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"decirse" poems
Hace poco aprendí que la vida se define en lo poco que uno sabe sobre uno, y lo mucho que uno quiere saber sobre el mundo. Las lecciones que la vida nos obliga a enfrentar no son más que el reflejo de nosotros en el mundo. Al resarcirse, al cambiar; también cambia el mundo. También aprendí que el momento para vivir no es más que ayer, ni menos que ahora. Cuando uno no quiere más vivir y acepta morir se da cuenta de que lo que antes valía mucho, ahora vale menos que nada. Es un largo camino de vuelta a la normalidad. Talvez si la vida diera vueltas y el corazon retornara a su color inicial todo esto cambiaría. Talvez yo cambiaría. Hace poco aprendí que los ojos no lloran por nada. Las lágrimas tienen un propósito y un fin, que espero que ambos, seas siempre tú. Los ojos en blanco y las miradas vacias significan más para mi de lo que te podrías imaginar. Mientras menos es más para mí, más acumulo estas ganas inmensas de todo. Digo todo, por que explicar lo que me haces sentir en una insignificante combinación de 26 letras, no te valen. Me gusta sentir tus ojos sobre mí, asi no me estes mirando. Cuando piensas en todo menos en mí. Mirarte mientras vives es para mí equivalente a todo lo bueno en este mundo. Vuelvo a la normalidad cuando te encuentro y me voy, me pierdo, cuando no. Podría decirse que la dependencia es mala, frivola. Pero miremosla de otra forma, como todo en esta vida, se amolda a nuestras necesidades. Fría. Sin sentidos. Así me dejas desde el momento en el que nuestros dedos se cruzan y meramente encuentran. Puedo sentir la adversidad del mundo en ellos, puedo sentirlo todo. Con las manos heladas y el pecho frío, pero contigo. Si talvez algún día no este ni para mi, talvez un día camines por la calle y me encuentres perdida. Cuando yo ya no habite en mí. Cuando las lágrimas dejen de secarse por ti y más por el tiempo que pasa sobre la gota que de mi lloré, dejando su camino sobre mi rostro, aquel que alguna vez miraste. Puedo asegurarte que para ese día mirarte todavía será mi deporte favorito, con ojos muertos y miradas vacias. No existe mucho cambio entre hoy y lo que describo. Los ojos muertos me sientan bien, no necesitan de maquillaje alguno. Se dice que iluminan mi rostro al llorar. Diría sonreir pero no creo que una sonrisa me encuentre perdida en el mar de miradas en el que me encuentro, almenos que sea la tuya. En ese caso, sonríe, porfavor.
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May 3, 2014
May 3, 2014 at 3:28 PM UTC
Miradas (spanish)
Hace poco aprendí que la vida se define en lo poco que uno sabe sobre uno, y lo mucho que uno quiere saber sobre el mundo. Las lecciones que la vida nos obliga a enfrentar no son más que el reflejo de nosotros en el mundo. Al resarcirse, al cambiar; también cambia el mundo. También aprendí que el momento para vivir no es más que ayer, ni menos que ahora. Cuando uno no quiere más vivir y acepta morir se da cuenta de que lo que antes valía mucho, ahora vale menos que nada. Es un largo camino de vuelta a la normalidad. Talvez si la vida diera vueltas y el corazon retornara a su color inicial todo esto cambiaría. Talvez yo cambiaría. Hace poco aprendí que los ojos no lloran por nada. Las lágrimas tienen un propósito y un fin, que espero que ambos, seas siempre tú. Los ojos en blanco y las miradas vacias significan más para mi de lo que te podrías imaginar. Mientras menos es más para mí, más acumulo estas ganas inmensas de todo. Digo todo, por que explicar lo que me haces sentir en una insignificante combinación de 26 letras, no te valen. Me gusta sentir tus ojos sobre mí, asi no me estes mirando. Cuando piensas en todo menos en mí. Mirarte mientras vives es para mí equivalente a todo lo bueno en este mundo. Vuelvo a la normalidad cuando te encuentro y me voy, me pierdo, cuando no. Podría decirse que la dependencia es mala, frivola. Pero miremosla de otra forma, como todo en esta vida, se amolda a nuestras necesidades. Fría. Sin sentidos. Así me dejas desde el momento en el que nuestros dedos se cruzan y meramente encuentran. Puedo sentir la adversidad del mundo en ellos, puedo sentirlo todo. Con las manos heladas y el pecho frío, pero contigo. Si talvez algún día no este ni para mi, talvez un día camines por la calle y me encuentres perdida. Cuando yo ya no habite en mí. Cuando las lágrimas dejen de secarse por ti y más por el tiempo que pasa sobre la gota que de mi lloré, dejando su camino sobre mi rostro, aquel que alguna vez miraste. Puedo asegurarte que para ese día mirarte todavía será mi deporte favorito, con ojos muertos y miradas vacias. No existe mucho cambio entre hoy y lo que describo. Los ojos muertos me sientan bien, no necesitan de maquillaje alguno. Se dice que iluminan mi rostro al llorar. Diría sonreir pero no creo que una sonrisa me encuentre perdida en el mar de miradas en el que me encuentro, almenos que sea la tuya. En ese caso, sonríe, porfavor.
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Con efecto mundial de vela que se enciende, el prepucio directo, hombres a golpes, funcionan los labriegos a tiro de neblina, con alabadas barbas, pie práctico y reginas sinceras de los valles. Hablan como les vienen las palabras, cambian ideas bebiendo orden sacerdotal de una botella; cambian también ideas tras de un árbol, parlando de escrituras privadas, de la luna menguante y de los ríos públicos! (Inmenso! Inmenso! Inmenso!) Función de fuerza sorda y de zarza ardiendo, paso de palo, gesto de palo, acápitcs de palo, la palabra colgando de otro palo. De sus hombros arranca, carne a carne, la herramienta florecida, de sus rodillas bajan ellos mismos por etapas hasta el cielo, y, agitando y agitando sus faltas en forma de antiguas calaveras, levantan sus defectos capitales con cintas, su mansedumbre y sus vasos sanguíneos, tristes, de jueces colorados. Tienen su cabeza, su tronco, sus extremidades, tienen su pantalón, sus dedos metacarpos y un palito; para comer vistiéronse de altura y se lavan la cara acariciándose con sólidas palomas. Por cierto, aquestos hombres cumplen años en los peligros, echan toda la frente en sus salutaciones; carecen de reloj, no se jactan jamás de respirar y, en fin, suelen decirse: Allá, las putas, Luis Taboada, los ingleses; allá ellos, allá ellos, allá ellos!
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Gleba
Es verdad que mi vida es poco fascinante Podría decirse que hasta es aburrida. Repito esta rutina 40 horas a la semana, y el resto de las tardes aborrezco el estar viva. Pero te miro y sonrío, y hablo de ti a todas horas, y todo el día, de lo que dijiste o lo que te pasó cuando yo no estaba. Se han cansado de escuchar de ti y de tus gustos, de las pocas veces que me hablas. Y me río a escondidas de lo que me susurras al oído, y de mi manera de no existir en tu vida. Porque nadie me conoce, no saben mi nombre, no saben ni que estoy aquí en tu cama. No sabe que soy el peor de tus secretos, que si se enteraran, probablemente... no cambiaría nada. Porque así soy yo, como el helio, no reacciono, me disipo y me elevo. Para que no me alcancen, para que no me toquen. Desaparezco por conveniencia y me reintegro cuando me llamas. Y quizá es por eso que siempre tengo ganas de besarte. Porque solo existo cuando me invocas, y cuando no... estoy esperando que lo hagas.
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Oct 24, 2017
Oct 24, 2017 at 12:49 AM UTC
Apología de mis ganas de besarte
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Remordimiento
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Iban los dos vestidos con descaro -minifalda, melenas- cogidos de la mano, tan jóvenes que casi daban miedo, tan absortos en un cero que, aunque no se veían, les unía absolutos algo fieramente puro. Iban a cualquier parte cogidos de la mano. Se amaban sin tristeza, ni alegría, ni nada. Y a veces se miraban, pero no se veían. Y luego se sentaban en un banco cualquiera. Pero no se veían. Ella era muy bonita; parecía aturdida; él, feroz y esmirriado. No hablaban. No tenían ya nada que decirse. Ya no se deseaban. Pero seguían juntos, cogidos de la mano, frente a algo que espantaba. Mientras el transistor seguía sonando.
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Una pareja perdida
Al principio ella fue una serena conflagración un rostro que no fingía ni siquiera su belleza unas manos que de a poco inventaban un lenguaje una piel memorable y convicta una mirada limpia         sin traiciones una voz que caldeaba la risa unos labios nupciales un brindis es increíble pero a pesar de todo él tuvo tiempo para decirse qué sencillo         y también no importa que el futuro         sea una oscura maleza la manera tan poco suntuaria que escogieron sus mutuas tentaciones fue un estupor alegre sin culpa ni disculpa él se sintió optimista                                           nutrido                                                           renovado tan lejos del sollozo y la nostalgia tan cómodo en su sangre y en la de ella tan vivo sobre el vértice de musgo tan hallado en la espera que después del amor salió a la noche sin luna y no importaba sin gente y no importaba sin dios y no importaba a desmontar la anécdota a componer la euforia a recoger su parte del botín mas su mitad de amor                                               se negó a ser mitad y de pronto él sintió que sin ella sus brazos estaban tan vacíos que sin ella sus ojos no tenían qué mirar que sin ella su cuerpo dce ningún modo era         la otra copa del brindis y de nuevo se dijo qué sencillo                         pero ahora lamentó que el futuro fuera oscura maleza sólo entonces pensó en ella                                                           eligiéndola y sin dolor         sin desesperaciones sin angustia y sin miedo dócilmente empezó                                         como otras noches                                                                                 a necesitarla.
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La otra copa del brindis
Al principio ella fue una serena conflagración un rostro que no fingía ni siquiera su belleza unas manos que de a poco inventaban un lenguaje una piel memorable y convicta una mirada limpia         sin traiciones una voz que caldeaba la risa unos labios nupciales un brindis es increíble pero a pesar de todo él tuvo tiempo para decirse qué sencillo         y también no importa que el futuro         sea una oscura maleza la manera tan poco suntuaria que escogieron sus mutuas tentaciones fue un estupor alegre sin culpa ni disculpa él se sintió optimista                                           nutrido                                                           renovado tan lejos del sollozo y la nostalgia tan cómodo en su sangre y en la de ella tan vivo sobre el vértice de musgo tan hallado en la espera que después del amor salió a la noche sin luna y no importaba sin gente y no importaba sin dios y no importaba a desmontar la anécdota a componer la euforia a recoger su parte del botín mas su mitad de amor                                               se negó a ser mitad y de pronto él sintió que sin ella sus brazos estaban tan vacíos que sin ella sus ojos no tenían qué mirar que sin ella su cuerpo dce ningún modo era         la otra copa del brindis y de nuevo se dijo qué sencillo                         pero ahora lamentó que el futuro fuera oscura maleza sólo entonces pensó en ella                                                           eligiéndola y sin dolor         sin desesperaciones sin angustia y sin miedo dócilmente empezó                                         como otras noches                                                                                 a necesitarla.
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Por una vez existe el cielo innecesario. Nadie averigua acerca de mi corazón ni de mi salud milagrosa y cordial, porque es de noche, manantial de la noche, viento de la noche, viento olvido, porque es de noche entre silencio y uñas y quedo desalmado como un reloj lento. Húmeda oscuridad desgarradora, oscuridad sin adivinaciones, con solamente un grito que se quiebra a lo lejos, y a lo lejos se cansa y me abandona. Ella sabe qué palabras podrían decirse cuando se extinguen todos los presagios y el insomnio trae iras melancólicas acerca del porvenir y otras angustias. Pero no dice nada, no las suelta. Entonces miro en lo oscuro llorando, y me envuelvo otra vez en mi noche como en una cortina pegajosa que nadie nunca nadie nunca corre. Por el aire invisible baja una luna dulce, hasta el sueño por el aire invisible. Estoy solo como con mi infancia de alertas, con mis corrientes espejismos de Dios y calles que me empujan inexplicablemente hacia un remoto mar de miedos. Estoy solo como una estatua destruida, como un muelle sin olas, como una simple cosa que no tuviera el hábito de la respiración ni el deber del descanso ni otras muertes en cierne, solo en la anegada cuenca del desamparo junto a ausencias que nunca retroceden. Naturalmente, ella conoce qué palabras podrían decirse, pero no dice nada, pero no dice nada irremediable.
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Nocturno
En una exacta foto del diario señor ministro del imposible vi en pleno gozo y en plena euforia y en plena risa su rostro simple seré curioso señor ministro de qué se ríe de qué se ríe de su ventana se ve la playa pero se ignoran los cantegriles tienen sus hijos ojos de mando pero otros tienen mirada triste aquí en la calle suceden cosas que ni siquiera pueden decirse los estudiantes y los obreros ponen los puntos sobre las íes por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe usté conoce mejor que nadie la ley amarga de estos países ustedes duros con nuestra gente por qué con otros son tan serviles cómo traicionan el patrimonio mientras el ****** nos cobra el triple cómo traicionan usté y los otros los adulones y los seniles por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe aquí en la calle sus guardias matan y los que mueren son gente humilde y los que quedan llorando de rabia seguro piensan en el desquite allá en la celda sus hombres hacen sufrir al hombre y eso no sirve después de todo usté es el palo mayor de un barco que se va a pique seré curioso señor ministro de qué se ríe de qué se ríe.
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De qué se ríe
Os digo que estas cosas no pueden decirse de otro modo, pues, dichas de otro modo, ya no serían estas cosas. Digo que el frac estorba para andar con la manga al codo, y que en una alambrada de púas no nacen las rosas. Os digo que hay que desafinar deliberadamente el arpa, y con sus viejas cuerdas ahorcar el tedio y la duda. Y ya veréis que nada importa los remiendos de la carpa, cuando sonríe como un hombre ******* la mujer barbuda.
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Os digo que estas cosas