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"detuve" poems
Todo el amor en una copa ancha como la tierra, todo el amor con estrellas y espinas te di, pero anduviste con pies pequeños, con tacones sucios sobre el fuego, apagándolo. Ay gran amor, pequeña amada! No me detuve en la lucha. No dejé de marchar hacia la vida, hacia la paz, hacia el pan para todos, pero te alcé en mis brazos y te clavé a mis besos y te miré como jamás volverán a mirarte ojos humanos. Ay gran amor, pequeña amada! Entonces no mediste mi estatura, y al hombre que para ti apartó la sangre, el trigo, el agua confundiste con el pequeño insecto que te cayó en la falda. Ay gran amor, pequeña amada! No esperes que te mire en la distancia hacia atrás, permanece con lo que te dejé, pasea con mi fotografía traicionada, yo seguiré marchando, abriendo anchos caminos contra la sombra, haciendo suave la tierra, repartiendo la estrella para los que vienen. Quédate en el camino. Ha llegado la noche para ti. Tal vez de madrugada nos veremos de nuevo. Ay gran amor, pequeña amada!
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El olvido
Volvía yo con las nubes que entraban bajo rosales (grande ternura redonda) entre los troncos constantes. La soledad era eterna, el silencio era eternante. Me detuve como un árbol, y oí hablar a los árboles. El pájaro solo huía de tan secreto paraje; sólo yo podía estar entre las rosas finales. Yo no quería volver en mí, por miedo de darles disgusto de árbol distinto a los árboles iguales. Los árboles se olvidaron de mi forma de hombre errante, y, con mi forma olvidada, oía hablar a los árboles. Me ****** hasta la estrella. En vuelo de luz suave, fui saliéndome a la linde, con la luna ya en el aire. Cuando yo ya me salía, vi a los árboles mirarme. Se daban cuenta de todo, y me apenaba dejarles. Y yo los oía hablar, entre el nublado de nácares, con blando rumor, de mí. ¿Y cómo desengañarles? ¿Cómo decirles que no, que yo era sólo el pasante, que no me hablaran a mí? No quería traicionarles. Y ya muy tarde, ayer tarde, oí hablarme a los árboles.
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Oí hablarme a los árboles
Ayer tarde volvía yo con, las nubes que entraban bajo rosales (grande ternura redonda) entre los troncos constantes. La soledad era eterna y el silencio inacabable. Me detuve como un árbol y oí hablar a los árboles. El pájaro solo huía de tan secreto paraje sólo yo podía estar entre las rosas finales. Yo no quería volver en mí, por miedo de darles disgusto de árbol distinto a los árboles iguales. Los árboles se olvidaron de mi forma de hombre errante, y, con mi forma olvidada, oía hablar a los árboles. Me ****** hasta la estrella. En vuelo de luz suave fui saliéndome a la orilla con la luna ya en el aire. Cuando yo ya me salía vi a los árboles mirarme, se daban cuenta de todo, y me apenaba dejarles. Y yo los oía hablar, entre el nublado de nácares, con blando rumor, de mí. Y ¿cómo desengañarles? ¿Cómo decirles que no, que yo era sólo el pasante, que no me hablaran a mí? No quería traicionarles. Y ya muy tarde, ayer tarde, oí hablarme a los árboles.
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Árboles hombres
En los bosques, perdido, corté una rama oscura y a los labios, sediento, levanté su susurro: era tal vez la voz de la lluvia llorando, una campana rota o un corazón cortado. Algo que desde tan lejos me parecía oculto gravemente, cubierto por la tierra, un grito ensordecido por inmensos otoños, por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas. Pero allí, despertando de los sueños del bosque, la rama de avellano cantó bajo mi boca y su errabundo olor trepó por mi criterio como si me buscaran de pronto las raíces que abandoné, la tierra perdida con mi infancia, y me detuve herido por el aroma errante.
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Soneto vi