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"dualidad" poems
Me cuesta entender, me duele aceptar esta gran verdad, no soy mas que maldad he tenido un concepto tan alto y falso de mi erróneamente pensaba  en mi dualidad pensaba que había una batalla constante entre mi perversidad y mi bondad pero ahora entiendo el gran contraste no soy yo contra mi misma ayer miré al espejo y lo entendí ira, egoísmo, venganza, soberbia esa soy yo, luchando contra la luz luchando contra Ti estoy renuente, me resisto a cambiar estoy muy a gusto no lo quiero dejar soy un desastre ¿Cómo me puedes amar? estoy ennegrecida hasta las entrañas es verdad lo que dices que viniste por personas como yo pero no lo entiendo, ¿por qué? de verdad me doy asco tanta gente diciendo que soy buena no tienen idea, pero Tú si sin embargo aquí estás, y no te rindes, nunca te rindes ya no quiero ser yo, me cansa ser así me molesta ser así, tan llena de basura y me alimento de más basura a diario, alejándome de Ti quisiera ser más como Tú llena de amor, prudente, paciente, no ofenderme hablar lo bueno, alejarme de lo malo, no rendirme en lo que me toca hacer, morir para que otros vivan, creer aunque no vea la lucha continúa, por favor, no me dejes ganar, toma Tú lugar
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May 9, 2017
May 9, 2017 at 1:19 AM UTC
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Juan, aquel militar de tres abriles, Que con gorra y fusil sueña en ser hombre, Y que ha sido en sus guerras infantiles Un glorioso heredero de mi nombre; Ayer, por tregua al belicoso juego, Dejando en un rincón la espada quieta, Tomó por voluntad, no a sangre y fuego, Mi mesa de escribir y mi gaveta. Allí guardo un laurel, y viene al caso Repetir lo que saben mis testigos: Esa corona de oropel y raso La debo, no a la gloria, a mis amigos. Con sus manos pequeñas y traviesas, Desató el niño, de la verde guía, El lazo tricolor en que hay impresas Frases que él no descifra todavía. Con la atención de un ser que se emociona Miró las hojas con extraño gesto, Y poniendo en mis manos la corona, Me preguntó con intención: -«¿Qué es esto?» -«Esto es -repuse- el lauro que promete La gloria al genio que en su luz inunda...» -«¿Y por qué lo tienes?»                                       -Por juguete, Le respondió mi convicción profunda. Viendo la forma oval, pronto el objeto Descubre el niño, de la noble gala; Se la ciñe, faltándome al respeto Y hecho un héroe se aleja por la sala. ¡Qué hermosa dualidad! Gloria y cariño Con su inocente acción enlazó ufano, Pues con el lauro semejaba el niño Un diminuto emperador romano. Hasta creí que de su faz severa Irradiaban celestes resplandores, Y que anhelaba en su imperial litera Ir al Circo a buscar los gladiadores. Con su nuevo disfraz quedé asombrado (No extrañéis en un padre estos asombros), Y corrí por un trapo colorado Que puse y extendí sobre sus hombros. Mirélo así con cándido embeleso, Me transformé en su esclavo humilde y rudo, Y -«¡Ave César!- le dije, dame un beso, ¡Yo que muero de penas, te saludo!» -«¿César?»- me preguntó lleno de susto Y yo sintiendo que su amor me abrasa, -«¡César!» -le respondí- «César Augusto De mi honor, de mi honra y de mi casa» Quitéle el manto, le volví la espada, Recogí mi corona de poeta, Y la guardé, deshecha y empolvada, En el fondo sin luz de mi gaveta.
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César en casa
Juan, aquel militar de tres abriles, Que con gorra y fusil sueña en ser hombre, Y que ha sido en sus guerras infantiles Un glorioso heredero de mi nombre; Ayer, por tregua al belicoso juego, Dejando en un rincón la espada quieta, Tomó por voluntad, no a sangre y fuego, Mi mesa de escribir y mi gaveta. Allí guardo un laurel, y viene al caso Repetir lo que saben mis testigos: Esa corona de oropel y raso La debo, no a la gloria, a mis amigos. Con sus manos pequeñas y traviesas, Desató el niño, de la verde guía, El lazo tricolor en que hay impresas Frases que él no descifra todavía. Con la atención de un ser que se emociona Miró las hojas con extraño gesto, Y poniendo en mis manos la corona, Me preguntó con intención: -«¿Qué es esto?» -«Esto es -repuse- el lauro que promete La gloria al genio que en su luz inunda...» -«¿Y por qué lo tienes?»                                       -Por juguete, Le respondió mi convicción profunda. Viendo la forma oval, pronto el objeto Descubre el niño, de la noble gala; Se la ciñe, faltándome al respeto Y hecho un héroe se aleja por la sala. ¡Qué hermosa dualidad! Gloria y cariño Con su inocente acción enlazó ufano, Pues con el lauro semejaba el niño Un diminuto emperador romano. Hasta creí que de su faz severa Irradiaban celestes resplandores, Y que anhelaba en su imperial litera Ir al Circo a buscar los gladiadores. Con su nuevo disfraz quedé asombrado (No extrañéis en un padre estos asombros), Y corrí por un trapo colorado Que puse y extendí sobre sus hombros. Mirélo así con cándido embeleso, Me transformé en su esclavo humilde y rudo, Y -«¡Ave César!- le dije, dame un beso, ¡Yo que muero de penas, te saludo!» -«¿César?»- me preguntó lleno de susto Y yo sintiendo que su amor me abrasa, -«¡César!» -le respondí- «César Augusto De mi honor, de mi honra y de mi casa» Quitéle el manto, le volví la espada, Recogí mi corona de poeta, Y la guardé, deshecha y empolvada, En el fondo sin luz de mi gaveta.
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se supone que es sencillo el olvido mediante días, semanas, meses de esfuerzo y distracción y seamos justos; un par de días solamente han transcurrido he dado luz a exorbitantes cantidades de tabaco industrialmente empaquetado que en el resto de mi vida ni siquiera me gusta como sabe, ni como las propiedades afectan mi conciencia y mi equilibrio solamente que, al saborear el humo y verlo desde lejos sin que nadie lo contemple logro una fúnebre réplica de las mariposas que en algún día lluvioso de agosto plantaste en mis entrañas "¡oh mariposas, espero nunca mueran!" clamaba un yo casi tan ingenuo como idealista: unos cuántos meses atrás tu contagiosa alegría y empatía tu calurosa caricia, delicada pero confiada, en ninguna noche me volverá a encontrar a pesar de que la noche más fría sea incertidumbre, añoro tu felicidad la dualidad de mi deseo es clara mi corazón es roto por la distópica fantasía de que tu sonrisa alegre la mañana de alguien más pero ¿es inevitable, no?
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Mar 10, 2021
Mar 10, 2021 at 2:09 PM UTC
te extraño hoy más que ayer pero ayer fue un día más cercano a verte que hoy
La edad del Cristo azul se me acongoja porque Mahoma me sigue tiñendo verde el espíritu y la carne roja, y los talla, el beduino y a la hurí, como una esmeralda en un rubí. Yo querría gustar del caldo de habas, mas en la infinidad de mi deseo se suspenden las sílfides que veo como en la conservera las guayabas. La piedra pómez fuera mi amuleto, pero mi humilde sino se contrista porque mi boca se instala en secreto en la feminidad del esqueleto con un crepúsculo de diamantista. Afluye la parábola y flamea y gasto mis talentos en la lucha de la Arabia Feliz con Galilea. Me asfixia, en una dualidad funesta, Ligia, la mártir de pestaña enhiesta, y de Zoraida la grupa bisiesta. Plenitud de cerebro y corazón; oro en los dedos y en las sienes rosas; y el Profeta de cabras se perfila más fuerte que los dioses y las diosas. ¡Oh, plenitud cordial y reflexiva: regateas con Cristo las mercedes de fruto y flor, y ni siquiera puedes tu cadáver colgar en la impoluta atmósfera imantada de una gruta!
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Treinta y tres