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"cuna" poems
i Damsel in distress, open thine soul to me, open thine chest Colleen of medieval lace, of darling face, I'll taketh thee now; Yet how canst I taketh one? If none is around, Talitha cuna ghost I seeketh even thine smoke, wherever thou art, mine spirit waits. ii A repast banquet awaiteth for one, a table sitteth here, chairs for two; two chairs as I sitteth and eateth alone, the plàtes art full, though none amour' to tryeth the desert, none next to me for the fruit punch of thirst. Only me staring at an empty blank wall. iii Now mine eye's do crawl, searching the hearkening clearance None was ever here, just signs of emptiness, and mine own disappearance, as at that moment, when the fine dinner was set; mine heart fluttered backwards, being alone, mine spirit left. ©Brandon nagley ©Lonesome poets poetry
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Aug 3, 2015
Aug 3, 2015 at 8:31 AM UTC
Talitha cuni ( little girl, i say unto thee arise)
La gaviota sobre el pinar. (La mar resuena.) Se acerca el sueño. Dormirás, soñarás, aunque no lo quieras. La gaviota sobre el pinar goteado todo de estrellas.Duerme. Ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. No hay más que sombra. Arriba, luna. Peter Pan por las alamedas. Sobre ciervos de lomo verde la niña ciega. Ya tú eres hombre, ya te duermes, mi amigo, ea...Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo sobre la luna, y la degüella. La mar está cerca de ti, muerde tus piernas. No es verdad que tú seas hombre; eres un niño que no sueña. No es verdad que tú hayas sufrido: son cuentos tristes que te cuentan. Duerme. La sombra toda es tuya, mi amigo, ea...Eres un niño que está serio. Perdió la risa y no la encuentra. Será que habrá caído al mar, la habrá comido una ballena. Duerme, mi amigo, que te acunen campanillas y panderetas, flautas de caña de son vago amanecidas en la niebla.No es verdad que te pese el alma. El alma es aire y humo y seda. La noche es vasta. Tiene espacios para volar por donde quieras, para llegar al alba y ver las aguas frías que despiertan, las rocas grises, como el casco que tú llevabas a la guerra. La noche es amplia, duerme, amigo, mi amigo, ea...La noche es bella, está desnuda, no tiene límites ni rejas. No es verdad que tú hayas sufrido, son cuentos tristes que te cuentan. Tú eres un niño que está triste, eres un niño que no sueña. Y la gaviota está esperando para venir cuando te duermas. Duerme, ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. Duerme, mi amigo...                                       Ya se duerme mi amigo, ea...
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Canción de cuna para dormir a un preso
La gaviota sobre el pinar. (La mar resuena.) Se acerca el sueño. Dormirás, soñarás, aunque no lo quieras. La gaviota sobre el pinar goteado todo de estrellas.Duerme. Ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. No hay más que sombra. Arriba, luna. Peter Pan por las alamedas. Sobre ciervos de lomo verde la niña ciega. Ya tú eres hombre, ya te duermes, mi amigo, ea...Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo sobre la luna, y la degüella. La mar está cerca de ti, muerde tus piernas. No es verdad que tú seas hombre; eres un niño que no sueña. No es verdad que tú hayas sufrido: son cuentos tristes que te cuentan. Duerme. La sombra toda es tuya, mi amigo, ea...Eres un niño que está serio. Perdió la risa y no la encuentra. Será que habrá caído al mar, la habrá comido una ballena. Duerme, mi amigo, que te acunen campanillas y panderetas, flautas de caña de son vago amanecidas en la niebla.No es verdad que te pese el alma. El alma es aire y humo y seda. La noche es vasta. Tiene espacios para volar por donde quieras, para llegar al alba y ver las aguas frías que despiertan, las rocas grises, como el casco que tú llevabas a la guerra. La noche es amplia, duerme, amigo, mi amigo, ea...La noche es bella, está desnuda, no tiene límites ni rejas. No es verdad que tú hayas sufrido, son cuentos tristes que te cuentan. Tú eres un niño que está triste, eres un niño que no sueña. Y la gaviota está esperando para venir cuando te duermas. Duerme, ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. Duerme, mi amigo...                                       Ya se duerme mi amigo, ea...
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Las hadas, las bellas hadas, existen, mi dulce niña, Juana de Arco las vio aladas, en la campiña. Las vio al dejar el mirab, ha largo tiempo, Mahoma. Más chica que una paloma, Shakespeare vio a la Reina Mab. Las hadas decían cosas en la cuna de las princesas antiguas: que si iban a ser dichosas o bellas como la luna; o frases raras y ambiguas. Con sus diademas y alas, pequeñas como azucenas, había hadas que eran buenas y había hadas que eran malas. Y había una jorobada, la de profecía odiosa: la llamada Carabosa. Si ésta llegaba a la cuna de las suaves princesitas, no se libraba ninguna de sus palabras malditas. Y esa hada era muy fea, como son feos toda mala idea y todo mal corazón. Cuando naciste, preciosa, no tuviste hadas paganas, ni la horrible Carabosa ni sus graciosas hermanas. Ni Mab, que en los sueños anda, ni las que celebran fiesta en la mágica floresta de Brocelianda. Y, ¿sabes tú, niña mía, por qué ningún hada había? Porque allí estaba cerca de ti quien tu nacer bendecía: Reina más que todas ellas: la Reina de las Estrellas, la dulce Virgen María. Que ella tu senda bendiga, como tu Madre y tu amiga; con sus divinos consuelos no temas infernal guerra; que perfume tus anhelos su nombre que el mal destierra, pues ella aroma los cielos y la tierra.
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Pequeño poema infantil
La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo ***** y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre. Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso. Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos la luz del mundo. Ríete tanto que en el alma al oírte, bata el espacio. Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. Es tu risa la espada más victoriosa. Vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor. La carne aleteante, súbito el párpado, el vivir como nunca coloreado. ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo! Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma. Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne parece cielo cernido. ¡Si yo pudiera remontarme al origen de tu carrera! Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes. Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.
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Nanas de la cebolla
La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo ***** y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre. Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso. Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos la luz del mundo. Ríete tanto que en el alma al oírte, bata el espacio. Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. Es tu risa la espada más victoriosa. Vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor. La carne aleteante, súbito el párpado, el vivir como nunca coloreado. ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo! Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma. Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne parece cielo cernido. ¡Si yo pudiera remontarme al origen de tu carrera! Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes. Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.
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Me carcomen los celos me cubro la cara con la mano me pregunto , que me pasa? no hay razon de este sentimiento. me retuerzo... lo se, es de impotencia me digo: no seas mas necia miedo de tanta lujuria tantas ganas de sentirme tuya es que quiero sentirme tuya y es que quiero sentirte mia aunque sea una vez en la vida tengo celos de lo que haces y es porque no se ni lo que haces! celos de no verte ni sentirte aqui presente celos ala maldita duda de que deseas mi reina de cuna los celos me recorren los cesos lo siento hasta en los huesos es que no hay lugar que no te sienta largate celos antes que me arrepienta . 10-11-13 EveGaby
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Nov 14, 2013
Nov 14, 2013 at 9:16 PM UTC
Celos
un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve yo tampoco los veo / yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve animalitos que pasan por el cielo pacen en su temblor yo no veo esos animalitos / yo veo al niño que ve animalitos y me pregunto por qué esto pasa hoy ¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre tiene el alma cerrada y la hunde en las cenizas que dejará porque ardió pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí / un árbol mira detrás de la ventana al sol hay sol / detrás de la ventana hay un árbol en la calle ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón está contento y saca la mano del bolsillo abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve yo tampoco las veo / yo sólo veo su palma abierta a la luz y él / ¿qué ve? ¿ve bueyes que tiran del sol? yo no sé nada / no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del Atlántico y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón yo no veo nada / no sé nada ni sé en qué día nací / conozco la fecha pero no el día en que nací ¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? ¿es este día en que todos los que han muerto se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? ¿en esta luz dulcísima y abierta? / ¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? ¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? ¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? / ¿sin un amor con pena adentro? ahora pasan las cartas que nunca me escribiste hijo / vos / que tanto nacés de esta luz / tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada y nunca sabré nada / parecen pajaritos que vuelan con su serenidad astros que tiraste al aire y ninguno ve / yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro pensabas en una vida más limpia que ésta una vida que se podía lavar tender al sol de tu bondad / una vida llena de rostros como viajes ¿dónde están esos rostros / esos viajes? la vida está desnuda como un mar sin orillas y no puedo volver la vida atrás llevarla hasta tu cuna ni llevarla adelante / yo soy menos real que la mesa donde como yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana ahora un niño se le paró al lado / saca la mano del bolsillo del pantalón abre su palma a la luz y piensa que la muerte es la muerte y no más que eso
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Niños
un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve yo tampoco los veo / yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve animalitos que pasan por el cielo pacen en su temblor yo no veo esos animalitos / yo veo al niño que ve animalitos y me pregunto por qué esto pasa hoy ¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre tiene el alma cerrada y la hunde en las cenizas que dejará porque ardió pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí / un árbol mira detrás de la ventana al sol hay sol / detrás de la ventana hay un árbol en la calle ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón está contento y saca la mano del bolsillo abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve yo tampoco las veo / yo sólo veo su palma abierta a la luz y él / ¿qué ve? ¿ve bueyes que tiran del sol? yo no sé nada / no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del Atlántico y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón yo no veo nada / no sé nada ni sé en qué día nací / conozco la fecha pero no el día en que nací ¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? ¿es este día en que todos los que han muerto se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? ¿en esta luz dulcísima y abierta? / ¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? ¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? ¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? / ¿sin un amor con pena adentro? ahora pasan las cartas que nunca me escribiste hijo / vos / que tanto nacés de esta luz / tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada y nunca sabré nada / parecen pajaritos que vuelan con su serenidad astros que tiraste al aire y ninguno ve / yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro pensabas en una vida más limpia que ésta una vida que se podía lavar tender al sol de tu bondad / una vida llena de rostros como viajes ¿dónde están esos rostros / esos viajes? la vida está desnuda como un mar sin orillas y no puedo volver la vida atrás llevarla hasta tu cuna ni llevarla adelante / yo soy menos real que la mesa donde como yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana ahora un niño se le paró al lado / saca la mano del bolsillo del pantalón abre su palma a la luz y piensa que la muerte es la muerte y no más que eso
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Todo amor nuevo que aparece nos ilumina la existencia, nos la perfuma y enflorece. En la más densa oscuridad toda mujer es refulgencia y todo amor es claridad. Para curar la pertinaz pena, en las almas escondida, un nuevo amor es eficaz; porque se posa en nuestro mal sin lastimar nunca la herida, como un destello en un cristal. Como un ensueño en una cuna, como se posa en la rüina la piedad del rayo de la luna. como un encanto en un hastío, como en la ***** de una espina una gotita de rocío... ¿Que también sabe hacer sufrir? ¿Que también sabe hacer llorar? ¿Que también sabe hacer morir? -Es que tú no supiste amar...
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El amor nuevo
Si fueras tú un árbol, Quisiera ser el leñador Quisiera un alma de valor, Quisiera un hacha de mármol. Quisiera poder pasar Mi mano por tu coraza Y si más no se desplaza, Tumbarte horizontal. Quisiera hacer un hogar De tu torso de madera, Y en tu pecho, si se abriera, Una cuna de anidar, Quiero dormir sobre tu pelo, Bajo tus ojos de ventana, Y despertar cada mañana Besando los pies de tu suelo. Si fueras para mí, Tus semillas guardaría Y en la noche sembraría Todo un bosque de ti.
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May 6, 2019
May 6, 2019 at 2:40 PM UTC
Si fueras tú un árbol
Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
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El cuento de margot
Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
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Tegucigalpa, orquídea marchita, de suelos polutos por plata y sangre, cosecha de sueños abortados y maltrechos, irrigados por los cauces desbordantes de ríos negros. Tegucigalpa, ciudad de esquinas opuestas y avenidas perforadas por el tiempo. Urbe de aceras estrechas y de violencia que deambula. Tegucigalpa, narcisista sedentaria, que cada día se enamora ante el espejo de su cielo, que cada noche duerme en una cuna de cerros. Tegucigalpa escandalosa y bulliciosa, de estruendos que arrullan y susurros que matan. Tegucigalpa, te veo y una tristeza me asalta, entre tus calles coagula un caudal escarlata. Tegucigalpa, te sueño y el corazón me resalta, ante el recuerdo perdido de tu pasado esmeralda.
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Aug 10, 2022
Aug 10, 2022 at 3:07 AM UTC
Tegucigalpa
Soy un alma deambulando de un lado a otro me gustan los brotes de abril. Ya casi es abril. Pensé en él. Dijo: 'cuando el agua cae en la tierra deja sus huellas en ella, calma la cólera del fuego. Tú eres agua, yo ardo.' Así sucedió el mediodía y sus palabras se regaron dentro de mí como fértil magma de mis jardines. Somos procreadores del mundo queremos escapar del bullicio de las calles, abrir la ventana y saludar al sol. Queremos penetrar el océano un millar de veces y dirigirnos a la montaña fría por sentirnos tibia la piel. También dijo: 'Que encuentres los mejores caminos hacia los mejores lugares.' Palabras bien cimentadas, afectuosas me llevaron hacia él mismo. Sigo aquí. Entré a través de sus ojos oscuros. Estoy satisfecha porque respira, porque me mira, porque es. Quiero que se quede hasta que el principio y el fin se hayan disuelto. Han sido los impulsos los que me han mostrado el mundo parte de mi plenitud, me han llevado allá donde el sol y la tierra son eléctricos y me separan de lo peor, de los monstruos que se ocultan bajo mis tristezas. Al final de la jornada sólo deseo acurrucarme entre sus brazos de cuna hacernos inmortales en un suave beso fugaz y fusionarnos en el mismo sueño. Él es mi morada, él es mi movimiento, él llena mis días. Entre las ciudades y los caminos mientras las estrellas nos miran existe un lugar rodeado de campo de nubes multicolores y de cálido misterio. Quiero perpetuar ahí con los míos y los tuyos, hacerlo todo parte de nosotros, el filo del horizonte, los tejados y el cieno del bosque, la compañía, el sol, el silencio, las camas, el olor de la madera, la sonoridad de los árboles, la sensualidad, los poemas que leemos en voz alta, la humedad, el agua de la regadera, las comidas improvisadas, las risas de los desconocidos, mis gestos, tus manos, el arte que al que vamos atados. Está bien envejecer, está mejor envejecer contigo en esta casa. Es magnífico llamarte hogar.
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Mar 6, 2019
Mar 6, 2019 at 4:33 PM UTC
Hogar
Soy un alma deambulando de un lado a otro me gustan los brotes de abril. Ya casi es abril. Pensé en él. Dijo: 'cuando el agua cae en la tierra deja sus huellas en ella, calma la cólera del fuego. Tú eres agua, yo ardo.' Así sucedió el mediodía y sus palabras se regaron dentro de mí como fértil magma de mis jardines. Somos procreadores del mundo queremos escapar del bullicio de las calles, abrir la ventana y saludar al sol. Queremos penetrar el océano un millar de veces y dirigirnos a la montaña fría por sentirnos tibia la piel. También dijo: 'Que encuentres los mejores caminos hacia los mejores lugares.' Palabras bien cimentadas, afectuosas me llevaron hacia él mismo. Sigo aquí. Entré a través de sus ojos oscuros. Estoy satisfecha porque respira, porque me mira, porque es. Quiero que se quede hasta que el principio y el fin se hayan disuelto. Han sido los impulsos los que me han mostrado el mundo parte de mi plenitud, me han llevado allá donde el sol y la tierra son eléctricos y me separan de lo peor, de los monstruos que se ocultan bajo mis tristezas. Al final de la jornada sólo deseo acurrucarme entre sus brazos de cuna hacernos inmortales en un suave beso fugaz y fusionarnos en el mismo sueño. Él es mi morada, él es mi movimiento, él llena mis días. Entre las ciudades y los caminos mientras las estrellas nos miran existe un lugar rodeado de campo de nubes multicolores y de cálido misterio. Quiero perpetuar ahí con los míos y los tuyos, hacerlo todo parte de nosotros, el filo del horizonte, los tejados y el cieno del bosque, la compañía, el sol, el silencio, las camas, el olor de la madera, la sonoridad de los árboles, la sensualidad, los poemas que leemos en voz alta, la humedad, el agua de la regadera, las comidas improvisadas, las risas de los desconocidos, mis gestos, tus manos, el arte que al que vamos atados. Está bien envejecer, está mejor envejecer contigo en esta casa. Es magnífico llamarte hogar.
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Si el aire se dijera un día:                                                   -Estoy cansado, rendido de mi nombre... Ya no quiero ni mi inicial para firmar el bucle del clavel, el rizado de la rosa, el pliegecillo fino del arroyo, el gracioso volante de la mar y el hoyuelo que ríe en la mejilla de la vela... Desorientado, subo de las blandas, dormidas superficies que dan casa a mi sueño. Fluyo de las paradas enredaderas, calo los ciegos ajimeces de las torres; tuerzo, ya pura delgadez, las calles de afiladas esquinas, penetrando, roto y herido de los quicios, hondos zaguanes que se van a verdes patios donde el agua elevada me recuerda, dulce y desesperada, mi deseo... Busco y busco llamarme ¿con qué nueva palabra, de qué modo? ¿No hay soplo, no hay aliento, respiración capaz de poner alas a esa desconocida voz que me denomine? Desalentado, busco y busco un signo, un algo o alguien que me sustituya que sea como yo y en la memoria fresca de todo aquello, susceptible de tenue cuna y cálido susurro, perdure con el mismo temblor, el mismo hálito que tuve la primera mañana en que al nacer, la luz me dijo: -Vuela. Tú eres el aire. Si el aire se dijera un día eso...
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A luis cernuda, aire del sur buscado en inglaterra
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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Muerte y juicio
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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Quise tocar el gozo primitivo, batir mis alas, trasponer la linde y volver, al origen, desde el fin de mi juventud, para sentirme vivo. Quise reverdecer el viejo olivo de la paz, pero el alma se me rinde. ¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde, sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo? Y ¿quién se adueñará de la armonía universal, si rompe, nota a nota, grano a grano, el racimo, los acordes? ¿Quién se olvida que es cuna y tumba, día y noche, honda raíz y flor que brota, luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?
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Armonía
Se ha vuelto llanto este dolor ahora y es bueno que así sea. Bailemos, amemos, Melibea. Flor de este viento dulce que me tiene, rama de mi congoja: desátame, amor mío, hoja por hoja, mécete aquí en mis sueños, te arropo con mi sangre, ésta es tu cuna: déjame que te bese una por una, mujeres tú, mujer, coral de espuma. Rosario, sí, Dolores cuando Andrea, déjame que te llore y que te vea. Me he vuelto llanto nada más ahora y te arrullo, mujer, llora que llora.
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Autonecrología x
Magdalena, conozco que te amo en que la más trivial de tus acciones es pasto para mí, como la miga es la felicidad de los gorriones. Tu palabra más fútil es combustible de mi fantasía, y pasa por mi espíritu feudal como un rayo de sol por una umbría. Una mañana (en que la misma prosa del vivir se tornaba melodiosa) te daban un periódico en el tren y rehusaste, diciendo con voz cálida: «¿Para qué me das esto?» Y estas cinco breves palabras de tu boca pálida fueron como un joyel que todo el día en mi capilla estuvo manifiesto: y en la noche, sonaba tu pregunta: «¿Para qué me das esto?» Y la tarde fugaz que en el teatro repasaban tus dedos, Magdalena, la dorada melena de un chiquillo... Y el prócer ademán con que diste limosna a aquel anciano... Y tus dientes que van en sonrisa ondulante, cual resúmenes del sol, encandilando la insegura pupila de los viejos y los párvulos... Tus dientes, en que están la travesura y el relámpago de un pueril espejo que aprisiona del sol una saeta y clava el rayo férvido en los ojos del infante embobado que en su cuna vegeta... También yo, Magdalena, me deslumbro en tu sonrisa férvida; y mis horas van a tu zaga, hambrientas y canoras, como va tras el ama, por la holgura de un patio regional, el cortesano séquito de palomas que codicia la gota de agua azul y el rubio grano.
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Tu palabra más fútil...
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Soliloquio del farero
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Si yo supiera de qué selva vino El árbol vigoroso que dio el cedro Para tornear la cuna de mi hijo… Quisiera bendecir su nombre exótico. Quisiera adivinar bajo qué cielo, Bajo qué brisa fue creciendo lento El árbol que nació con el destino De ser tan puro y diminuto lecho. Yo elegí esta cunita Una mañana cálida de Enero. Mi compañero la quería de mimbre, Blanca y pequeña como un lindo cesto. Pero hubo un cedro que nació hace años Con el sino de ser para mi hijo Y preferí la de madera rica Con adornos de bronce. ¡Estaba escrito! A veces mientras duerme el pequeñuelo Yo me doy a forjar bellas historias: Tal vez bajo su copa cobriza Madre venía a amamantar su niño Todas las tardecitas, a la hora En que este cedro aparador de nidos Se llenaba de pájaros con sueño, De música de arrullos y de píos. ¡Debió de ser tan alto y tan erguido, Tan fuerte contra el cierzo y la borrasca, Que jamás el granizo le hizo mella Ni nunca el viento doblegó sus ramas! Él, en las primaveras retoñaba Primero que ninguno. ¡Era tan sano! Tenía el aspecto de un gigante bueno Con su gran tronco y su ramaje amplio. Árbol inmenso, que te hiciste humilde Para acunar a un niño entre tus gajos: ¡Has de mecer los hijos de mis hijos! ¡Toda mi raza dormirá en tus brazos.
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La cuna
Ya te vemos dormida. Tu barca es de madera por la orilla.Blanca princesa de nunca. ¡Duerme por la noche oscura! Cuerpo y tierra de nieve. Duerme por el alba, ¡duerme!Ya te alejas dormida. ¡Tu barca es bruma, sueño, por la orilla!
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Canción de cuna
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
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La mujer manchega
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
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Dichoso tú, que alegre en tu cabaña, Mozo y viejo espiraste la aura pura, Y te sirven de cuna y sepultura, De paja el techo, el suelo de espadaña. En esa soledad que libre baña Callado Sol con lumbre más segura, La vida al día más espacio dura, Y la hora sin voz te desengaña. No cuentas por los Cónsules los años; Hacen tu calendario tus cosechas; Pisas todo tu mundo sin engaños. De todo lo que ignoras te aprovechas; Ni anhelas premios ni padeces daños, Y te dilatas cuanto más te estrechas.
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A un amigo que retirado de la corte pasó su edad
hay un ojo de fuego sentado en mi mesa come las penas contagiosas un ojo de fuego come a los compañeros contagiosos que ordenaron a sus niñitos caer como hombres de pie contra la muerte un niñito era dulce como amargo arrabal otro amaba a la reina del plata todos ataron su corazón con mares ninguno había leído la revolución en un libro la revolución fue para ellos un ojo de fuego el viento que barre a los astros un árbol subido al pajarito más audaz un gran amor tirando al fuego la tristeza el mundo amargo como un arrabal crepitaban como el esposo en la esposa el amor no los dejaba dormir saltaban de la noche para ir al combate contra las injusticias insoportables las verguenzas las humillaciones insoportables el capitalismo no los dejaba dormir hay un ojo de fuego en mi mesa sirve un plato de compañeros bellos están soñando con la gente siempre soñaron que la gente es más alta que el sol/ siempre soñaron que la gente podía ser más alta que el sol/ están haciendo una cuna para mecer al mundo para abrigar calores que vendrán para estrenar un beso sin fondo.
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Aromas
De todo esto yo soy el único que parte. De este banco me voy, de mis calzones, de mi gran situación, de mis acciones, de mi número hendido parte a parte, de todo esto yo soy el único que parte. De los Campos Elíseos o al dar vuelta la extraña callejuela de la Luna, mi defunción se va, parte mi cuna, y, rodeada de gente, sola, suelta, mi semejanza humana dase vuelta y despacha sus sombras una a una. Y me alejo de todo, porque todo se queda para hacer la coartada: mi zapato, su ojal, también su lodo y hasta el doblez del codo de mi propia camisa abotonada.
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París, octubre 1936
Fatigada del baile, encendido el color, breve el aliento,   apoyada en mi brazo, del salón se detuvo en un extremo.   Entre la leve gasa que levantaba el palpitante seno,   una flor se mecía en compasado y dulce movimiento.   Como en cuna de nácar que empuja el mar y que acaricia el céfiro,   tal vez allí dormía al soplo de sus labios entreabiertos.   ¡Oh, quién así -pensaba- dejar pudiera deslizarse el tiempo! ¡Oh, si las flores duermen,   qué dulcísimo sueño!
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Rima xviii
Un niño muerto en la cuna La madre llorando al pie; Por la ventana se ve Llegar a ocaso la luna. En la pobre habitación Brilla escasa y tenue luz Debajo de negra cruz, Emblema de redención. La madre se desespera, Y junta, besando al niño, A lo blanco del armiño La palidez de la cera. A un tiempo se queja y ora A un tiempo duda y suspira; Le habla, lo toca, lo mira, Pronuncia su nombre y llora. A veces, «¿Por qué te vas?» Pregunta con hondo empeño, Y a veces dice: «¡Es un sueño! Ya pronto despertarás». Y mirando al niño yerto, Exclama en su desvarío: «¡Qué sosegado y que frío! ¡Si parece que está muerto!» Y con esta ilusión vana, Que encarna allí su fortuna, Parece junto a la cuna Un ángel en forma humana. Oye un coro resonar Que dulces voces derrama: «¡Son los ángeles», exclama; »Se lo vienen a llevar!» Y al ver los rojos destellos Que bajan del niño en pos, Agrega: «Te alumbra Dios El camino: ¡ve con ellos!» «Sí, Dios te llama, alma mía»... Y el rostro al del niño junta, Y se desmaya; y despunta Allá por Oriente el día. ¡Todo es luz, vida y belleza En torno de aquel dolor! ¡Y hay quien llame con amor Madre a la naturaleza!
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Amaneciendo