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"carnales" poems
Eres tu, quien esta jugando a Dios. De entre todo tu harem de hombres puedes escoger al que mas te satisfaga. Hacer trizas los corazones de mil hombres con tan solo pronunciar ásperas palabras. Tal vez no lo demuestres, pero te encanta la idea de manipular el destino ajeno. Jugar como si fuéramos tus marionetas de carne. Reina de hielo. Amas las vistas de la tundra y su infinito abastecimiento de corazones extirpados. tripas de ángel. Es tu etérea mirada y tu sonrisa pintada de sangre. tu helada presencia. Y de tu séquito de perros hambrientos soy yo el que luce envidiosamente los huesos de las costillas famélico y añejo en promesas rotas. y el que mas te ama. Los demás son perros, esperando un pedazo de tu carne. Ávidos de una segunda oportunidad. Hambrientos de las mas oscuras y carnales intenciones.
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May 21, 2014
May 21, 2014 at 1:21 PM UTC
incansable espera o cansado de esperar.
Hay gente que se renta Para llorar en Funerales; Hay gente que se renta Para satisfacer deseos Carnales. Hay gente que vive y vive mal en los Arrabales; Hay gente que vive gozando en sus Mansiones Estivales. En esta vida el que entiende Que no vive mas el que compra o vende Ni mejor el que en sus mansiones La miseria del Arrabal escape. Vive despierto a lo tuyo y tuyos Ama mas y no envidies por lo que no trabajes En la balanza de la Vida Los Arrabales a veces huelen mejor Que las mansiones Estivales. J Eduardo Ramos ©
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Aug 14, 2014
Aug 14, 2014 at 7:03 AM UTC
En Esta Vida
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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