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"caravana" poems
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 9:20 PM UTC
Siento tu ternura allegarse a mi tierra
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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Tu transmigración será ir de cama en cama, durmiendo raros sueños parejos al segundo ocaso, de las fábricas del tiempo verás el eterno paso y serás como una vana sombra urdida por el karma. El misterio de la identidad es sostenido por las divinas piezas que forman la memoria. el cerebro, único amanuense de la historia rapsodia el ser que miente lo que has sido. En el vino que es nepente y en el delirio del mezcal buscaste el rostro que tenías antes de crearse el mundo, y aunque la fiera enferma te convoque a lo profundo no evitarás esa sustancia doble como lago de sal: La voluntad.  Su potencia sugiere el arte o la copulación y su tremendo motor vuelca decadencia en apogeo, no escapan de su orbe las horas diseñadas por Morfeo y su caravana te escolta de la abulia a la revelación. Todos los días sos otro. Sin embargo, hay algo que te pertenece: la idea de la luna, el amor y la amistad, la música, los dones y la fantasía.                                                                      a Pascal Quignard
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May 11, 2015
May 11, 2015 at 1:15 AM UTC
Las sombras errantes
Esta mañana bajé a las piedras, oh las piedras! Y motivé y troquelé un pugilato de piedras. Madre nuestra, si mis pasos en el mundo hacen dolor, es que son los fogonazos de un absurdo amanecer. Las piedras no ofenden; nada codician. Tan sólo piden amor a todos, y piden amor aun a la Nada. Y si algunas. de ellas se van cabizbajas, o van avergonzadas, es que algo de humano harán... Mas, no falta quien a alguna por puro gusto golpee. Tal, blanca piedra es la luna que voló de un puntapié... Madre nuestra, esta mañana me he corrido con las hiedras, al ver la azul caravana de las piedras, de las piedras, de las piedras...
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Las piedras
Cantas y a sol y a cielo con tu canto tu voz desgrana el cereal del día, hablan los pinos con su lengua verde: trinan todas las aves del invierno. El mar llena sus sótanos de pasos, de campanas, cadenas y gemidos, tintinean metales y utensilios, suenan las ruedas de la caravana. Pero sólo tu voz escucho y sube tu voz con vuelo y precisión de flecha, baja tu voz con gravedad de lluvia, tu voz esparce altísimas espadas, vuelve tu voz cargada de violetas y luego me acompaña por el cielo.
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Soneto lii
¿Cuánto me queda? ¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres? ¿le pregunto al azar acaso porque sé que el azar no responde? y así y todo el azar ¿es realmente un azar? aún no he movido el rey y la torre está quieta o sea que hasta aquí puedo enrocar mis riesgos no instruí a mi reloj para mañana no hay por lo tanto garantía de despertar a tiempo por otra parte sé proteger el sueño con mis gastados párpados de manera que puedo arrimarme soñando a esa espléndida nada nada prometedora la misma nada en que se despeñaron mis hermanos de siempre también los bienvenidos que un día se malfueron entre otros mi padre con su asfixia y su postrer mirada de candoroso pánico ¿qué diferencia podrá haber ahí en tan hueco enigma entre las vidas transparentes y las compactas de asco entre los tiernos pechos de la hermosa lujuria y los verdugos con medallas? ¿habrá acaso una sola y final desolación? ¿cabrá algún jubileo? en el gran agujero universal ¿se habrá acabado la noticia? ¿terminado el pronóstico? ¿borrado la memoria? ¿degollado el futuro? la sobornable amnesia del imposible dios ¿será infinita? ¿tal vez la única igualdad posible entre yo mismo y la inminente caravana de prójimos será el no ser el no existir? ¿nadie será ni más ni menos inexistente que otros? ¿o por ventura o desventura habrá tal vez un colmo de oscura inexistencia? ¿una nada más nada que las otras? ante tan humillante incertidumbre ¿no sería mejor confiar tan sólo en nuestras huellas nuestro jadeo nuestro limo en el amor que desentrañan dos vértices de musgo en los odios y mitos que inventamos en las palabras como norias en las palabras como sueños? antes que el indecente rasero igualitario del no pensar el no existir no amar no disfrutar no padecer ¿no será preferible la sideral distancia que separa lo justo de lo injusto? francamente me asquea la rara vecindad de mi no ser con el canalla ahora inexistente mi próximo no prójimo en el amplio vacío ¿cuánto me queda? ¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres? ¿y qué es después de todo eso que espera? ¿la noche interminable? ¿un sol sin atenuantes ni crepúsculos? ¿la calima tediosa? ¿la noche? ¿alguna noche? ¿la noche como muro? lo cierto es que no tengo con respecto a esa noche sin murciélagos ninguna expectativa o esperanza ¿o será que la muerte no es realmente mi noche predilecta? le pregunto al azar al mudo sordo ciego le pregunto al azar le pregunto al azar desalentadamente le pregunto al azar que no responde ¿estará mudo sordo ciego? ¿o para nuestro escarnio habrá muerto el azar?
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Preguntas al azar iv
¿Cuánto me queda? ¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres? ¿le pregunto al azar acaso porque sé que el azar no responde? y así y todo el azar ¿es realmente un azar? aún no he movido el rey y la torre está quieta o sea que hasta aquí puedo enrocar mis riesgos no instruí a mi reloj para mañana no hay por lo tanto garantía de despertar a tiempo por otra parte sé proteger el sueño con mis gastados párpados de manera que puedo arrimarme soñando a esa espléndida nada nada prometedora la misma nada en que se despeñaron mis hermanos de siempre también los bienvenidos que un día se malfueron entre otros mi padre con su asfixia y su postrer mirada de candoroso pánico ¿qué diferencia podrá haber ahí en tan hueco enigma entre las vidas transparentes y las compactas de asco entre los tiernos pechos de la hermosa lujuria y los verdugos con medallas? ¿habrá acaso una sola y final desolación? ¿cabrá algún jubileo? en el gran agujero universal ¿se habrá acabado la noticia? ¿terminado el pronóstico? ¿borrado la memoria? ¿degollado el futuro? la sobornable amnesia del imposible dios ¿será infinita? ¿tal vez la única igualdad posible entre yo mismo y la inminente caravana de prójimos será el no ser el no existir? ¿nadie será ni más ni menos inexistente que otros? ¿o por ventura o desventura habrá tal vez un colmo de oscura inexistencia? ¿una nada más nada que las otras? ante tan humillante incertidumbre ¿no sería mejor confiar tan sólo en nuestras huellas nuestro jadeo nuestro limo en el amor que desentrañan dos vértices de musgo en los odios y mitos que inventamos en las palabras como norias en las palabras como sueños? antes que el indecente rasero igualitario del no pensar el no existir no amar no disfrutar no padecer ¿no será preferible la sideral distancia que separa lo justo de lo injusto? francamente me asquea la rara vecindad de mi no ser con el canalla ahora inexistente mi próximo no prójimo en el amplio vacío ¿cuánto me queda? ¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres? ¿y qué es después de todo eso que espera? ¿la noche interminable? ¿un sol sin atenuantes ni crepúsculos? ¿la calima tediosa? ¿la noche? ¿alguna noche? ¿la noche como muro? lo cierto es que no tengo con respecto a esa noche sin murciélagos ninguna expectativa o esperanza ¿o será que la muerte no es realmente mi noche predilecta? le pregunto al azar al mudo sordo ciego le pregunto al azar le pregunto al azar desalentadamente le pregunto al azar que no responde ¿estará mudo sordo ciego? ¿o para nuestro escarnio habrá muerto el azar?
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Esforzóse pobre luz A contrahacer el Norte, A ser piloto el deseo, A ser farol una torre. Atrevióse a ser Aurora Una boca a media noche, A ser bajel un amante, Y dos ojos a ser Soles. Embarcó todas sus llamas El Amor en este joven, Y caravana de fuego, Navegó Reinos Salobres. Nuevo prodigio del Mar Le admiraron los Tritones; Con centellas, y no escamas, El agua le desconoce. Ya el Mar le encubre enojado, Ya piadoso le socorre, Cuna de Venus le mece, Reino sin piedad le esconde. Pretensión de mariposa Le descaminan los Dioses: Intentos de Salamandra Permiten que se malogren. Si llora, crece su muerte, Que aun no le dejan que llore; Si ella suspira, le aumenta Vientos que le descomponen. Armó el estrecho de Abido, Juntaron vientos feroces Contra una vida sin alma Un ejército de montes: Indigna hazaña del Golfo, Siendo amenaza del Orbe, Juntarse con un Cuidado Para contrastar un hombre. Entre la luz y la muerte La vista dudosa pone; Grandes Volcanes suspira Y mucho piélago sorbe. Pasó el mar en un gemido Aquel espíritu noble: Ofensa le hizo Neptuno, Estrella le hizo Jove, De los bramidos del Ponto Hero formaba razones, Descifrando de la orilla La confusión en sus voces. Murió sin saber su muerte, Y expiraron tan conformes, Que el verle muerto añadió La ceremonia del golpe. De piedad murió la luz, Leandro murió de amores, Hero murió de Leandro, Y Amor de envidia murióse.
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Hero y leandro
Piernas eternas que decís de Luisa La Vallière y de Thaís... Piernas de rana, de ondina y de aldeana; en su vocabulario se fascina la caravana. Piernas en las cuales danza la Teología funerales y epifanía. Piernas: alborozo y lutos y parodias de los Atributos. Piernas en que exordia la Misericordia en la derecha, y se inicia en la otra la Justicia. Piernas que llevan del muslo al talón los recados del corazón. Piernas del reloj humano, certeras como manecillas dudosas como lo arcano, sobresaltadas con la coquetería de las hadas. Piernas para que circuyas el espíritu, que se desarma entre tus aleluyas; si la violeta de Parma tuviese piernas, serían las tuyas. Mística integral, melómano alfiler sin fe de erratas, que yendo de puntillas por el globo las libélulas atas y desatas. ¡Te fuiste con mi rapto y con mi arrobo, agitando las ánimas eternas en los modismos de tus piernas!
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Anna pavlowa
Del castigo acercábase el instante. Entre la niebla gris de la Sabana, La tribu, a Teusaquillo, en caravana Llegaba, la amargura en el semblante. Tisquesusa surgió, todo radiante De oro, como fúlgida mañana: En la diestra, su cetro de macana, Y en los ojos, mirada fulgurante. Vendado entró el ladrón. Baja la frente; Los Usaques, en fila, al delincuente Lanzaban al pasar viles apodos. ¡Iba a cumplirse ya la ley tremenda! Y al quitarle de súbito la venda Dijo el ladrón: «¡Un indio como todos!»
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La ley de bochica
Íbamos todos al río En alegre caravana. Yo, a su lado...  La mañana Era mañana de estío. Cantando triste tonada Pasó entonces un boyero; «Por una mujer me muero, Pero ella no sabe nada». Caminando, caminando Ella cantaba y reía. Una flor aquí cogía, Otra allá, siempre cantando. En el sombrero, albos tules, Y de albo linón vestida, ¡Cómo brillaba la vida En sus pupilas azules!... Y lejos, en el sendero, Bajo el oscuro pinar, Se iba perdiendo el cantar: «Por una mujer me muero...» Mis ojos se iban tras ella Mientras vagaba sombrío. ¡Y ella, a la orilla del río, Entre todas, la más bella! Al regresar se encendían Las luces en el poblado. Yo, en mis ensueños callado, Y cantaban y reían. Y pensaba en la tonada Que oí cantar al boyero. «Por una mujer me muero, Pero ella no sabe nada».
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La tonada del boyero
¡Oh, formidable Azur!, te miro y pienso: Cual hoy y ayer, así serás mañana. ¿Qué siglos hace que a la estirpe humana Cubres callado con tu dombo inmenso? Cayeron del Olvido, bajo el denso Polvo, los dioses de la edad pagana, y aún los hombres, en triste caravana, Te envían preces, cánticos e incienso. Cuanto vive en el orbe a una inmutable Ley sometido está, ley implacable, y todo es fuerza que a esa ley sucumba. Sólo, tú solo, incólume, profundo, Frío, inmortal, sigues cubriendo el mundo, Cual tapa enorme de anchurosa tumba.
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Azur