"cauterio" poems
La tierra es una llaga
el sol un cauterio
una a una se pierden las luces
en el mar que las devora.
Ya no estallan las olas en la playa
ya no canta la brisa
y un niño que se muere de hambre
es el solo habitante de la tierra.
No se encienden las hojas otoñales
ni el invierno dará amor a las semillas.
Se ha teñido el sol de *****
Sólo mi madre la luna
no declina en la espera.
Nov 23, 2011
Nov 23, 2011 at 12:11 PM UTC
A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.
Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.
Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.
Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.
Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
937
Y la primavera entonces
Ha de seguir, entreabriendo
En miradas, fuego y sombra,
Espuma y aire en cabellos.
Otra vez el mismo encanto
De juventud por los miembros
Correrá, como una savia
De la hermosura en el tiempo.
Pero tú sombra sin cuerpo.
El amor de nuevo entonces
Ha de penetrar el pecho
De los amantes, con llaga
Suave, dulce cauterio.
Por él de pena y de gozo
Despertarán en su lecho
Otros ojos a la noche
Entre el placer y el tormento.
Mas tú sombra sin deseo.
346