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"demencia" poems
A la mitad de mi metáfora me di cuenta que rimar no tenia solución. Pero tampoco seguir escribiendo. Extrañamente me di cuenta que lo único que calma mis ansias de muerte es escribir, no redactar, sino escupir palabras que deseas borrar. Pero no puedes. Solo las plasmas. Y pasaban las horas, y seguía mi música. Café y cigarros. Taza tras taza y cigarro tras cigarro. Se me acabó la quincena en drogas. Falté al trabajo y renuncié. Y al final: me victimzé. ¿Qué hice al respecto? -Café. Café, cigarros, cigarros. Vamos a ver cuándo se me adormece el corazón. Vamos a ver cuándo se me adormece la razón. Y pasan los cigarros y pasan las horas, y ellas ya sabían desde el momento en que llegaste que me ibas a lastimar. Condenada al ciclo de desesperación silenciosa y vergüenza pasajera. Y tú y yo jugábamos, reíamos, amábamos. Y jugamos a amarnos más hasta que me perdí, y me encontré más perdida que buscada. Llena de mentiras y más que nada, hecha trizas. Traté de cerrar los ojos por unos minutos, traté de interpretarte como te veía. Fallé. Se me acaba la paciencia, se me suelta la demencia. ‘Lárgate de aquí, ya no te quiero’ palabras que mi corazón sacó. Desesperación. Haces falta, pero destruyes. Me abrí: me rompiste. No me veas, no me llames, no me busques: pero hazlo. Qué me duele que me ignores, pero no quiero saber de ti. No te quiero porque me duele no ser capaz de quererte de nuevo. Te quiero muerto en mi mente pero vivo en vida. Quiero saber cada detalle de ti, cada paso que das y casa suspiro que lanzas. Pero te quiero muerto en mi mente. Salté de mis sueños, son mis pesadillas, son mis drogas, no interfieras. Salté de mi música, no se relaciona a ti. Salté de mi mente. Sálte. Sálte. SÁLTE. Eres mi cajón de dolor. De lamentación. De decepción. ¿Autoestima? ¿Ilusión?… ¿Confianza? No. Tú y yo teníamos esa casa turquesa con conejos y gatos, y uno que otro perro. Tú me hacías el café en la mañana y el amor en la tarde. Nos besábamos y nos abrazábamos. Nosotros debimos estar juntos. Permanecer juntos. Tú debiste ser mi amigo, no mi enemigo. Debimos viajar juntos, perdernos juntos, pintar juntos, cantar, volar. Permanecer. Y yo, yo debí conocerte mejor antes de enamorarme. Debí enamorarme más y amar menos. Debemos tanto. Tantas cuentas pendientes. Tantos pendientes inconclusos. Tantos abusos de ilusión. Tanto de sin sabor. Y yo, yo debí quedarme, pero tú no debiste defraudarme.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:10 PM UTC
Y ya.
A la mitad de mi metáfora me di cuenta que rimar no tenia solución. Pero tampoco seguir escribiendo. Extrañamente me di cuenta que lo único que calma mis ansias de muerte es escribir, no redactar, sino escupir palabras que deseas borrar. Pero no puedes. Solo las plasmas. Y pasaban las horas, y seguía mi música. Café y cigarros. Taza tras taza y cigarro tras cigarro. Se me acabó la quincena en drogas. Falté al trabajo y renuncié. Y al final: me victimzé. ¿Qué hice al respecto? -Café. Café, cigarros, cigarros. Vamos a ver cuándo se me adormece el corazón. Vamos a ver cuándo se me adormece la razón. Y pasan los cigarros y pasan las horas, y ellas ya sabían desde el momento en que llegaste que me ibas a lastimar. Condenada al ciclo de desesperación silenciosa y vergüenza pasajera. Y tú y yo jugábamos, reíamos, amábamos. Y jugamos a amarnos más hasta que me perdí, y me encontré más perdida que buscada. Llena de mentiras y más que nada, hecha trizas. Traté de cerrar los ojos por unos minutos, traté de interpretarte como te veía. Fallé. Se me acaba la paciencia, se me suelta la demencia. ‘Lárgate de aquí, ya no te quiero’ palabras que mi corazón sacó. Desesperación. Haces falta, pero destruyes. Me abrí: me rompiste. No me veas, no me llames, no me busques: pero hazlo. Qué me duele que me ignores, pero no quiero saber de ti. No te quiero porque me duele no ser capaz de quererte de nuevo. Te quiero muerto en mi mente pero vivo en vida. Quiero saber cada detalle de ti, cada paso que das y casa suspiro que lanzas. Pero te quiero muerto en mi mente. Salté de mis sueños, son mis pesadillas, son mis drogas, no interfieras. Salté de mi música, no se relaciona a ti. Salté de mi mente. Sálte. Sálte. SÁLTE. Eres mi cajón de dolor. De lamentación. De decepción. ¿Autoestima? ¿Ilusión?… ¿Confianza? No. Tú y yo teníamos esa casa turquesa con conejos y gatos, y uno que otro perro. Tú me hacías el café en la mañana y el amor en la tarde. Nos besábamos y nos abrazábamos. Nosotros debimos estar juntos. Permanecer juntos. Tú debiste ser mi amigo, no mi enemigo. Debimos viajar juntos, perdernos juntos, pintar juntos, cantar, volar. Permanecer. Y yo, yo debí conocerte mejor antes de enamorarme. Debí enamorarme más y amar menos. Debemos tanto. Tantas cuentas pendientes. Tantos pendientes inconclusos. Tantos abusos de ilusión. Tanto de sin sabor. Y yo, yo debí quedarme, pero tú no debiste defraudarme.
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Soy paranoia, soy demencia, soy alucinación. Ando en medio de la oscuridad atormentada por mi mente. Atormentada por esta triste depresión sin salida. Atormentada por el dolor. No encuentro una luz, mi luz. No encuentro la paz, no encuentro mis píldoras. No encuentro poesía. Necesito calmarme. La noche anterior soñé que me intentaba quitar la vida. Sentí cómo mi respiración se ralentizaba, debo admitir que sentí alivio de acércame a la muerte. Anhelaba ese reposo sin embargo  el pánico empezó a hacer su papel y decidí detener el acto. Soy un fantasma de carne y hueso, soy sombra, soy noche. Noche sin luna y sin estrellas. Desperté. Sentí el vacío, pero quiero estar llena de felicidad. Temo naufragar, no quiero dar vueltas, me convierto en sombra, mis pensamientos se vuelven cada vez más grandes, más delirantes.
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Jul 27, 2015
Jul 27, 2015 at 1:10 PM UTC
Suicida
Yo tengo dos personas en mi interior una que me dice que no ame a nadie otra que me pide que sueñe con alguien a veces una me ruega que sueñe con ella mientras que la otra me ordena pasar la noche en vela a veces una me aconseja que tome conciencia y mientras otra me susurra que corra con demencia pero no he amado a nadie y he soñado con todos y pase las noches en vela mientras soñaba despierto y he sido consiente de que estoy demente así que creo que no tengo dos personas dentro de mí creo que dos personas me tienen dentro de sí.
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Apr 30, 2014
Apr 30, 2014 at 9:32 PM UTC
Dos personas.
Que alguien le diga que no me haga daño Que le adviertan que este corazón no corre                                                                         vuela Que finja demencia cuando se crucen las miradas Que calle con un beso las palabras y estas ansias                                                                        amargas Que no mienta Que no le llame amor a lo que hacemos Que me tome como                                                                        nada Que no me mire con ternura, ni apego Que me abandone sin más ni menos                                                                          allá Que no tome mi mano frente a aquellos Que sus libros y palabras no me elevan, me                                                                 subrayan Que no podré soportar más estas noches vanas.
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Nov 25, 2016
Nov 25, 2016 at 3:22 AM UTC
Noches vanas
Profesor de sollozo -he dicho a un árbol- palo de azogue, tilo rumoreante, a la orilla del Mame, un buen alumno leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca, entre el agua evidente y el sol falso, su tres de copas, su caballo de oros. Rector de los capítulos del cielo, de la mosca ardiente, de la calma manual que hay en los asnos; rector de honda ignorancia, un mal alumno leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca, el hambre de razón que le enloquece y la sed de demencia que le aloca. Técnico en gritos, árbol consciente, fuerte, fluvial, doble, solar, doble, fanático, conocedor de rosas cardinales, totalmente metido, hasta hacer sangre, en aguijones, un alumno leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca, su rey precoz, telúrico, volcánico, de espadas. ¡Oh profesor, de haber tánto ignorado! ¡oh rector, de temblar tánto en el aire! ¡oh técnico, de tánto que te inclinas! ¡Oh tilo! ¡oh palo rumoroso junto al Marne!
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El libro de la naturaleza
Esto se llama cuestionario no tradicional. En mi larga vida de literario, de escritor y de periodista muchas veces he hecho entrevistas y me han hecho y a veces se usa un cuestionario muy tradicional con las preguntas de siempre, por ejemplo: qué opina de Borges, qué opina del compromiso literatura, cosas así; pero otras veces los periodistas hacen, hacen preguntas para dejarlo tartamudeando a uno no, entonces esto es mi contribución a esos cuestionarios no tradicionales, a un escritor, claro: ¿Qué piensa del frío? ¿Qué ha influido más en su obra literaria la lucha de clases, García Márquez, el colesterol, el grupo de Chicago, lo real maravilloso, los pezones morenos, el estructuralismo, el churrasco, Dios o el Kh3? ¿Cuál es su odio más amado? ¿Padece de insomnio en la siesta? ¿Qué opina del páncreas? ¿Es usted soltero, casado, divorciado, viudo, homosexual, impotente? (favor de subrayar la o las palabras que correspondan a su estado actual) ¿Cuál es su dolor preferido? ¿De cuál de las galaxias se siente más distante? ¿Por qué razón o razones no se ha suicidado? ¿Qué opina del diptongo en general o de algún diptongo en particular? ¿Podría nombrar dentro de su última obra algún caso de analexis interna etéreo-diegética? ¿curable o incurable? ¿Considera que la demencia puede ser un factor de alineación? y ¿Partidario o enemigo de la diéresis? ¿Ha codiciado alguna vez a la mujer de su prójimo? ¿y qué tal? Y por último… ¿Quién cree que no es, de dónde no viene, a dónde no va?
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Cuestionario no tradicional
Esto se llama cuestionario no tradicional. En mi larga vida de literario, de escritor y de periodista muchas veces he hecho entrevistas y me han hecho y a veces se usa un cuestionario muy tradicional con las preguntas de siempre, por ejemplo: qué opina de Borges, qué opina del compromiso literatura, cosas así; pero otras veces los periodistas hacen, hacen preguntas para dejarlo tartamudeando a uno no, entonces esto es mi contribución a esos cuestionarios no tradicionales, a un escritor, claro: ¿Qué piensa del frío? ¿Qué ha influido más en su obra literaria la lucha de clases, García Márquez, el colesterol, el grupo de Chicago, lo real maravilloso, los pezones morenos, el estructuralismo, el churrasco, Dios o el Kh3? ¿Cuál es su odio más amado? ¿Padece de insomnio en la siesta? ¿Qué opina del páncreas? ¿Es usted soltero, casado, divorciado, viudo, homosexual, impotente? (favor de subrayar la o las palabras que correspondan a su estado actual) ¿Cuál es su dolor preferido? ¿De cuál de las galaxias se siente más distante? ¿Por qué razón o razones no se ha suicidado? ¿Qué opina del diptongo en general o de algún diptongo en particular? ¿Podría nombrar dentro de su última obra algún caso de analexis interna etéreo-diegética? ¿curable o incurable? ¿Considera que la demencia puede ser un factor de alineación? y ¿Partidario o enemigo de la diéresis? ¿Ha codiciado alguna vez a la mujer de su prójimo? ¿y qué tal? Y por último… ¿Quién cree que no es, de dónde no viene, a dónde no va?
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Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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El adiós
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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