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"avenidas" poems
Madrid quedó vacía sólo estamos los otros y por eso se siente la presencia de las plazas los jardines y fuentes los parques y glorietas como siempre en verano madrid se ha convertido en una calma unánime pero agradece nuestra permanencia a contrapelo de los más es un agosto de eclosión privada sin mercaderes ni paraguas sin comitivas ni mitines en ningún otro mes del larguísimo año existe enlace tan sutil entre la poderosa metrópoli y nosotros pecadores afortunadamente los árboles han vuelto a ser protagonistas del aire gratuito como antes cuando los ecologistas no eran todavía imprescindibles también los pájaros disfrutan ala batiente de una urbe que inesperadamente se transforma en vivible y volable los madrileños han huido a la montaña y a marbella a ciudadela y benidorm a formentor y tenerife y nos entregan sin malicia a los otros que ahora por fin somos nosotros un madrid sorprendente casi vacante       despejado limpio de hollín y disponible en él andamos como dueños tercermundistas del arrobo en solidarias pulcras avenidas sudando con unción la gota gorda el verano no es tiempo de fragor sino de verde tregua empalagados del rencor insomne estamos como nunca dispuestos a la paz en el rato estival la historia se detiene y todos descubrimos una vida postiza pero cuando el asueto se termine volverán a sonar las bocinas los gritos las sirenas los mueras y los vivas bombas y zambombazos y las dulces metódicas campanas durante tres fecundas estaciones nadie se acordará de pájaros y árboles
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Pausa de agosto
Madrid quedó vacía sólo estamos los otros y por eso se siente la presencia de las plazas los jardines y fuentes los parques y glorietas como siempre en verano madrid se ha convertido en una calma unánime pero agradece nuestra permanencia a contrapelo de los más es un agosto de eclosión privada sin mercaderes ni paraguas sin comitivas ni mitines en ningún otro mes del larguísimo año existe enlace tan sutil entre la poderosa metrópoli y nosotros pecadores afortunadamente los árboles han vuelto a ser protagonistas del aire gratuito como antes cuando los ecologistas no eran todavía imprescindibles también los pájaros disfrutan ala batiente de una urbe que inesperadamente se transforma en vivible y volable los madrileños han huido a la montaña y a marbella a ciudadela y benidorm a formentor y tenerife y nos entregan sin malicia a los otros que ahora por fin somos nosotros un madrid sorprendente casi vacante       despejado limpio de hollín y disponible en él andamos como dueños tercermundistas del arrobo en solidarias pulcras avenidas sudando con unción la gota gorda el verano no es tiempo de fragor sino de verde tregua empalagados del rencor insomne estamos como nunca dispuestos a la paz en el rato estival la historia se detiene y todos descubrimos una vida postiza pero cuando el asueto se termine volverán a sonar las bocinas los gritos las sirenas los mueras y los vivas bombas y zambombazos y las dulces metódicas campanas durante tres fecundas estaciones nadie se acordará de pájaros y árboles
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Femenina, pero sin excesos, que fluya la luz de sus ojos pero sin apagar los neones de MONSANTO, luz biodegradable pero agradable al tacto. Libre y Natural, como un sombrero. Mezcla sutil de lana y jacquard. Silueta relajada a la altura del ***** como una virgen romana, y un concierto de colores húmedos según va cayendo la tarde Muy casual a partir de los labios y un lindo ABCdario entre las piernas. Transmisión sin pausa, dejando un eco al volver a casa, sin caer en brazos de una sonrisa armada hasta los dientes. El color blanco es su aliado y los pájaros pintados en el jardín de sus sueños, en las manos, la imprescindible lencería de una imaginación sin prisas, y la siempre impredecible pasión en su fresquito pequeño, aroma a alba con un poco de opio en los cristales. Un look de muerte para terminar con el ideal de hombre, todo sin dejar de ofrecer la cara oculta de su luna, un poco descabellada al caminar por el Mercado dejando claro que su hogar no se marchita. El éxito como una póliza de seguros guardado a la altura de su láctea paradoja. Y de vez en vez mostrar la plantación de flores cultivadas por la maniquí secreta que en ASIA o en los fiordos del alma, arde. Sin dejar oír nunca un si te quiero que no sea el fru fru de su trastienda, seda y sede de coral ***** y una navajita para degollar pecado como peces sin dejar de ser sofisticada con los dedos y una delicadez a prueba de balas. Es lo que se va llevar en las Avenidas de este Otoño. Y un cielo en rama para amar un poco.
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Sep 15, 2014
Sep 15, 2014 at 11:12 AM UTC
VUELVE LA MUJER AUTENTICA (titulo de un articulo sobre la moda)
Femenina, pero sin excesos, que fluya la luz de sus ojos pero sin apagar los neones de MONSANTO, luz biodegradable pero agradable al tacto. Libre y Natural, como un sombrero. Mezcla sutil de lana y jacquard. Silueta relajada a la altura del ***** como una virgen romana, y un concierto de colores húmedos según va cayendo la tarde Muy casual a partir de los labios y un lindo ABCdario entre las piernas. Transmisión sin pausa, dejando un eco al volver a casa, sin caer en brazos de una sonrisa armada hasta los dientes. El color blanco es su aliado y los pájaros pintados en el jardín de sus sueños, en las manos, la imprescindible lencería de una imaginación sin prisas, y la siempre impredecible pasión en su fresquito pequeño, aroma a alba con un poco de opio en los cristales. Un look de muerte para terminar con el ideal de hombre, todo sin dejar de ofrecer la cara oculta de su luna, un poco descabellada al caminar por el Mercado dejando claro que su hogar no se marchita. El éxito como una póliza de seguros guardado a la altura de su láctea paradoja. Y de vez en vez mostrar la plantación de flores cultivadas por la maniquí secreta que en ASIA o en los fiordos del alma, arde. Sin dejar oír nunca un si te quiero que no sea el fru fru de su trastienda, seda y sede de coral ***** y una navajita para degollar pecado como peces sin dejar de ser sofisticada con los dedos y una delicadez a prueba de balas. Es lo que se va llevar en las Avenidas de este Otoño. Y un cielo en rama para amar un poco.
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Amigo, llévate lo que tú quieras, penetra tu mirada en los rincones, y si así lo deseas yo te doy mi alma entera con sus blancas avenidas y sus canciones.Amigo -con la tarde haz que se vaya este inútil y viejo deseo de vencer, Bebe en mi cántaro si tienes sed. Amigo -con la tarde haz que se vaya este deseo mío de que todo rosal me pertenezca,                           Amigo, si tienes hambre come de mi pan.Todo, amigo, lo he hecho para ti. Todo esto que sin mirar verás en mi estancia desnuda: todo esto que se eleva por los muros derechos -como mi corazón- siempre buscando altura. Te sonríes -amigo... ¡Qué importa! Nadie sabe entregar en las manos lo que se esconde adentro, pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves, y todo te lo doy... Menos aquel recuerdo... ...Que en mi heredad vacía aquel amor perdido, es una rosa blanca, que se abre en silencio...
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Amigo
Tegucigalpa, orquídea marchita, de suelos polutos por plata y sangre, cosecha de sueños abortados y maltrechos, irrigados por los cauces desbordantes de ríos negros. Tegucigalpa, ciudad de esquinas opuestas y avenidas perforadas por el tiempo. Urbe de aceras estrechas y de violencia que deambula. Tegucigalpa, narcisista sedentaria, que cada día se enamora ante el espejo de su cielo, que cada noche duerme en una cuna de cerros. Tegucigalpa escandalosa y bulliciosa, de estruendos que arrullan y susurros que matan. Tegucigalpa, te veo y una tristeza me asalta, entre tus calles coagula un caudal escarlata. Tegucigalpa, te sueño y el corazón me resalta, ante el recuerdo perdido de tu pasado esmeralda.
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Aug 10, 2022
Aug 10, 2022 at 3:07 AM UTC
Tegucigalpa
Me has dicho que lloras casi todas las noches, en este invierno húmedo de Lima, que miras a la luna, su contorno blanquecino; que sueltas preguntas a una ciudad de cartón, y que no hay más respuesta que el silencio y el ruido de los carros. La ciudad nos abre su bocaza, y nos traga. Caminamos por ella, por sus largas avenidas, respirando el humo y el hedor cálido de las esquinas. Y sé que mi tiempo ha llegado, que fundiremos sangre y saliva en este triste y gris cielo de la ciudad de Lima… y que su sombra implacable se comerá nuestros pasos, y que la memoria nos arrojará a alguna calle que se muere, donde el hijo olvidado de la ciudad nos sonríe. Y que a pesar de la distancia, a pesar de los fantasmas, del cansancio y del miedo, a pesar de ti y de mí, aquí estaré, esperando, todo el tiempo que haya que esperar.
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Jul 15, 2016
Jul 15, 2016 at 2:19 PM UTC
Cry
I No intervalo do incessante Para lá do perceptível emaranhado numa zona incerta quando a noite é mais de trevas E um quarto bem estreito é exageradamente infindo ora ali o oniromante De outrora letargo de outro nome alcunhado que agora desperto aprende a dormir recônditos respiros rebuliços arredores vasos sanguíneos coléricas vozes vislumbra o enfermo sem remédio sem cura Um quadro preto um naufrágio II Jaz adormecido em cama de pedras com colcha de espinhos Lá dentro avenidas movimentadas sussurram verdades cheias de  agudos ângulos, retos, obtusos com vértices nas curvas semicirculares Um rompante inaudível turbilhões de incertezas de vozes cegas emergindo da fresta tenebrosa que brilha o **** cobiçado de seios de coxas de longos cabelos loiros de pele negra de pele vermelha de pele amarela peles tão alvas quanto a neve Uma avalanche de inseguranças Correntes de ferro enferrujadas que rasgam a carne com tétano e o sangue escorre num rio plácido repleto de peixes e tartarugas de ondinas e sereias onde banham as musas que cantam o canto de Morfeu como eólia lira que entorpece e inspira o oniromante que ali adormeceu III No sonho de um sonho há um sonho esquecido guardado a sete fechos no fundo inflexível de imagens arquetípicas de desejos obscuros de visões aterradoras de um jovem bem febril devagar vai adentrando nessa estranha entrelinha qual razão do desconexo desconstrói o findo dia tenazes vozes em seus ouvidos reproduzidas como brados brotam atroadas de estrondosas trovejadas Neste tempo sem um tempo há tempos transcorrido inesperados fragmentos reprimidos e esquecidos Por frações de um instante trafegando entre a memória dos dias das noites do futuro do passado e das histórias Clareiam-se como cruz como carga no caminho Cultuando a culpa a luz jaz oculta na cova deslembrada Estreitos fios a lumiar o teto escuro tomam forma entrelaçada da aurora Rompe o limiar do céu noturno E abre os olhos pra não perder a hora �
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Dec 26, 2016
Dec 26, 2016 at 5:59 AM UTC
Alucinações Hipnagógicas
I No intervalo do incessante Para lá do perceptível emaranhado numa zona incerta quando a noite é mais de trevas E um quarto bem estreito é exageradamente infindo ora ali o oniromante De outrora letargo de outro nome alcunhado que agora desperto aprende a dormir recônditos respiros rebuliços arredores vasos sanguíneos coléricas vozes vislumbra o enfermo sem remédio sem cura Um quadro preto um naufrágio II Jaz adormecido em cama de pedras com colcha de espinhos Lá dentro avenidas movimentadas sussurram verdades cheias de  agudos ângulos, retos, obtusos com vértices nas curvas semicirculares Um rompante inaudível turbilhões de incertezas de vozes cegas emergindo da fresta tenebrosa que brilha o **** cobiçado de seios de coxas de longos cabelos loiros de pele negra de pele vermelha de pele amarela peles tão alvas quanto a neve Uma avalanche de inseguranças Correntes de ferro enferrujadas que rasgam a carne com tétano e o sangue escorre num rio plácido repleto de peixes e tartarugas de ondinas e sereias onde banham as musas que cantam o canto de Morfeu como eólia lira que entorpece e inspira o oniromante que ali adormeceu III No sonho de um sonho há um sonho esquecido guardado a sete fechos no fundo inflexível de imagens arquetípicas de desejos obscuros de visões aterradoras de um jovem bem febril devagar vai adentrando nessa estranha entrelinha qual razão do desconexo desconstrói o findo dia tenazes vozes em seus ouvidos reproduzidas como brados brotam atroadas de estrondosas trovejadas Neste tempo sem um tempo há tempos transcorrido inesperados fragmentos reprimidos e esquecidos Por frações de um instante trafegando entre a memória dos dias das noites do futuro do passado e das histórias Clareiam-se como cruz como carga no caminho Cultuando a culpa a luz jaz oculta na cova deslembrada Estreitos fios a lumiar o teto escuro tomam forma entrelaçada da aurora Rompe o limiar do céu noturno E abre os olhos pra não perder a hora �
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¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas. Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos. Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez. Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido. ¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí! Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias. ¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
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Hallazgo de la vida
¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas. Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos. Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez. Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido. ¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí! Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias. ¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
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Ya la provincia toda reconcentra a sus sanas hijas en las caducas avenidas, y Rut y Rebeca proclaman la novedad campestre de sus nucas. Las pobres desterradas de Morelia y Toluca, de Durango y San Luis, aroman la Metrópoli como granos de anís. La parvada maltrecha de alondras, cae aquí con el esfuerzo fragante de las gotas de un arbusto batido por el cierzo. Improvisan su tienda para medir, cuadrantes pesarosos, la ruina de su paz y de su hacienda. Ellas, las que soñaban perdidas en los vastos aposentos, duermen en hospedajes avarientos. Propietarios de huertos y de huertas copiosas, regatean las frutas y las rosas. Con sus modas pasadas y sus luengos zarcillos y su mirar somero, inmútanse a los brillos de los escaparates de un joyero. Y después, a evocar la sandía tropa de pavos, y su susto manifiesto cuando bajaban por aquel recuesto... ¡Oh siestas regalonas, melindre ante la jícara que humea, soponcio ante la recua intempestiva que tumba las macetas de las pardas casonas; lotería de nueces, y Tenorio que flecha el historiado postigo de las rejas antañonas! Paso junto a las lentas fugitivas: no saben en su desgarbo airoso y en su activo quietismo, la derretida y pura compensación que logra su ostracismo sobre mi pecho, para ellas holgadamente hospitalario, aprensivo y munificente. Yo os acojo, anónimas y lentas desterradas, como si a mí viniese la lúcida familia de las hadas, porque oléis al opíparo destino y al exaltado fuero de los calabazates que sazona el resol del Adviento, en la cornisa recoleta y poltrona.
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Las desterradas
Ya la provincia toda reconcentra a sus sanas hijas en las caducas avenidas, y Rut y Rebeca proclaman la novedad campestre de sus nucas. Las pobres desterradas de Morelia y Toluca, de Durango y San Luis, aroman la Metrópoli como granos de anís. La parvada maltrecha de alondras, cae aquí con el esfuerzo fragante de las gotas de un arbusto batido por el cierzo. Improvisan su tienda para medir, cuadrantes pesarosos, la ruina de su paz y de su hacienda. Ellas, las que soñaban perdidas en los vastos aposentos, duermen en hospedajes avarientos. Propietarios de huertos y de huertas copiosas, regatean las frutas y las rosas. Con sus modas pasadas y sus luengos zarcillos y su mirar somero, inmútanse a los brillos de los escaparates de un joyero. Y después, a evocar la sandía tropa de pavos, y su susto manifiesto cuando bajaban por aquel recuesto... ¡Oh siestas regalonas, melindre ante la jícara que humea, soponcio ante la recua intempestiva que tumba las macetas de las pardas casonas; lotería de nueces, y Tenorio que flecha el historiado postigo de las rejas antañonas! Paso junto a las lentas fugitivas: no saben en su desgarbo airoso y en su activo quietismo, la derretida y pura compensación que logra su ostracismo sobre mi pecho, para ellas holgadamente hospitalario, aprensivo y munificente. Yo os acojo, anónimas y lentas desterradas, como si a mí viniese la lúcida familia de las hadas, porque oléis al opíparo destino y al exaltado fuero de los calabazates que sazona el resol del Adviento, en la cornisa recoleta y poltrona.
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Sacude las épicas eras un loco viento festival.                           Ah yeguayeguaa!... Como un botón en primavera se abre un relincho de cristal. Revienta la espiga gallarda bajo las patas vigorosas.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Por aumentar la zalagarda trillarían las mariposas! Maduros trigos amarillos, campos expertos en donar.                           Ah yeguayeguaa!... Hombres de corazón sencillo. ¿Qué más podemos esperar? Éste es el fruto de tu ciencia, varón de la mano callosa.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Sólo por falta de paciencia las copihueras no dan rosas! Sol que cayó a racimos sobre el llano, ámbar del sol, quiero adorarte en todo: en el oro del trigo y de las manos que lo hicieran gavillas y recodos. Ámbar del sol, quiero divinizarte en la flor, en el grano y en el vino. Amor sólo me alcanza para amarte: ¡para divinizarte, hazme divino! Que la tierra florezca en mis acciones como en el jugo de oro de las viñas, que perfume el dolor de mis canciones como un fruto olvidado en la campiña. Que trascienda mi carne a sembradura ávida de brotar por todas partes, que mis arterias lleven agua pura, ¡agua que canta cuando se reparte! Yo quiero estar desnudo en las gavillas, pisado por los cascos enemigos, yo quiero abrirme y entregar semillas de pan, ¡yo quiero ser de tierra y trigo! Yo di licores rojos y dolientes cuando trilló el Amor mis avenidas: ahora daré licores de vertiente y aromaré los valles con mi herida. Campo, dame tus aguas y tus rocas, entiérrame en tus surcos, o recoge mi vida en las canciones de tu boca como un grano de trigo de tus trojes... Dulcifica mis labios con tus mieles, ¡campo de recónditos panales! Perfúmame a manzanas y laureles, desgráname en los últimos trigales... Lléname el corazón de cascabeles, ¡campo de los lebreles pastorales! Rechinan por las carreteras los carros de vientres fecundos.                           Ah yeguayeguaa!... ¡La llamarada de las eras es la cabellera del mundo! Va un grito de bronce removiendo las bestias que trillan sin tregua en un remolino tremendo...                           Ah yeguayeguaa!...
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Sinfonía de la trilla
Sacude las épicas eras un loco viento festival.                           Ah yeguayeguaa!... Como un botón en primavera se abre un relincho de cristal. Revienta la espiga gallarda bajo las patas vigorosas.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Por aumentar la zalagarda trillarían las mariposas! Maduros trigos amarillos, campos expertos en donar.                           Ah yeguayeguaa!... Hombres de corazón sencillo. ¿Qué más podemos esperar? Éste es el fruto de tu ciencia, varón de la mano callosa.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Sólo por falta de paciencia las copihueras no dan rosas! Sol que cayó a racimos sobre el llano, ámbar del sol, quiero adorarte en todo: en el oro del trigo y de las manos que lo hicieran gavillas y recodos. Ámbar del sol, quiero divinizarte en la flor, en el grano y en el vino. Amor sólo me alcanza para amarte: ¡para divinizarte, hazme divino! Que la tierra florezca en mis acciones como en el jugo de oro de las viñas, que perfume el dolor de mis canciones como un fruto olvidado en la campiña. Que trascienda mi carne a sembradura ávida de brotar por todas partes, que mis arterias lleven agua pura, ¡agua que canta cuando se reparte! Yo quiero estar desnudo en las gavillas, pisado por los cascos enemigos, yo quiero abrirme y entregar semillas de pan, ¡yo quiero ser de tierra y trigo! Yo di licores rojos y dolientes cuando trilló el Amor mis avenidas: ahora daré licores de vertiente y aromaré los valles con mi herida. Campo, dame tus aguas y tus rocas, entiérrame en tus surcos, o recoge mi vida en las canciones de tu boca como un grano de trigo de tus trojes... Dulcifica mis labios con tus mieles, ¡campo de recónditos panales! Perfúmame a manzanas y laureles, desgráname en los últimos trigales... Lléname el corazón de cascabeles, ¡campo de los lebreles pastorales! Rechinan por las carreteras los carros de vientres fecundos.                           Ah yeguayeguaa!... ¡La llamarada de las eras es la cabellera del mundo! Va un grito de bronce removiendo las bestias que trillan sin tregua en un remolino tremendo...                           Ah yeguayeguaa!...
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Semáforo del tiempo dónde se reflejan matices de esperanza e ilusiones trasnochadas. El zumbido de la manecilla hace eco en cada pensamiento. La inquieta corneta irrumpe el transcurso del tiempo. Allí se vive un desafío entre la realidad y la utópica fantasía. Sumergido entre recuerdos de lunas pasadas y el brío de inciertos caminos. En el semáforo del tiempo, inmortales rotondas surcan las avenidas del presente con los andamios del pasado. Semáforo del tiempo devuélveme las noches de bohemia, dónde la barahúnda terrenal no erradique mis pensamientos. Semáforo del tiempo permíteme renacer al compás del viento. ©MartinDAngelus
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Nov 17, 2018
Nov 17, 2018 at 4:06 PM UTC
Semáforo del Tiempo