sweet things To sway your heart in one way or the other Without meaning or thought Just plain words To bring you deceitful happiness But I'm not anyone I say what I feel And mean what I say I care for you in not just simple ways You could be defective You may be confused Even a little scared But you're the one I choose So listen when i say, No quiero la mejor, quiero el que ya he elegido
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Sep 3, 2017
Sep 3, 2017 at 3:07 AM UTC
Te Quiero
¿Ya has soñado una meta o elegido un camino, caminante? ¿Has pensado honda y valientemente en morir? ¿Ya has lanzado la divina simiente, la simiente fatal, en el surco divino? ¿Ya has negado tres veces la fuerza del destino, y has querido tres veces ir contra su corriente, y tres veces tu barca se ha undido lentamente? ¿Ya has bebido, en la copa de la esperanza, vino, y de la embriaguez dulce, supremo letargo, has vuelto en ti de pronto, más triste y menos fuerte, con la mirada turbia y con el labio amargo? ¿Ya has visto tu camino, de la coqueta suerte al favor o desdén, o muy corto o muy largo? Pues crúzate de brazos; No tardará la muerte.
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Soneto al caminante
Sí, fue un malentendido.                                     Gritaron: ¡a las urnas! y él entendió: ¡a las armas! -dijo luego. Era pundonoroso y mató mucho. Con pistolas, con rifles, con decretos. Cuando envainó la espada dijo, dice: La democracia es lo perfecto. El público aplaudió. Sólo callaron, impasibles, los muertos. El deseo popular será cumplido. A partir de esta hora soy -silencio- el Jefe, si queréis. Los disconformes que levanten el dedo. Inmóvil mayoría de cadáveres le dio el mando total del cementerio.
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Elegido por aclamación
De falsas astrologías, de costumbres un tanto lúgubres, vertidas en lo inacabable y siempre llevadas al lado, he conservado una tendencia, un sabor solitario. De conversaciones gastadas como usadas maderas, con humildad de sillas, con palabras ocupadas en servir como esclavos de voluntad secundaria, teniendo esa consistencia de la leche, de las semanas muertas, del aire encadenado sobre las ciudades. Quién puede jactarse de paciencia más sólida? La cordura me envuelve de piel compacta de un color reunido como una culebra: mis criaturas nacen de un largo rechazo: ay, con un solo alcohol puedo despedir este día que he elegido, igual entre los días terrestres. Vivo lleno de una sustancia de color común, silenciosa como una vieja madre, una paciencia fija como sombra de iglesia o reposo de huesos. Voy lleno de esas aguas dispuestas profundamente, preparadas, durmiéndose en una atención triste. En mi interior de guitarra hay un aire viejo, seco y sonoro, permanecido, inmóvil, como una nutrición fiel, como humo: un elemento en descanso, un aceite vivo: un pájaro de rigor cuida mi cabeza: un ángel invariable vive en mi espada.
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Sabor
Amor que te has ido lejos, amor que ya no me ves, amor que me has elegido entre cien; ¡amor que eres mi corona y mi bien! Di si tu mejilla guarda de mi mejilla el calor; di si por las noches sientes en sueños mi corazón. ¡Di si me buscas en sueños, oh, amor! Acaso una vez me veas en torno tuyo alentar. Acaso, sombra pequeña, pase a tu lado fugaz, ¡acaso ya no me tengas nunca más! Si lejos de ti me muero, si ya no me has de besar, si he de perderme en la selva o he de extraviarme en el mar, ¡no mires ya nunca a otra jamás! ¡Medianoche de la ausencia herida de soledad! ¡Ay, tu voz y tu palabra! ¡Ay, mi ternura y mi afán! ¡Ay, halcones cazadores cuando tan lejos te vas! ¡Dile al viento y a la luna, dile a los hombres y al sol, dile al polvo y a la lluvia que soy tu amor! ¡Di a todos los que te escuchan que tuya soy!
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Medianoche de la ausencia
Sobre la flor azul de la achicoria y en la brasa total del mediodía traza la mariposa su armonía y escribe el viento su plural historia. Estoy en el umbral de toda gloria agraria, cuando me amanece el día y ante la diaria y vegetal memoria elevo mi cantar de epifanía. El azor ¡ah mi azor! símbolo y causa de cuento tengo en la divina pausa que en la eterna batalla ahora disfruto, vuela a traerme flor, grano elegido, maravilla de hilados y tejido cual la corola y el maduro fruto. Porque nunca mi azor a criatura, en carne viva hirió, o dio tristura.
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Piadoso azor
He sembrado palabras en tierra fértil, Los regué con sudor y lágrimas, Fertilizados con sueños muertos, Y crecieron, florecieron y prosperaron. Una rica cosecha tengo ahora, Cestas repletas de hojas muertas y prensadas, Encuadernadas en coloridas cubiertas, Que otros puedan repasar a voluntad. Me brindan recompensas y algo de alegría, Me sobrevivirán, aunque no mucho, Y ayudaran a otros a aprender, Y quizás a mejorar sus vidas. Ojalá hubiera sembrado menos palabras, Cosechado menos fanegas de hojas, Y elegido sembrar otras semillas, Que habrían florecido en almas. En un instante intercambiaría Celemines de bonitas hojas muertas, Por una hija mía, Amada mediante toda mi vida. Lo hecho no se puede deshacer, Aunque senderos no tomados me llamen todavía, Al menos sé que cuándo me vaya, Las hojas muertas nunca llorarán.
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Dec 9, 2019
Dec 9, 2019 at 11:03 PM UTC
Así Como Sembramos, Así Cosechamos