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"brindo" poems
Sí, yo he escrito estos Abrojos tras largas penas y agravios, ya con la risa en los labios, ya con el llanto en los ojos. Tu noble y leal corazón, tu cariño, me alentaba cuando entre los dos mediaba la mesa de redacción. Yo, haciendo versos, Manuel, descocado, antimetódico, en el margen de un periódico, o en un trozo de papel. Tú , aplaudiendo o censurando, censurando o aplaudiendo como crítico tremendo, o como crítico blando. Entonces, ambos a dos, de mil ambiciones llenos, con dos corazones buenos y honrados, gracias a Dios, hicimos dulces memorias, trajimos gratos recuerdos, y no nos hallamos lerdos en ese asunto de glorias. Y pensamos en ganarlas paso a paso y poco a poco... Y ya huyendo el tiempo loco de nuestras amigas charlas, nos confiamos los enojos, las amarguras, los duelos, los desengaños y anhelos... y nacieron mis Abrojos. Obra, sin luz ni donaire, que al compañero constante le dedica un fabricante de castillos en el aire. Obra sin luz, es verdad, pues rebosa amarga pena; y para toda alma buena la pena es oscuridad. Sin donaire, porque el chiste no me buscó, ni yo a él; ya tú bien sabes, Manuel, que yo tengo el vino triste.Juntos hemos visto el mal y en el mundano bullicio, cómo para cada vicio, se eleva un arco triunfal. Vimos perlas en el lodo, burla y baldón a destajo, el delito por debajo y la hipocresía en todo. Bondad y hombría de bien, como en el mar las espumas, y palomas con las plumas recortadas a cercén. Mucho tigre carnicero, bien enguantadas las uñas, y muchísimas garduñas con máscaras de cordero. La poesía con anemia, con tisis el ideal, bajo la capa el puñal y en la boca la blasfemia. La envidia que desenrosca su cuerpo y muerde con maña; y en la tela de la araña a cada paso la mosca... ¿Eres artista? Te afeo. ¿Vales algo? Te critico. Te aborrezco si eres rico, y si pobre, te apedreo. Y de la honra haciendo el robo e hiriendo cuanto se ve, sale cierto lo de que el hombre del hombre es lobo.No predico, no interrogo. De un sermón ¡qué se diría! Esto no es una homilía, sino amargo desahogo. Si hay versos de amores, son las flores de un amor muerto que brindo al cadáver yerto de mi primera pasión. Si entre esos íntimos versos hay versos envenenados, lean los hombres honrados que son para los perversos. Y tú, mi buen compañero, toma el libro; que en verdad de poeta y caballero, con mis Abrojos no hiero las manos de la amistad.
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Prólogo
Sí, yo he escrito estos Abrojos tras largas penas y agravios, ya con la risa en los labios, ya con el llanto en los ojos. Tu noble y leal corazón, tu cariño, me alentaba cuando entre los dos mediaba la mesa de redacción. Yo, haciendo versos, Manuel, descocado, antimetódico, en el margen de un periódico, o en un trozo de papel. Tú , aplaudiendo o censurando, censurando o aplaudiendo como crítico tremendo, o como crítico blando. Entonces, ambos a dos, de mil ambiciones llenos, con dos corazones buenos y honrados, gracias a Dios, hicimos dulces memorias, trajimos gratos recuerdos, y no nos hallamos lerdos en ese asunto de glorias. Y pensamos en ganarlas paso a paso y poco a poco... Y ya huyendo el tiempo loco de nuestras amigas charlas, nos confiamos los enojos, las amarguras, los duelos, los desengaños y anhelos... y nacieron mis Abrojos. Obra, sin luz ni donaire, que al compañero constante le dedica un fabricante de castillos en el aire. Obra sin luz, es verdad, pues rebosa amarga pena; y para toda alma buena la pena es oscuridad. Sin donaire, porque el chiste no me buscó, ni yo a él; ya tú bien sabes, Manuel, que yo tengo el vino triste.Juntos hemos visto el mal y en el mundano bullicio, cómo para cada vicio, se eleva un arco triunfal. Vimos perlas en el lodo, burla y baldón a destajo, el delito por debajo y la hipocresía en todo. Bondad y hombría de bien, como en el mar las espumas, y palomas con las plumas recortadas a cercén. Mucho tigre carnicero, bien enguantadas las uñas, y muchísimas garduñas con máscaras de cordero. La poesía con anemia, con tisis el ideal, bajo la capa el puñal y en la boca la blasfemia. La envidia que desenrosca su cuerpo y muerde con maña; y en la tela de la araña a cada paso la mosca... ¿Eres artista? Te afeo. ¿Vales algo? Te critico. Te aborrezco si eres rico, y si pobre, te apedreo. Y de la honra haciendo el robo e hiriendo cuanto se ve, sale cierto lo de que el hombre del hombre es lobo.No predico, no interrogo. De un sermón ¡qué se diría! Esto no es una homilía, sino amargo desahogo. Si hay versos de amores, son las flores de un amor muerto que brindo al cadáver yerto de mi primera pasión. Si entre esos íntimos versos hay versos envenenados, lean los hombres honrados que son para los perversos. Y tú, mi buen compañero, toma el libro; que en verdad de poeta y caballero, con mis Abrojos no hiero las manos de la amistad.
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Boca que arrastra mi boca: boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros. Canción que vuelve las alas hacia arriba y hacia abajo. Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grama sangrante dos fúlgidos aletazos. El labio de arriba el cielo y la tierra el otro labio. Beso que rueda en la sombra: beso que viene rodando desde el primer cementerio hasta los últimos astros. Astro que tiene tu boca enmudecido y cerrado hasta que un roce celeste hace que vibren sus párpados. Beso que va a un porvenir de muchachas y muchachos, que no dejarán desiertos ni las calles ni los campos. ¡Cuánta boca enterrada, sin boca, desenterramos! Beso en tu boca por ellos, brindo en tu boca por tantos que cayeron sobre el vino de los amorosos vasos. Hoy son recuerdos, recuerdos, besos distantes y amargos. Hundo en tu boca mi vida, oigo rumores de espacios, y el infinito parece que sobre mí se ha volcado. He de volverte a besar, he de volver, hundo, caigo, mientras descienden los siglos hacia los hondos barrancos como una febril nevada de besos y enamorados. Boca que desenterraste el amanecer más claro con tu lengua. Tres palabras, tres fuegos has heredado: vida, muerte, amor. Ahí quedan escritos sobre tus labios.
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La boca
En la vieja Colonia, en el oscuro   rincón de una taberna, tres estudiantes de Alemania un día   bebíamos cerveza.Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,   evocando leyendas, y sobre el muerto campo y en las almas   flotaba la tristeza.Hablábamos de amor, y Franz, el triste,   el soñador poeta, de versos enfermizos, cual las hadas   de sus vagos poemas:«Yo brindo -dijo- por la amada mía,   la que vive en las nieblas, en los viejos castillos y en las sombras   de las mudas iglesias;»Por mi pálida Musa de ojos castos   y rubia cabellera, que cuando entro de noche a mi buhardilla   en la frente me besa».Y Karl, el de las rimas aceradas,   el de la lira enérgica, cantor del Sol, de los radiantes cielos   y de las hondas selvas,el poeta del pueblo, el que ha narrado   las campestres faenas, el de los versos que en las almas vibran   cual músicas guerreras:«Yo brindo -dijo- por la Musa mía,   la hermosa lorenesa, de ojos ardientes, de encendidos labios   y riza cabellera;»por la mujer de besos ardorosos   que aguarda ya mi vuelta en los verdes viñedos donde arrastra   sus aguas el Mosela».«¡Brinda tú!»-me dijeron-. Yo callaba   de codos en la mesa, y ocultando una lágrima, alcé el vaso   y dije con voz trémula:«¡Brindo por el amor que nunca acaba!»   y apuré la cerveza; y entre cantos y gritos exclamamos:   «¡Por la pasión eterna!».Y seguimos risueños, charladores,   en nuestra alegre fiesta... Y allí mi corazón se me moría, se moría de frío y de tristeza.
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En colonia
En la vieja Colonia, en el oscuro   rincón de una taberna, tres estudiantes de Alemania un día   bebíamos cerveza.Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,   evocando leyendas, y sobre el muerto campo y en las almas   flotaba la tristeza.Hablábamos de amor, y Franz, el triste,   el soñador poeta, de versos enfermizos, cual las hadas   de sus vagos poemas:«Yo brindo -dijo- por la amada mía,   la que vive en las nieblas, en los viejos castillos y en las sombras   de las mudas iglesias;»Por mi pálida Musa de ojos castos   y rubia cabellera, que cuando entro de noche a mi buhardilla   en la frente me besa».Y Karl, el de las rimas aceradas,   el de la lira enérgica, cantor del Sol, de los radiantes cielos   y de las hondas selvas,el poeta del pueblo, el que ha narrado   las campestres faenas, el de los versos que en las almas vibran   cual músicas guerreras:«Yo brindo -dijo- por la Musa mía,   la hermosa lorenesa, de ojos ardientes, de encendidos labios   y riza cabellera;»por la mujer de besos ardorosos   que aguarda ya mi vuelta en los verdes viñedos donde arrastra   sus aguas el Mosela».«¡Brinda tú!»-me dijeron-. Yo callaba   de codos en la mesa, y ocultando una lágrima, alcé el vaso   y dije con voz trémula:«¡Brindo por el amor que nunca acaba!»   y apuré la cerveza; y entre cantos y gritos exclamamos:   «¡Por la pasión eterna!».Y seguimos risueños, charladores,   en nuestra alegre fiesta... Y allí mi corazón se me moría, se moría de frío y de tristeza.
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