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"cierro" poems
Ríete de la noche, Pagtawanan mo ang gabi, Laugh at the night, del día, de la luna, ang araw, ang buwan, at the day, at the moon, ríete de las calles torcidas de la isla, *pagtawanan mo ang liku-likong landas sa isla,* **laugh at the twisted streets of the island,** ríete de este torpe muchacho que te quiere, *pagtawanan mo ang torpeng lalaking ito na nagmamahal sa iyo,* **laugh at this clumsy boy who loves you,** pero cuando yo abro los ojos y los cierro, *ngunit kapag bubuksan at isasara ko ang aking mga mata,* **but when I open my eyes and close them,** cuando mis pasos van, kapag ako ay umalis, when my steps go, cuando vuelven mis pasos, kapag ako ay muling bumalik, when my steps return, niégame el pan, el aire, la luz, la primavera ipagkait mo na sa akin ang tinapay, ang hangin, ang liwanag at ang tagsibol, **deny me bread, air, light, spring,** pero tu risa nunca porque me moriría. *wag lamang ang iyong mga ngiti dahil ito ay aking ikasasawi.* **but never your laughter for I would die.**
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Sep 4, 2015
Sep 4, 2015 at 3:39 PM UTC
Pablo Neruda's TU RISA
He ido bajo Helios, que me mira sangrante laborando en silencio mis jardines ausentes. Mi voz será la misma del sembrador que cante cuando bote a los surcos siembras de pulpa ardiente. Cierro, cierro los labios, pero en rosas, tremantes se desata mi voz, como el agua en la fuente. Que si no son pomposas, que si no son fragantes, son las primeras rosas -hermano caminante- de mi desconsolado jardín adolescente.
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Inicial
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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Oda al libro (1)
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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una rosa no es una rosa hasta que una mujer la recoje y la situa al lado de su corazon una canción no es una canción hasta que un amante la canta a la tierra y al cielo una mujer no es una mujer hasta que un hombre la encuentra y la hace sentir digna de amor tu eres la canción que resuena en mi corazón tu eres el sonido que late en mi cuerpo cada día y noche tu eres la luz que brilla dentro de mis más oscuros sueños tu eres los colores de mi energia tu eres el último capítulo de un libro que estaré leyendo antes de morir tu eres el rostro que veo siempre que cierro mis ojos tu eres mi sombra cada vez que te vas te llevas la belleza de este mundo tu caminas a través del pasillo de mi corazon y llenas los espacios vacios mi amor por ti es un perfume que derramo a tus pies me convertí en un poema del cielo y de la tierra que será leido y cantado por la eternidad estoy borracho por tu amor tu eres el viñedo de mi juventud más bebo más siento la belleza que me das es la que busco
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Sep 25, 2010
Sep 25, 2010 at 6:53 PM UTC
Borracho de Amor
A puro sol escribo, a plena calle, a pleno mar, en donde puedo canto, sólo la noche errante me detiene pero en su interrupción recojo espacio, recojo sombra para mucho tiempo. El trigo ***** de la noche crece mientras mis ojos miden la pradera y así de sol a sol hago la llaves: busco en la oscuridad las cerraduras y voy abriendo al mar las puertas rotas hasta llenar armarios con espuma. Y no me canso de ir y de volver, no me para la muerte con su piedra, no me canso de ser y de no ser. A veces me pregunto si de dónde, si de padre o de madre o cordillera heredé los deberes minerales, los hilos de un océano encendido y sé que sigo y sigo porque sigo y canto porque canto y porque canto. No tiene explicación lo que acontece cuando cierro los ojos y circulo como entre dos canales submarinos, uno a morir me lleva en su ramaje y el otro canta para que yo cante. Así pues de no ser estoy compuesto y como el mar asalta el arrecife con cápsulas saladas de blancura y retrata la piedra con la ola, así lo que en la muerte me rodea abre en mí la ventana de la vida y en pleno paroxismo estoy durmiendo. A plena luz camino por la sombra.
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Plenos poderes
Cuando percibo tu aroma cierro mis ojos y sonrío Te quiero tener junto a mí para no sentir este vacío El mero hecho de estar sin ti me provoca escalofrío Nunca te dejes de perfumar y siempre serás mío
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Oct 13, 2015
Oct 13, 2015 at 11:05 PM UTC
Aroma
Estoy aquí, contigo. Y pienso en ti, a tu sombra, a tu sombra callada como un agua de otoño. Aquí, con la cabeza caída en tu regazo, como para que pienses que contemplo las nubes. En tu rostro apacible se refleja el crepúsculo, y eres tan bella, amiga, que me duele mirarte. Aquí estoy, a tu sombra, pensando en ti, contigo. Y tú piensas, acaso, que estoy pensando en otra. Tú sonríes, segura del poder de tu beso, y yo cierro los ojos para sentir tu ausencia. Ah, pobre amiga mía, cómo quisiera amarte, amarte como entonces, cuando tú no me amabas... Ah, sí, qué pronto pasan el amor y las nubes... Qué irreparablemente se mustian las espigas... Aquí, bajo este árbol que ignora su silencio, mí corazón se aleja tristemente del tuyo. Y, sin embargo, amiga, ya ves que te sonrío. Y mi boca recorre la distancia del beso. Pero pienso en el modo de dejar de besarte, y en una despedida que no te haga llorar...
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Estoy aquí contigo...
Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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El buen sentido
Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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Qué dulce, si lloviera de repente... No sé por qué, porque tú estás lejana, pero en la soledad de esta mañana hay algo de tu amor que no está ausente. Y yo sonrío, extraño adolescente de ojos cansados y cabeza cana, yo, que aún puedo asomarme a la ventana y ver la luna que no ve la gente... Ah, sí, qué dulcemente llovería con ese sol, para olvidar un poco mi prematura gran pasión tardía... Y yo cierro los párpados huraños pensando en ti, yo, extravagante y loco adolescente de cuarenta años.
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Soneto adolescente
No vivo sin ellas Las necesito; son mi somnífero consentido. Me quitan el traje de la cordura, sin consentimiento. Una enigmática sonrisa emana de ti seguidos por un vaivén que me vuelve loca. Sutiles como tu mirada y suaves como la brisa. Cierro mis ojos ahogada en una lluvia de orgasmos Provocados por ellas, por ti. Me tienen insaciable me tienes enamorada. Y es que, amor, ¿qué sería de mi sin esas inmejorables manos?
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Dec 16, 2014
Dec 16, 2014 at 11:31 PM UTC
Insaciables.
mis ojos emiten luz, irradian para después absorver, como el sonar de los murciélagos. me hablan historias incompletas sobre los minutos, horas y días pasados, dentro de mi, imagino que puedo ver mas alla. siento el calor y siento el frío, las gotas de lluvia y los diferentes suelos que piso al caminar. iluminó las noches y cierro los ojos ante el dia, imagino al sol ir y venir, recuerdo saltar las bardas, el filo de las rocas en mis dedos, la constante y agresiva mirada de la noche a mi alrededor, envolviendo, vigilando, observando mientras me desplazo de un lado a otro hasta por fin encontrar un lugar para recostar, una piedra de mi tamaño, una superficie grande y plana, que deja mi vista apuntando hacia la inmensidad.
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Dec 13, 2014
Dec 13, 2014 at 1:50 AM UTC
Piramide
─Pausa─ ("Abre los ojos"). Abro los ojos. La cámara cuelga del cuello, más allá, allá a lo lejos, fuera,      detrás del cristal. La trenza, color naranja verano,      tras el cristal, o más bien estío anaranjado porque no brilla.                                                             Serán sus ojos.                                                                   Sus ojos sí,                                                            azules. Brillan. No zafiros, no cristales que reflejan el cielo, no aguas cristalinas tono aguamarina. Ojos azules que encandilan, y una sonrisa, ambos con guiño. Tienen guiño los ojos sin cerrarse. Tiene guiño la sonrisa sin ser ojo. "Sígueme" y solo mis ojos comprenden. ¿Qué haces? ¿Dónde vas? Quédate, ¡para! Quédate más tiempo mirándome      por el cristal (qué debería hacerse añicos de lo fuerte que estoy mirando). Allá va la espiga, brinca en la calle Velarde, frente al portal número 5. Dentro terminan de tomar aire. Cierro los ojos. ─Fin de la pausa─.
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Jul 2, 2016
Jul 2, 2016 at 10:09 AM UTC
Chica fugaz
Como te puedo olvidar Si te tengo en mis pensamientos Cada noche antes que cierro los ojos Tus palabras en mis orejas Como sí me estabas hablando Por la primera vez Como te puedo dejar Si me robaste el corazón Es como mi cuerpo me esta diciendo Algo no es normal Te falta algo muy especial
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May 6, 2013
May 6, 2013 at 11:10 PM UTC
Untitled
El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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May 21, 2018
May 21, 2018 at 6:51 PM UTC
Placer de una mirada
El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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Hoy es el pasado, hoy es el futuro. Hoy es el presente. El presente que no es, porque no vivo El presente que no vivo, porque no estás conmigo Vivo en el recuerdo Congelando los momentos. Cierro mis ojos y vuelvo Pero hoy es hoy. Hoy el tiempo pasa lento.
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Feb 28, 2015
Feb 28, 2015 at 7:00 PM UTC
Tiempo
Muchas noches sin dormir fuiste la protagonista de mis fantasias y asi como ayer me imaginaba que te tenia para darme placer. Cierro mis ojos y recuerdo tu mirada fija en mis ojos dejándome saber que lo estabas disfrutando tanto como yo. Tu boca tan suave y tu lengua tan ágil que lleno mi cuerpo de sensaciones que solo tu puedes darme. Quiero sentirte así a mi manera.
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Jan 30, 2016
Jan 30, 2016 at 1:40 PM UTC
A Mi Manera
Busco amor donde no lo hay. Busco arte donde sólo hay mierda. En busca de la belleza me encuentro. En pos de mi  sino me hallo. Mal acompañada voy en este viaje. Mal acompañada voy en la vida. Cuatro amigos mal contados que se alejan. Y tú que podrías estar tan cerca pero estás tan lejos, tan lejos. Lejos de mi camino se halla tu montaña y mi pack de escalada se torna inútil. Quisiera conocerte como no lo hago. Quisiera que me conocieses como no lo haces. Y mi pack de escalada se torna de piedra y pesa, pesa, pesa... Pesada mi alma por armas inútiles. Cercenado mi corazón por mi propia mano. Mi alma pesada por mi corazón cercenado. Mi mente dolorida por mi estupidez humana. Me siento inútil. Inútil porque no se vivir sin tí y no te conozco y ojalá conocerte. Inútil porque lo que conozco se torna de oro y el oro pesa, pesa, pesa... Ni siquiera sé a quien va dedicado este poema. Tal vez este poema vaya dedicado a mí. Porque no me conozco. Porque no me entiendo. Porque no valgo para nada. Mi cuerpo es inútil y es otro peso muerto que pesa, pesa, pesa... Mi cuerpo que odio con todas mis fuerzas. Me gustaría otra vida, me gustaría empezar de cero, ser mujer desde el principio, saber quién soy y saber qué quiero pero nunca sabré qué soy pero nunca sabré a quién quiero. Voy a rajarme las venas esta noche. Voy a hacerlo porque me pesa el alma y atraviesa la cama y llega al suelo. Estoy tirada en el suelo. No se si voy a morir pero mi sangre manchará el baño y tal vez mi cabeza volverá a ser ligera, como ligero vuela el boli sobre la página. Tengo fijación por algunas palabras, por algunas letras, efe, efe, efe. No me quiero pero quiero a las efes, pero no sé a quién quiero, pero no sé a quién va dirigido este poema, pero creo que no me quiero pero... Cierro los ojos y se me nubla la vista. Quiero morir. Otra vez...quiero morir. Quiero morir otra vez. Me asumo Jesús insatisfecho por su resucitar. Me asumo Cronos en el abismo infernal, llorando por no estar muerto pese a estar muriendo. Lloro por no estar muerta pese a estar muriendo. Digo que lloro pero no lloro. No lloro porque no me quiero. No me importa mi propia muerte. No me importa que no me quieras porque estoy muerta. Me gustaría escribir como sangro. Me gustaría escribir como mi vida se resbala porque no la quiero. Porque no me quiero.
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Jun 5, 2018
Jun 5, 2018 at 7:57 AM UTC
En busca del amor perdido
Busco amor donde no lo hay. Busco arte donde sólo hay mierda. En busca de la belleza me encuentro. En pos de mi  sino me hallo. Mal acompañada voy en este viaje. Mal acompañada voy en la vida. Cuatro amigos mal contados que se alejan. Y tú que podrías estar tan cerca pero estás tan lejos, tan lejos. Lejos de mi camino se halla tu montaña y mi pack de escalada se torna inútil. Quisiera conocerte como no lo hago. Quisiera que me conocieses como no lo haces. Y mi pack de escalada se torna de piedra y pesa, pesa, pesa... Pesada mi alma por armas inútiles. Cercenado mi corazón por mi propia mano. Mi alma pesada por mi corazón cercenado. Mi mente dolorida por mi estupidez humana. Me siento inútil. Inútil porque no se vivir sin tí y no te conozco y ojalá conocerte. Inútil porque lo que conozco se torna de oro y el oro pesa, pesa, pesa... Ni siquiera sé a quien va dedicado este poema. Tal vez este poema vaya dedicado a mí. Porque no me conozco. Porque no me entiendo. Porque no valgo para nada. Mi cuerpo es inútil y es otro peso muerto que pesa, pesa, pesa... Mi cuerpo que odio con todas mis fuerzas. Me gustaría otra vida, me gustaría empezar de cero, ser mujer desde el principio, saber quién soy y saber qué quiero pero nunca sabré qué soy pero nunca sabré a quién quiero. Voy a rajarme las venas esta noche. Voy a hacerlo porque me pesa el alma y atraviesa la cama y llega al suelo. Estoy tirada en el suelo. No se si voy a morir pero mi sangre manchará el baño y tal vez mi cabeza volverá a ser ligera, como ligero vuela el boli sobre la página. Tengo fijación por algunas palabras, por algunas letras, efe, efe, efe. No me quiero pero quiero a las efes, pero no sé a quién quiero, pero no sé a quién va dirigido este poema, pero creo que no me quiero pero... Cierro los ojos y se me nubla la vista. Quiero morir. Otra vez...quiero morir. Quiero morir otra vez. Me asumo Jesús insatisfecho por su resucitar. Me asumo Cronos en el abismo infernal, llorando por no estar muerto pese a estar muriendo. Lloro por no estar muerta pese a estar muriendo. Digo que lloro pero no lloro. No lloro porque no me quiero. No me importa mi propia muerte. No me importa que no me quieras porque estoy muerta. Me gustaría escribir como sangro. Me gustaría escribir como mi vida se resbala porque no la quiero. Porque no me quiero.
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el infierno adorna sus paredes empiezan bailes y ritos gotas de sangre rebotan en las mejillas de los malvados Altísimos altares alzan las siluetas de quienes detestamos levantamos el rostro para ver Mientras se ríen y escupen sobre nuestras cabezas incesantes gritos sirven de cantos autores los pisoteados quienes vomitan la culpa se retuercen como en coreografía espectáculo duro de ver pero no aparto la vista muerte y rabia es lo que se inhala cada vez que se respira mientras puñales atraviesan estómagos rostros y miembros mientras yo cierro los ojos y cubro mi nariz pero aún escucho
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Aug 19, 2018
Aug 19, 2018 at 2:01 PM UTC
Festín
A mano amada, cuando la noche impone su costumbre de insomnio y convierte cada minuto en el aniversario de todos los sucesos de una vida; allí, en la esquina más  negra del desamparo, donde el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras, los recuerdos me asaltan. Unos empuñan tu mirada verde,                                                               otros apoyan en mi espalda el alma blanca de un lejano sueño, y con voz inaudible, con implacables labios silenciosos, ¡el olvido o la vida!,                                       me reclaman. Reconozco los rostros.                                             No hurto el cuerpo. Cierro los ojos para ver y siento que me apuñalan fría, justamente, con ese hierro viejo:                                         la memoria.
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A mano amada
Memoria soy del más glorioso pecho Que España en su defensa vio triunfante; En mí podrás, amigo Caminante, Un rato descansar del largo trecho. Lágrimas de soldados han deshecho En mí las resistencias de diamante; Yo cierro al que el Ocaso y el Levante A su Victoria dio Círculo estrecho. Estas Armas, vïudas de su Dueño, Que visten de funesta valentía Este, si humilde, venturoso leño, Del grande Osuna son; Él las vestía, Hasta que apresurado el postrer sueño, Le ennegreció con Noche el blanco Día.
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Epitafio del sepulcro, y con las armas del duque de osuna.
Esta noche estoy solo, es primavera, y llueve, y barajo el recuerdo como un viejo tahúr... Loco rey de una noche predominante y breve, sólo he sido la sombra de una nube en la nieve o el temblor de una espiga bajo el viento del sur. Amar era mi anhelo, pero amé demasiado, sin que me engrandeciera jamás un gran amor... Y ahora están resurgiendo las mujeres que he amado, melancólicamente, del fondo del pasado, y yo cierro los ojos, para verlas mejor. Ellas supieron darme la eternidad de un día, la gloria de una noche llena de amanecer; y eran ofrendas vanas que yo no agradecía, evaporados vinos de una copa vacía que iba de mano en mano, de mujer en mujer. Todas fueron princesas en la magia de un cuento; todas fueron mendigas de un agrio despertar... Y ahora ya nadie escucha mi acento descontento, porque soy como un buque batido por el viento, que se quedó sin velas en la orilla del mar. Queriendo amar a tantas, quizás no amé a ninguna, o amaba solamente mi propia juventud; pues eran, al reclamo de una buena fortuna, propicio todo instante; toda cita, oportuna; toda puerta, accesible; frágil toda virtud... Mi corazón cantaba sobre la primavera, cuando hasta en las espinas quiere abrirse la flor... Después se fue apagando mi bujía de cera, pero tan lentamente como si no supiera si empezaba una sombra o acababa un fulgor. Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido; y ellas, las olvidadas, me olvidaron también. Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido, como si me miraran buscando un parecido que les recuerda a alguien, sin recordar a quién. Usurpador furtivo de caricias ajenas, ejercité mis besos para la ingratitud. Y hoy, mercader de espumas, agricultor de arenas, prófugo delirante que añora sus cadenas, soy un hombre sin sueños entre la multitud. Pero sí por las gracias de un Dios caritativo renaciera de pronto la juventud en mí, yo, esclavo de mi sombra, libertador cautivo, olvidaría entonces la vida que ahora vivo, para vivir de nuevo la vida que viví...
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Monólogo de casanova
Esta noche estoy solo, es primavera, y llueve, y barajo el recuerdo como un viejo tahúr... Loco rey de una noche predominante y breve, sólo he sido la sombra de una nube en la nieve o el temblor de una espiga bajo el viento del sur. Amar era mi anhelo, pero amé demasiado, sin que me engrandeciera jamás un gran amor... Y ahora están resurgiendo las mujeres que he amado, melancólicamente, del fondo del pasado, y yo cierro los ojos, para verlas mejor. Ellas supieron darme la eternidad de un día, la gloria de una noche llena de amanecer; y eran ofrendas vanas que yo no agradecía, evaporados vinos de una copa vacía que iba de mano en mano, de mujer en mujer. Todas fueron princesas en la magia de un cuento; todas fueron mendigas de un agrio despertar... Y ahora ya nadie escucha mi acento descontento, porque soy como un buque batido por el viento, que se quedó sin velas en la orilla del mar. Queriendo amar a tantas, quizás no amé a ninguna, o amaba solamente mi propia juventud; pues eran, al reclamo de una buena fortuna, propicio todo instante; toda cita, oportuna; toda puerta, accesible; frágil toda virtud... Mi corazón cantaba sobre la primavera, cuando hasta en las espinas quiere abrirse la flor... Después se fue apagando mi bujía de cera, pero tan lentamente como si no supiera si empezaba una sombra o acababa un fulgor. Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido; y ellas, las olvidadas, me olvidaron también. Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido, como si me miraran buscando un parecido que les recuerda a alguien, sin recordar a quién. Usurpador furtivo de caricias ajenas, ejercité mis besos para la ingratitud. Y hoy, mercader de espumas, agricultor de arenas, prófugo delirante que añora sus cadenas, soy un hombre sin sueños entre la multitud. Pero sí por las gracias de un Dios caritativo renaciera de pronto la juventud en mí, yo, esclavo de mi sombra, libertador cautivo, olvidaría entonces la vida que ahora vivo, para vivir de nuevo la vida que viví...
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No hace falta que llueva como llueve este día, y, sin embargo, llueve desde el amanecer. Si hay rosas y retoños, ¿para qué llovería? Si ya todo florece, ¿qué más va a florecer? Llueve obstinadamente y en la calle vacía las gotas de la lluvia son pasos de mujer. Pero cierro los ojos y llueve todavía, y al abrirlos de nuevo no deja de llover. Yo sé que no hace falta que llueva, pero llueve. Y recuerdo una tarde maravillosa y breve, que fue maravillosa porque llovía así... Y es tan triste, tan triste, la lluvia en mi ventana, que casi me pregunto, dulce amiga lejana, si no estará lloviendo para que piense en ti.
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Soneto lloviendo
Quítame el pan, si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa. No me quites la rosa, la lanza que desgranas, el agua que de pronto estalla en tu alegría, la repentina ola de plata que te nace. Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, pero al entrar tu risa sube al cielo buscándome y abre para mi todas las puertas de la vida. Amor mío, en la hora más oscura desgrana tu risa, y si de pronto ves que mi sangre mancha las piedras de la calle, ríe, porque tu risa será para mis manos como una espada fresca. Junto al mar en otoño, tu risa debe alzar su cascada de espuma, y en primavera, amor, quiero tu risa como la flor que yo esperaba, la flor azul, la rosa de mi patria sonora. Ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de este torpe muchacho que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos, niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca porque me moriría.
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Tu risa