"desconsolado" poems
He ido bajo Helios, que me mira sangrante
laborando en silencio mis jardines ausentes.
Mi voz será la misma del sembrador que cante
cuando bote a los surcos siembras de pulpa ardiente.
Cierro, cierro los labios, pero en rosas, tremantes
se desata mi voz, como el agua en la fuente.
Que si no son pomposas, que si no son fragantes,
son las primeras rosas -hermano caminante-
de mi desconsolado jardín adolescente.
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Anoche lloré mientras te recodaba
Y recordé las noches que pasamos juntos
En las que no tenía que atraer al gato, que ya bastante me odia, hasta mis pies para no tener frío.
Anoche recordé también la noche en que dijiste que te irías para siempre y lloré desconsolado.
Luego vinieron a mis ojos las lágrimas de aquella otra en la que regresaste,
en la que te ayudé a cargar tus maletas,
en la que juntos acomodamos mi espacio que se convirtió en nuestro
y las palabras dulces que dijimos optimistas sobre el futuro.
No pude detenerme hasta recordar todas las noches que despiertos o dormidos pasé tranquilo a tu lado,
en las que reímos,
en las que bailamos,
en las que gozamos,
en las que nos conocimos y reencontramos.
Las noches en las que te besé,
ésas fueron las mejores por sobre todas.
Y al final me quebré porque esta noche,
como las que sigue, estoy solo.
Y me quedo repasando todos esos recuerdos y lloro,
te juro que lloro.
Pero has de saber que entre lágrimas se escuchan también risas,
porqué si hay algo que me hace enteramente feliz,
es amarte,
es recordarte.
Jan 23, 2015
Jan 23, 2015 at 2:56 AM UTC
Fue bueno verte
recordar el sentido de todo esto que llevo
solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo
el resto del tiempo es solo
pensar, extrañarte, racionalizar
el instante en que puedo sentir tus labios
tu piel
tu cuerpo
no puedo describirlo
llámalo como quieras
pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas
solo para poder sentirlo de nuevo
Cielo
somos algo de otro mundo
pero en todo esto no caben dudas
ni miedos
ni incertidumbre ni inseguridad
y no me entiendas mal
pero es algo difícil despertar cuando
nos une un camino duro
un abismo que cruzar
y una linea muy delgada sobre la cual caminar
ayer después de que te fuiste subí a la montaña
estaba desconsolado
vacío
extraño
lleno de conflictos, de ruido, de venenos
te encontré en nuevo lugar
en los colores
en el aire ligero
en ese cielo que era como un mar *****
lleno de luces
embarcaciones con destinos venideros
caminos, contornos
como posibilidades
historias que vivimos o viviremos
puertos que nos esperan
personas que fuimos y que seremos
ese frío que sentía no estaba ahí de verdad
era solo tu ausencia
era solo miedo de despertar
de tu despertar
porque por un momento estuve convencido
de estar dentro de tu sueño
de sentir como tus ojos se cierran
y de estar navegando sobre ese mar
mientras tus manos dibujan los rasgos
de esa pintura,
la misma que tus ojos reflejan
sigo de pie en esa montaña
sobre nubes y abismos
sigo sintiendo frío
perdido entre esos caminos
esperando el día en que aparezcas de nuevo
sin dudas
sin incertidumbre
sin miedo
y yo pueda al fin cerrar los ojos
y compartir el sueño
dibujar tus rasgos
tomar tu mano
y contemplar
en esa misma montaña
como esa noche se vuelve día
como el azul inunda el cielo
y el frío es vencido
y la muerte es vencida
y el reflejo de nuestros ojos
no sea mas una pintura incompleta
sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
Nov 2, 2014
Nov 2, 2014 at 12:24 PM UTC
Mujer de un funcionario romano,
recorriste la tierra
-sombra suya- de Gades a Palmira.
Soles distintos te doraron,
maduraron tu piel, fueron dejando
seco tu corazón.
Cómo sería tu cabeza, tu mano,
lo que fue carne tibia, vestidura del alma
y luego piedra silenciosa...
Ahora la mano ya no está en la piedra.
Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída
por el agua que la albergó durante siglos.
¿Cómo serías? Imagino que el escultor,
sumiso a los clientes, las rutinas,
los tópicos vigentes en la Roma de los Césares,
copió de ti la apariencia banal.
¿Serías verdaderamente
-no quedan rasgos que dejen comprobarlo-
matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra,
que prefería muertos valerosos,
soledad y desolación,
antes que amor, calor y compañía de cobardes?
¿O tu rostro impasible
revelaría otra verdad?
Ahora no tienes ojos,
ni siquiera de piedra,
para que en ellos se refleje y cante el mar,
el mismo que rompía en tus ojos humanos
y te vestía de llamas azules.
(A la orilla del mar ocurriría aquel amor).
Un legionario, un soñador, un triste,
a la orilla del mar... Y le decías:
«Ráptame, llévame contigo, da a mi vida
sentido y esperanza, olvido y horizonte,
dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia
cuando subías con ofrendas al templo.
Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte
cuando estabas con él a solas.)
El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo,
a otro sol y otra tierra del Imperio,
lloró desconsolado el que era fuerza tuya.
Te hizo un collar de lágrimas
el que bebió tus lágrimas.
(Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco).
Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra.
El mar y el tiempo los borraron.
(Dentro del mar se pudriría aquel amor).
Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron
para edificación y pasmo de los hombres.
Jamás podrá la piedra
albergar un soplo de vida.
Y entonces, dónde ha ido tanta vida,
dónde está tanta vida que la piedra no puede contener,
no puede imaginar y transmitir.
Tanta vida que fue la salvadora
del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo?
Cómo puede morir lo que fue vida.
Quién puede asesinar la vida.
Quién puede congelar en estatua una vida.
Qué hay en común entre este bulto
-pliegues rígidos y elegantes,
rostro esfumado, manos mutiladas-
y aquella estatua de ola tibia,
aquel pequeño sol poniente,
aquel viento de carne pálida,
aquella arena palpitante,
aquel prodigio de rumores:
o que tú fuiste un día,
lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio,
en el que escarbo inútilmente
con el afán de un perro hambriento.
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Ya la verde cigarra yace aquí, pasajero,
Que por dos estaciones nutriose en el sembrado
y cuya ala vibrante bajo su pie dentado,
zumbaba en los citizos y pinos del otero.
La lira de los bosques desde el albor primero,
la Musa de los surcos y el trigal, ha callado;
para que el sueño suyo no vaya a ser turbado,
sé muy leve sobre ella y prosigue ligero.
En medio del tomillo reposa solitaria.
Fue erigida hace poco su piedra funeraria.
¡No termina de muchos así el vivir sombrío!
Un niño en esa tumba desconsolado llora,
y en esa tumba deja compasiva la Aurora
libación cada día de gotas de rocío.
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