"arrebol" poems
El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.
Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.
El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.
Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras...
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!
Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.
El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de Las Mil y una Noches; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.
El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.
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Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.
Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.
Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.
Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.
Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.
La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.
Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.
1.7k
Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.
¿De qué sirve presumir,
rosal, de buen parecer,
si aun no acabas de nacer
cuando empiezas a morir?
Hace llorar y reír
vivo y muerto tu arrebol
en un dia o en un sol:
desde el Oriente al ocaso
va tu hermosura en un paso,
y en menos tu perfección.
Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.
No es muy grande la ventaja
que tu calidad mejora:
si es tus mantillas la aurora,
es la noche tu mortaja.
No hay florecilla tan baja
que no te alcance de días,
y de tus caballerías,
por descendiente de la alba,
se está rïendo la malva,
cabellera de un terrón.
Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.
1.5k
¿Se va la poesía de las cosas
o no la puede condensar mi vida?
Ayer -mirando el último crepúsculo-
yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.
Las ciudades -hollines y venganzas-,
la cochinada gris de los suburbios,
la oficina que encorva las espaldas,
el jefe de ojos turbios.
Sangre de un arrebol sobre los cerros,
sangre sobre las calles y las plazas,
dolor de corazones rotos,
podre de hastíos y de lágrimas.
Un río abraza el arrabal
como una mano helada que tienta en las tinieblas:
sobre sus aguas se avergüenzan
de verse las estrellas.
Y las casas que esconden los deseos
detrás de las ventanas luminosas,
mientras afuera el viento
lleva un poco de barro a cada rosa.
Lejos... la bruma de las olvidanzas
-humos espesos, tajamares rotos-,
y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
los bueyes y los hombres sudorosos.
Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
mordiendo solo todas las tristezas,
como si el llanto fuera una semilla
y yo el único surco de la tierra.
1.3k
Poco a poco declina el padre sol
concediendo su último beso cálido
a los altos y vetustos tejados,
o al iluminado arrebol.
Es el término de un día cualquiera
las personas rebuscan el descanso,
riachuelos se acogen en los remansos,
los animales, en sus madrigueras.
Es el suceder de lo cotidiano
cuando repetimos nuestras acciones
atando fantasías y pasiones
para poder ser buenos ciudadanos.
Así cuando lleguen las sombras
el hombre pretenderá haber cumplido
y saber cuánto vale lo que cobra.
Jorge Gómez A.
Jul 18, 2012
Jul 18, 2012 at 8:21 AM UTC
Mañanita de San Juan, mañanita de primor,
cuando damas y galanes van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora, entre todas la mejor;
viste saya sobre saya, mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca, un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia, y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro, en el credo se perdió;
el abad que dice misa, ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan, no aciertan responder, non,
por decir amén, amén, decían amor, amor.
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"El agua toma siempre la forma de los vasos
que la contienen", dicen las ciencias que mis pasos
atisban y pretenden analizarme en vano;
yo soy la resignada por excelencia, hermano.
¿No ves que a cada instante mi forma se aniquila?
Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila;
hoy soy, en vaso esférico, redonda; ayer, apenas,
me mostraba cilíndrica en las ánforas plenas,
y así pitagorizo mi ser, hora tras hora;
hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora,
todo lo soy, y a todo me pliego en cuanto cabe.
¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe!
¿Por qué tú te rebelas? ¿Por qué
tú ánimo agitas?
¡Tonto! ¡Si comprendieras las dichas infinitas
de plegarse a los fines del Señor que nos rige!
¿Qué quieres? ¿Por qué sufres?
¿Qué sueñas? ¿Qué te aflige?
¡Imaginaciones que se extinguen en cuanto
aparecen...! ¡En cambio, yo canto, canto, canto!
Canto, mientras tu penas, la voluntad ignota;
canto cuando soy chorro, canto cuando soy gota,
y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos,
murmuro: -¡Que se cumpla la santa ley de Dios!
¿Por qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua?
¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua;
sé como el agua, llena de oblación y heroísmo,
sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo;
sé como el agua, dócil a la ley infinita,
que reza en las iglesias en donde está bendita,
y en el estanque arrulla meciendo la piragua.
¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua;
lleva cantando el traje de que el Señor te viste,
y no estés triste nunca, que es pecado estar triste.
Deja que en ti se cumplan los fines de la vida:
sé declive, no roca; transfórmate y anida
donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos,
murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios!
Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro
de bienes: si eres bruma, serás bruma de oro;
si eres nube, la tarde te dará su arrebol;
si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol;
tendrán filetes de ámbar tus ondas, si laguna
eres, y si océano, te plateará la luna.
Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada,
y una crencha de arco-iris en flor, si eres cascada.
Así me dijo el Agua con místico reproche,
Y yo, rendido al santo consejo de la Maga,
Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche,
Clamé con el Apóstol: -Señor, ¿qué
quieres que haga?
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Para no discontinuar
la corriente de sucesos
doy cuenta de mi hoy y del momento
busco una imagen en el mar
desprovista de lamentos
un cirio unos ojos que perdí
en un torrente de emociones
cuando todo estaba por pasar
y el tiempo estaba puesto de perfil
sueños en tu piel de amaneceres.
En este ahora en que solo tengo tu nombre
uno que no puedes ver aún
prendido entre mis manos
que atesoran un Azul
en este tiempo sucedáneo
en fin que en consecuencia y conclusión
ahogado en emociones de arrebol
libre y soberano yo te amo ...
Jorge Neira
Jun 21, 2015
Jun 21, 2015 at 3:41 PM UTC
El traje blanco, dorado el pelo,
La tez nevada de un serafín,
Ojos azules color de cielo,
Labios cual mirtos que besa abril.
Dos breves años contando apenas,
Dormida al dulce sol maternal
Como se aduermen las azucenas
Al fresco borde dei manantial.
¡Botón de rosa de Alejandría!
¡Capullo blanco de un alhelí!
¡Qué linda estabas en aquel día
La vez primera que yo te vi!
En tu tez blanca frescura y brillo,
En tus sonrisas bondad y unción,
Eras el ángel que ideó Murillo
En su madona de «La Asunción».
Así en aquellas tierras lejanas
Miré entreabrirse tu vida en flor;
¡Yo estaba entonces sin estas canas
Que son corona de mi dolor!
Tus padres, locos con tus hechizos,
Eran felices al verte así;
Ojos azules, dorados rizos,
¡Cuánto ha pasado desde que os vi!
¡Cómo han volado los breves años!
¡Mira cual vengo con mi laúd!
¡Triste y enfermo de desengaños
A tus altares de juventud!
Ufana irradias gracia y belleza;
Eres del alba vivo arrebol;
Yo soy la noche de la tristeza
¿Cuándo ha cantado la noche al sol?
Más que tus ojos, dulces y bellos,
Es bello y dulce tu porvenir;
¡Tus ojos dicen con sus destellos
Que no has nacido para sufrir!
Te dan tus padres cual rica herencia
Virtud, pureza, talento y fe;
No tiene el campo de tu existencia
Zarzas que aleves sangren tu pie.
iVive tranquila, sueña dichosa,
Un ángel vela cerca de ti
Para que nunca sufra la rosa
Las asechanzas del colibrí!
Mil trovadores que absorto escucho,
Bajo tus rejas cantar oirás,
Yo sé que todos te dirán mucho
Pero ninguno te querrá más.
Y es que la llama de mi cariño
Ha mucho tiempo que se encendió,
En otras tierras, junto a aquel niño
Que tanto amabas y al cielo huyó.
Vive dichosa, sin desengaños,
Tú no has nacido para llorar
Y que tus sueños por muchos años
Velen tus padres en el hogar.
Avanza ¡oh niña! que en este suelo
La dicha pura, de ti va en pos;
Mira estos versos como el pañuelo
Que en la ribera nos dice «adiós».
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¿Quieres un poco de esta piel canela?
¿Quieres quemarte en mi candela?
¿Quieres encenderme como candelario?
¿Conquistarme con tu bandera?
¿Insinuarte como mi amante?
¿Amarme en cada instante?
¿Precisar el tiempo y la carne?
¿Dominar mi cabellera mientras
escalas mis colinas, dominando
los valles de mis prominencias?
¡Pues no se va a poder!
porque del arrebol soy su anaranjado,
mi piel de bronce no está en el mercado,
sí, soy sensual y no lo escondo,
soy la negra de las pasiones redundadas,
la poetisa de la añoranza,
de la tempestad soy su abonanza,
en mí no vale la redundancia.
Soy del caribe su fuego,
del coco sus palmera,
mis labios saben a las dulces
carambolas de mi antigua África.
Mi piel dorada como melaza
se enreda en la madreselva de mi melena,
conectada a mis a mis raíces
soy emperatriz de mis experiencias,
no confiero por dolencias,
soy de la sobrevivencia la enseñanza,
mujer dócil y altiva, mujer dulce y divina,
mujer huracán y calma,
mujer que escala sus propias montañas,
mujer que se libera de su presa,
mujer que sindica con intensión,
mujer que anda con firmeza
en las alegrías y las tristezas.
Mujer~~
¡soy más que un cuerpo!
que la tentación en el deseo,
que un sínico verso en un beso robado,
vivo llena de emoción, me entrego por amor,
soy mujer, y no hay descripción para lo que soy..
¡Yo soy la misma vida!
LeydisProse
1/23/2018
https://m.facebook.com/LeydisProse/
Jan 23, 2018
Jan 23, 2018 at 3:03 PM UTC
De mi ciudad sonora
vine al pueblo de tibia somnolencia,
donde saben a sal los labios de la aurora.
Y traje una dolencia
de mis valles,
ansiosos de marina transparencia.
Cruzaban las angostas cintas de las calles
mujeres de aguzados senos
y agilidad de música en los talles.
Había sol en los rostros morenos;
dos ágatas de luz en sus pupilas,
y en sus labios melifluos los venenos.
En onduladas filas,
eran como de cálidas palomas
por el limpio tejado de las montañas lilas.
Y soñaban en pomas
paradisiacas del filtrado jugo,
y en un idilio de los vientos con los aromas.
Al Señor Nuestro plugo
darles líneas de copas transparentes,
como se reza un Hugo.
Y secaron mis fuentes
por esa gota lánguida de un beso
en las finas copas de labios adolescentes.
Córdoba, cofre de mujeres, dulce embeleso:
Les prometí la luz de un arrebol
por esa gota lánguida de un beso...
¡Y me dieron el sol!
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Joven taciturna de labios abandonados,
quien, ya sin esperanza, busca amor en cualquier lado.
El estado recurrente de aislamiento marca su existencia
y empeora su obsesiva limerencia.
Si dejara de decir ojalá y comenzara a actuar
quizás su vida empezaría de una vez a cambiar.
Pero es pasiva, soñadora que no se guía por la realidad.
Su carácter y comportamiento siempre la llevan a la soledad.
Los ademanes tan dulces y su enorme compasión
generan el mismo sentimiento agradable que da el petricor.
Gran hallazgo para quien logre conocerla,
pues ella no se abre a nadie. Escondida perla.
Llegar a su centro puede ser complicado e incluso un hastío,
pero es encantadora aunque su cabeza sea un lío.
Si te esfuerzas por entrar en la casa del caracol
te sorprenderá ver que es tan bella como el arrebol.
May 23, 2018
May 23, 2018 at 11:55 AM UTC
Junto al ***** palacio del rey de la isla de Hierro -(¡Oh, cruel,
horrible, destierro!)- ¿Cómo es que
tú, hermana armoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera
de ruiseñores, tu formidable caja musical?
¿No te entristece recordar la primavera en que oíste
a un pájaro divino y tornasol
en el país del sol?
En el jardín del rey de la isla de Oro -(¡oh, mi ensueño
que adoro!)- fuera mejor que tú, armoniosa
hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; tú
que nacistes donde más lindos nacen el clavel de sangre y la rosa
de arrebol,
en el país del sol!
O en el alcázar de la reina de la isla de Plata -(Schubert, solloza la Serenata...)- pudieras también, hermana
armoniosa, hacer que las místicas aves de tu alma alabasen, dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne marqués. La mejor plata se funde en un ardiente
crisol,
en el país del sol!
Vuelve, pues a tu barca, que tiene lista la vela -(resuena, lira, Céfiro, vuela)- y parte, armoniosa
hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de
oro bajo un regio y azul parasol,
en el país del sol!
444
Fuérame dado remontar el río
de los años, y en una reconquista
feliz de mi ignorancia, ser de nuevo
la frente limpia y bárbara del niño...
Volver a ser el arrebol, y el húmedo
pétalo, y la llorosa y pulcra infancia
que deja el baño por secarse al sol...
Entonces, con instinto maternal,
me subirías al regazo, para
interrogarme, Amor, si eras querida
hasta el agua inmanente de tu pozo
o hasta el penacho tornadizo y fágil
de tu naranjo en flor.
Yo, sintiéndome bien en la aromática
vecindad de tus hombros y en la limpia
fragancia de tus brazos,
te diría quererte más allá
de las torres gemelas.
Dejarías entonces en la bárbara
novedad de mi frente
el beso inaccesible
a mi experiencia licenciosa y fúnebre.
¿Por qué en la tarde inválida,
cuando los niños pasan por tu reja,
yo no soy una casta pequeñez
en tus manos adictas
y junto a la eficacia de tu boca?
417
El cisne en la sombra parece de nieve;
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.Y luego en las ondas del lago azulado,
después que la aurora perdió su arrebol,
las alas tendidas y el cuello enarcado,
el cisne es de plata bañado de sol.Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.Suspira la bella desnuda y vencida,
y en tanto que al aire sus quejas se van,
del fondo verdoso de fronda tupida
chispean turbados los ojos de Pan.
383
Tan rubia es la niña que
que cuando hay sol, no se la ve.
Parece que se difunde
en el rayo matinal,
que con la luz se confunde
su silueta de cristal,
tinta en rosas, y parece
que en la claridad del día
se desvanece
la niña mía.
Si se asoma mi Damiana
a la ventana, y colora
la aurora su tez lozana
de albérchigo y terciopelo,
no se sabe si la aurora
ha salido a la ventana
antes de salir al cielo.
Damiana en el arrebol
de la mañanita se
diluye y, si sale el sol,
por rubia... no se la ve.
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