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"durmiendo" poems
*Eres un caballo coriendo solitario Y él trata de domarte Te compara con un camino imposible Con una casa en llamas Dice que lo estás cegando Que nunca podría dejarte Olvidarte No quiere nada excepto a ti Lo mareas, eres irresistible Cada mujer antes o después de ti Está empapada en tu nombre Llenas su boca Sus dientes duelen con el recuerdo de tu sabor Su cuerpo es sólo una sombra buscando la tuya Pero siempre eres muy intensa Atemorizante en el modo en que lo deseas Desvergonzada y sacrificada Él dice que ningún hombre puede compararse Al que vive en tu mente Y trataste de cambiar, ¿no es así? Cerraste más tu boca Trataste de ser más suave Más linda Menos volátil, menos despierta Pero aun durmiendo podías sentirlo Viajando lejos de ti en sus sueños Así que, qué quieres hacer amor ¿Partir su cabeza en dos? No puedes construir hogares de seres humanos. Alguien debería haberte dicho eso Y si él se quiere ir entonces déjalo ir. Eres estremecedora y extraña y hermosa Algo que no todos saben cómo amar.* ― Warsan Shire
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 8:47 PM UTC
Para las mujeres que son difíciles de amar
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer un agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
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Agua ******
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer un agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
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A quién compré en esta noche la soledad que poseo quién dice la orden que apresure la marcha del viento flor de frío entre las hojas inconclusas si tú me llamas tormenta resuenas tan lejos como un tren ola triste caída a mis pies quién te dice sonámbulo de sangre partía cada vez en busca del alba a ti te reconozco pero lejos apartada inclinado en tus ojos busco el ancla perdida ahí la tienes florida adentro de los brazos de nácar es para terminar para no seguir nunca y por eso te alabo seguidora de mi alma mirándote hacia atrás te busco cada vez entre los signos del regreso estás llena de pájaros durmiendo como el silencio de los bosques pesado y triste lirio miras hacia otra parte cuando te hablo me dueles tan distante mujer mía apresura el paso apresura el paso y enciende las luciérnagas
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Untitled
Florida tore us apart with its sticky lies and hot hot días Benadryllic hazes in which I ceased to play a role in your dreams I dreamt of dark tall hipsters who loved sandwiches on pan whiter than their skin A last resort, you called them, and I disagreed I fought sleep with weighty eyelids, forced you to prop yours up like tiendas You betrayed me in sleep while I betrayed you in daylight We both shed bitter tears over regretful pasta dishes, then decided again to be a juntos (do you know what that means, dark-skinned boy?) During the days I’d fill boxes de galletas with the remains of an expiring lifestyle, wondering quietly how much of it would fit into my new brick bedroom You and I dreamt a juntos, falling asleep to shared breaths in separate beds Mailing tokens to hold instead of each other, pretending that word-heavy paper smelled like tú o yo Always aparte on birthdays, I learned to roll my r’s while your grandmother cooked you mole I boiled water for boxed delicacies in pale shades of yellow and brown You stirred chocolate into glasses and downed them one by one I looked to Saint James for absolution, but always found him durmiendo
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Oct 16, 2012
Oct 16, 2012 at 12:47 PM UTC
Sueñar
A puro sol escribo, a plena calle, a pleno mar, en donde puedo canto, sólo la noche errante me detiene pero en su interrupción recojo espacio, recojo sombra para mucho tiempo. El trigo ***** de la noche crece mientras mis ojos miden la pradera y así de sol a sol hago la llaves: busco en la oscuridad las cerraduras y voy abriendo al mar las puertas rotas hasta llenar armarios con espuma. Y no me canso de ir y de volver, no me para la muerte con su piedra, no me canso de ser y de no ser. A veces me pregunto si de dónde, si de padre o de madre o cordillera heredé los deberes minerales, los hilos de un océano encendido y sé que sigo y sigo porque sigo y canto porque canto y porque canto. No tiene explicación lo que acontece cuando cierro los ojos y circulo como entre dos canales submarinos, uno a morir me lleva en su ramaje y el otro canta para que yo cante. Así pues de no ser estoy compuesto y como el mar asalta el arrecife con cápsulas saladas de blancura y retrata la piedra con la ola, así lo que en la muerte me rodea abre en mí la ventana de la vida y en pleno paroxismo estoy durmiendo. A plena luz camino por la sombra.
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Plenos poderes
Tu transmigración será ir de cama en cama, durmiendo raros sueños parejos al segundo ocaso, de las fábricas del tiempo verás el eterno paso y serás como una vana sombra urdida por el karma. El misterio de la identidad es sostenido por las divinas piezas que forman la memoria. el cerebro, único amanuense de la historia rapsodia el ser que miente lo que has sido. En el vino que es nepente y en el delirio del mezcal buscaste el rostro que tenías antes de crearse el mundo, y aunque la fiera enferma te convoque a lo profundo no evitarás esa sustancia doble como lago de sal: La voluntad.  Su potencia sugiere el arte o la copulación y su tremendo motor vuelca decadencia en apogeo, no escapan de su orbe las horas diseñadas por Morfeo y su caravana te escolta de la abulia a la revelación. Todos los días sos otro. Sin embargo, hay algo que te pertenece: la idea de la luna, el amor y la amistad, la música, los dones y la fantasía.                                                                      a Pascal Quignard
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May 11, 2015
May 11, 2015 at 1:15 AM UTC
Las sombras errantes
No puedo escribir. Trato de redactar, de escribir. Sentada en una mesa que pudo haber bien sido de cualquier otra persona menos mía. Mi vida es complicada. Tengo más problemas de los que una persona que se considera normal tendría usualmente y se que eso esta mal. Siempre he sido un poco más de lo anormal. Trato de estirar mis dedos sobre las teclas y en lo único que pienso es en que debe de haber una razón oculta por la cual aún no haya recaído. Veo mis brazos y los veo limpios, mi cabeza no lo esta tanto. Siempre he sido un poco sucia en ese aspecto. Busco tu aprobación por cada palabra que escribo. Un paso en falso y todo el texto tendrá que ser borrado. Necesito que vivas, necesito que me veas vivir. Ilógico, loco, pero cierto. Siempre he sido una persona extremadamente exagerada, pero no para esto. Trato de concentrarme en mirarte por menos tiempo de lo que debería y no puedo. Aveces me encuentro con los ojos clavados en tu nuca. Estas de espaldas, estas durmiendo. Yo floto por algún lugar de tu techo, techo que nos mira cada tarde. Ahí estoy, pero no estoy. ¿Estaré en tu cabeza? -Mi pequeño cerebro siempre dirá que no. Trato de contarle un cuento a los pequeño monstruos que viven dentro de este diminuto pero expandido cuerpo, y lo único que sale de mi boca son fragmentos de como te veías. Y sonrisas, muchas sonrisas. Hay veces en las que lo único que repito es tu nombre, y los bichos que me infestan se esconden, ¿Estará loca? -Nosotros la volvimos así. Trato de escribir, otra vez. Trato de encontrarle un sentido a lo que pienso y solo sale esto. Palabra tras palabra por tí. Sílaba por sílaba, medida y corregida en un lapso mayor al que usualmente mido. Siempre he sido una obsesiva, perdón por eso. Trato de redactar, pero solo redacto para tí.
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May 28, 2014
May 28, 2014 at 11:18 PM UTC
No puedo escribir
No puedo escribir. Trato de redactar, de escribir. Sentada en una mesa que pudo haber bien sido de cualquier otra persona menos mía. Mi vida es complicada. Tengo más problemas de los que una persona que se considera normal tendría usualmente y se que eso esta mal. Siempre he sido un poco más de lo anormal. Trato de estirar mis dedos sobre las teclas y en lo único que pienso es en que debe de haber una razón oculta por la cual aún no haya recaído. Veo mis brazos y los veo limpios, mi cabeza no lo esta tanto. Siempre he sido un poco sucia en ese aspecto. Busco tu aprobación por cada palabra que escribo. Un paso en falso y todo el texto tendrá que ser borrado. Necesito que vivas, necesito que me veas vivir. Ilógico, loco, pero cierto. Siempre he sido una persona extremadamente exagerada, pero no para esto. Trato de concentrarme en mirarte por menos tiempo de lo que debería y no puedo. Aveces me encuentro con los ojos clavados en tu nuca. Estas de espaldas, estas durmiendo. Yo floto por algún lugar de tu techo, techo que nos mira cada tarde. Ahí estoy, pero no estoy. ¿Estaré en tu cabeza? -Mi pequeño cerebro siempre dirá que no. Trato de contarle un cuento a los pequeño monstruos que viven dentro de este diminuto pero expandido cuerpo, y lo único que sale de mi boca son fragmentos de como te veías. Y sonrisas, muchas sonrisas. Hay veces en las que lo único que repito es tu nombre, y los bichos que me infestan se esconden, ¿Estará loca? -Nosotros la volvimos así. Trato de escribir, otra vez. Trato de encontrarle un sentido a lo que pienso y solo sale esto. Palabra tras palabra por tí. Sílaba por sílaba, medida y corregida en un lapso mayor al que usualmente mido. Siempre he sido una obsesiva, perdón por eso. Trato de redactar, pero solo redacto para tí.
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Tú me mirarás llorando (será el tiempo de las flores), tú me mirarás llorando y yo te diré: «No llores». Mi corazón lentamente se irá durmiendo... Tu mano acariciará la frente sudorosa de tu hermano. Tú me mirarás sufriendo (yo sólo tendré una pena), tú me mirarás sufriendo, tú, hermana, que eres tan buena. Y tú me dirás: «¿Qué tienes?» y yo miraré hacia el suelo. Y tú me dirás: «¿Qué tienes?» y yo miraré hacia el cielo. Y yo me sonreiré (y tú estarás asustada), y yo me sonreiré y te diré: «¡Si no es nada!»
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La hermana amante
No te prometo un para siempre, no te voy a mentir con eso Queremos infinitos para una vida que desgasta Soñamos con amores eternos que al final nos duran solo años Amores que no acaben en rutina, divorcio u homicidio. Creo que nadie puede prometerte un para siempre Al menos no como el de la ficción Por eso hoy te prometo no ser tu último amor Ni el más intenso, mucho menos el más apuesto Hoy te prometo amarte platónicamente Incluso si en veinte años estas durmiendo con otro hombre en Madrid Mientras yo paseo por Caracas. Prometo amar tu alma que es eterna a donde quiera que se vaya Y donde quiera que la mía este; y por ultimo No te prometo amor de una noche pero tampoco uno que limite.
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May 25, 2015
May 25, 2015 at 12:34 PM UTC
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Las frutas las he explicado. Quizá fue por tu inclinar hacia el bancal de fresas y cuando no se seca en mí flor ninguna quizá es porque a ti te ha el gozo ya incitado a coger una. Sé como estabas corriendo; tan de pronto, sofocada, esperando estabas enfretandote a mi cara. Sentado a tu lado porque estabas durmiendo; y rosada yacía tu izquierda mano.
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Jul 18, 2012
Jul 18, 2012 at 10:27 AM UTC
Sin título
Tú me mirarás llorando -será el tiempo de las flores-, tú me mirarás llorando, y yo te diré: No llores. Mi corazón, lentamente, se irá durmiendo... Tu mano acariciará la frente sudorosa de tu hermano... Tú me mirarás sufriendo, yo sólo tendré tu pena; tú me mirarás sufriendo, tú, hermana, que eres tan buena. Y tú me dirás: ¿Que tienes? Y yo miraré hacia el suelo. Y tú me dirás: ¿Que tienes? Y yo miraré hacia el cielo. Y yo me sonreiré -y tú estarás asustada-, y yo me sonreiré para decirte: No es nada...
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Tú me mirarás llorando
Qué bonito duerme un gato, duerme con patas y peso, duerme con sus crueles uñas, y con su sangre sanguinaria, duerme con todos los anillos que como círculos quemados construyeron la geología de una cola color de arena. Quisiera dormir como un gato con todos los pelos del tiempo, con la lengua del pedernal, con el **** seco del fuego y después de no hablar con nadie, tenderme sobre todo el mundo, sobre las tejas y la tierra intensamente dirigido a cazar las ratas del sueño. He visto cómo ondulaba, durmiendo, el gato: corría la noche en él como agua oscura, y a veces se iba a caer, se iba tal vez a despeñar en los desnudos ventisqueros, tal vez creció tanto durmiendo como un bisabuelo de tigre y saltaría en las tinieblas tejados, nubes y volcanes. Duerme, duerme, gato nocturno con tus ceremonias de obispo, y tu bigote de piedra: ordena todos nuestros sueños, dirige la oscuridad de nuestras dormidas proezas con tu corazón sanguinario y el largo cuello de tu cola.
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Sueño de gatos
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
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Entresuelo
Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
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Si te despiertas a las dos, ahogándote con tu propia saliva, y das un brinco en la angustia y jalas aire desesperadamente, mortalmente, y vuelves a la vida, no al sueño, porque ya no puedes dormir, y te quedas pensando como una hoja que piensa en el viento, y te acuerdas de Poe, que dicen que murió de su propio vómito en una borrachera, en una madrugada, en una calle, solo, ahogándose, el pobre de Edgar Alían Tremens, agarrándose el cuello, crispándose todito, dando el zapotazo con la cabeza sobre el pavimento; te levantas, te sientas a la orilla de la cama, sientes frío, te cierras bien el suéter, te vas a la cocina, haces café, estás agradecido. Sobre el refrigerador la pecera vacía ya no tiene al príncipe encantado, o la princesa, que dormía con los ojos abiertos en el agua. Recuerdas cómo abría su boca para pedirte alimento o para contarte su silenciosa historia. Amaneció flotando un día, como un pez de colores, y fue depositado bajo las yerbas del jardín para que lenta, verde agua, se evaporara. Sólo «Pujitos» y las moscas, el perrito lanudo mueve la cola, se despereza, se aproxima, te pide su salida a la calle, pero comprende que es de noche y vuelve a echarse. El gato no molesta y sigue durmiendo con sus tres niños de pecho que la semana pasada, de pronto lo hicieron gata. Se asoman las mujeres que perdiste, las que te engañaron, aquella que te dijo «yo soy tu harén». Habías visto en la oscuridad los dos féretros en la misma tumba, el rostro quebrado de tu hijo, y ahora, la reciente, ¿cómo se estará cocinando en su cajón la dulce, la pensativa Rosario? Las elecciones, la televisión, los poetas, los macheteros de la fábrica, la operación de Julio, habrá tiempo para dormir, las palabras, las imágenes. Un coche escandaliza, pasa, ladran, dejan limpio el silencio. ¡Al abordaje, pues: las sábanas!
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¿nocturno?
Si te despiertas a las dos, ahogándote con tu propia saliva, y das un brinco en la angustia y jalas aire desesperadamente, mortalmente, y vuelves a la vida, no al sueño, porque ya no puedes dormir, y te quedas pensando como una hoja que piensa en el viento, y te acuerdas de Poe, que dicen que murió de su propio vómito en una borrachera, en una madrugada, en una calle, solo, ahogándose, el pobre de Edgar Alían Tremens, agarrándose el cuello, crispándose todito, dando el zapotazo con la cabeza sobre el pavimento; te levantas, te sientas a la orilla de la cama, sientes frío, te cierras bien el suéter, te vas a la cocina, haces café, estás agradecido. Sobre el refrigerador la pecera vacía ya no tiene al príncipe encantado, o la princesa, que dormía con los ojos abiertos en el agua. Recuerdas cómo abría su boca para pedirte alimento o para contarte su silenciosa historia. Amaneció flotando un día, como un pez de colores, y fue depositado bajo las yerbas del jardín para que lenta, verde agua, se evaporara. Sólo «Pujitos» y las moscas, el perrito lanudo mueve la cola, se despereza, se aproxima, te pide su salida a la calle, pero comprende que es de noche y vuelve a echarse. El gato no molesta y sigue durmiendo con sus tres niños de pecho que la semana pasada, de pronto lo hicieron gata. Se asoman las mujeres que perdiste, las que te engañaron, aquella que te dijo «yo soy tu harén». Habías visto en la oscuridad los dos féretros en la misma tumba, el rostro quebrado de tu hijo, y ahora, la reciente, ¿cómo se estará cocinando en su cajón la dulce, la pensativa Rosario? Las elecciones, la televisión, los poetas, los macheteros de la fábrica, la operación de Julio, habrá tiempo para dormir, las palabras, las imágenes. Un coche escandaliza, pasa, ladran, dejan limpio el silencio. ¡Al abordaje, pues: las sábanas!
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Soy el oso que está durmiendo. Sólo gruño en mis sueños. I am the bear that is sleeping. I only growl in my dreams.
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Apr 24, 2014
Apr 24, 2014 at 7:52 AM UTC
El Oso/The Bear
Es otra de esas noches, me despierto con tu aroma, como si estuvieras durmiendo conmigo, pero no hallo tu suave piel, el frío penetra cada parte de mí hasta llenarme de escalofríos, solo veo la luz de la luna, pero no veo tu tez blanca reflejada en ella, me invade una sensación de melancolía por no encontrarte, ¿dónde estás? Es otra de esas noches, el silencio de la madrugada resuena en mi habitación, solo te busco a ti, despertar sin tenerte a mi lado para que me consueles es tan destructivo, no puedo evitar soltar una lágrima al pensar en ti, tu cálido tacto ya me habría regresado a mi sueño. Es otra de esas noches, pero no estás, no puedo respirar sin ti, mi corazón está estallando de dolor, aunque te tenga, no te tengo cerca de mí, solo espero que en otra de esas noches, despierte con tu caricia en mi mon vie.
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Sep 5, 2025
Sep 5, 2025 at 1:05 AM UTC
Another Of This Nights.
De tus caderas a tus pies quiero hacer un largo viaje. Soy más pequeño que un insecto. Voy por estas colinas, son de color de avena, tienen delgadas huellas que sólo yo conozco, centímetros quemados, pálidas perspectivas. Aquí hay una montaña. No saldré nunca de ella. Oh qué musgo gigante! Y un cráter, una rosa de fuego humedecido! Por tus piernas desciendo hilando una espiral o durmiendo en el viaje y llego a tus rodillas de redonda dureza como a las cimas duras de un claro continente. Hacia tus pies resbalo, a las ocho aberturas de tus dedos agudos, lentos, peninsulares, y de ellos al vacío de la sábana blanca caigo buscando ciego y hambriento tu contorno de vasija quemante!
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El insecto
¡Cómo mi nombre es repetido: Juana! ¡Cómo se ha dicho para el mal y el bien, con la rosa feliz de la mañana y en los heroicos nardos de la sien! Juana en amor, y para el odio, Juana. ¡Ay, Juana en los sollozos, y también en el triunfar alerta de la diana y en la añorante ola del llantén! Ahora ya sólo el eco de algún día... ¡Juaaaana!, de una lejana epifanía, ¡Juaaaana!, del grito ronco del chacal. Me voy durmiendo sin temer la muerte, que ya camina, en mi callada suerte, con su paso de fieltro, a mi portal.
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Cansancio
No pasa nada si vuelvo. El colchón nuevo todavía no se acuerda de mí, no me va a extrañar después de un solo día. Solo pasó un día. ¿Puedo volver solo un día? Es que me sigo durmiendo con los zapatos puestos, cruzando la calle sin mirar a los dos lados, vistiéndome con quemaduras de sol todo el verano. Todavía necesito que me disfraces como a una muñeca para no llegar al trabajo manchada o desnuda, que me agarres de la mano como a la correa de un perro para que no termine en una calzada juntando moscas, que me vistas con protector solar para que no se me pele la piel como cáscara. Un día, ma, y me acompañas al médico a ver por qué me están volviendo a crecer los dientes de leche, y pasamos por mi casa de un día a mirar abajo de mi colchón de ni una noche a ver por qué le están creciendo monstruos. Uno solo.
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Mar 29, 2024
Mar 29, 2024 at 5:49 AM UTC
LXVII
Todo tras sí lo lleva el año breve de la vida mortal, burlando el brío al acero valiente, al mármol frío, que contra el tiempo su dureza atreve. Antes que sepa andar el pie se mueve camino de la muerte, donde envío mi vida oscura: pobre y turbio río que ***** mar con altas ondas bebe. Todo corto momento es paso largo que doy a mi pesar, en tal jornada, pues parado y durmiendo siempre aguijo. Breve suspiro, y último y amargo, es la muerte forzosa y heredada: mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?
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Que la vida es siempre breve y fugitiva. concluye el discurso con una sentencia estoica
Bajo cristales, en vitrinas, reposando estáis olvidados, abanicos de sedas finas en lejanos tiempos bordados. Y os abrís, en un sepulcral silencio, en fondo carmesí, a la luz de tarde otoñal, en el Museo de Cluny. Y al pensar en lo que no existe, encanto ayer y hoy desengaño, decir parece el alma triste: «¿Dónde están las nieves de antaño?» ¿En cuáles manos marfilinas lucirían vuestros encajes, en dulces citas vespertinas bajo los trémulos boscajes? Corte de los Luises de Francia, reverencias ante el estrado... ¡Abanicos! ¡Sois la fragancia Que va surgiendo del pasado!... Fragancia que se desvanece en ideal mundo risueño, mientras el alma se adormece en una bruma azul de ensueño. Al veros, llegan a la mente ecos de fiestas cortesanas, cuando os plegabais lentamente como al compas de las pavanas. «¡Delfín! ¡Callad, os lo suplico!» decía la rubia Marquesa, y en tanto, tras el abanico, reía una boca de fresa. Restos de antigua aristocracia que llevó del tiempo el turbión. ¡Cómo os abriríais con gracia en los jardines del Trianón! ¡Y qué encantadores secretos guardareis de épocas remotas, cuando en Versalles, los minuetos alternaban con las gaviotas! Abanicos de sedas finas que durmiendo estáis olvidados, desde el fondo de las vitrinas ¡cómo evocáis tiempos pasados!
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Abanicos de museo
Las playas, parameras Al rubio sol durmiendo, Los oteros, las vegas En paz, a solas, lejos; Los castillos, ermitas, Cortijos y conventos, La vida con la historia, Tan dulces al recuerdo, Ellos, los vencedores Caínes sempiternos, De todo me arrancaron. Me dejan el destierro. Una mano divina Tu tierra alzó en mi cuerpo y allí la voz dispuso Que hablase tu silencio. Contigo solo estaba, En ti sola creyendo; Pensar tu nombre ahora Envenena mis sueños. Amargos son los días De la vida, viviendo Sólo una larga espera A fuerza de recuerdos. Un día, tú ya libre De la mentira de ellos, Me buscarás. Entonces ¿Qué ha de decir un muerto?
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Un español habla de su tierra
No me has hecho sufrir sino esperar. Aquellas horas enmarañadas, llenas de serpientes, cuando se me caía el alma y me ahogaba, tú venías andando, tú venías desnuda y arañada, tú llegabas sangrienta hasta mi lecho, novia mía, y entonces toda la noche caminamos durmiendo y cuando despertamos eras intacta y nueva, como si el grave viento de los sueños de nuevo hubiera dado fuego a tu cabellera y en trigo y plata hubiera sumergido tu cuerpo hasta dejarlo deslumbrante. Yo no sufrí, amor mío, yo sólo te esperaba. Tenías que cambiar de corazón y de mirada después de haber tocado la profunda zona de mar que te entregó mi pecho. Tenías que salir del agua pura como una gota levantada por una ola nocturna. Novia mía, tuviste que morir y nacer, yo te esperaba. Yo no sufrí buscándote, sabía que vendrías, una nueva mujer con lo que adoro de la que no adoraba, con tus ojos, tus manos y tu boca pero con otro corazón que amaneció a mi lado como si siempre hubiera estado allí para seguir conmigo para siempre.
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Tú venías
En Lima... En Lima está lloviendo el agua sucia de un dolor qué mortífero! Está lloviendo de la gotera de tu amor. No te hagas la que está durmiendo, recuerda de tu trovador; que yo ya comprendo.. . comprendo la humana ecuación de tu amor. Truena en la mística dulzaina la gema tempestuosa y zaina, la brujería de tu "sí". Mas, cae, cae el aguacero al ataúd, de mi sendero, donde me ahueso para ti...
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Lluvia