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"azulada" poems
Como uma gota de água se juntando formando um oceano, É a cor da esperança azulada desse mar perto dos teus seios, Nada diferente da saudade das noites loucas perto da água, Em que vivi momentos eternos para o meu coração, Não poderia nunca esquecer que aqueci meus anseios junto de ti, Acreditei na realização dos melhores sonhos perante o teu sorriso, O teu silêncio confortou-me sempre que precisava de paz e harmonia. A cor dos teus olhos igual à do meu coração nunca eu vou esquecer, Como não me esqueço das tuas mãos quentes agarrando o meu corpo, O teu suspiro suave mantendo-me quente e aconchegado nos teus braços. Se eu voltar a viver esses momentos para sempre recordar, Será ironia de um destino permanente e cada vez mais distante, Mas é essa a verdade que ficou, é difícil ocuparem o teu lugar, Também porque continua ocupado com as tuas coisas, O teu cheiro mantem-se impregnado em mim como se fosse hoje, O som das tuas palavras doces ficou nos meus ouvidos, E ainda hoje te ouço por vezes nos meus sonhos! Tudo acabou mal mas não muda a pessoa que tu és! És exactamente aquilo que te dizia tantas vezes ao ouvido! Coisas que só eu e tu sabemos e vamos recordando! Um desejo que estejas bem e guardes de mim boa lembrança! Se assim for nada que pudesse existir me deixaria mais feliz. Autor: António Benigno
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 5:01 AM UTC
Desejo chegar ao teu ouvido
Lentamente el ahogado recorre sus dominios Donde el silencio quita su apariencia a la vida. Transparentes llanuras inmóviles le ofrecen Árboles sin colores y pájaros callados. Las sombras indecisas alargándose tiemblan, Mas el viento no mueve sus alas irisadas; Si el ahogado sacude sus lívidos recuerdos, Halla un golpe de luz, la memoria del aire. Un vidrio denso tiembla delante de las cosas, Un vidrio que despierta formas color de olvido; Olvidos de tristeza, de un amor, de la vida, Ahogados como un cuerpo sin luz, sin aire, muerto. Delicados, con prisa, se insinúan apenas Vagos revuelos grises, encendiendo en el agua Reflejos de metal o aceros relucientes, Y su rumbo acuchilla las simétricas olas. Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos, Flores de luz quizá, o miradas tan bellas Como pudo el ahogado soñarlas una noche, Sin amor ni dolor, en su tumba infinita. A su fulgor el agua seducida se aquieta, Azulada sonrisa asomando en sus ondas. Sonrisas, oh miradas alegres de los labios; Miradas, oh sonrisas de la luz triunfante. Desdobla sus espejos la prisión delicada; Claridad sinuosa, errantes perspectivas. Perspectivas que rompe con su dolor ya muerto Ese pálido rostro que solemne aparece. Su insomnio maquinal el ahogado pasea. El silencio impasible sonríe en sus oídos. Inestable vacío sin alba ni crepúsculo, Monótona tristeza, emoción en ruinas. En plena mar al fin, sin rumbo, a toda vela; Hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre. Atravesar ligero como pájaro herido Ese cristal confuso, esas luces extrañas. Pálido entre las ondas cada vez más opacas El ahogado ligero se pierde ciegamente En el fondo nocturno como un astro apagado. Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre.
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Cuerpo en pena
Lentamente el ahogado recorre sus dominios Donde el silencio quita su apariencia a la vida. Transparentes llanuras inmóviles le ofrecen Árboles sin colores y pájaros callados. Las sombras indecisas alargándose tiemblan, Mas el viento no mueve sus alas irisadas; Si el ahogado sacude sus lívidos recuerdos, Halla un golpe de luz, la memoria del aire. Un vidrio denso tiembla delante de las cosas, Un vidrio que despierta formas color de olvido; Olvidos de tristeza, de un amor, de la vida, Ahogados como un cuerpo sin luz, sin aire, muerto. Delicados, con prisa, se insinúan apenas Vagos revuelos grises, encendiendo en el agua Reflejos de metal o aceros relucientes, Y su rumbo acuchilla las simétricas olas. Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos, Flores de luz quizá, o miradas tan bellas Como pudo el ahogado soñarlas una noche, Sin amor ni dolor, en su tumba infinita. A su fulgor el agua seducida se aquieta, Azulada sonrisa asomando en sus ondas. Sonrisas, oh miradas alegres de los labios; Miradas, oh sonrisas de la luz triunfante. Desdobla sus espejos la prisión delicada; Claridad sinuosa, errantes perspectivas. Perspectivas que rompe con su dolor ya muerto Ese pálido rostro que solemne aparece. Su insomnio maquinal el ahogado pasea. El silencio impasible sonríe en sus oídos. Inestable vacío sin alba ni crepúsculo, Monótona tristeza, emoción en ruinas. En plena mar al fin, sin rumbo, a toda vela; Hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre. Atravesar ligero como pájaro herido Ese cristal confuso, esas luces extrañas. Pálido entre las ondas cada vez más opacas El ahogado ligero se pierde ciegamente En el fondo nocturno como un astro apagado. Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre.
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Hubo tantas veces que casi me ahogué cuando era niño, durante lecciones de natación, fiestas de cumpleaños. Así, me da miedo aún bañarme en las piscinas, las playas, los lagos. Me da vergüenza enseñar al mundo mis escamas dolorosas, la piel que teme el calor de la arena, los rayos del sol como si fueran medusas que queman con sus besos. Es que mis heridas, debajo de cuyas cicatrices, siguen ardiendo... Quisiera que de agua yo fuera hecho. En Manila, cuando era estudiante universitaria, y tomaba el bus que por el boulevard Roxas pasaba, podía olvidar de mis problemas, del caos, solo con una mirada a la bahía. Y siempre me preguntaba, ¿podría ser que al mar le doliera su piel de agua? Me acuerdo de cuando en silencio sufría, contra ondas como orilla padecía: el abandono de un amigo a quien quería en secreto, padecía el rechazo de las obras que había escrito, padecía la soledad en esta cruel ciudad... en aquellos momentos pensé en caminar, con piedras pesadas en mis bolsillos y zapatos, despacio, despacio hacía el mar, hacía el fondo... para que por fin se cumpliese mi destino de morir en el agua y su abrazo... Pero a ella, nunca he aprendido odiarla. Y he llegado hasta mares gallegos, hasta Coruña y sus cristales, donde cada mañana le escribo canciones de amor y promesas al océano atlántico. Al agua, un día regresaré, un día en ella, me habré disuelto, sí, yo a mí mismo. Porque es mi destino, yo que llevo alma azulada, el alma de aquel pez anciano que se hizo humano. Cuando un día me pregunte, "¿de dónde vienes?" un amante gallego, le diré que tierra yo no tengo, le diré, "amor, mírame los ojos, su blancura viene de las espumas de los mares filipinos"... y la noche en que me bese los labios y luego la piel, le diré, "amor, sigue, porque las escamas ya no me duelen, ves que del agua ya estoy hecho, de los aguas quietas, ya estoy hecho..."
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Mar 11, 2023
Mar 11, 2023 at 9:31 AM UTC
A Coruña
Hubo tantas veces que casi me ahogué cuando era niño, durante lecciones de natación, fiestas de cumpleaños. Así, me da miedo aún bañarme en las piscinas, las playas, los lagos. Me da vergüenza enseñar al mundo mis escamas dolorosas, la piel que teme el calor de la arena, los rayos del sol como si fueran medusas que queman con sus besos. Es que mis heridas, debajo de cuyas cicatrices, siguen ardiendo... Quisiera que de agua yo fuera hecho. En Manila, cuando era estudiante universitaria, y tomaba el bus que por el boulevard Roxas pasaba, podía olvidar de mis problemas, del caos, solo con una mirada a la bahía. Y siempre me preguntaba, ¿podría ser que al mar le doliera su piel de agua? Me acuerdo de cuando en silencio sufría, contra ondas como orilla padecía: el abandono de un amigo a quien quería en secreto, padecía el rechazo de las obras que había escrito, padecía la soledad en esta cruel ciudad... en aquellos momentos pensé en caminar, con piedras pesadas en mis bolsillos y zapatos, despacio, despacio hacía el mar, hacía el fondo... para que por fin se cumpliese mi destino de morir en el agua y su abrazo... Pero a ella, nunca he aprendido odiarla. Y he llegado hasta mares gallegos, hasta Coruña y sus cristales, donde cada mañana le escribo canciones de amor y promesas al océano atlántico. Al agua, un día regresaré, un día en ella, me habré disuelto, sí, yo a mí mismo. Porque es mi destino, yo que llevo alma azulada, el alma de aquel pez anciano que se hizo humano. Cuando un día me pregunte, "¿de dónde vienes?" un amante gallego, le diré que tierra yo no tengo, le diré, "amor, mírame los ojos, su blancura viene de las espumas de los mares filipinos"... y la noche en que me bese los labios y luego la piel, le diré, "amor, sigue, porque las escamas ya no me duelen, ves que del agua ya estoy hecho, de los aguas quietas, ya estoy hecho..."
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Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Elogio de la seguidilla
Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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¡Qué hermoso es ver el día coronado de fuego levantarse, y, a su beso de lumbre, brillar las olas y encenderse el aire! ¡Qué hermoso es tras la lluvia del triste otoño en la azulada tarde, de las húmedas flores el perfume aspirar hasta saciarse! ¡Qué hermoso es cuando en copos la blanca nieve silenciosa cae, de las inquietas llamas ver las rojizas lenguas agitarse! Qué hermoso es cuando hay sueño, dormir bien... y roncar como un sochantre y comer... y engordar...  ¡y qué desgracia que esto sólo no baste!.
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Rima lxvii
Una luz azulada Por el llano y los árboles se extiende.                   Va al redil la vacada, Y una estrella, entre nubes asomada, Con un fulgor azul radiosa esplende.                   De un sonrosado esmalte Se ve la cima del poniente orlada, Y del sol la postrera llamarada Hace que el cielo más azul resalte. La tarde, azul... Y entre el azul risueño                   Del campo y de la altura,                   Flotar parece languidez de ensueño                   En el silencio azul de la llanura.
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El bajo magdalena
Con tu hímnica espada de diamantes, derrótame al dragón, fuego y azufre, redime al ser de mieles que le sufre, no desampares, fiel, alucinantes de azúcar, azucenas, ámbar tierno en azulada costa, amable vida. Defiéndeme, mi azor. estío, invierno, noches de cyclamor y amanecida, con tu yermo de ámbar, y el escudo lapislázuli claro, cielo al pecho. Combáteme, oh mi azor, a trasgo impuro y a hechiceras sin leyes ni derecho. Signo tienes del ángel, en tu muro y en sustancia de arcángel estás hecho.
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Signo tienes del ángel
En el asilo de las almas trastornadas Espera el Dr. de piel fría y azulada Hijo de cíclope y algún demonio de mar Sabe que piensas y te encontrara Lleva consigo un cabeza reducida Por si su ojo no es capaz La cabeza diminuta gritara Si tu alma esta atormentada el lo sabra Dice que es doctor Pero yo creo que es carnicero Carnivoro, como ave rapaz Le falta cuerda Le fala almorzar Yo preferiría morir Antes que volverlo a soñar.
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Dec 31, 2017
Dec 31, 2017 at 1:14 AM UTC
Quirófano del Dr. de un solo ojo
¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura!   ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar!   En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento;   en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca;   asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia, a traición, ¡siempre tú!           Guiomar, Guiomar, mírarne en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.   Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.   Escribiré en tu abanico: te quiero para olvidarte, para quererte te olvido.   Te abanicarás con un madrigal que diga: en amor el olvido pone la sal.   Te pintaré solitaria en la urna imaginaria de un daguerrotipo viejo, o en el fondo de un espejo, viva y quieta, olvidando a tu poeta.   Y te enviaré mi canción: «Se canta lo que se pierde», con un papagayo verde que la diga en tu balcón.   Que apenas si de amor el ascua humea sabe el poeta que la voz engola y, barato cantor, se pavonea con su pesar o enluta su viola; y que si amor da su destello, sola la pura estrofa suena, fuente de monte, anónima y serena. Bajo el azul olvido, nada canta, ni tu nombre ni el mío, el agua santa. Sombra no tiene de su turbia escoria limpio metal; el verso del poeta lleva el ansia de amor que lo engendrara como lleva el diamante sin memoria -frío diamante- el fuego del planeta trocado en luz, en una joya clara...   Abre el rosal de la carroña horrible su olvido en flor, y extraña mariposa, jalde y carmín, de vuelo imprevisible, salir se ve del fondo de una fosa. Con el terror de víbora encelada, junto al lagarto frío, con el absorto sapo en la azulada libélula que vuela sobre el río, con los montes de plomo y de ceniza, sobre los rubios agros que el sol de mayo hechiza, se ha abierto un abanico de milagros -el ángel del poema lo ha querido- en la mano creadora del olvido...
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Otras canciones a guiomar
¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura!   ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar!   En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento;   en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca;   asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia, a traición, ¡siempre tú!           Guiomar, Guiomar, mírarne en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.   Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.   Escribiré en tu abanico: te quiero para olvidarte, para quererte te olvido.   Te abanicarás con un madrigal que diga: en amor el olvido pone la sal.   Te pintaré solitaria en la urna imaginaria de un daguerrotipo viejo, o en el fondo de un espejo, viva y quieta, olvidando a tu poeta.   Y te enviaré mi canción: «Se canta lo que se pierde», con un papagayo verde que la diga en tu balcón.   Que apenas si de amor el ascua humea sabe el poeta que la voz engola y, barato cantor, se pavonea con su pesar o enluta su viola; y que si amor da su destello, sola la pura estrofa suena, fuente de monte, anónima y serena. Bajo el azul olvido, nada canta, ni tu nombre ni el mío, el agua santa. Sombra no tiene de su turbia escoria limpio metal; el verso del poeta lleva el ansia de amor que lo engendrara como lleva el diamante sin memoria -frío diamante- el fuego del planeta trocado en luz, en una joya clara...   Abre el rosal de la carroña horrible su olvido en flor, y extraña mariposa, jalde y carmín, de vuelo imprevisible, salir se ve del fondo de una fosa. Con el terror de víbora encelada, junto al lagarto frío, con el absorto sapo en la azulada libélula que vuela sobre el río, con los montes de plomo y de ceniza, sobre los rubios agros que el sol de mayo hechiza, se ha abierto un abanico de milagros -el ángel del poema lo ha querido- en la mano creadora del olvido...
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¿Que como soy yo? soy un arenal de ilusiones soy un arcoíris de sensaciones cautiva de las pasiones de amores con brillosos colores busco en cada beso los sabores del tiempo en cada abrazo sentir el universo en cada roce bañarme en deseo con un espíritu verde y esperanzado con una mirada azulada llena de la misma nostalgia que viste la luna. ¿Que como soy yo? Un remolino de gozo Labios con sabor a uva A vino sabe mi saliva Embriagador es mi roce. Soy mansa y arisca soy sumisa y altiva soy torpe y a veces erudita soy calladamente bullosa me rio de mi misma invento canciones sin rimas hablo con las plantas absorbo y emito luz al mismo tiempo lloro hasta los anuncios la luna y el sol son mis ídolos las estrellas las modelos a las que imito el cielo es mi guía de ensueño me paso hablando con Dios el día entero detesto las injusticias a veces tan mujer a veces tan niña ¿Que como soy? Soy una enciclopedia romántica, una antología de emociones místicas, me encanta las largas platicas, no puedo ser plástica, me envuelve el aroma de un hombre inteligente, me enamora la vida la esperanza la gente que se avienta y ¡un verso dicho con miel en los labios! LeydisProse 8/15/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Aug 18, 2017
Aug 18, 2017 at 11:13 AM UTC
¿Que como soy yo?
El palacio es de mármol, y en pie en la escalinata, Hablan viejos patricios que retrató Ticiano, Y sus gruesos collares, obra de experta mano, Realzan de los trajes el color escarlata. La azul laguna, lejos sus espumas dilata, Y contemplan con ojos de orgullo soberano, Bajo la luz radiante del cielo veneciano, Del Adriático el brillo con cambiantes de plata. Y mientras oro y púrpura van en fúlgida hilera Arrastrando los nobles por la blanca escalera Que al sol, una azulada claridad tornasola, Una dama, de pronto, indolente y altiva, En nube de brocados volviéndose furtiva, Le sonríe al negrillo que le lleva la cola.
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La dogaresa