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"bebiendo" poems
Recuerdo exactamente como si fuese ayer. Recuerdo cuando en los veranos mi padre se iba a jugar al campo de futbol y nos llevaba a mi hermana y yo. Andaba un overol estilo chor morado con flores amarillas al lado y teñís negros. Suena como estilo feo y raro pero yo desde peque me vestía diferente. Pero se veía bien. Vale. Miraba a mi papa jugar el futbol como si fuese campeón jajá. Cuando el era joven de 18 anos le había dicho que si quería jugar futbol profesional. Pero mi padre decidió que no. No se porque no tomo esa oportunidad? Estuvo buena.. pero años después se caso con mi mama y nacimos nosotros. Mi hermana gemela, yo y mis dos hermanos. Las Malta Goya's fueron esas bebidas que me encantaba tomar en esos días súper calientes. Al principio no me gustaba mucho. Wakala dije yo! pero no se como explicar este sentimiento pero mi cuerpo deseaba mas. Ahora que tengo 18 anos los sigo bebiendo. Wow. El que lea esto debería de probar Malta Goya. Cuando lo buscas en Google dice que es cerveza sin alcohol. jeje ;)
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Jan 12, 2015
Jan 12, 2015 at 8:15 PM UTC
Cuando era peque..
Ahora que me acuerdo, fue así: Hecho de fiebre, atravesé ciudades hermafroditas donde las mujeres y los hombres recibían los cuerpos de los vagabundos y los lavaban en las fuentes, con el manto de fuego que no cesa. Una noche saturada de invierno, bebiendo la sopa de la eternidad, gané mi virginidad y fui otro yo en mí mismo, porque olvidé cómo responder sobre el misterio de las cosas. De silencio me armé y salí hacia campo abierto  a traficar imágenes junto a las constelaciones. Fue entonces cuando indagué la pulpa del mestizaje, cuando probé la sangre metafísica derramada en Tebas -es que esa mañana liquidé a la esfinge Cerca de una Wasserfall contaminada.- Pies desarmados, peregriné mi jornada intuitiva, saludé a las moléculas del fruto y a las sombras de la adivinación, en un árbol vi la doble cifra de mi vida, y grité, siendo montaña, la genealogía de mi conciencia. Cuando la purificación se había ya extinguido troqué el umbral de hueso por el marfil brillante y así fue que entré en Coroico, urbe flotante, cual símbolo, por material de sueño ungido. Ahora miro con estos ojos destruidos donde la sal del delirio antes tuvo morada, (intuyo en esa forma liminar, la espada, el camino que me arrastró al divino Omphalos). Escucho, a veces, con saturnal resignación, la crónica de mi negligencia.
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Sep 7, 2014
Sep 7, 2014 at 11:23 PM UTC
Un delirio memorable
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Corrida de toros
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Señora; según dicen, ya tiene usted otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante... Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas, sus gozos y su lecho; pero el amor, señora, cuando llega el olvido también tiene el derecho de un final distinguido. Perdón, si es que la hiere mi reproche, perdón, aunque sé que la herida no es en el corazón... Y, para perdonarme, piense si hay más despecho en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho; pues sepa que una dama con la espalda desnuda, sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda, pero no, como tantas, de un difunto señor, sino, para ella sola; viuda de un gran amor. Y nuestro amor, recuerdo, fue un amor diferente, (al menos al principio, ya no, naturalmente). Usted era el crepúsculo a la orilla del mar, que, según quien la mire, será hermoso o ****** Usted era la flor que, según quien la corta, es algo que no muere o algo que no importa. O acaso ¿cierta noche de amor y de locura, yo vivía un ensueño... y usted una aventura? Si, usted juró, cien veces, ser para siempre mía: yo besaba sus labios, pero no lo creía... Usted sabe, y perdóneme, que en ese juramento influye demasiado la dirección del viento. Por eso no me extraña que ya tenga otro amante, a quien quizás le jure lo mismo en este instante. Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel, a mí, así de repente... me da pena por él. Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta, y yo, en otra ventana me olvidé de su puerta; o una tarde de lluvia se iluminó mi vida mirándome en los ojos de una desconocida; y también es posible que mi amor indolente desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. Sin embargo, señora, yo, con sed o sin sed, nunca pensaba en otra si la besaba a usted. Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas, pero ni los rosales dan solamente rosas; y no digo esto por usted, ni por mí, sino por los amores que terminan así. Pero vea, señora, que diferencia había entre usted que lloraba y yo; que sonreía, pues nuestro amor concluye con finales diversos: Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...
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Carta a usted
Señora; según dicen, ya tiene usted otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante... Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas, sus gozos y su lecho; pero el amor, señora, cuando llega el olvido también tiene el derecho de un final distinguido. Perdón, si es que la hiere mi reproche, perdón, aunque sé que la herida no es en el corazón... Y, para perdonarme, piense si hay más despecho en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho; pues sepa que una dama con la espalda desnuda, sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda, pero no, como tantas, de un difunto señor, sino, para ella sola; viuda de un gran amor. Y nuestro amor, recuerdo, fue un amor diferente, (al menos al principio, ya no, naturalmente). Usted era el crepúsculo a la orilla del mar, que, según quien la mire, será hermoso o ****** Usted era la flor que, según quien la corta, es algo que no muere o algo que no importa. O acaso ¿cierta noche de amor y de locura, yo vivía un ensueño... y usted una aventura? Si, usted juró, cien veces, ser para siempre mía: yo besaba sus labios, pero no lo creía... Usted sabe, y perdóneme, que en ese juramento influye demasiado la dirección del viento. Por eso no me extraña que ya tenga otro amante, a quien quizás le jure lo mismo en este instante. Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel, a mí, así de repente... me da pena por él. Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta, y yo, en otra ventana me olvidé de su puerta; o una tarde de lluvia se iluminó mi vida mirándome en los ojos de una desconocida; y también es posible que mi amor indolente desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. Sin embargo, señora, yo, con sed o sin sed, nunca pensaba en otra si la besaba a usted. Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas, pero ni los rosales dan solamente rosas; y no digo esto por usted, ni por mí, sino por los amores que terminan así. Pero vea, señora, que diferencia había entre usted que lloraba y yo; que sonreía, pues nuestro amor concluye con finales diversos: Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...
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Con efecto mundial de vela que se enciende, el prepucio directo, hombres a golpes, funcionan los labriegos a tiro de neblina, con alabadas barbas, pie práctico y reginas sinceras de los valles. Hablan como les vienen las palabras, cambian ideas bebiendo orden sacerdotal de una botella; cambian también ideas tras de un árbol, parlando de escrituras privadas, de la luna menguante y de los ríos públicos! (Inmenso! Inmenso! Inmenso!) Función de fuerza sorda y de zarza ardiendo, paso de palo, gesto de palo, acápitcs de palo, la palabra colgando de otro palo. De sus hombros arranca, carne a carne, la herramienta florecida, de sus rodillas bajan ellos mismos por etapas hasta el cielo, y, agitando y agitando sus faltas en forma de antiguas calaveras, levantan sus defectos capitales con cintas, su mansedumbre y sus vasos sanguíneos, tristes, de jueces colorados. Tienen su cabeza, su tronco, sus extremidades, tienen su pantalón, sus dedos metacarpos y un palito; para comer vistiéronse de altura y se lavan la cara acariciándose con sólidas palomas. Por cierto, aquestos hombres cumplen años en los peligros, echan toda la frente en sus salutaciones; carecen de reloj, no se jactan jamás de respirar y, en fin, suelen decirse: Allá, las putas, Luis Taboada, los ingleses; allá ellos, allá ellos, allá ellos!
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Gleba
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
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A colón
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
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Boguemos, boguemos; la barca empujad, que rompa las nubes, que rompa las nieblas, los aires, las llamas, las densas tinieblas, las olas del mar. Boguemos, crucemos; del mundo el confín; que hoy su triste cárcel quiebran libres los diablos en fin, y con música y estruendo los condenados celebran, juntos cantando y bebiendo un diabólico festín.
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Coro de demonios
Sal tú, bebiendo campos y ciudades, en largo ciervo de agua convertido, hacia el mar de las albas claridades, del martín-pescador mecido nido; que yo saldré a esperarte, amortecido, hecho junco, a las altas soledades, herido por el aire y requerido por tu voz, sola entre las tempestades. Deja que escriba, débil junco frío, mi nombre en esas aguas corredoras, que el viento llama, solitario, río. Disuelto ya en tu nieve el nombre mío, vuélvete a tus montañas trepadoras, ciervo de espuma, rey del monterío.
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A federico garcía lorca
Deseo despertar com tu cuerpo desnudo junto al mío después de una noche saciando nuestra sed bebiendo besos llenos de lujuria y pasión. Deseo despertar, ver el reflejo del amanecer en tus ojos y perderme en tu mirada, tratar de encontrar tus secretos mas profundos al mismo instante que encuentre el punto donde tus gritos y gemidos de satisfacción exclamen mi nombre.
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Jan 30, 2016
Jan 30, 2016 at 2:20 PM UTC
Deseo
El marfil con tal arte ha sido cincelado que en él se ven de Colquida la floresta sombría la hermosa Medea. Y el Toisón, como el día radiante, en una estela reposa recostado. El Nilo, cerca; y ebrias, bajo el azul dorado, Las Bacantes, que riegan perfumes y ambrosía, adornan con un pámpano, entre luz de alegría, el yugo de una yunta que lenta huella el prado. Abajo hay un combate de caballeros rudos; después, héroes que vuelven muertos en sus escudos, ancianos sollozan les y madres plañideras; y en fin, en forma de asa, encorvando sus flancos, apoyando en los bordes sus firmes senos blancos, en el ánfora vense bebiendo las Quimeras.
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El ánfora
Hermano: hay cuatro o cinco nombres obscuros que sangran la poesía. El exterminio asiste a los amantes. Hay quien sin darse cuenta camina en el suicidio como si visitara la muerte de un extraño. El hombre dice polvo y soledad y angustia. La esperanza, asustada, se refugia en los niños y en los tontos y en nosotros, los que todavía, por la gracia del verbo, somos desgraciados. La tierra ignora, el hombre trata de conocer, levanta la cabeza en que los ojos brillan. Hermano: estoy enfermo, estamos bebiendo diariamente vida y muerte mezcladas, en nuestro pan hay piedras, tenemos sucio el llanto, acudimos a nuestro corazón como a una casa limpia, pero tenemos que dormir sobre montones de basura y cuando llega el día no podemos tomar leche al pie de la vaca sino brebajes de perdición en manos de brujas. Amanecer no es hoy darse cuenta del día. La sangre a veces se congela en los ojos que quieren ver el mundo. Tu mano de amor se hará de piedra si tratas de secar el llanto a tu vecino. No hables, no escuches nada, no socorras, no llames en tu auxilio, que cada quien se ahogue bajo sus propios gritos, en sus gestos de espanto para la mímica universal. Hermano: tu desaliento no tiene sentido, óyeme hablar de la primavera. Yo siento a veces que los pulmones se me quiebran, que la carne toda se me quiebra igual que un vidrio golpeado por un martillo; siento que alguien les aprieta el pescuezo a los pájaros dentro de las jaulas, que alguien mete un perro y un gato en un costal, que les dan con un mazo en la nuca a los corderos, que degüellan niñas, juntándoles la cabeza a la espalda, pero óyeme hablar de la primavera. La miel se cosecha todavía en las bodegas y en los libros. La ternura existe. Vamos a morirnos cada quien en su sitio calladamente. No hay que darle importancia.
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Carta a jorge
Hermano: hay cuatro o cinco nombres obscuros que sangran la poesía. El exterminio asiste a los amantes. Hay quien sin darse cuenta camina en el suicidio como si visitara la muerte de un extraño. El hombre dice polvo y soledad y angustia. La esperanza, asustada, se refugia en los niños y en los tontos y en nosotros, los que todavía, por la gracia del verbo, somos desgraciados. La tierra ignora, el hombre trata de conocer, levanta la cabeza en que los ojos brillan. Hermano: estoy enfermo, estamos bebiendo diariamente vida y muerte mezcladas, en nuestro pan hay piedras, tenemos sucio el llanto, acudimos a nuestro corazón como a una casa limpia, pero tenemos que dormir sobre montones de basura y cuando llega el día no podemos tomar leche al pie de la vaca sino brebajes de perdición en manos de brujas. Amanecer no es hoy darse cuenta del día. La sangre a veces se congela en los ojos que quieren ver el mundo. Tu mano de amor se hará de piedra si tratas de secar el llanto a tu vecino. No hables, no escuches nada, no socorras, no llames en tu auxilio, que cada quien se ahogue bajo sus propios gritos, en sus gestos de espanto para la mímica universal. Hermano: tu desaliento no tiene sentido, óyeme hablar de la primavera. Yo siento a veces que los pulmones se me quiebran, que la carne toda se me quiebra igual que un vidrio golpeado por un martillo; siento que alguien les aprieta el pescuezo a los pájaros dentro de las jaulas, que alguien mete un perro y un gato en un costal, que les dan con un mazo en la nuca a los corderos, que degüellan niñas, juntándoles la cabeza a la espalda, pero óyeme hablar de la primavera. La miel se cosecha todavía en las bodegas y en los libros. La ternura existe. Vamos a morirnos cada quien en su sitio calladamente. No hay que darle importancia.
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Anda, date a volar, hazte una abeja; En el jardín florecen amapolas, Y el néctar fino colma las corolas; Mañana el alma tuya estará vieja. Anda, suelta a volar, hazte paloma, Recorre el bosque y picotea granos, Come migajas en distintas manos, La pulpa muerde de fragante poma. Anda, date a volar, sé golondrina, Busca la playa de los soles de oro, Gusta la primavera y su tesoro, La primavera es única y divina. Mueres de sed: no he de oprimirte tanto... Anda, camina por el mundo, sabe; Dispuesta sobre el mar está tu nave: Date a bogar hacia el mejor encanto. Corre, camina más, es poco aquello... Aún quedan cosas que tu mano anhela, Corre, camina, gira, sube y vuela: Gústalo todo porque todo es bello. Echa a volar... mi amor no te detiene, ¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo! Llore mi vida... el corazón se apene... Date a volar, Amor, yo te comprendo. Callada el alma... el corazón partido, Suelto tus alas... ve... pero te espero. ¿Cómo traerás el corazón, viajero? Tendré piedad de un corazón vencido. Para que tanta sed bebiendo cures Hay numerosas sendas para ti... Pero se hace la noche; no te apures... Todas traen a mí...
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Date a volar
Viviendo espadas y bebiendo vientos abre la rosa mágica y serena destrozando jazmines y azucena, eclipsando clavel y pensamientos. Solo atenta a su aire y a los lentos minutos de ascensión real, en la plena maravilla del tiempo a luna llena, en sus dulces, divinos terciopelos. Destino inmenso en tan menguada vida. Todo le ofrece la pasión ardida. Como centella, en la mitad del día, se dormirá en belleza sin ocaso. Y los hombres dirán: era de raso la reina que esta tarde de moría.
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Una rosa
El pintor de palabras se recostó con su café En el viejo y maltratado sillón de color burdeos. Deseó estar bebiendo borgoña En una silla de color café, pero los mendigos no pueden elegir. Ser un pintor de palabras no es tan lucrativo como lo era en el pasado. Sin embargo, en el lado positivo del libro mayor, nadie era probable Para pedirle que nade el Hellespont y arriesgar su vida por la independencia griega. ¿Qué, entonces, debería escribir hoy? Pensó en ella que una vez había usado su anillo. Pensó en una niña encantadora, bronceada Con mechones ***** azabache y ojos latinos vivos. Extraño, no había pensado en ella en bastante tiempo. Bueno, pensó, después de todo, hoy es su cumpleaños. “Feliz cumpleaños a mi querida Barbara Jeanne. Me enseñaste lecciones de amor y pérdida y me dejó con solo el toque de un poeta.
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Aug 14, 2019
Aug 14, 2019 at 1:52 PM UTC
Feliz Cumpleanos Barbara Jeanne
Sé que te traes algo entre manos, sé que me estas comiéndome con la vista, desvistiéndome con el pensamiento, bebiendo de mi ser en cada trago, tragándote los deseos de tomarme en plena barra, subirme en el mostrador para; barrer mi desafiante mirada, mirarme embelesado mientras suplico…… que sigas, que pares, que más lento, más rápido, más violento, más suave, que quiero más, mas, mas, y más! Más de ti, de mí, de ese derretimiento de éxtasis. De ese arrobamiento de locura entre chocantes cuerpos. De una degenerada y desafiante entrega entre dos extraños, que solo quieren olvidarse un rato, entre brazos que se jalan, que se estremecen, entre piernas que se atan, que se amarran para poder contenerse, entre labios que se besan desenfrenadamente, entre dientes que se muerden la vida, entre mordidas que avivan la carne, que dejan la piel morada como uva, sangrando pasión, destilando aventura. Entre lenguas que lamen prudencia, diciendo las cosas más bellas, las más obscenas. Entre narices que inhalan algarabías de incontrolables deseos, de seguir, de desquitarse con el tiempo, en una noche que comenzó con una simple e inofensiva mirada, que nos invitaba a dejar el tedio entre los brazos de dos extraños. Sé que te traes algo entre manos. ¿Cómo lo sé? ¡Porque yo también lo estoy pensando! LeydisProse 7/5/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 5, 2017
Jul 5, 2017 at 2:23 PM UTC
AMANDO A UN EXTRAÑO
En el campanario retumban las campanas, las mujeres ya salen de la misa. Las gaviotas silvan por toda la ciudad, levantando la vista puedes ver su volar. Las bombas besaron el pueblo y el fuego; todo el fuego, abrazó a su gente, pero a ella, le arropó la tristeza. Vistió durante siete semanas el ***** siendo vista por las aceras. Fue el domingo a recoger margaritas al campo El viento mueve los trigos las luces de las ventanas de todas las ventanas Veo la oscuridad de sus casas. Las estrellas en la montaña dan fogonazos de colores violentos y los animales muerden si te acercas Dios le ha traicionado y por eso ya no reza Sangre roja y azul que corre por una pared blanca Y en la panadería ya no se habla solo suena una vieja guitarra en cada esquina, en cada cuneta Los olivos quemados de las ramas a la madera, las naranjas reposando en el suelo la pasearon por todo el pueblo para que de su pecado se arrepintiera Las mantillas y las lagrimas de aquel día santo de entre los escombros; su hermano le llamó y él no respondió, toda la mañana de aquel día santo intentó despertarlo. Ya ha llegado la primavera. La virgen sostiene un libro Alyssa y Thalia, dos ángeles preciosos escuchan la historia con atención, frutos de Dios, en cambio yo... La serpiente está dentro de la copa bebiendo de su vino embriagándose con sus palabras pasando cuatro lunas la vida que crecía, un baso lleno de lejía abrasando su esófago, el engaño y un cuadro pintado. Despierta el pueblo. La noche y el día. El cielo y el mar. Las plantas, la poesía. La luna, el Sol y las estrellas. Las aves en el cielo y los peces en el océano. Los animales y al hombre. El hombre y la poesía. Y el descenso.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:39 PM UTC
14. El Pueblo (Primavera)
En el campanario retumban las campanas, las mujeres ya salen de la misa. Las gaviotas silvan por toda la ciudad, levantando la vista puedes ver su volar. Las bombas besaron el pueblo y el fuego; todo el fuego, abrazó a su gente, pero a ella, le arropó la tristeza. Vistió durante siete semanas el ***** siendo vista por las aceras. Fue el domingo a recoger margaritas al campo El viento mueve los trigos las luces de las ventanas de todas las ventanas Veo la oscuridad de sus casas. Las estrellas en la montaña dan fogonazos de colores violentos y los animales muerden si te acercas Dios le ha traicionado y por eso ya no reza Sangre roja y azul que corre por una pared blanca Y en la panadería ya no se habla solo suena una vieja guitarra en cada esquina, en cada cuneta Los olivos quemados de las ramas a la madera, las naranjas reposando en el suelo la pasearon por todo el pueblo para que de su pecado se arrepintiera Las mantillas y las lagrimas de aquel día santo de entre los escombros; su hermano le llamó y él no respondió, toda la mañana de aquel día santo intentó despertarlo. Ya ha llegado la primavera. La virgen sostiene un libro Alyssa y Thalia, dos ángeles preciosos escuchan la historia con atención, frutos de Dios, en cambio yo... La serpiente está dentro de la copa bebiendo de su vino embriagándose con sus palabras pasando cuatro lunas la vida que crecía, un baso lleno de lejía abrasando su esófago, el engaño y un cuadro pintado. Despierta el pueblo. La noche y el día. El cielo y el mar. Las plantas, la poesía. La luna, el Sol y las estrellas. Las aves en el cielo y los peces en el océano. Los animales y al hombre. El hombre y la poesía. Y el descenso.
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No he buscado poder ni metal, mas viví en una marcha nupcial... Me parece que por amar tanto voy bebiendo una copa de espanto.Claroscuro de noche y de día; corazón y cabeza y hombría, los tres nudos que tiene mi ser a la buena y la mala mujer.En mi pecho feliz no hubo cosa de cristal, terracota o madera, que abrazada por mí, no tuvieramovimientos humanos de esposa. ¡Desdichado el que en la hora lunar en su lecho no huele azahar!Desposémonos con la sencilla avestruz, con la liebre y la ardilla.
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En mi pecho feliz