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"brotes" poems
Soy un alma deambulando de un lado a otro me gustan los brotes de abril. Ya casi es abril. Pensé en él. Dijo: 'cuando el agua cae en la tierra deja sus huellas en ella, calma la cólera del fuego. Tú eres agua, yo ardo.' Así sucedió el mediodía y sus palabras se regaron dentro de mí como fértil magma de mis jardines. Somos procreadores del mundo queremos escapar del bullicio de las calles, abrir la ventana y saludar al sol. Queremos penetrar el océano un millar de veces y dirigirnos a la montaña fría por sentirnos tibia la piel. También dijo: 'Que encuentres los mejores caminos hacia los mejores lugares.' Palabras bien cimentadas, afectuosas me llevaron hacia él mismo. Sigo aquí. Entré a través de sus ojos oscuros. Estoy satisfecha porque respira, porque me mira, porque es. Quiero que se quede hasta que el principio y el fin se hayan disuelto. Han sido los impulsos los que me han mostrado el mundo parte de mi plenitud, me han llevado allá donde el sol y la tierra son eléctricos y me separan de lo peor, de los monstruos que se ocultan bajo mis tristezas. Al final de la jornada sólo deseo acurrucarme entre sus brazos de cuna hacernos inmortales en un suave beso fugaz y fusionarnos en el mismo sueño. Él es mi morada, él es mi movimiento, él llena mis días. Entre las ciudades y los caminos mientras las estrellas nos miran existe un lugar rodeado de campo de nubes multicolores y de cálido misterio. Quiero perpetuar ahí con los míos y los tuyos, hacerlo todo parte de nosotros, el filo del horizonte, los tejados y el cieno del bosque, la compañía, el sol, el silencio, las camas, el olor de la madera, la sonoridad de los árboles, la sensualidad, los poemas que leemos en voz alta, la humedad, el agua de la regadera, las comidas improvisadas, las risas de los desconocidos, mis gestos, tus manos, el arte que al que vamos atados. Está bien envejecer, está mejor envejecer contigo en esta casa. Es magnífico llamarte hogar.
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Mar 6, 2019
Mar 6, 2019 at 4:33 PM UTC
Hogar
Soy un alma deambulando de un lado a otro me gustan los brotes de abril. Ya casi es abril. Pensé en él. Dijo: 'cuando el agua cae en la tierra deja sus huellas en ella, calma la cólera del fuego. Tú eres agua, yo ardo.' Así sucedió el mediodía y sus palabras se regaron dentro de mí como fértil magma de mis jardines. Somos procreadores del mundo queremos escapar del bullicio de las calles, abrir la ventana y saludar al sol. Queremos penetrar el océano un millar de veces y dirigirnos a la montaña fría por sentirnos tibia la piel. También dijo: 'Que encuentres los mejores caminos hacia los mejores lugares.' Palabras bien cimentadas, afectuosas me llevaron hacia él mismo. Sigo aquí. Entré a través de sus ojos oscuros. Estoy satisfecha porque respira, porque me mira, porque es. Quiero que se quede hasta que el principio y el fin se hayan disuelto. Han sido los impulsos los que me han mostrado el mundo parte de mi plenitud, me han llevado allá donde el sol y la tierra son eléctricos y me separan de lo peor, de los monstruos que se ocultan bajo mis tristezas. Al final de la jornada sólo deseo acurrucarme entre sus brazos de cuna hacernos inmortales en un suave beso fugaz y fusionarnos en el mismo sueño. Él es mi morada, él es mi movimiento, él llena mis días. Entre las ciudades y los caminos mientras las estrellas nos miran existe un lugar rodeado de campo de nubes multicolores y de cálido misterio. Quiero perpetuar ahí con los míos y los tuyos, hacerlo todo parte de nosotros, el filo del horizonte, los tejados y el cieno del bosque, la compañía, el sol, el silencio, las camas, el olor de la madera, la sonoridad de los árboles, la sensualidad, los poemas que leemos en voz alta, la humedad, el agua de la regadera, las comidas improvisadas, las risas de los desconocidos, mis gestos, tus manos, el arte que al que vamos atados. Está bien envejecer, está mejor envejecer contigo en esta casa. Es magnífico llamarte hogar.
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Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados. Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación; la que te guste; todas son buenas; bájala un poquito. Déjame sola: oyes romper los brotes... te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido...
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Voy a dormir
Ni sé para quién es esta amargura! Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo, y cuelga, como un Cristo ensangrentado, mi bohemio dolor sobre su pecho. El valle es de oro amargo; y el viaje es triste, es largo. Oyes? Regaña una guitarra. Calla! Es tu raza, la pobre viejecita que al saber que eres huésped y que te odian, se hinca la faz con una roncha lila. El valle es de oro amargo, y el trago es largo... largo... Azulea el camino, ladra el río... Baja esa frente sudorosa y fría, fiera y deforme. Cae el pomo roto de una espada humanicida! Y en el mómico valle de oro santo, la brasa de sudor se apaga en llanto! Queda un olor de tiempo abonado de versos, para brotes de mármoles consagrados que hereden la aurífera canción de la alondra que se pudre en mi corazón!
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Oración del camino
Porque es áspera y fea, porque todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera.En mi quinta hay cien árboles bellos, ciruelos redondos, limoneros rectos y naranjos de brotes lustrosos.En las primaveras, todos ellos se cubren de flores en torno a la higuera.Y la pobre parece tan triste con sus gajos torcidos que nunca de apretados capullos se viste...Por eso, cada vez que yo paso a su lado, digo, procurando hacer dulce y alegre mi acento: «Es la higuera el más bello de los árboles todos del huerto».Si ella escucha, si comprende el idioma en que hablo, ¡qué dulzura tan honda hará nido en su alma sensible de árbol!Y tal vez, a la noche, cuando el viento abanique su copa, embriagada de gozo le cuente: ¡Hoy a mí me dijeron hermosa!
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La higuera
Ay sí, recuerdo, ay tus ojos cerrados como llenos por dentro de luz negra, todo tu cuerpo como una mano abierta, como un racimo blanco de la luna, y el éxtasis, cuando nos mata un rayo, cuando un puñal nos hiere en las raíces y nos rompe una luz la cabellera, y cuando vamos de nuevo volviendo a la vida, como si del océano saliéramos, como si del naufragio volviéramos heridos entre las piedras y las algas rojas. Pero hay otros recuerdos, no sólo flores del incendio, sino pequeños brotes que aparecen de pronto cuando voy en los trenes o en las calles. Te veo lavando mis pañuelos, colgando en la ventana mis calcetines rotos, tu figura en que todo, todo el placer como una llamarada cayó sin destruirte, de nuevo, mujercita de cada día, de nuevo ser humano, humildemente humano, soberbiamente pobre, como tienes que ser para que seas no la rápida rosa que la ceniza del amor deshace, sino toda la vida, toda la vida con jabón y agujas, con el aroma que amo de la cocina que tal vez no tendremos y en que tu mano entre las papas fritas y tu boca cantando en invierno mientras llega el asado serían para mi la permanencia de la felicidad sobre la tierra. Ay vida mía, no sólo el fuego entre nosotros arde, sino toda la vida, la simple historia, el simple amor de una mujer y un hombre parecidos a todos.
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No sólo el fuego
Me deshago en gotas, Brotes de invierno Ajustados al punto de su tornar azul. Agitada el agua, se mueve roja y escrupulosa Socava mi respiración desde un vértice hasta el vacío. Vacilas tus hojas en ramas de verano en un recuerdo fútil. Innegable tentación, Sudaste y despertaste en el cuenco de mi lengua Y te veía dormido en un espejismo De esa extraña sensación de conocerte Sin poder anticipar el movimiento de tus labios. Era una mentira que guardaba tu sutileza Aquella misma que no me deja describirte Porque fuiste ausente en tu acecho Y aún así dejaste tu olor en mi tejido. Me ahogo intentando contar tus lunares, en la incertidumbre de las horas cercanas y lejanas Que ahorita empiezan a contar kilómetros y no suspiros. No eres tú en tus colores tímidos No soy yo en mis obsesiones ruidosas No es ni el afuera ni el adentro Son las cosas extrañas que van a la deriva en mi agua salada. Flotan para encontrarlas y se quedan brillantes hasta que la sal las carcome.
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Feb 17, 2020
Feb 17, 2020 at 11:00 AM UTC
Tenerte lejos