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"arda" poems
The flames of Avalone run deep in the wells of our hearts, Yet Avalone is lost to man black are its sundered parts of old what grew,so fair shining,yonder to the west wherefore has it passed,and why, does not the light,glimmering,silver gold, appear to the mortal eye The two trees that stood,seemingly eternal are now watered but by shadow And light,oh cruel light it is now that burns and does not gently flow like it did,among the towers of Avalone The light has passed into flame blue and white,searing above all else souls who sought once its blessing a treacherous guide, ever leading to the vaults of the deep where dark and evil light, remain ever stoking their devilry spewing it out,into the halls of the night where yet there is to be found some of the beauty that was afore for the stars,they came from Arda and to her they are bound They rest among shadow,but glitter like they did,above the skies of Avalone Beauty, what of the fallen beauty? unfathomable among losses, unnumbered are the tears for even the tongues,of those who did dwell, there in its glory,have mingled, and remain, over the see,where the trees fell and are heard not among men,to whom but a whisper came,and darkness,and memory passed on by age,of the vanquished,of the slain and of those forgotten among the flames of Avalone
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Feb 19, 2015
Feb 19, 2015 at 11:36 AM UTC
The Flames of Avalone
Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete que, alto en el alba de una plaza desierta, rige un corcel de bronce por el tiempo, ni los otros que miran desde el mármol, ni los que prodigaron su bélica ceniza por los campos de América o dejaron un verso o una hazaña o la memoria de una vida cabal en el justo ejercicio de los días. Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos. Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo cargado de batallas, de espadas y de éxodos y de la lenta población de regiones que lindan con la aurora y el ocaso, y de rostros que van envejeciendo en los espejos que se empañan y de sufridas agonías anónimas que duran hasta el alba y de la telaraña de la lluvia sobre negros jardines. La patria, amigos, es un acto perpetuo como el perpetuo mundo. (Si el Eterno Espectador dejara de soñarnos un solo instante, nos fulminaría, blanco y brusco relámpago, Su olvido.) Nadie es la patria, pero todos debemos ser dignos del antiguo juramento que prestaron aquellos caballeros de ser lo que ignoraban, argentinos, de ser lo que serían por el hecho de haber jurado en esa vieja casa. Somos el porvenir de esos varones, la justificación de aquellos muertos; nuestro deber es la gloriosa carga que a nuestra sombra legan esas sombras que debemos salvar. Nadie es la patria, pero todos lo somos. Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso.
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Oda escrita en 1966
Es un horror sin nombre y un silencio profundo el día del pecado se amortajaba el mundo; y Adán, tras de cerrarse la puerta del Edén, viendo que Eva lloraba, dijo: -«No temas, ven, acércame tus labios y penetra en mi amor, y ofrécele a mi carne toda tu carne en flor. Ven y oprime mi pecho con tu pecho agitado, y aprende a amar la vida renovando el pecado. »¿Ves? Todo nos rechaza. Toda la creación repudia nuestro crimen, vibra de indignación: Dios retuerce los árboles con cólera funesta, como un vaho de fuego que cruza la floresta, y hace brotar volcanes y desborda los ríos; los astros se estremecen llenos de escalofríos, y el trueno y el relámpago turban la paz del cielo. Vamos... ¿Qué importa? Desata como un velo sobre el cuerpo desnudo tu hermosa cabellera; que arda el bosque a tu paso, que la espina te hiera, que el sol queme tu espalda, que te injurien los nidos, que el animal salvaje te acuse con rugidos, y que al ver como sangras en el zarzal, después se enmarañen serpientes hambrientas a tus pies… »Y no importa, no importa, pues si el amor te llena se ilumina el destierro, se perfuma la arena; y yo no puedo nada con este Edén perdido, pues me lo llevo todo con tu cuerpo querido. »Y aunque Dios destruyera la flor, el viento, el mar, todo renacería cantando en tu mirar; todo; rosas y estrellas; árboles y montañas, pues la vida infinita florece en tus entrañas; y, si las cosas mueren en torno a tu belleza, tú eres más poderosa que la Naturaleza, ahora que ya pecaste, ahora que eres mujer. »Bendito aquel momento cuando vi amanecer la vida en tu pecado y el amor en tu crimen. Ahora que Dios nos odia, los besos nos redimen; y, al amarte en la tierra, y al besarnos los dos, ¡la Tierra es más que el Cielo y el Hombre es más que Dios!»
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La alborada del amor
Es un horror sin nombre y un silencio profundo el día del pecado se amortajaba el mundo; y Adán, tras de cerrarse la puerta del Edén, viendo que Eva lloraba, dijo: -«No temas, ven, acércame tus labios y penetra en mi amor, y ofrécele a mi carne toda tu carne en flor. Ven y oprime mi pecho con tu pecho agitado, y aprende a amar la vida renovando el pecado. »¿Ves? Todo nos rechaza. Toda la creación repudia nuestro crimen, vibra de indignación: Dios retuerce los árboles con cólera funesta, como un vaho de fuego que cruza la floresta, y hace brotar volcanes y desborda los ríos; los astros se estremecen llenos de escalofríos, y el trueno y el relámpago turban la paz del cielo. Vamos... ¿Qué importa? Desata como un velo sobre el cuerpo desnudo tu hermosa cabellera; que arda el bosque a tu paso, que la espina te hiera, que el sol queme tu espalda, que te injurien los nidos, que el animal salvaje te acuse con rugidos, y que al ver como sangras en el zarzal, después se enmarañen serpientes hambrientas a tus pies… »Y no importa, no importa, pues si el amor te llena se ilumina el destierro, se perfuma la arena; y yo no puedo nada con este Edén perdido, pues me lo llevo todo con tu cuerpo querido. »Y aunque Dios destruyera la flor, el viento, el mar, todo renacería cantando en tu mirar; todo; rosas y estrellas; árboles y montañas, pues la vida infinita florece en tus entrañas; y, si las cosas mueren en torno a tu belleza, tú eres más poderosa que la Naturaleza, ahora que ya pecaste, ahora que eres mujer. »Bendito aquel momento cuando vi amanecer la vida en tu pecado y el amor en tu crimen. Ahora que Dios nos odia, los besos nos redimen; y, al amarte en la tierra, y al besarnos los dos, ¡la Tierra es más que el Cielo y el Hombre es más que Dios!»
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Ven aquí, no te vas a ir, no me quedare sin ti, no me vas a dejar con estas ansias locas de besar tu boca, hasta convertirla en fruta que se derrita en mi boca. No te vas a ir, no te voy a permitir que me dejes así; sin una última revancha, un último desgaste, un último intento a dejarlo todo aquí.., en una entrega divina, en un beso que me aliente en las soledades futuras, en un tierno y largo abrazo, para por siempre recordar que feliz fui en tu regazo. No te dejo ir, me aferrare a tu camisa para recordarte como te aferrabas a mi sonrisa. Para que sientas este deseo que llevo a flor de piel, para que sientas mi respiración excitándote, para que sientas mi piel clamándote..; que me hagas tuya, que me arrulles la duda de marcharme y que por siempre, esto concluya aqui. No te dejo ir, no sin un ‘te quiero’ que me abrigue en el invierno, no sin un, ‘por siempre te amare’ para recordarte en mis sorbos de café. No sin un ‘sé que te extrañare’ para tranquilizarme cuando arda mi piel. No…no te puedes ir, no sin hacerme el amor una y otra vez, hasta saciar mi ser, que se va, junto a ti. LeydisProse 11/15/2017
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Nov 15, 2017
Nov 15, 2017 at 6:31 PM UTC
No te dejo ir
¿oíste/corazón?/nos vamos con la derrota a otra parte/ con este animal a otra parte/ los muertos a otra parte/ que no hagan ruido/callados como están/ni se oiga el silencio de sus huesos/ sus huesos son animalitos de ojos azules/ se sientan mansos a la mesa/ rozan dolores sin querer/ no dicen una sola palabra de sus balazos/ tienen una estrella de oro y una luna en la boca/ aparecen en la boca de los que amaron/ pasan noticias de sus sueños/ arrastran sus lágrimas con un pañuelito detrás como barriendo el padecer/ como no queriendo mojarlo/ para que el padecer estalle y arda y haga asiento donde sentarse a pensar otra vez/ nos vamos/corazón/a otra parte/ hace mal que no podás sacar los pies de la tristeza/ aunque es tristeza que besa la mano que empuñó el fusil y triunfó/ y tiene corazón y guarda en su corazón una mujer y un hombre pasando como tigres por el cielo del sur/ una mujer y un hombre como tires enjaulados en la memoria del sur/ besando hijitos que nunca más van a crecer/ compañeros que nunca más van a crecer y ahora cosen la tierra al aire/cosen tu corazón/corazón/sus animales/ una mujer y un hombre caminando por el cielo del tigre como tigre que canta/ vámonos con esta perra a otra parte/ no tenemos derecho a molestar/ nuestro solo derecho es empezar otra vez bajo la luz del sol sereno/ los límites del cielo cambiaron/ ahora están llenos de cuerpos que se abrazan y dan abrigo y consolación y tristeza con una estrella de oro y una luna en la boca/ con un animal en la boca mirando el centellear de los compañeritos que sembraron corazón y levantan su corazón ardiente como un pueblo de besos/
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Otras partes
¿oíste/corazón?/nos vamos con la derrota a otra parte/ con este animal a otra parte/ los muertos a otra parte/ que no hagan ruido/callados como están/ni se oiga el silencio de sus huesos/ sus huesos son animalitos de ojos azules/ se sientan mansos a la mesa/ rozan dolores sin querer/ no dicen una sola palabra de sus balazos/ tienen una estrella de oro y una luna en la boca/ aparecen en la boca de los que amaron/ pasan noticias de sus sueños/ arrastran sus lágrimas con un pañuelito detrás como barriendo el padecer/ como no queriendo mojarlo/ para que el padecer estalle y arda y haga asiento donde sentarse a pensar otra vez/ nos vamos/corazón/a otra parte/ hace mal que no podás sacar los pies de la tristeza/ aunque es tristeza que besa la mano que empuñó el fusil y triunfó/ y tiene corazón y guarda en su corazón una mujer y un hombre pasando como tigres por el cielo del sur/ una mujer y un hombre como tires enjaulados en la memoria del sur/ besando hijitos que nunca más van a crecer/ compañeros que nunca más van a crecer y ahora cosen la tierra al aire/cosen tu corazón/corazón/sus animales/ una mujer y un hombre caminando por el cielo del tigre como tigre que canta/ vámonos con esta perra a otra parte/ no tenemos derecho a molestar/ nuestro solo derecho es empezar otra vez bajo la luz del sol sereno/ los límites del cielo cambiaron/ ahora están llenos de cuerpos que se abrazan y dan abrigo y consolación y tristeza con una estrella de oro y una luna en la boca/ con un animal en la boca mirando el centellear de los compañeritos que sembraron corazón y levantan su corazón ardiente como un pueblo de besos/
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