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"discurso" poems
Siete minutos para decirte lo que siento, para darte el último beso y tomar el autobus, siete minutos que son poco, insuficientes para ensayar un discurso de historias de ayer de manera que las palabras llegan tarde a mi cabeza y me pregunto si lo que siento esta bien para decir... te extraño y es injusto que el tiempo pase así: corto en los mejores momentos, largo cuando hay que partir y se está a la espera de un cambio de dirección para recorrer el ayer con otro corazón.
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Mar 7, 2016
Mar 7, 2016 at 1:37 AM UTC
Historias de ayer
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
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Discurso a los jóvenes
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
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Tinta que me entretienes gota a gota y vas guardando el rastro de mi razón y dé mi sinrazón como una larga cicatriz que apenas se verá, cuando el cuerpo esté dormido en el discurso, de sus destrucciones. Tal vez mejor hubiera volcado en una copa toda tu esencia, y haberla arrojado en una sola pagina, manchándola con una sola estrella verde y que sólo esa mancha hubiera sido todo lo que escribí a lo largo de mi vida, sin alfabeto ni interpretaciones: un solo golpe oscuro sin palabras.
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El golpe
Tu casa suena como un tren a mediodía, zumban las avispas, cantan las cacerolas, la cascada enumera los hechos del rocío, tu risa desarrolla su trino de palmera. La luz azul del muro conversa con la piedra, llega como un pastor silbando un telegrama y entre las dos higueras de voz verde Homero sube con zapatos sigilosos. Sólo aquí la ciudad no tiene voz ni llanto, ni sin fin, ni sonatas, ni labios, ni bocina sino un discurso de cascada y de leones, y tú que subes, cantas, corres, caminas, bajas, plantas, coses, cocinas, clavas, escribes, vuelves, o te has ido y se sabe que comenzó el invierno.
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Soneto xxxviii
nasce a luz no horizonte, o presente lança um mau olhado. vivo ofuscado, pelo véu constante do discurso libertado, pela devassa loucura que emana dessa essência fria. por meros instantes a felicidade torna-se realidade uma consequência da persistência. e o teu sonho vai ganhar, uma nova forma de estar.
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Aug 4, 2015
Aug 4, 2015 at 5:12 AM UTC
Haja luz
qué bónito es estar viva estar joven y estar viva  qué bónito está el cielo cubierto de nubes grises transparentes de papél  nuestros días ocupados y llenos de pápel qué se vea apenas el sol a punto de llover  qué exquisitas las palabras  que le susurras a mi hombro cuando me buscas tú o te busco yo cuando toco apénas tu rostro  con miedo a que te hagas humo  te desvanezca el sol y resbales de mis manos  (como todo lo que quisiera tener)  te pregunto sobre una cicatriz  que tienes arriba de los labios  sobre lo rasposo de tus palmas lo hermoso de tus manos  que obedecen tan divina imaginación  tu inteligencia, tu visión  qué bónita tu concentración también con enojo o melancolía tristeza o frustración  lo que hay detrás de tus ojos  eres música y color  qué bónita la sorpresa  imagína mi extrañeza al ver a los ojos alguien  que viera el mundo como yo cuando conocí apenas tu rostro  sin percibir algo especial  de la nada en esos labios discurso sin forzar sobre lo bello y lo sensible  (en ese instante me perdiste) me hablaste primero de belleza  así que deja te contesto aquí va mi respuesta  (y te digo en que me perdí)  lleno hojas de belleza la que veo en tu existir  qué bónito estar viva  estar jóven y estar viva qué bónito día tan gris qué bónito está el cielo  qué bónita tu nariz y qué linda tu boca cuando hablas del mar qué dulce tu voz y melodía  tus metáforas marinas sobre agua y licór que con dulzura frenética  describes el amor  qué gentiles tus manos  cuando juegas con mis dedos cuando entiendes de que hablo  concordamos en qué cosas  sì importan; y tú me importas cuando estando solos no nos sentimos solos (¡aunque te llegue solo al hombro!)  lejos de quien no entiende  que me miren a los ojos y digan que nada bueno saldrá  de lo que siento por tí  infinito como el mar tenías razón con lo del mar pensé que ya se había dicho todo  lo que se podría decir sobre el mar ahora veo la perpetuidad infinitud desconocida  el mismo asombro que veo en tí mi fascinación con las estrellas  las del cielo y las de tus ojos la gran bóveda y tu aura azùl ambas me cubren siempre cuando te escucho cantar o hablar  cuando me preguntaste que era  lo que me gusta de tí y aquí está mi respuesta mira de cuantas maneras te las digo  qué bónito el cielo; qué bónito existir  al mismo tiempo y sin tocarte te juro que no son tus pestañas  ni tus lunares, manchas de Apollo ni las mariposas en mi estomago  es ver lo que eres tal eres poderte decir todo esto tan bónito que siento por tí  que me veas tal y como soy  cuando te miro a los ojos  y que te veas también a ti mismo a través de mis ojos
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Mar 18, 2018
Mar 18, 2018 at 6:26 AM UTC
talasofilia
qué bónito es estar viva estar joven y estar viva  qué bónito está el cielo cubierto de nubes grises transparentes de papél  nuestros días ocupados y llenos de pápel qué se vea apenas el sol a punto de llover  qué exquisitas las palabras  que le susurras a mi hombro cuando me buscas tú o te busco yo cuando toco apénas tu rostro  con miedo a que te hagas humo  te desvanezca el sol y resbales de mis manos  (como todo lo que quisiera tener)  te pregunto sobre una cicatriz  que tienes arriba de los labios  sobre lo rasposo de tus palmas lo hermoso de tus manos  que obedecen tan divina imaginación  tu inteligencia, tu visión  qué bónita tu concentración también con enojo o melancolía tristeza o frustración  lo que hay detrás de tus ojos  eres música y color  qué bónita la sorpresa  imagína mi extrañeza al ver a los ojos alguien  que viera el mundo como yo cuando conocí apenas tu rostro  sin percibir algo especial  de la nada en esos labios discurso sin forzar sobre lo bello y lo sensible  (en ese instante me perdiste) me hablaste primero de belleza  así que deja te contesto aquí va mi respuesta  (y te digo en que me perdí)  lleno hojas de belleza la que veo en tu existir  qué bónito estar viva  estar jóven y estar viva qué bónito día tan gris qué bónito está el cielo  qué bónita tu nariz y qué linda tu boca cuando hablas del mar qué dulce tu voz y melodía  tus metáforas marinas sobre agua y licór que con dulzura frenética  describes el amor  qué gentiles tus manos  cuando juegas con mis dedos cuando entiendes de que hablo  concordamos en qué cosas  sì importan; y tú me importas cuando estando solos no nos sentimos solos (¡aunque te llegue solo al hombro!)  lejos de quien no entiende  que me miren a los ojos y digan que nada bueno saldrá  de lo que siento por tí  infinito como el mar tenías razón con lo del mar pensé que ya se había dicho todo  lo que se podría decir sobre el mar ahora veo la perpetuidad infinitud desconocida  el mismo asombro que veo en tí mi fascinación con las estrellas  las del cielo y las de tus ojos la gran bóveda y tu aura azùl ambas me cubren siempre cuando te escucho cantar o hablar  cuando me preguntaste que era  lo que me gusta de tí y aquí está mi respuesta mira de cuantas maneras te las digo  qué bónito el cielo; qué bónito existir  al mismo tiempo y sin tocarte te juro que no son tus pestañas  ni tus lunares, manchas de Apollo ni las mariposas en mi estomago  es ver lo que eres tal eres poderte decir todo esto tan bónito que siento por tí  que me veas tal y como soy  cuando te miro a los ojos  y que te veas también a ti mismo a través de mis ojos
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Al bastón que le vistes en la mano Con aspecto Real y floreciente, Obedeció pacífico el Tridente Del verde Emperador del Oceano. Fueron oprobio al Belga y Luterano Sus órdenes, sus Armas y su gente; Y en su consejo y brazo, felizmente Venció los Hados el Monarca Hispano. Lo que en otros perdió la cobardía, Cobró armado y prudente su denuedo, Que sin victorias no contó algún día. Esto fue don Fadrique de Toledo. Hoy nos da, desatado en sombra fría, Llanto a los ojos, y al discurso miedo.
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Al túmulo de don fadrique de toledo
Eu vi as nádegas da minha mulher sendo apertadas e abertas por mãos grandes e peludas enquanto um trombolho descomunal abria caminho à caverna escura que acredito nunca antes ter sido explorada. Eu ouvi os ecos no corredor de nosso apartamento, de sons transmitidos pelo esgoelamento de suas cordas vocais delirantes e indiferentes à opinião da vizinhança. Provei o sabor acre da facada pelas costas sem derramar uma gota de lágrima ou de sangue. Os braços estavam amarrados à cabeceira, sodomizada, num transe hipnótico engendrado pelo pecado. Não me viram entrando. Sentei-me numa poltrona, ainda imperceptível, quase inexistente, um magma quente borbulhava em meu estômago, um vulcão erodia em meu peito, sentia morrendo todos os meus valores, toda a minha compreensão de mim mesmo, faltava-me ar aos pulmões, faltava-me alma ao corpo, já não poderia ser compatível com a ideia de pecado, o ódio se apossava como um demônio em meu corpo obrigando meus braços a se moverem, um escravo arrastado por suas correntes, arranquei minhas roupas, meu pau ereto desprovido de qualquer amor, de qualquer sentimento humano, erguia-se pelo horror, pelo prazer perverso que se apoderava das minhas ideias, o que estaria por vir me excitava. Aquele homem diante minha indiferença. Seu pau broxado pelo terror da minha imagem. Meu pau duro como uma muralha impenetrável, pontiagudo como uma estaca, atravessou seu peito como uma lança, empalado pelo ânus até a boca. Mudo como um peixe fisgado pelo arpão. Castrado engoliu seus próprios testículos. Ela com a pele esfolada em músculo crú, estuprada como uma puta barata pelo meu punho a atravessar sua boceta seca, amarrada com suas entranhas gosmentas e fedidas de mentiras e recoberta por fezes, esquartejei em treze parágrafos seu falso discurso . Deixei sua cabeça largada ao canto daquele quarto sujo. Estancaram-se me encarando. Nenhuma reação, nenhum movimento.
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Nov 7, 2018
Nov 7, 2018 at 12:55 AM UTC
Capítulo 1 - O prazer da Carne
Eu vi as nádegas da minha mulher sendo apertadas e abertas por mãos grandes e peludas enquanto um trombolho descomunal abria caminho à caverna escura que acredito nunca antes ter sido explorada. Eu ouvi os ecos no corredor de nosso apartamento, de sons transmitidos pelo esgoelamento de suas cordas vocais delirantes e indiferentes à opinião da vizinhança. Provei o sabor acre da facada pelas costas sem derramar uma gota de lágrima ou de sangue. Os braços estavam amarrados à cabeceira, sodomizada, num transe hipnótico engendrado pelo pecado. Não me viram entrando. Sentei-me numa poltrona, ainda imperceptível, quase inexistente, um magma quente borbulhava em meu estômago, um vulcão erodia em meu peito, sentia morrendo todos os meus valores, toda a minha compreensão de mim mesmo, faltava-me ar aos pulmões, faltava-me alma ao corpo, já não poderia ser compatível com a ideia de pecado, o ódio se apossava como um demônio em meu corpo obrigando meus braços a se moverem, um escravo arrastado por suas correntes, arranquei minhas roupas, meu pau ereto desprovido de qualquer amor, de qualquer sentimento humano, erguia-se pelo horror, pelo prazer perverso que se apoderava das minhas ideias, o que estaria por vir me excitava. Aquele homem diante minha indiferença. Seu pau broxado pelo terror da minha imagem. Meu pau duro como uma muralha impenetrável, pontiagudo como uma estaca, atravessou seu peito como uma lança, empalado pelo ânus até a boca. Mudo como um peixe fisgado pelo arpão. Castrado engoliu seus próprios testículos. Ela com a pele esfolada em músculo crú, estuprada como uma puta barata pelo meu punho a atravessar sua boceta seca, amarrada com suas entranhas gosmentas e fedidas de mentiras e recoberta por fezes, esquartejei em treze parágrafos seu falso discurso . Deixei sua cabeça largada ao canto daquele quarto sujo. Estancaram-se me encarando. Nenhuma reação, nenhum movimento.
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6
En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Un racimo de flores le da vida a la mesa en la que reposa. El silencio es un fantasma que posee la casa. Y han tocado le puerta. Me sonríe. Se invita a pasar. Se invita a quedar. Los colores de las flores bailan alrededor de mí. El silencio se ha marchado. El sol es más brillante. El sol entra por todos lados. El sol es más alegre. El sol ha llegado. Se invita a marchar. Los cristales se quiebran. El viento destruye. La casa se inunda. El sol se ha ido. Los colores están exhaustos. Se han detenido a descansar. Y yo. Yo tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Y han tocado la puerta. O tal vez yo he tocado la puerta. Me sonríe. Le invito a pasar. Habla el idioma de una tierra lejana. Los colores han aprendido una nueva coreografía. Les he dicho que se detengan, pero están entusiasmados. Corren. Juegan. Bailan. Es primavera. El sol brilla. El sol sonríe. El sol ha regresado. El verde olivo se une a la danza de los colores. Se invita a marchar. O tal vez yo lo hice. La luz prepara su discurso de despedida. La brisa se vuelve huracán. Las ventanas colapsan. Las cortinas se sacuden. La casa se inunda. Tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. El silencio regresa como si hubiese sido invocado. Recorre las habitaciones. Escucho la ausencia del sonido subir las escaleras. No sé qué busca. Le invito a pasar las tardes y las noches conmigo. En la calidez del momento. Y han tocado la puerta. Esta vez sin respuesta.
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Sep 19, 2020
Sep 19, 2020 at 2:16 PM UTC
Han Tocado La Puerta
En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Un racimo de flores le da vida a la mesa en la que reposa. El silencio es un fantasma que posee la casa. Y han tocado le puerta. Me sonríe. Se invita a pasar. Se invita a quedar. Los colores de las flores bailan alrededor de mí. El silencio se ha marchado. El sol es más brillante. El sol entra por todos lados. El sol es más alegre. El sol ha llegado. Se invita a marchar. Los cristales se quiebran. El viento destruye. La casa se inunda. El sol se ha ido. Los colores están exhaustos. Se han detenido a descansar. Y yo. Yo tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. Y han tocado la puerta. O tal vez yo he tocado la puerta. Me sonríe. Le invito a pasar. Habla el idioma de una tierra lejana. Los colores han aprendido una nueva coreografía. Les he dicho que se detengan, pero están entusiasmados. Corren. Juegan. Bailan. Es primavera. El sol brilla. El sol sonríe. El sol ha regresado. El verde olivo se une a la danza de los colores. Se invita a marchar. O tal vez yo lo hice. La luz prepara su discurso de despedida. La brisa se vuelve huracán. Las ventanas colapsan. Las cortinas se sacuden. La casa se inunda. Tengo que limpiar. En medio de la sala. Sobre el piso de madera. Entre la calidez del momento. El silencio regresa como si hubiese sido invocado. Recorre las habitaciones. Escucho la ausencia del sonido subir las escaleras. No sé qué busca. Le invito a pasar las tardes y las noches conmigo. En la calidez del momento. Y han tocado la puerta. Esta vez sin respuesta.
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27
Todo tras sí lo lleva el año breve de la vida mortal, burlando el brío al acero valiente, al mármol frío, que contra el tiempo su dureza atreve. Antes que sepa andar el pie se mueve camino de la muerte, donde envío mi vida oscura: pobre y turbio río que ***** mar con altas ondas bebe. Todo corto momento es paso largo que doy a mi pesar, en tal jornada, pues parado y durmiendo siempre aguijo. Breve suspiro, y último y amargo, es la muerte forzosa y heredada: mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?
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Que la vida es siempre breve y fugitiva. concluye el discurso con una sentencia estoica
Torcido, desigual, blando y sonoro, Te resbalas secreto entre las flores, Hurtando la corriente a los calores, Cano en la espuma y rubio con el oro. En cristales dispensas tu tesoro, Líquido plectro a rústicos amores, Y templando por cuerdas Ruiseñores, Te ríes de crecer con lo que lloro. De vidro, en las lisonjas divertido, Gozoso vas al monte; y despeñado Espumoso encaneces con gemido. No de otro modo el corazón cuitado A la prisión, al llanto se ha venido, Alegre, inadvertido, y confiado.
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Compara el discurso de su amor con el de un arroyo