"carpintero" poems
Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz,
borrándolo...
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...
952
De todos los hermosos paisajes
que he vivido,
transitar en tu alma es el Edén más bello que pueda visitar.
Tu mirada es como el árbol de la vida,
me nutre, me inspira.
Tu boca es la fibra que va enlazandome en completa alegría.
Tus manos, como un dotado carpintero,
van construyéndome,
moldeandome como hábil albañil van.
No se componer versos que inmortalizen lo que por ti siento.
Tampoco se escribir sonetos que devuelvan el aliento.
Los poemas que he leído no captan
la grandiosidad de tu ser.
Y los grandes poetas se ofuscan al entender que son completamente incultos a la hora de inventar palabras transcendentes que relaten lo que es este amor,
que transciende espacios,
intermitente distancias,
pasiones aferradas a un beso que justificó el principio y el fin,
la faz de la tierra,
el universo,
el ying y el yang.
De nada sirve vivir rodeada de paisajes etéreos, sino son tus ojos lo primero que veo al despertar.
De que me sirven las manos,
sino puedo tocar la divinidad de tu tibio cuerpo a mi costado?
Para que necesito mis labios,
sino es para tu nombre pronunciar?
Si no puedo alimentarme de tu cuerpo,
de tus labios saboreando los jugos de mi debilidad!
Es que de todos los hermosos paisajes
que he visitado, transitar en tu alma,
en tu tus labios,
en tu bendito almacén de placer,
en esa esencia que destila tu ser.
Es que nuestro amor es el Edén más bello que he tenido la dicha de conocer!
LeydisProse
8/29/2017
https://m.facebook.com/LeydisProse/
Sep 18, 2017
Sep 18, 2017 at 11:22 AM UTC
Más sencilla... más sencilla.
Sin barroquismo,
sin añadidos ni ornamentos.
Que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos.
«Los brazos en abrazo hacia la tierra,
el mástil disparándose a los cielos».
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto...
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.
Más sencilla... más sencilla...
hazme una cruz sencilla, carpintero.
461
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido. ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento. No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores. Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas. Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
413
Un hombre está mirando a una mujer,
está mirándola inmediatamente,
con su mal de tierra suntuosa
y la mira a dos manos
y la tumba a dos pechos
y la mueve a dos hombres.
Pregúntome entonces, oprimiéndome
la enorme, blanca, acérrima costilla:
Y este hombre
¿no tuvo a un niño por creciente padre?
¿ Y esta mujer, a un niño
por constructor de su evidente ****
Puesto que un niño veo ahora,
niño ciempiés, apasionado, enérgico;
veo que no le ven
sonarse entre los dos, colear, vestirse;
puesto que los acepto,
a ella en condición aumentativa,
a él en la flexión del heno rubio.
Y exclamo entonces, sin cesar ni uno
de vivir, sin volver ni uno
a temblar en la justa que venero:
¡Felicidad seguida
tardíamente del Padre,
del Hijo y de la Madre!
¡Instante redondo,
familiar, que ya nadie siente ni ama!
¡De qué deslumbramiento áfono, tinto,
se ejecuta el cantar de los cantares!
¡De qué tronco, el florido carpintero!
¡De qué perfecta axila, el frágil remo!
¡De qué casco, ambos cascos delanteros!
402
Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no:
no tiene mare,
lo echó a la calle.
Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una.
354