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A veces te hundes, caes en tu agujero de silencio, en tu abismo de cólera orgullosa, y apenas puedes volver, aún con jirones de lo que hallaste en la profundidad de tu existencia. Amor mío, qué encuentras en tu pozo cerrado? Algas, ciénagas, rocas? Qué ves con ojos ciegos, rencorosa y herida? Mi vida, no hallarás en el pozo en que caes lo que yo guardo para ti en la altura: un ramo de jazmines con rocío, un beso más profundo que tu abismo. No me temas, no caigas en tu rencor de nuevo. Sacude la palabra mía que vino a herirte y déjala que vuele por la ventana abierta. Ella volverá a herirme sin que tú la dirijas puesto que fue cargada con un instante duro y ese instante será desarmado en mi pecho. Sonríeme radiosa si mi boca te hiere. No soy un pastor dulce como en los cuentos de hadas, sino un buen leñador que comparte contigo tierra, viento y espinas de los montes. Ámame tú, sonríeme, ayúdame a ser bueno. No te hieras en mí, que será inútil, no me hieras a mí porque te hieres.
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El pozo
el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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Jul 28, 2020
Jul 28, 2020 at 8:00 PM UTC
el roce
el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Dormir
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Que brillo tan suave el que tus filamentos sueltan. cuando bailan, se deslizan y se tropiezan. al son de mis dedos acariciando tu frente indefensa, un beso y calma. Que serena pero a la vez llena calma. Contemplo el momento sin saber que el siguiente vendría, Algún día. Como esta noche, solo por el recuerdo de esa alegría.
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Oct 16, 2024
Oct 16, 2024 at 1:35 PM UTC
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