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"cubierto" poems
Hoy he visto un seto cubierto de rosas Y he vuelto a mi casa loca de alegría. ¡Hoy he visto un seto cubierto de rosas! ¡Qué impresión de fiesta de amor, alma mía He vuelto a mi casa llena de contento Como cuando vemos de nuevo al amante, Por quién suspiramos a cada momento Y que hace ya mucho se hallaba distante. Yo que amo las selvas, los campos, los prados, Los largos caminos verdes y encantados, El amor sin trabas en la paz campestre, Sueño ya con dulces fiestas amorosas, Ante este temprano florecer de rosas Sobre la negrura de un cerco silvestre.
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Primeras rosas
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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"Ni En Defensa Propia" Por primera vez no meti ni las manos ni en defensa propia evite la caida yo que anduve huyendo de un mundo de engaños vine a dar de lleno a lo peor de la vida la primera vez que te tuve en mis brazos me decias llorando que no habias pecado pero ya tenias no se cuantos fracasos y querias borrar con mi amor tu pecado ya tenias el rostro cubierto de besos y en tu ser las huellas que dejan las penas si despues de amarte te hicieron desprecio yo no he de pagar por las deudas ajenas te podria jurar que te ame con locura y jamas pense que llegara a perderte pero en vez de amores me diste amarguras y asi como eres prefiero perderte ya tenias el rostro cubierto de besos y en tu ser la huella que dejan las penas si despues de amarte te hicieron desprecio yo no he de pagar por las deudas ajenas
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Jun 1, 2015
Jun 1, 2015 at 12:07 AM UTC
Vicente Fernandez - Ni En Defensa Propia
Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, Tú me quieres blanca, Tú me quieres alba. Tú que hubiste todas Las copas a mano, De frutos y mieles Los labios morados. Tú que en el banquete Cubierto de pámpanos Dejaste las carnes Festejando a Baco. Tú que en los jardines Negros del Engaño Vestido de rojo Corriste al Estrago. Tú que el esqueleto Conservas intacto No sé todavía Por cuáles milagros, Me pretendes blanca (Dios te lo perdone), Me pretendes casta (Dios te lo perdone), Me pretendes alba. Huye hacia los bosques; Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
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Tú me quieres blanca
Figurilla india tallada en sándalo, todos tus detalles han sido esculpidos por la mano de Dios, el artesano mayor. Contigo a mi lado exploro lugares nunca antes pisados, en fantasía propia de gitanos e incienso, de colores ocres, de oro y café. Inspiras recuerdos de tiempos pasados, de siglos antiguos, de calles y barrios. De Babel, donde nos separamos y te llevaste tus labios, que se alejaron cansados, sin entender otro idioma que el de los besos robados, que a través de los tiempos por azar encuentro al hacer de tú boca, entre todas las otras, un monumento, adorno principal de este templo. Madera fina y aromática, trae contigo la armonía. Sándalo cubierto de flores, de danzas y amores: Si tengo tu boca ¿para qué querer otra?
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 4:19 AM UTC
Sándalo
Santo silencio profeso: No quiero, amigos, hablar; Pues vemos que por callar, A nadie se hizo proceso. Ya es tiempo de tener seso: Bailen los otros al son, Chitón. Que piquen con buen concierto Al caballo más altivo Picadores, si está vivo, Pasteleros, si está muerto; Que con hojaldre cubierto Nos den un pastel frisón, Chitón. Que por buscar pareceres Revuelvan muy desvelados Los Bártulos los Letrados, Los Abades sus mujeres. Si en los Estrados las vieres Que ganan más que el varón, Chitón. Que trague el otro jumento Por doncella una Sirena Más catada que colmena, Más probada que argumento; Que llame estrecho aposento Donde se entró de rondón, Chitón. Que pretenda el maridillo De puro valiente y bravo, Ser en una escuadra cabo, Siendo cabo de cuchillo; Que le vendan el membrillo Que tiralle era razón, Chitón. Que duelos nunca le falten Al Sastre que chupan brujas; Que le salten las agujas Y a su mujer se las salten; Que sus dedales esmalten Un doblón y otro doblón, Chitón. Que el letrado venga a ser Rico con su mujer bella, Más por buen parecer de ella Que por su buen parecer, Y que por bien parecer Traiga barba de cabrón, Chitón. Que tonos a sus galanes Cante Juanilla estafando, Porque ya piden cantando Las niñas, como Alemanes; Que en tono, haciendo ademanes, Pidan sin ton y sin son, Chitón. Mujer hay en el lugar Que a mil coches, por gozallos, Echará cuatro caballos, Que los sabe bien echar. Yo sé quien manda salar Su coche como jamón, Chitón. Que pida una y otra vez, Fingiendo virgen el alma, La tierna doncella palma, Y es dátil su doncellez; Y que lo apruebe el juez Por la sangre de un Pichón, Chitón.
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Letrilla satírica
Santo silencio profeso: No quiero, amigos, hablar; Pues vemos que por callar, A nadie se hizo proceso. Ya es tiempo de tener seso: Bailen los otros al son, Chitón. Que piquen con buen concierto Al caballo más altivo Picadores, si está vivo, Pasteleros, si está muerto; Que con hojaldre cubierto Nos den un pastel frisón, Chitón. Que por buscar pareceres Revuelvan muy desvelados Los Bártulos los Letrados, Los Abades sus mujeres. Si en los Estrados las vieres Que ganan más que el varón, Chitón. Que trague el otro jumento Por doncella una Sirena Más catada que colmena, Más probada que argumento; Que llame estrecho aposento Donde se entró de rondón, Chitón. Que pretenda el maridillo De puro valiente y bravo, Ser en una escuadra cabo, Siendo cabo de cuchillo; Que le vendan el membrillo Que tiralle era razón, Chitón. Que duelos nunca le falten Al Sastre que chupan brujas; Que le salten las agujas Y a su mujer se las salten; Que sus dedales esmalten Un doblón y otro doblón, Chitón. Que el letrado venga a ser Rico con su mujer bella, Más por buen parecer de ella Que por su buen parecer, Y que por bien parecer Traiga barba de cabrón, Chitón. Que tonos a sus galanes Cante Juanilla estafando, Porque ya piden cantando Las niñas, como Alemanes; Que en tono, haciendo ademanes, Pidan sin ton y sin son, Chitón. Mujer hay en el lugar Que a mil coches, por gozallos, Echará cuatro caballos, Que los sabe bien echar. Yo sé quien manda salar Su coche como jamón, Chitón. Que pida una y otra vez, Fingiendo virgen el alma, La tierna doncella palma, Y es dátil su doncellez; Y que lo apruebe el juez Por la sangre de un Pichón, Chitón.
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Verdes tardes de la selva; tardes tristes. Río verde entre zacatales verdes; pantanos verdes. Tardes olorosas a lodo, a hojas mojadas, a helechos húmedos y a hongos El verde perezoso cubierto de moho poco a poco trepando de rama en rama, con los ojos cerrados como dormido pero comiendo una hoja, alargando un garfio primero y después el otro, sin importarle las hormigas que le pican, volteando lentamente el bobo rostro redondo, primero a un lado y luego al otro, enrollando por fin la cola en una rama y colgándose pesado como una bola de plomo; el salto del sábalo en el río; el griterío de los monos comiendo malcriadamente, a toda prisa, arrojándose las cáscaras de anona unos a otros y peleándose, charlando, arremedándose y riéndose entre los árboles; monas chillonas cargando a tuto monitos pelones y trompudos; la guatusa bigotuda y elástica que se estira y encoge mirando a todos lados con su ojo redondo mientras come temblando; espinosas iguanas... temblando; espinosas iguanas como dragones de jade corriendo sobre el agua (¡flechas de jade!); el ***** con su camisa rayada, remando en su canoa de ceiba. Una muchacha meciéndose en una hamaca, con su largo pelo ***** y una pierna desnuda colgando de la hamaca, nos saluda:                     Adiós, California! El río ***** como tinta, al anochecer. Una flor de un hedor putrefacto                                                       como de cadáver; y una flor horrible, peluda.                                                       Orquídeas guindadas sobre el agua podrida. Silbidos tristes de la selva, y quejidos.                     Quejidos. Hojas tristes que caen dando vueltas. Y chillidos...                       ¡Un grito entre las guanábanas! El hacha cortando un tronco                       y el eco del hacha. ¡El mismo chillido! Ruido sordo de manadas de cerdos salvajes. ¡Carcajadas!                       El canto de un tucán. Chischiles de culebras cascabeles. Gritos de congos.                       Chachalacas. El canto melancólico de la gongolona                                   entre los coquitales, y el de la paloma popone,                                             popone, pone, pone Oropéndolas sonoras columpiándose en sus nidos colgados de las palmeras, y el canto del pájaro-león entre los coyoles y el del pájaro de-la-luna-y-el-sol el pájaro clarinero, el pájaro relojero que da la hora y el pocoyo que canta de noche (o caballero)                                   Cabayero mi dinero Cabayero mi dinero parejas de lapas que pasan gritando, y el guis, chichitote y dichoso-fui                                       dichoso-fuiiiiiiii que cantan en los chagüites sombríos. Plateados pantanos rielando, y las ranas cantando                               rrrrrrrrrrrrr !Y un pájaro que toda la noche repite.
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Squier en nicaragua
Verdes tardes de la selva; tardes tristes. Río verde entre zacatales verdes; pantanos verdes. Tardes olorosas a lodo, a hojas mojadas, a helechos húmedos y a hongos El verde perezoso cubierto de moho poco a poco trepando de rama en rama, con los ojos cerrados como dormido pero comiendo una hoja, alargando un garfio primero y después el otro, sin importarle las hormigas que le pican, volteando lentamente el bobo rostro redondo, primero a un lado y luego al otro, enrollando por fin la cola en una rama y colgándose pesado como una bola de plomo; el salto del sábalo en el río; el griterío de los monos comiendo malcriadamente, a toda prisa, arrojándose las cáscaras de anona unos a otros y peleándose, charlando, arremedándose y riéndose entre los árboles; monas chillonas cargando a tuto monitos pelones y trompudos; la guatusa bigotuda y elástica que se estira y encoge mirando a todos lados con su ojo redondo mientras come temblando; espinosas iguanas... temblando; espinosas iguanas como dragones de jade corriendo sobre el agua (¡flechas de jade!); el ***** con su camisa rayada, remando en su canoa de ceiba. Una muchacha meciéndose en una hamaca, con su largo pelo ***** y una pierna desnuda colgando de la hamaca, nos saluda:                     Adiós, California! El río ***** como tinta, al anochecer. Una flor de un hedor putrefacto                                                       como de cadáver; y una flor horrible, peluda.                                                       Orquídeas guindadas sobre el agua podrida. Silbidos tristes de la selva, y quejidos.                     Quejidos. Hojas tristes que caen dando vueltas. Y chillidos...                       ¡Un grito entre las guanábanas! El hacha cortando un tronco                       y el eco del hacha. ¡El mismo chillido! Ruido sordo de manadas de cerdos salvajes. ¡Carcajadas!                       El canto de un tucán. Chischiles de culebras cascabeles. Gritos de congos.                       Chachalacas. El canto melancólico de la gongolona                                   entre los coquitales, y el de la paloma popone,                                             popone, pone, pone Oropéndolas sonoras columpiándose en sus nidos colgados de las palmeras, y el canto del pájaro-león entre los coyoles y el del pájaro de-la-luna-y-el-sol el pájaro clarinero, el pájaro relojero que da la hora y el pocoyo que canta de noche (o caballero)                                   Cabayero mi dinero Cabayero mi dinero parejas de lapas que pasan gritando, y el guis, chichitote y dichoso-fui                                       dichoso-fuiiiiiiii que cantan en los chagüites sombríos. Plateados pantanos rielando, y las ranas cantando                               rrrrrrrrrrrrr !Y un pájaro que toda la noche repite.
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Él, de cabellera nevada, ojos tierra, piel arena clara acentuada por los surcos que definen sus primaveras y de postura erguida. Pasa sus días en la rural, sintiendo la refrescante brisa que acaricia cada robusta extremidad. En la inspección diaria de sus yagrumos, su mente relata la aparición de sus hijos, verlos crecer y cómo tomaron caminos apartes. Las visitas se tornaron trimestrales y en ocaciones más tardías. Añora esos momentos en los que podía escuchar sus hermosas risas mientras jugaban con el nuevo artefacto que les compró después de tantas horas de jornada con su cuerpo cubierto en sudor. A la vez, en el intento de no quebrantarse por las frecuentes ausencias, se preocupa por mantener su hogar intacto y la alacena llena, mientras su esposa está en estado vegetal. Toma asiento en ese viejo colchón, enciende la tele en lo que la claridad afecta su opaca visión. Distraído, observa el hipódromo, apostando por el mejor jinete, como de costumbre. Al evento culminar, se percata que otro anochecer había transcurrido, que todo seguía igual. Al final del día era solo él,   con la misma rutina,  la misma soledad.
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Apr 19, 2015
Apr 19, 2015 at 9:57 PM UTC
Rutina
Suetonio en este campo, risueño y florecido, vivió. Vecina a Tíbar, su quinta sólo un muro conserva aún, en medio de las viñas, y oscuro y cubierto de pámpanos un arco derruido. Aquí, lejos de Roma, de sus pompas y ruido, cada otoño, del cielo al último azul puro, a vendimiar venía su viñedo maduro. Monótona, tranquila, su vida aquí ha corrido. Fueron en esta calma, de pastoril encanto, Nerón, Claudio y Calígula obsesión de su mente, y errando Mesalina bajo purpúreo manto; y aquí, con férrea ***** que la pasión caldea, en la cera implacable arañando paciente, grabó los negros ocios del viejo de Caprea.
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Tranquilus
A la piedra en tu rostro, Vallejo, a las arrugas de las áridas sierras yo recuerdo en mi canto, tu frente gigantesca sobre tu cuerpo frágil, el crepúsculo ***** en tus ojos recién desencerrados, días aquéllos, bruscos, desiguales, cada hora tenía ácidos diferentes o ternuras remotas, las llaves de la vida temblaban en la luz polvorienta de la calle, tú volvías de un viaje lento, bajo la tierra, y en la altura de las cicatrizadas cordilleras yo golpeaba la puertas, que se abrieran los muros, que se desenrollaran los caminos, recién llegado de Valparaíso me embarcaba en Marsella, la tierra se cortaba como un limón fragante en frescos hemisferios amarillos, te quedabas tú allí, sujeto a nada, con tu vida y tu muerte, con tu arena cayendo, midiéndote y vaciándote, en el aire, en el humo, en las callejas rotas del invierno. Era en París, vivías en los descalabrados hoteles de los pobres. España se desangraba. Acudíamos. Y luego te quedaste otra vez en el humo y así cuando ya no fuiste, de pronto, no fue la tierra de las cicatrices, no fue la piedra andina la que tuvo tus huesos, sino el humo, la escarcha de París en invierno. Dos veces desterrado, hermano mío, de la tierra y el aire, de la vida y la muerte, desterrado del Perú, de tus ríos, ausente de tu arcilla. No me faltaste en vida, sino en muerte. Te busco gota a gota, polvo a polvo, en tu tierra, amarillo es tu rostro, escarpado es tu rostro, estás lleno de viejas pedrerías, de vasijas quebradas, subo las antiguas escalinatas, tal vez estés perdido, enredado entre los hilos de oro, cubierto de turquesas, silencioso, o tal vez en tu pueblo, en tu raza, grano de maíz extendido, semilla de bandera. Tal vez, tal vez ahora transmigres y regreses, vienes al fin de viaje, de manera que un día te verás en el centro de tu patria, insurrecto, viviente, cristal de tu cristal, fuego en tu fuego, rayo de piedra púrpura.
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Oda a césar vallejo
A la piedra en tu rostro, Vallejo, a las arrugas de las áridas sierras yo recuerdo en mi canto, tu frente gigantesca sobre tu cuerpo frágil, el crepúsculo ***** en tus ojos recién desencerrados, días aquéllos, bruscos, desiguales, cada hora tenía ácidos diferentes o ternuras remotas, las llaves de la vida temblaban en la luz polvorienta de la calle, tú volvías de un viaje lento, bajo la tierra, y en la altura de las cicatrizadas cordilleras yo golpeaba la puertas, que se abrieran los muros, que se desenrollaran los caminos, recién llegado de Valparaíso me embarcaba en Marsella, la tierra se cortaba como un limón fragante en frescos hemisferios amarillos, te quedabas tú allí, sujeto a nada, con tu vida y tu muerte, con tu arena cayendo, midiéndote y vaciándote, en el aire, en el humo, en las callejas rotas del invierno. Era en París, vivías en los descalabrados hoteles de los pobres. España se desangraba. Acudíamos. Y luego te quedaste otra vez en el humo y así cuando ya no fuiste, de pronto, no fue la tierra de las cicatrices, no fue la piedra andina la que tuvo tus huesos, sino el humo, la escarcha de París en invierno. Dos veces desterrado, hermano mío, de la tierra y el aire, de la vida y la muerte, desterrado del Perú, de tus ríos, ausente de tu arcilla. No me faltaste en vida, sino en muerte. Te busco gota a gota, polvo a polvo, en tu tierra, amarillo es tu rostro, escarpado es tu rostro, estás lleno de viejas pedrerías, de vasijas quebradas, subo las antiguas escalinatas, tal vez estés perdido, enredado entre los hilos de oro, cubierto de turquesas, silencioso, o tal vez en tu pueblo, en tu raza, grano de maíz extendido, semilla de bandera. Tal vez, tal vez ahora transmigres y regreses, vienes al fin de viaje, de manera que un día te verás en el centro de tu patria, insurrecto, viviente, cristal de tu cristal, fuego en tu fuego, rayo de piedra púrpura.
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si la dia pudiera dormir mientras el cielo la cantaba su historia, o si la noche quisiera despertar con el oro reluciente en sus ojos― el mundo se marchitaría por sus pecados. si tuvieran un amor brillante que no era cubierto por los rituales, ni la luna viuda que ya espera― todo se hubiera como infinito. pero inseparable el uno del otro en formas que podían destruir la causa que sostena su belleza inmortal― que no solo morirían en el mundo, pero en tiempo, en espacio, y en la memoria.
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Oct 23, 2019
Oct 23, 2019 at 5:51 PM UTC
Soneto II
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Fábricas de amor
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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-Descubierto Escondido, hidden it was Cubierto covered by comprartment rationalizations Untrained eye saw the flower in the dandelion unwilling to let die Disdain kept this little girl afraid weary on  the outskirts of foraging paths to explore her brain I was taught to desire a label fit a characture in Cinderella fable only to find, I don't fit I sat down for dinner with my darkest allegories I let theme name me Highlight every frailty within me Oh no don't stop go on I said Under my fog of dark Disdain kept this little girl afraid Weary on the outskirts of foreging paths to explore her brain I was taught to desire a label fit a characture in cinderella fable only to find I don't fit Marinating in poison I lined myslef up beside my expectations fail fail fail I cannot See now All is etched in dark at the enemies table Disdain kept this little girl afraid weary on the outskirts of foreging paths to explore her brain I was daught to desire a label fit a characture in Cinderella fable Omnipotent hope After dinner I drank of peace It caressed my bones and forced the enemies strangle hold to release Peace renewed Threading hope through my sinews If u Must live Don't try and grow under the hat they give U or wear a label sign Live to ur own rythm Sing to the chorus outside of time
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Jun 23, 2014
Jun 23, 2014 at 1:43 AM UTC
Escondido
la mujer sentada en la plaza no tiene techo tiene un chico de cinco años que se pone a gritar en la plaza grita bajo el cielo abierto en la plaza hace 20 días que el chico de pronto se pone a gritar bajo el cielo esos gritos cuelgan del aire un rato y caen sin que nadie los vea guarde o moje para apagar/el frío los arruga y crujen como padecimientos como hojas como secos en la plaza mientras algunos preparan una reunión para defender a la poesía citan poetas por teléfono algo cruje ahora o padece apenas cubierto por el otoño o la mano de la mujer contra la boca del chico o la boca del chico gritando contra el cielo o mano la reunión de la boca y la mano para defender a la poesía/de la boca a la mano ¿cómo es el viaje? el grito ¿echa raíces quieto por fin? la mano ¿vuelve a ser tierra para abrigar los gritos desolados del pobrecito en el día? ¿y qué germinará de boca a mano? ¿planta? ¿monstruo? ¿belleza que andará por el mundo después? el dolor ¿dará belleza después? tanto dolor acá ¿dará belleza algún día? esta reunión bajo los astros que callan o brillan ¿calla brilla en la tarde como astro reunido? ¿callará brillará como astro después? ¿tiembla cielo de la boca a la mano como techo para astros germinaciones padecimientos que caen del chico la mujer? oh astros ¿crujen como hojas en la plaza? ¿para defender a la poesía?
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Reuniones
Ayer, lo vi después de tanto tiempo, es lo más bonito que me ha pasado. Sentí un asalto al corazón, un ‘tranquilízate’……. no desmanes tanto. Ayer, lo vi después de tanto tiempo, y me transporte a espacios que Dios todavía no ha creado. No sabía si besarlo, quise besarlo…. no me atreví a besarlo. Lo abrace desde lo más profundo de mi ente, y al estrecharme entre sus brazos, santiamente, sentí el ardor de verano y el estofado invierno cuando dejamos de sujetarnos. Quería fijamente mirarlo, temí que mis ojos evidenciaran mi corazón nerviosamente palpitando. Ese corazón agitado y embebecido por dentro, llorando de alegría por ese encuentro, y, también, de tristeza por todavía amarlo. Ayer, lo vi después de tanto tiempo, es lo más bonito que me ha pasado. No ha cambiado nada. Él siempre tan cubierto, Y yo, siempre desnudando el alma. Ayer, lo vi después de tanto tiempo. Lo peor, no fue verlo, fue resignarme otra vez! Es que este amor….. no puede ser! LeydisProse 2/2017
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Jun 5, 2017
Jun 5, 2017 at 9:35 AM UTC
Lo peor no es verte es resignarme otra vez!
Estación invencible! En los lados del cielo un pálido cierzo se acumulaba, un aire desteñido e invasor, y hacia todo lo que los ojos abarcaban, como una espesa leche, como una cortina endurecida existía, continuamente. De modo que el ser se sentía aislado, sometido a esa extraña substancia, rodeado de un cielo próximo, con el mástil quebrado frente a un litoral blanquecino, abandonado de lo sólido, frente a un transcurso impenetrable y en una casa de niebla. Condenación y horror! De haber estado herido y abandonado, o haber escogido las arañas, el luto y la sotana. De haberse emboscado, fuertemente ahíto de este mundo, y de haber conversado sobre esfinges y oros y fatídicos destinos. De haber amarrado la ceniza al traje cotidiano, y haber besado el origen terrestre con su sabor a olvido. Pero no. No. Materias frías de la lluvia que caen sombríamente, pesares sin resurrección, olvido. En mi alcoba sin retratos, en mi traje sin luz, cuánta cabida eternamente permanece, y el lento rayo recto del día cómo se condensa hasta llegar a ser una sola gota oscura. Movimientos tenaces, senderos verticales a cuya flor final a veces se asciende, compañías suaves o brutales, puertas ausentes! Como cada día un pan letárgico, bebo de un agua aislada! Aúlla el cerrajero, trota el caballo, el caballejo empapado en lluvia, y el cochero de largo látigo tose, el condenado! Lo demás, hasta muy larga distancia permanece inmóvil, cubierto por el mes de junio y sus vegetaciones mojadas, sus animales callados, se unen como olas. Sí, qué mar de invierno, qué dominio sumergido trata de sobrevivir, y, aparentemente muerto, cruza de largos velámenes mortuorios esta densa superficie? A menudo, de atardecer acaecido, arrimo la luz a la ventana, y me miro, sostenido por maderas miserables, tendido en la humedad como un ataúd envejecido, entre paredes bruscamente débiles. Sueño, de una ausencia a otra, y a otra distancia, recibido y amargo.
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El deshabitado
Estación invencible! En los lados del cielo un pálido cierzo se acumulaba, un aire desteñido e invasor, y hacia todo lo que los ojos abarcaban, como una espesa leche, como una cortina endurecida existía, continuamente. De modo que el ser se sentía aislado, sometido a esa extraña substancia, rodeado de un cielo próximo, con el mástil quebrado frente a un litoral blanquecino, abandonado de lo sólido, frente a un transcurso impenetrable y en una casa de niebla. Condenación y horror! De haber estado herido y abandonado, o haber escogido las arañas, el luto y la sotana. De haberse emboscado, fuertemente ahíto de este mundo, y de haber conversado sobre esfinges y oros y fatídicos destinos. De haber amarrado la ceniza al traje cotidiano, y haber besado el origen terrestre con su sabor a olvido. Pero no. No. Materias frías de la lluvia que caen sombríamente, pesares sin resurrección, olvido. En mi alcoba sin retratos, en mi traje sin luz, cuánta cabida eternamente permanece, y el lento rayo recto del día cómo se condensa hasta llegar a ser una sola gota oscura. Movimientos tenaces, senderos verticales a cuya flor final a veces se asciende, compañías suaves o brutales, puertas ausentes! Como cada día un pan letárgico, bebo de un agua aislada! Aúlla el cerrajero, trota el caballo, el caballejo empapado en lluvia, y el cochero de largo látigo tose, el condenado! Lo demás, hasta muy larga distancia permanece inmóvil, cubierto por el mes de junio y sus vegetaciones mojadas, sus animales callados, se unen como olas. Sí, qué mar de invierno, qué dominio sumergido trata de sobrevivir, y, aparentemente muerto, cruza de largos velámenes mortuorios esta densa superficie? A menudo, de atardecer acaecido, arrimo la luz a la ventana, y me miro, sostenido por maderas miserables, tendido en la humedad como un ataúd envejecido, entre paredes bruscamente débiles. Sueño, de una ausencia a otra, y a otra distancia, recibido y amargo.
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carmicahel o'shaughnessy mi dios con el camino en la mano era un planeta girando y girando en la mañana cerrada como cubierto de lirios y de trigos ¡ah carmichael! qué grandes fierros le crecían en los pies cuando se andaba al gallo primo cantor y al segundo callado a carmichael se le caían pedazos de rabia pura de la cara que iba dejando como árboles que crecieron como árboles al costado del camino no pájaros no vientos no señoras les movían las ramas sino años de mal amor y desgracia años en que el amor viene mal o mal y triste y destrozado como la margarita que besó el *** a la solombra del atardecer donde carmichael lloró un poco por abajo por arriba por la ventanita que nadie abre iba carmichael con el camino en la mano como paquete del dolor hasta que un día los pies se le pusieron verdes áhi carmichael paró ya rojo ya mitad ya parecido y dulce fue su desventaja toda la sombra que cae de carmichael o'shaughnessy pega en el suelo y se va al sol pero antes canta como dos pechos de mujer o sea canta canta
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Lamento por los pies de carmichael o'shaughnessy
Yo odio a la luna. La luna me embruja Y me pone triste con su faz de bruja. Tan triste me pone que a veces parece Que en mi alma un ***** ciprés se estremece. Bajo su luz clara mi alma queda inerte Y es como un guiñapo con olor a muerte. Bajo su luz clara , tan estéril es Como un prado ***** cubierto de pez. Cavadora blanca, con su azada ahonda El pozo sombrío de mi pena honda, Y con sus dos largas manos de cristal, Derrama en ni¡ senda puñados de sal. Aunque cubra el ascua de mi angustia viva Con grises cenizas, la bruja, de arriba Me arroja su soplo y reanima el fuego, Ciega a todo llanto, sorda a todo ruego.             ¡No podré olvidar Mientras a la luna tenga que mirar!             ¡Clamo la ceguera! ¡Quién no ver su lumbre nunca nmás, me diera!
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La tristeza de la luna
Hoy se murió un niño de seis semanas (perdón por la referencia forense). Ocurrió en la Argentina (perdón por la referencia geográfica). Es el vigésimo séptimo del día (perdón por la referencia estadística). Alguno pudo haber sido Rimbaud. La materia del poema no es el poema y se encuentra con su desilusión. Esos barcos daneses que nunca navegué. Las piedras dentro de la boca dicen así es, fuego cubierto de madres que no comen y matan al hijo, esas labias perdidas. La canción que no tiene linares cae en la tarde púrpura. La materia que aleja al poema es un mundo que hija nombres de sal.
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Alguno
alas o páramos o peces traía la mano de george bentham cálida de mujer que tocara en plena luz ya húmeda ya clara ya feliz ¡ah george bentham cómplice! solía irse solito por los corredores que atando o uniendo lo tenían a la madre central la célebre de espumas la que flotaba cuando empezaba a desnocharse después de haber amado o ardido la piel se le apagaba en el fulgor que la sacaba de toda oscuridad y daba miel y daba leche y daba george bentham sí señor una invención total para estos días negros de pésimas negruras ah madre a la que hijaron/como siempre por eso: fue cuando Dios comió bebió tomó otras medidas populares que george bentham apareció triste morido y solo a punto en la mitad del peso que va de george a bentham y volvía y quería una llama de oro brillante y fuerte como el sol vamos al río a tirar piedras al agua vamos al río a tirar piedras vamos a tirar piedras george bentham nadie te sacará del malagüero aunque críes caballos de vientre hermoso hermoso ampáralos del viento que cae del propio george bentham sí hoy no te irás te irás mañana si hoy no te vas te vas mañana pero no temas a la muerte de ojos de fuego uno que dice george otro que bentham y brillan como el sol quien dice george te habrá cubierto o cubrirá quien dice bentham también y nadie sabe cómo hacen para darte de comer allá habrás de crecer george bentham para atrás en dirección al comienzo de todo habrá rocío para tu herido corazón y después bailaremos por eso: cuando george bentham murió por fin callaba la su madre dando o diciendo suave otra vez "chaparroncito no me mojes/mío"
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Lamento por george bentham
alas o páramos o peces traía la mano de george bentham cálida de mujer que tocara en plena luz ya húmeda ya clara ya feliz ¡ah george bentham cómplice! solía irse solito por los corredores que atando o uniendo lo tenían a la madre central la célebre de espumas la que flotaba cuando empezaba a desnocharse después de haber amado o ardido la piel se le apagaba en el fulgor que la sacaba de toda oscuridad y daba miel y daba leche y daba george bentham sí señor una invención total para estos días negros de pésimas negruras ah madre a la que hijaron/como siempre por eso: fue cuando Dios comió bebió tomó otras medidas populares que george bentham apareció triste morido y solo a punto en la mitad del peso que va de george a bentham y volvía y quería una llama de oro brillante y fuerte como el sol vamos al río a tirar piedras al agua vamos al río a tirar piedras vamos a tirar piedras george bentham nadie te sacará del malagüero aunque críes caballos de vientre hermoso hermoso ampáralos del viento que cae del propio george bentham sí hoy no te irás te irás mañana si hoy no te vas te vas mañana pero no temas a la muerte de ojos de fuego uno que dice george otro que bentham y brillan como el sol quien dice george te habrá cubierto o cubrirá quien dice bentham también y nadie sabe cómo hacen para darte de comer allá habrás de crecer george bentham para atrás en dirección al comienzo de todo habrá rocío para tu herido corazón y después bailaremos por eso: cuando george bentham murió por fin callaba la su madre dando o diciendo suave otra vez "chaparroncito no me mojes/mío"
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qué bónito es estar viva estar joven y estar viva  qué bónito está el cielo cubierto de nubes grises transparentes de papél  nuestros días ocupados y llenos de pápel qué se vea apenas el sol a punto de llover  qué exquisitas las palabras  que le susurras a mi hombro cuando me buscas tú o te busco yo cuando toco apénas tu rostro  con miedo a que te hagas humo  te desvanezca el sol y resbales de mis manos  (como todo lo que quisiera tener)  te pregunto sobre una cicatriz  que tienes arriba de los labios  sobre lo rasposo de tus palmas lo hermoso de tus manos  que obedecen tan divina imaginación  tu inteligencia, tu visión  qué bónita tu concentración también con enojo o melancolía tristeza o frustración  lo que hay detrás de tus ojos  eres música y color  qué bónita la sorpresa  imagína mi extrañeza al ver a los ojos alguien  que viera el mundo como yo cuando conocí apenas tu rostro  sin percibir algo especial  de la nada en esos labios discurso sin forzar sobre lo bello y lo sensible  (en ese instante me perdiste) me hablaste primero de belleza  así que deja te contesto aquí va mi respuesta  (y te digo en que me perdí)  lleno hojas de belleza la que veo en tu existir  qué bónito estar viva  estar jóven y estar viva qué bónito día tan gris qué bónito está el cielo  qué bónita tu nariz y qué linda tu boca cuando hablas del mar qué dulce tu voz y melodía  tus metáforas marinas sobre agua y licór que con dulzura frenética  describes el amor  qué gentiles tus manos  cuando juegas con mis dedos cuando entiendes de que hablo  concordamos en qué cosas  sì importan; y tú me importas cuando estando solos no nos sentimos solos (¡aunque te llegue solo al hombro!)  lejos de quien no entiende  que me miren a los ojos y digan que nada bueno saldrá  de lo que siento por tí  infinito como el mar tenías razón con lo del mar pensé que ya se había dicho todo  lo que se podría decir sobre el mar ahora veo la perpetuidad infinitud desconocida  el mismo asombro que veo en tí mi fascinación con las estrellas  las del cielo y las de tus ojos la gran bóveda y tu aura azùl ambas me cubren siempre cuando te escucho cantar o hablar  cuando me preguntaste que era  lo que me gusta de tí y aquí está mi respuesta mira de cuantas maneras te las digo  qué bónito el cielo; qué bónito existir  al mismo tiempo y sin tocarte te juro que no son tus pestañas  ni tus lunares, manchas de Apollo ni las mariposas en mi estomago  es ver lo que eres tal eres poderte decir todo esto tan bónito que siento por tí  que me veas tal y como soy  cuando te miro a los ojos  y que te veas también a ti mismo a través de mis ojos
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Mar 18, 2018
Mar 18, 2018 at 6:26 AM UTC
talasofilia
qué bónito es estar viva estar joven y estar viva  qué bónito está el cielo cubierto de nubes grises transparentes de papél  nuestros días ocupados y llenos de pápel qué se vea apenas el sol a punto de llover  qué exquisitas las palabras  que le susurras a mi hombro cuando me buscas tú o te busco yo cuando toco apénas tu rostro  con miedo a que te hagas humo  te desvanezca el sol y resbales de mis manos  (como todo lo que quisiera tener)  te pregunto sobre una cicatriz  que tienes arriba de los labios  sobre lo rasposo de tus palmas lo hermoso de tus manos  que obedecen tan divina imaginación  tu inteligencia, tu visión  qué bónita tu concentración también con enojo o melancolía tristeza o frustración  lo que hay detrás de tus ojos  eres música y color  qué bónita la sorpresa  imagína mi extrañeza al ver a los ojos alguien  que viera el mundo como yo cuando conocí apenas tu rostro  sin percibir algo especial  de la nada en esos labios discurso sin forzar sobre lo bello y lo sensible  (en ese instante me perdiste) me hablaste primero de belleza  así que deja te contesto aquí va mi respuesta  (y te digo en que me perdí)  lleno hojas de belleza la que veo en tu existir  qué bónito estar viva  estar jóven y estar viva qué bónito día tan gris qué bónito está el cielo  qué bónita tu nariz y qué linda tu boca cuando hablas del mar qué dulce tu voz y melodía  tus metáforas marinas sobre agua y licór que con dulzura frenética  describes el amor  qué gentiles tus manos  cuando juegas con mis dedos cuando entiendes de que hablo  concordamos en qué cosas  sì importan; y tú me importas cuando estando solos no nos sentimos solos (¡aunque te llegue solo al hombro!)  lejos de quien no entiende  que me miren a los ojos y digan que nada bueno saldrá  de lo que siento por tí  infinito como el mar tenías razón con lo del mar pensé que ya se había dicho todo  lo que se podría decir sobre el mar ahora veo la perpetuidad infinitud desconocida  el mismo asombro que veo en tí mi fascinación con las estrellas  las del cielo y las de tus ojos la gran bóveda y tu aura azùl ambas me cubren siempre cuando te escucho cantar o hablar  cuando me preguntaste que era  lo que me gusta de tí y aquí está mi respuesta mira de cuantas maneras te las digo  qué bónito el cielo; qué bónito existir  al mismo tiempo y sin tocarte te juro que no son tus pestañas  ni tus lunares, manchas de Apollo ni las mariposas en mi estomago  es ver lo que eres tal eres poderte decir todo esto tan bónito que siento por tí  que me veas tal y como soy  cuando te miro a los ojos  y que te veas también a ti mismo a través de mis ojos
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La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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Cuerpo presente
La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Dónde vas, niña mía, De sol y nieve?   -Voy a las margaritas Del prado verde.   -El prado está muy lejos Y miedo tiene.   -Al airón y a la sombra Mi amor no teme.   -Teme al sol, niña mía, De sol y nieve.   -Se fue de mis cabellos Ya para siempre.   -Quién eres, blanca niña. ¿De dónde vienes?   -Vengo de los amores Y de las fuentes.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Qué llevas en la boca Que se te enciende?   -La estrella de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en el pecho Tan fino y leve?   -La espada de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en los ojos, ***** y solemne?   -Mi pensamiento triste Que siempre hiere.   -¿Por qué llevas un manto ***** de muerte?   -¡Ay, yo soy la viudita Triste y sin bienes! Del conde del Laurel De los Laureles.   -¿A quién buscas aquí Si a nadie quieres?   -Busco el cuerpo del conde De los Laureles.   -¿Tú buscas el amor, Viudita aleve? Tú buscas un amor Que ojalá encuentres.   -Estrellitas del cielo Son mis quereres, ¿Dónde hallaré a mi amante Que vive y muere?   -Está muerto en el agua, Niña de nieve, Cubierto de nostalgias Y de claveles.   -¡Ay! caballero errante De los cipreses, Una noche de luna Mi alma te ofrece.   -Ah Isis soñadora. Niña sin mieles La que en bocas de niños Su cuento vierte. Mi corazón te ofrezco, Corazón tenue, Herido por los ojos De las mujeres.   -Caballero galante, Con Dios te quedes.   -Voy a buscar al conde De los Laureles...   -Adiós mi doncellita, Rosa durmiente, Tú vas para el amor Y yo a la muerte.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -Mi corazón desangra Como una fuente.
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Balada de un día de julio
Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Dónde vas, niña mía, De sol y nieve?   -Voy a las margaritas Del prado verde.   -El prado está muy lejos Y miedo tiene.   -Al airón y a la sombra Mi amor no teme.   -Teme al sol, niña mía, De sol y nieve.   -Se fue de mis cabellos Ya para siempre.   -Quién eres, blanca niña. ¿De dónde vienes?   -Vengo de los amores Y de las fuentes.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Qué llevas en la boca Que se te enciende?   -La estrella de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en el pecho Tan fino y leve?   -La espada de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en los ojos, ***** y solemne?   -Mi pensamiento triste Que siempre hiere.   -¿Por qué llevas un manto ***** de muerte?   -¡Ay, yo soy la viudita Triste y sin bienes! Del conde del Laurel De los Laureles.   -¿A quién buscas aquí Si a nadie quieres?   -Busco el cuerpo del conde De los Laureles.   -¿Tú buscas el amor, Viudita aleve? Tú buscas un amor Que ojalá encuentres.   -Estrellitas del cielo Son mis quereres, ¿Dónde hallaré a mi amante Que vive y muere?   -Está muerto en el agua, Niña de nieve, Cubierto de nostalgias Y de claveles.   -¡Ay! caballero errante De los cipreses, Una noche de luna Mi alma te ofrece.   -Ah Isis soñadora. Niña sin mieles La que en bocas de niños Su cuento vierte. Mi corazón te ofrezco, Corazón tenue, Herido por los ojos De las mujeres.   -Caballero galante, Con Dios te quedes.   -Voy a buscar al conde De los Laureles...   -Adiós mi doncellita, Rosa durmiente, Tú vas para el amor Y yo a la muerte.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -Mi corazón desangra Como una fuente.
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Ha cubierto la nieve campo, valle y alcores. Todo ha muerto. En la roca ya gris y desolada, Donde rompe el Atlántico su ardiente marejada, Cuelga un marchito pétalo de gajos tembladores. Y no sé cuál aroma, con plácidos rumores, Hasta mí, desde lejos, llega en la brisa alada. Con ese tibio efluvio queda el alma embriagada. ¿De dónde viene ese hálito como de extrañas flores? Ah! Bien lo reconozco. Viene de donde brilla El sol esplendoroso, desde la azul Antilla Que se duerme en el trópico circuida de espuma. Y en esta roca, al ruido de la céltica ola, He aspirado en el viento, que aire natal perfuma, La flor que abrió en un huerto de Cuba su corola.
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Brisa marina
En este espacio cada uno es capaz de zurcir sus vislumbres y tinieblas árboles me rodean con sus patas de elefante tengo un gong en las sienes memoriosas en un banco como éste cubierto de ramitas mi adolescencia aprendió a dostoievsky y gracias a fernández moreno en chascomús pensó el equivalente de anch'io son'pittore tozudo como la cadencia de un molino latigazo del aire       desairado sé del barro prolijo       los segmentos de cielo las hojas muertas y el gemido o la brisa no es un refugio pero da amparo oasis ecológico con vista a la jornada sin la miseria huésped en los lindes pero con frisos de jactancia y humo siempre me anima su propuesta de verdes y la disfruto como si fuera un insomnio de esos que transitan por los amores de la piel proclive a tantas otras ceremonias también me conforta su condición de isla eco querellante del simulacro organizado por fortuna libre de viejas simetrías ya que sus canteros fingen otra retórica lujo del pobre entre los opulentos galaxia de jubilados y niñeras y seminaristas autoflagelados que salen a respirar con los gorriones siempre acudo a vos en peregrinación plaza san martín de los pastitos elegantes y de las muchachas que aprenden a besar con los ojos cerrados       como en el cine
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Plaza san martín