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"despierte" poems
Mi amada Daisy Ya no tengo quien me avise cuando hay alguien en la puerta Quien se acurruque en mi panza cuando estoy triste Quien me vea preocupada cuando estoy enferma Quien duerma junto a mí en la cama, tapada de pies a cabeza Era el paraíso despertar con un bultito tan bello y calientito Mi chiquitita, my tiny Tan fría que querías parecer, pero cuánto me querías Todo el día pegada a mí, todo el día en mis piernas Corrías a sentarte en el tapete para acompañarme hasta en el baño Sabías perfectamente cuando me iba a ir de viaje Te subías a mi maleta, y escuchaba tus lloridos desde la puerta Mi vaquita, mi chilpetina Ya no tengo quien me despierte en la mañana para ir al baño Jamás te hiciste en la cama, ladrabas para que te bajara y te abriera Ladrabas y corrías a tu platito de agua cuando querías agua O frente a tu platito de comida exigiendo que era hora de comer Solita lo aprendiste, "Such a smart puppy!" Mi tinky winky, my ****** twinkle Ya no tengo a quien soplarle en la carita Y que como respuesta me llene de besos No tengo con quien batallar para que coma Ni a quien ponerle tus vestiditos todos chiquitos A quien observar, morir de amor, e inevitablemente llenar de besos Mi bébe, my puppy Eras tan fuerte que jamás te quejaste de nada Ni siquiera cuando tus pequeños riñones empezaron a fallar Siempre estuviste alegre, moviendo tu colita Excepto en tus últimos días, apagada Sabías que ya habías cumplido tu misión, que ya era hora Mi preciosura GRACIAS por quererme, por hacerme feliz con sólo verte GRACIAS por cuidarme, por absorber mis males y tristezas GRACIAS por esperar a que llegara para irte GRACIAS por ser fuerte cuando tu cuerpo más débil estaba, para poder decirnos adiós estando juntas, en casa GRACIAS por escogerme como mamá Mi florecita bella Fuiste la mejor y más hermosa perrita del Universo Tenerte fue lo mejor que me pudo haber pasado ¡Qué bonito habernos encontrado en esta vida! No sabes lo inmensamente feliz que me hiciste Te amo tanto y lo sabes, porque te lo decía cada 3 segundos Mi pequeña angelita hermosa Nos quedamos dormidas abrazadas, y viste el momento Amaneciste aún abrazada a mi brazo, pegada a mi pecho Con una carita feliz, llena de paz... pero ya en el arcoiris Ya no tengo quien haga todas esas cosas aquí Pero en todas partes te veo, y escucho tus ladriditos tan bellos Te guardo en mi corazón mientras me esperas en el arcoiris Jugando, corriendo, observándome y cuidándome Espérame ahí, hasta que sea hora de que vaya a recogerte I love you forever, my tiny
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Jan 20, 2019
Jan 20, 2019 at 8:28 PM UTC
Daisy
Mi amada Daisy Ya no tengo quien me avise cuando hay alguien en la puerta Quien se acurruque en mi panza cuando estoy triste Quien me vea preocupada cuando estoy enferma Quien duerma junto a mí en la cama, tapada de pies a cabeza Era el paraíso despertar con un bultito tan bello y calientito Mi chiquitita, my tiny Tan fría que querías parecer, pero cuánto me querías Todo el día pegada a mí, todo el día en mis piernas Corrías a sentarte en el tapete para acompañarme hasta en el baño Sabías perfectamente cuando me iba a ir de viaje Te subías a mi maleta, y escuchaba tus lloridos desde la puerta Mi vaquita, mi chilpetina Ya no tengo quien me despierte en la mañana para ir al baño Jamás te hiciste en la cama, ladrabas para que te bajara y te abriera Ladrabas y corrías a tu platito de agua cuando querías agua O frente a tu platito de comida exigiendo que era hora de comer Solita lo aprendiste, "Such a smart puppy!" Mi tinky winky, my ****** twinkle Ya no tengo a quien soplarle en la carita Y que como respuesta me llene de besos No tengo con quien batallar para que coma Ni a quien ponerle tus vestiditos todos chiquitos A quien observar, morir de amor, e inevitablemente llenar de besos Mi bébe, my puppy Eras tan fuerte que jamás te quejaste de nada Ni siquiera cuando tus pequeños riñones empezaron a fallar Siempre estuviste alegre, moviendo tu colita Excepto en tus últimos días, apagada Sabías que ya habías cumplido tu misión, que ya era hora Mi preciosura GRACIAS por quererme, por hacerme feliz con sólo verte GRACIAS por cuidarme, por absorber mis males y tristezas GRACIAS por esperar a que llegara para irte GRACIAS por ser fuerte cuando tu cuerpo más débil estaba, para poder decirnos adiós estando juntas, en casa GRACIAS por escogerme como mamá Mi florecita bella Fuiste la mejor y más hermosa perrita del Universo Tenerte fue lo mejor que me pudo haber pasado ¡Qué bonito habernos encontrado en esta vida! No sabes lo inmensamente feliz que me hiciste Te amo tanto y lo sabes, porque te lo decía cada 3 segundos Mi pequeña angelita hermosa Nos quedamos dormidas abrazadas, y viste el momento Amaneciste aún abrazada a mi brazo, pegada a mi pecho Con una carita feliz, llena de paz... pero ya en el arcoiris Ya no tengo quien haga todas esas cosas aquí Pero en todas partes te veo, y escucho tus ladriditos tan bellos Te guardo en mi corazón mientras me esperas en el arcoiris Jugando, corriendo, observándome y cuidándome Espérame ahí, hasta que sea hora de que vaya a recogerte I love you forever, my tiny
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¿Quién lo salva, quien lo protege? ¿Quién lo carga, quien lo quiere? ¡Está en peligro de extinción!!!!! ¿Señor Benedetti, del amor que le digo? Esta parco de sentimiento, ya ni los cristianos los profesan. Están en extinción los versos; Los que hablan de amor. Los que conquistan con ilusión. Los que imploran un milagro. Los que rezan por su amor …aun nunca lo hayan confesado. Amigo Don Darío, los poetas también están en extinción, ya los poetas no se enamoran, ya no escriben para el pueblo, escriben para alimentar su ego. Ya su “musa no es de hueso”. Ya no denuncian a los putrefactos… ahora se acuestan con ellos. Están en extinción las guitarras, Oh Dios mío….ahora las rompen en tarima!!! Ya sus cuerdas no anuncian armonía. Esas cuerdas ya no se oyen en la esquinas de cualquier barrio, ya no retumban las piedras en alguna ventana de la casa de una fulana, con la esperanza que despierte su amada, a escuchar una lamentada-esperanzada serenata. No se ven las cortinas abriéndose lentamente hacia al lado, revelando la sonrisa gloriosa que achina los ojitos de aquella niña que se siente sorprendida por el atrevimiento de aquel niño, que parece inebriado con esa canción desafinada, confesándole su amor, exponiéndose a que su padre lo saque a pedradas. Ya están en extinción los enamorados, Los que se escapan -- sea de noche o de madrugada. Ya no hay citas. No hay cortejo. No hay rosas. Se acabaron las serenatas. No hay amor. Quien lo salva, quien lo protege? Quien lo carga, quien lo quiere? Es muy lamentable esta situación, el pobre AMOR esta tan solo, como lo estaba Adán antes de que Eva llegara! LeydisProse 5/25/2017
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 10:47 AM UTC
¿Quién?
¿Quién lo salva, quien lo protege? ¿Quién lo carga, quien lo quiere? ¡Está en peligro de extinción!!!!! ¿Señor Benedetti, del amor que le digo? Esta parco de sentimiento, ya ni los cristianos los profesan. Están en extinción los versos; Los que hablan de amor. Los que conquistan con ilusión. Los que imploran un milagro. Los que rezan por su amor …aun nunca lo hayan confesado. Amigo Don Darío, los poetas también están en extinción, ya los poetas no se enamoran, ya no escriben para el pueblo, escriben para alimentar su ego. Ya su “musa no es de hueso”. Ya no denuncian a los putrefactos… ahora se acuestan con ellos. Están en extinción las guitarras, Oh Dios mío….ahora las rompen en tarima!!! Ya sus cuerdas no anuncian armonía. Esas cuerdas ya no se oyen en la esquinas de cualquier barrio, ya no retumban las piedras en alguna ventana de la casa de una fulana, con la esperanza que despierte su amada, a escuchar una lamentada-esperanzada serenata. No se ven las cortinas abriéndose lentamente hacia al lado, revelando la sonrisa gloriosa que achina los ojitos de aquella niña que se siente sorprendida por el atrevimiento de aquel niño, que parece inebriado con esa canción desafinada, confesándole su amor, exponiéndose a que su padre lo saque a pedradas. Ya están en extinción los enamorados, Los que se escapan -- sea de noche o de madrugada. Ya no hay citas. No hay cortejo. No hay rosas. Se acabaron las serenatas. No hay amor. Quien lo salva, quien lo protege? Quien lo carga, quien lo quiere? Es muy lamentable esta situación, el pobre AMOR esta tan solo, como lo estaba Adán antes de que Eva llegara! LeydisProse 5/25/2017
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Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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La desesperación
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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Despierta, tiemblo al mirarte; dormida, me atrevo a verte; por eso, alma de mi alma, yo velo mientras tú duermes.   Despierta, ríes, y al reír tus labios     inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean     sobre un cielo de nieve.   Dormida, los extremos de tu boca     pliega sonrisa leve, suave como el rastro luminoso     que deja un sol que muere.                           ¡Duerme!   Despierta, miras y al mirar tus ojos     húmedos resplandecen como la onda azul en cuya cresta     chispeando el sol hiere.   Al través de tus párpados, dormida,     tranquilo fulgor vierten, cual derrama de luz, templado rayo,     lámpara transparente.                           ¡Duerme!   Despierta, hablas y al hablar vibrantes     tus palabras parecen lluvia de perlas que en dorada copa     se derrama a torrentes.   Dormida, en el murmullo de tu aliento     acompasado y tenue, escucho yo un poema que mi alma     enamorada entiende.                           ¡Duerme!   Sobre el corazón la mano me he puesto porque no suene su latido y de la noche turbe la calma solemne.   De tu balcón las persianas cerré ya porque no entre el resplandor enojoso de la aurora y te despierte.                           ¡Duerme!
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Rima xxvii
En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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Al ponerle en la cruz
En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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Voy a cerrar los ojos en voz baja voy a meterme a tientas en el sueño. En este instante el odio no trabaja para la muerte que es su pobre dueño la voluntad suspende su latido y yo me siento lejos, tan pequeño que a Dios invoco, pero no le pido nada, con tal de compartir apenas este universo que hemos conseguido por las malas y a veces por las buenas. ¿Por qué el mundo soñado no es el mismo que este mundo de muerte a manos llenas? Mi pesadilla es siempre el optimismo: me duermo débil, sueño que soy fuerte, pero el futuro aguarda. Es un abismo. No me lo digan cuando me despierte.
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Hasta mañana
Déjame esta voz que tengo lo mismo que a la pampa le dejan sus matorrales de deseo sus ríos secos colgando de las piedras. Déjame vivir como acero mohoso sin puño tirado en las nubes no quiero saber de la gloria envidiosa con rabo y cuernos de ceniza. Un anillo tuve de luna tendida en la noche a comienzos de otoño lo di a un mendigo tan joven que sus ojos parecían dos lagos. Me ahogué en fin amigos ahora duermo donde nunca despierte no saber más de mí mismo es algo triste dame la guitarra para guardar las lágrimas.
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Déjame esta voz
¡Ay Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo? Sí, pues que sueño fue, que te gozaba; ¿Y quién sino un amante que soñaba, Juntara tanto infierno a tanto cielo? Mis llamas con tu nieve y con tu hielo, Cual suele opuestas flechas de su aljaba, Mezclaba Amor, y honesto las mezclaba, Como mi adoración en su desvelo. Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte, Que nunca duerma yo, si estoy despierto, Y que si duermo, que jamás despierte». Mas desperté del dulce desconcierto, Y vi que estuve vivo con la muerte, Y vi que con la vida estaba muerto.
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Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño
Es otra de esas noches, me despierto con tu aroma, como si estuvieras durmiendo conmigo, pero no hallo tu suave piel, el frío penetra cada parte de mí hasta llenarme de escalofríos, solo veo la luz de la luna, pero no veo tu tez blanca reflejada en ella, me invade una sensación de melancolía por no encontrarte, ¿dónde estás? Es otra de esas noches, el silencio de la madrugada resuena en mi habitación, solo te busco a ti, despertar sin tenerte a mi lado para que me consueles es tan destructivo, no puedo evitar soltar una lágrima al pensar en ti, tu cálido tacto ya me habría regresado a mi sueño. Es otra de esas noches, pero no estás, no puedo respirar sin ti, mi corazón está estallando de dolor, aunque te tenga, no te tengo cerca de mí, solo espero que en otra de esas noches, despierte con tu caricia en mi mon vie.
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Sep 5, 2025
Sep 5, 2025 at 1:05 AM UTC
Another Of This Nights.
Estoy con un libro y la brisa de compañía mientras la vida susurra secretos al oído, dejando que la brisa acaricie mis pensamientos apreciando el presente y expresando mis sentimientos. Vaya que es necesario sacarlo de adentro liberarlo con un trazo que despierte sentimientos a través de un lápiz, un pincel o el cuerpo en movimiento si el alma lo pide, déjalo fluir sin freno.
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Feb 21, 2025
Feb 21, 2025 at 11:15 AM UTC
Brisa de Sentimientos
Este donquijotesco don Miguel de Unamuno, fuerte vasco, lleva el arnés grotesco y el irrisorio casco del buen manchego. Don Miguel camina, jinete de quimérica montura, metiendo espuela de oro a su locura, sin miedo de la lengua que malsina.A un pueblo de arrieros, lechuzos y tahúres y logreros dicta lecciones de Caballería. Y el alma desalmada de su raza, que bajo el golpe de su férrea maza aún durme, puede que despierte un día.Quiere enseñar el ceño de la duda, antes de que cabalgue, el caballero; cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda cerca del corazón la hoja de acero.Tiene el aliento de una estirpe fuerte que soñó más allá de sus hogares, y que el oro buscó tras de los mares. Él señala la gloria tras la muerte. Quiere ser fundador, y dice: Creo; Dios y adelante el ánima española... Y es tan bueno y mejor que fue Loyola: sabe a Jesús y escupe al fariseo.
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A don miguel de unamuno
Ahora son las 5:17 y estoy más despierta que nunca. Me da miedo volver a cerrar los ojos porque sé que voy a soñar contigo. Sé que me va a doler, pero sólo cuando me despierte y sepa que es mentira. Que me voy a despertar llorando pero que del sueño lo que me queda es una sonrisa. Los odio, odio estos sueños pero me encantan porque te tengo y a veces te tengo más que nunca, mejor que nunca y como nunca. Ya pasó más de una hora, y todavía tengo ganas de seguir escribiendo. Todavía tengo cosas que decir. Todavía tengo cosas que decirte. Siento tanto, pero no sé cómo escribírtelo. Capaz vuelva más tarde, cuando se me acaben un poquito más las lagrimas y me den un poquito más de ganas de llamarte. Capaz vuelva cuando te vea hoy en la universidad, como siempre, tranquilo con tus amigos riéndote, desayunando, hablando, viendo a Anakena, comprando, apurado, estresado, dormido. Capaz vuelva antes o después. Capaz ni vuelva.
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Jul 3, 2018
Jul 3, 2018 at 7:54 PM UTC
Nunca me cansé de esperarte
Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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Los dos carreteros
Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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No busco que me quieras, no busco que volvamos a ser como antes, no busto tu mirada hacia mis ojos, no busco que nos complementemos como lo hacíamos, no busco tu mano en medio de la noche esperando a que esté ahí esperandome cuando realmente la necesite, cuando me despierte de una pesadilla. Esa pesadilla se volvería real al recordar que ya no estás. Pero en fin, ya no te busco. Ya no te busco porque es cansado. Es cansado esperarte con la idea de que vasa a volver cuando en realidad nunca va a suceder. Es cansado darte todo de mi y que tu solo me empujes al vacío una y otra vez. Es cansado buscarte porque nunca te voy a encontrar.
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Aug 1, 2017
Aug 1, 2017 at 7:45 PM UTC
Untitled
Hay un verde laurel. En sus ramas un enjambre de pájaros duerme         en mudo reposo, sin que el beso del sol los despierte. Hay un verde laurel. En sus ramas que el terral melancólico mueve,         se advierte una lira, sin que nadie esa lira descuelgue. ¡Quién pudiera, al influjo sagrado         de un soplo celeste, despertar en el árbol florido las rimas que duermen! ¡Y flotando en la luz el espíritu, mientras arde en la sangre la fiebre, como «un himno gigante y extraño» arrancar a la lira de Bécquer!
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Rima - vi
La noche tiene una Torva y caliginosa dulcedumbre. Sobre el cielo de estaño dá la luna La impresión de un lunar lleno de herrumbre. La brisa, como un gato, entre el ramaje De los árboles negros, juega y salta. Sobre el lomo del campo es un tatuaje La alberca que de líquenes se esmalta. Y es cada cosa un avisor oído Que se alarga atisbando la tormenta. Flota un olor de surco removido               Y de tierra sedienta. ¡Ah, qué larga pereza nos enerva Y con sus grillos nuestros piés sujeta! ¡ Qué ganas de dormir sobre esta hierba               Esponjada y discreta! Y así hasta que la lluvia nos despierte Con sus cien dedos de frescor salobre, Y el viento a nuestro lado agite fuerte, Sus campanillas de cristal y cobre. ¡Qué alocado retorno hacia la aldea, Ceñidos por los hilos de la lluvia, Mientras el vendaval peina y orea Mi testa negra y tu cabeza rubia!
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Noche de tormenta