"cercana" poems
Piensas en el ayer
El ayer en diamante
Lágrimas de oro
Anhelos de piedras preciosas
La voz diurna
Las miradas suicidas
El olor centelleante
El tacto preciso
El gusto con la lengua seca
Y crees que fue una pesadilla
Un amargo café al que olvidaste,
- sin querer - ponerle azúcar
Un olor a quemado,
de una fuente imprecisa,
pero cercana.
Los dedos entumecidos,
de tanto cansancio.
La vista nublada, perenne, constante
sin significado alguno.
La garganta irritada, rasposa,
de no ahorrar las palabras.
Eres un espejismo para tus ojos
No existes
Solo piensas que tal vez
Una vez más
Viviste.
Jan 7, 2012
Jan 7, 2012 at 4:02 PM UTC
Te hablo de vos,
te llamo a gritos,
vos que te escondes
timida y espontánea,
luz nocturna.
Vos que me llamas
cantando, cuando tocas
las teclas del piano.
Vos que me tejes
los cuentos antes de ir
a la cama, a vos que te extraño
como al fuego de una fogata.
Vos que tienes voz
de poeta y el alma
de un carrusel.
Ha vos petalo de flor
que flota en el tiempo,
vos que pareces alma en pena
todas las noches,
vos mujer de colores
que pintas los sueños
de este hombre.
Te trato de vos
y no de usted
por que te siento
cercana, ha vos
amiga, familia, hermana.
A vos, solo a vos
que me conoces
tal como soy.
No me hables
de otra cosa
que no sea de vos...
Sep 25, 2017
Sep 25, 2017 at 4:57 PM UTC
¡Alta selva, morada de la sombra!
Cual se solaza el alma en tu frescura,
Sobre tu muelle alfombra,
Bajo tu dombo inmenso de verdura.
En ti el génesis late, en ti se agita
La savia creadora;
Eres arpa salvaje, vibradora,
Donde la vida universal palpita.
Los árboles, pilastra de tu arcada,
Se retuercen leprosos,
En la inmensa hondonada;
Y muestran vigorosos
Sus blancas barbas, que remece el viento,
Cual guerreros pendones
De gigantes en ancho campamento.
Y el río entre los antros pavorosos
Donde ruedan las aguas turbulentas,
Al chocar en los altos pedrejones
Salta en recios turbiones,
Y ruge cual si fuera las Tormentas
Cabalgando en los negros Aquilones.
En la orilla, debajo de las frondas,
Se ve el plumaje de las garzas blancas
Y allá, del pasto entre las verdes ondas,
Los toros muestran sus lucientes ancas.
En la cálida hora del bochorno;
Abrasa el sol y enerva;
Se inclina mustia la naciente yerba,
Y arroja el suelo un hábito de horno.
Se ven del tigre en el fangal las marcas;
Y en la vaga penumbra, entre las quiebras,
Junto a las negras charcas
Yacen aletargadas las culebras.
Trasciende el aura a vírgenes efluvios;
El humo de la roza, azul y blanco
Sube de la montaña por el flanco,
Y alzan las cañas sus airones rubios,
Del sol de los fulgores,
Como penachos de indios vencedores;
Y traen a la vega, bulliciosos,
Los vientos tropicales,
El ruido de los plátanos hojosos
Y el lejano rumor de los maizales.
Y en la playa desierta,
Sobre la seca arena, perezosos,
Cual negros troncos, con la jeta abierta,
Descansan los caimanes escamosos.
En la cercana loma,
En un recodo del camino, asoma
Feliz pareja de labriegos.
Ella,
Núbil, fornida y bella,
De ojos negros y ardientes, y de roja
Boca virgínea, y de apretado seno
Que forma curva en la camisa floja;
Y él, atlético y lleno
De juventud y vida, musculoso,
Con muñecas de recia contextura,
Hechas como muñecas de coloso
De alguna raza extraña,
Para domar el potro en la llanura,
Para tumbar el roble en la montaña.
Y la feliz pareja al fin se pierde,
Entre la selva enmarañada y verde.
Pan jadea, de lúbricos ardores
Henchido el pecho, bajo el cielo urente
Y pasa un soplo sensual, ardiente,
Fecundando los nidos y las flores.
516
Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris,
siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos
como un oso panza arriba.
¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia!
Sobre la tela pajiza,
ella quisiera bordar
flores de su fantasía.
¡Qué girasol! ¡Qué magnolia
de lentejuelas y cintas!
¡Qué azafranes y qué lunas,
en el mantel de la misa!
Cinco toronjas se endulzan
en la cercana cocina.
Las cinco llagas de Cristo
cortadas en Almería.
Por los ojos de la monja
galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa.
¡Oh!, qué llanura empinada
con veinte soles arriba.
¡Qué ríos puestos de pie
vislumbra su fantasía!
Pero sigue con sus flores,
mientras que de pie, en la brisa,
la luz juega el ajedrez
alto de la celosía.
437
¡Noche; lago tranquilo,
donde miente mi vida
su eternidad, copiando
su día fugitivo inmensamente; donde
mi corazón está, entre las estrellas,
copiado, como entre la copia
-cercana e imposible-
de un almendral en flor en un remanso!
-¡Perpetua amiga, sin los celos ni la envidia
de nadie de los días, noche!-
¡Noche, divino espejo,
en que el cuerpo se ve su alma; igual,
profunda redención de todo el hombre; eterna
engañadora, nunca, nunca
infiel a tu mentira
de justicia y belleza!
365
difuso brutalismo de pálido gris
tu imagen
tenue atardecer
en tus pupilas perdí
el sentir de mis palpitantes labios
sutil
cercana
creo conocer el tacto del susurro
que acaricia tu frágil cabello
sonríes
&
muere mi melancólico olvidar
sonríes
&
muere un amante
Sep 25, 2019
Sep 25, 2019 at 9:23 AM UTC