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"confiada" poems
Ángel Falcó me trajo heroica talla de México, jardín de colorines y ella le da a mi casa serafines y está al paso de idilios y batalla. En su mano con lustre de azucena, mi Dora Isella Russell la condujo, hasta mi mano que no tiene lujo, pero que es , para amigos, talla buena. S anta María Guadalupe, fina: reinarás en mi casa con mi ama, S anta María del Socorro, dina de todo apego y toda exacta llama. Bajo esa doble ala tan divina, bordo confiada y calma, mi oriflama.
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Santa maría de guadalupe
El mar es un azar qué tentación echar una botella al mar poner en ella por ejemplo un grillo un barco sin velamen y una espiga sobrantes de lujuria       algún milagro y un folio rebosante de noticias poner un verde un duelo una proclamados rezos y una cábala indecisa el cable que jamás llegó a destino y la esperanza pródiga y cautiva el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar poner en ella por ejemplo un tango que enumerara todos los pretextos para apiadarse a solas de uno mismo y quedarse en el borde de otro sueño poner promesas como sobresaltos y el poquito de sol que da el invierno y un olvido flamante y oneroso y el rencor que nos sigue como un perro el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar poner en ella por ejemplo un naipe un afiche de dios       el de costumbre el tímpano banal del horizonte el reino de los cielos y las nubes poner recortes de un asombro inútil un lindo vaticinio de agua dulce una noche de rayos y centellas y el saldo de veranos y de azules el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar pero en esta botella navegante sólo pondré mis versos en desorden en la espera confiada de que un día llegue a una playa cándida y salobre y un niño la descubra y la destape y en lugar de estos versos halle flores y alertas y corales y baladas y piedritas del mar y caracoles el mar es un azar qué tentación echar una botella al mar
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Botella al mar
Tarde de lluvia en que se agravan al par que una íntima tristeza un  desdén manso de las cosas y una emoción sutil y contrita que reza. Noble delicia desdeñar con un desdén que no se mide, bajo el equívoco nublado: alba que se insinúa, tarde que se despide. Sólo tú no eres desdeñada, pálida que al arrimo de la turbia vidriera, tejes en paz en la hora gris tejiendo los minutos de inmemorial espera. Llueve con quedo sonsonete, nos da el relámpago luz de oro y entra un suspiro, en vuelo de ave fragante y húmeda, a buscar tu regazo, que es refugio y decoro. ¡Oh, yo podría poner mis manos sobre tus hombros de novicia y sacudirte en loco vértigo por lograr que cayese sobre mí tu caricia, cual se sacude el árbol prócer (que preside las gracias floridas de un vergel) por arrancarle la primicia de sus hojas provectas y sus frutos de miel! Pero pareces balbucir, toda callada y elocuente: «Soy un frágil otoño que teme maltratarse» e infiltras una casta quietud convaleciente y se te ama en una tutela suave y leal, como a una párvula enfermiza hallada por el bosque un día de vendaval. Tejedora: teje en tu hilo la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada; teje el silencio; teje la sílaba medrosa que cruza nuestros labios y que no dice nada; teje la fluida voz del Ángelus con el crujido de las puertas; teje la sístole y la diástole de los penados corazones que en la penumbra están alertas. Divago entre quimeras difuntas y entre sueños nacientes, y propenso a un llanto sin motivo, voy, con el ánima dispersa en el atardecer brumoso y efusivo, contemplándote, Amor, a través de una niebla de pésame, a través de una cortina ideal de lágrimas, en tanto que tejes dicha y luto en un limbo sentimental.
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La tejedora
Tarde de lluvia en que se agravan al par que una íntima tristeza un  desdén manso de las cosas y una emoción sutil y contrita que reza. Noble delicia desdeñar con un desdén que no se mide, bajo el equívoco nublado: alba que se insinúa, tarde que se despide. Sólo tú no eres desdeñada, pálida que al arrimo de la turbia vidriera, tejes en paz en la hora gris tejiendo los minutos de inmemorial espera. Llueve con quedo sonsonete, nos da el relámpago luz de oro y entra un suspiro, en vuelo de ave fragante y húmeda, a buscar tu regazo, que es refugio y decoro. ¡Oh, yo podría poner mis manos sobre tus hombros de novicia y sacudirte en loco vértigo por lograr que cayese sobre mí tu caricia, cual se sacude el árbol prócer (que preside las gracias floridas de un vergel) por arrancarle la primicia de sus hojas provectas y sus frutos de miel! Pero pareces balbucir, toda callada y elocuente: «Soy un frágil otoño que teme maltratarse» e infiltras una casta quietud convaleciente y se te ama en una tutela suave y leal, como a una párvula enfermiza hallada por el bosque un día de vendaval. Tejedora: teje en tu hilo la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada; teje el silencio; teje la sílaba medrosa que cruza nuestros labios y que no dice nada; teje la fluida voz del Ángelus con el crujido de las puertas; teje la sístole y la diástole de los penados corazones que en la penumbra están alertas. Divago entre quimeras difuntas y entre sueños nacientes, y propenso a un llanto sin motivo, voy, con el ánima dispersa en el atardecer brumoso y efusivo, contemplándote, Amor, a través de una niebla de pésame, a través de una cortina ideal de lágrimas, en tanto que tejes dicha y luto en un limbo sentimental.
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se supone que es sencillo el olvido mediante días, semanas, meses de esfuerzo y distracción y seamos justos; un par de días solamente han transcurrido he dado luz a exorbitantes cantidades de tabaco industrialmente empaquetado que en el resto de mi vida ni siquiera me gusta como sabe, ni como las propiedades afectan mi conciencia y mi equilibrio solamente que, al saborear el humo y verlo desde lejos sin que nadie lo contemple logro una fúnebre réplica de las mariposas que en algún día lluvioso de agosto plantaste en mis entrañas "¡oh mariposas, espero nunca mueran!" clamaba un yo casi tan ingenuo como idealista: unos cuántos meses atrás tu contagiosa alegría y empatía tu calurosa caricia, delicada pero confiada, en ninguna noche me volverá a encontrar a pesar de que la noche más fría sea incertidumbre, añoro tu felicidad la dualidad de mi deseo es clara mi corazón es roto por la distópica fantasía de que tu sonrisa alegre la mañana de alguien más pero ¿es inevitable, no?
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Mar 10, 2021
Mar 10, 2021 at 2:09 PM UTC
te extraño hoy más que ayer pero ayer fue un día más cercano a verte que hoy
¡Parece mentira que hayas existido! Te veo tan lejos... Tu mirada, tu voz, tu sonrisa, me llegan al fondo de un pasado inmenso... Eras más sutil que mi propio ensueño; eres el fantasma de un fantasma, eres el espectro de un espectro... Para reconstruír tu imagen remota he menester ya de un enorme esfuerzo. ¿De veras me quisiste? ¿De veras me besabas? ¿De veras recorrías la casa, hoy en silencio? ¿De veras, en diez años, tu cabecita rubia reposó por las noches, confiada en mi pecho? ¡Ay qué perspectivas esas de la muerte! ¡Qué horizontes tan bellos! ¡Cuál os divinizan, oh difuntas jóvenes, con sus lejanías llenas de misterio! ¡Qué consagraciones tan definitivas las que da el Silencio!... ¡Cuál os vuelve míticas, casi fabulosas! ¡Qué tristes mujeres de carne y de hueso, con sus pobres encantos efímeros, podrían venceros? Tenéis un augusto prestigio de estatua, y por un fenómeno de rareza lleno, mientras más distantes, más imperïosas vais agigantandoos en el pensamiento.
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Vii. lejanía
¡Qué confiada duermes ante mi vela, ausente de mi alma, en tu débil hermosura, y presente a mi cuerpo sin redes, que el instinto revuelve! (Te entregas cual la muerte). Tierna azucena eres, a tu campo celeste trasplantada y alegre por el sueño solemne, que te hace aquí, imponente, tendida espada fuerte.
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La espada